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Artículos adicionales sobre Elena G. de White y el uso de fuentes literarias

La verdad sobre The White Lie


[Este documento fue preparado por el personal del Patrimonio de Elena G. de White en cooperación con el Instituto de Investigación Bíblica y la Asociación Ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. Publicado por primera vez en agosto de 1982. Revisión de enero de 1999.]

INTRODUCCIÓN

Hacia fines de 1980, se realizó un estudio profesional que permitió a los investigadores descubrir, entre otras cosas, las diferencias entre las actitudes y los comportamientos cristianos de los Adventistas del Séptimo Día que leen regularmente los libros de Elena G. de White y aquellos que no lo hacen.[i][1] Los resultados fueron muy reveladores. El 85 por ciento de aquellos que leen los libros de Elena G. de White indican que tienen una relación íntima con Jesucristo, mientras que sólo el 59 por ciento de los no lectores la tienen. El 82 por ciento de los lectores tenían la seguridad de que estaban “bien con Dios”, mientras que sólo el 59 por ciento de los no lectores la tenía. El estudio personal diario de la Biblia era un hábito para el 82 por ciento de aquellos que leían regularmente los escritos de Elena G. de White, mientras que sólo el 47 por ciento de aquellos que no leían a Elena G. de White estudiaban regularmente sus Biblias.

Y así sigue, categoría tras categoría. Aquellos que dedicaban tiempo a leer de los escritos de Elena G. de White se sentían mejor preparados para dar un testimonio cristiano, comprometerse en dar testimonio más a menudo, se sentían más a gusto con sus hermanos miembros de iglesia, oraban más, daban localmente más para apoyar la ganancia de almas, estaban más dispuestos a ayudar a sus vecinos con dificultades personales y tenían el culto familiar en forma más regular. Abreviando, su experiencia religiosa era más fuerte, más activa y más positiva.

Este estudio actual presenta un cuadro muy diferente del que describe Walter Rea en su reciente libro, The White Lie [La mentira White].[ii][2] En la cubierta de la contratapa de la última edición, el autor relaciona la consideración de los Adventistas del Séptimo Día por el don profético de Elena G. de White a la trágica fascinación de los habitantes de Jonestown por su líder demoníaco, Jim Jones. El libro se dispone a describir lo que llama “las profundidades de las ramificaciones de ese culto [Adventismo] de gran extensión en los pasados 140 años y los millones de almas que ha afectado”. Por cierto, el libro pretende lograr que “cada punto sea tan impresionante en su exposición como la horrenda tragedia de Jonestown donde sólo estuvieron involucrados y murieron unos pocos cientos”. Al igual que ésta, muchas de las pretenciones del autor carecen tanto de sustancia o son tan duras y sarcásticas que caen por su propio peso.

Elena G. de White no es el único objetivo de su ataque en The White Lie. Los ministros de todas las confesiones son caracterizados reiteradamente como “supervendedores” o “vendedores de lo psíquico”. El tema impregna el libro:

Todos los supervendedores venden las ventajas del nombre de sus marcas particulares. En los cultos y sectas, es la marca de sus santos y lo que se requiere para que ese santo se salve. En las formas de religión más grandes y mayormente establecidas, es el Plan del Clan, la religión materna, la fe de los padres, la luz verdadera.[iii][3] *

Se ridiculizan las creencias cristianas:

¿Quién nos etiqueta a todos nosotros con pecado? ¿Fue Dios, o esa víbora en el pasto que ingresó cuando Adán estaba descansando en su hogar? ¿O la obtuvimos de nuestros ancestros de los eones pasados? ¿O es el Diablo, al igual que Santa Claus, nuestro padre?[iv][4]

Se burla del cielo:

No muy seguido, si es que nunca, trata uno con la pura verdad, sea grande o pequeña, en la religión. Uno trata con la verdad cuando fue filtrada, aumentada, minimizada, vendada o definida por los yo-vi de todas las Elenas de la cristiandad con un montón de ayuda de las divinidades. Lo que surge de toda la espuma es que el mapa para esta vida y la venidera, si en realidad vendrá, es descrito por el clan –y así vino el Plan del Clan. El cielo llega a ser la puerta principal para aislarse, donde todos los malos según los concebimos (que en el caso de la humanidad quiere decir otro pueblo) son escupidos y sólo nosotros, los chicos buenos, ingresamos marchando. Así formamos nuestro propio gueto.[v][5]

Estima la religión un poco más que un juego de palabras:

En la mayoría de las bibliotecas, el departamento de religión está bajo el tema encabezado bajo filosofía –y eso es lo que es, la definición y redefinición de términos e ideas que han desafiado la definición por siglos.[vi][6]

Las formas con las que Dios ha tratado con su pueblo son despreciables:

Los libre pensadores se encuentran siempre [p. 2] en problemas. En el tiempo de Moisés, si alguien iniciaba un fuego por su propia cuenta para disfrutar de una taza caliente de infusión de hierbas el sábado, era apedreado y ni siquiera en el sentido del término moderno. En los días de Nehemías, si alguien preguntaba en la localidad por cambios de reunión en sábado, podía correr el riesgo de que se le rapara la barba o que se alteraran sus mechones. Incluso en los tiempos del Nuevo Testamento, si Ananías retiraba unas pocas monedas del diezmo para pagar la renta, la divinidad local le decía que cayera muerto –y él lo hacía.[vii][7]

No obstante, a pesar de los ataques cargados de emotividad del libro contra Elena G. de White, contra la Iglesia Adventista del Séptimo Día y contra las creencias cristianas en general, proporciona una oportunidad para iluminar algunos rincones interesantes de la historia Adventista del Séptimo Día. Debido a que la Iglesia Adventista del Séptimo Día está creciendo muy rápidamente, siempre hay nuevos miembros que no están muy familiarizados con la vida de Elena G. de White. Ellos apreciarán que se les dé respuestas positivas a algunas de las inquietudes que surgen de este libro. Además, debido a que este libro ha conseguido la atención de la prensa popular en los Estados Unidos, nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones merecen una evaluación calmada y sincera del libro.

Quienes conocen a Elena G. de White por leer ampliamente sus obras, por lo general no necesitarán nada más que probar un poco de la amargura de The White Lie para darse cuenta cuán lejos está del Espíritu de Cristo, con el que sí están imbuidos los escritos de la sra. White. No obstante, también pueden beneficiarse con mayor información del trasfondo de su vida y obra.

No es nuestro propósito defender aquí a los líderes actuales de la iglesia, incluso aunque a muchos se los considera en el libro como unos malvados. En cuanto a la defensa de Elena G. de White, suponemos que sus propios escritos ofrecen la mejor defensa. Pero aprovecharemos esta ocasión para tratar temas más importantes que surgen por The White Lie, e informar los frutos de la investigación en varias áreas que tratan sobre estas cuestiones.

EL USO DE FUENTES LITERARIAS

Un vistazo a The White Lie revela muchas páginas con semejanzas entre los escritos de la sra. White y los escritos de otros. ¿Cuánto usó Elena G. de White de otras fuentes?

En 1982, cuando se publicó The White Lie, había más de 70 libros de Elena G. de White publicados, que sumaban unas 35.000 páginas.[viii][8] Aunque hay algunas repeticiones en los libros, también hay unas 50.000 páginas mecanografiadas de cartas, sermones, diarios y manuscritos en archivos en el Patrimonio White y en los ocho centros de investigación alrededor del mundo. Por lo tanto, cuando se comparó con el total del volumen de los escritos de Elena G. de White, la cantidad que ella usó de otros es todavía muy pequeña.

Sin embargo, representantes de la iglesia han declarado que la cantidad que usó resultó ser mayor que la conocida anteriormente.[ix][9] En el Patrimonio de Elena G. de White, se están realizando investigaciones sistemáticas sobre este tema, y de tanto en tanto, se descubren más paralelismos. La revista Adventista del Séptimo Día para los ministros, Ministry [Ministerio], recientemente dedicó un número especial a presentar un resumen amplio y sincero sobre el tema de Elena G. de White y el uso de fuentes.[x][10]

No obstante, la cantidad que usó no es la pregunta más importante. Un paralelismo instructivo se encuentra en la relación de los Evangelios. Más del 90 por ciento del Evangelio de Marcos es paralelo de pasajes en Mateo y Lucas. Aún así, los eruditos de la crítica bíblica contemporánea están llegando cada vez más a la conclusión que aunque Mateo, Marcos y Lucas utilizaron materiales comunes, cada uno fue un autor singular en su propio derecho.[xi][11] Por lo tanto, incluso los de la “alta crítica” tienen una propuesta más analítica al estudio de las fuentes literarias que la que tiene The White Lie.

En cierto momento de la infancia de la “crítica de las fuentes”, los críticos pensaron que los escritores de los evangelios no eran más que plagiarios con “tijeras y goma de pegar”. Ahora, los críticos eruditos se dan cuenta que los estudios literarios no están completos hasta que se desplazan más allá de la clasificación de los pasajes paralelos, a la pregunta significativa de cómo usó cada autor el material que tomó prestado para hacer su propia declaración única.

Es nuestra esperanza que el estudio del préstamo literario de Elena G. de White llegue más allá de sólo notar paralelismos literarios y discutir sobre cuánto préstamo literario era aceptable, hasta la pregunta más interesante, a saber, ¿a qué uso único la sra. White, bajo la conducción del Espíritu, puso los materiales que adaptó?

¿Hubieran estado de acuerdo las personas del siglo diecinueve con los juicios de The White Lie de que el préstamo literario de la sra. White constituyó un “completo” robo?[xii][12]

Algunos lo hubieran hecho, especialmente los críticos. Por ejemplo, en 1889, los pastores protestantes de Healdsburg, California, invitaron a D. M. Canright, un ministro adventista que recientemente había apostatado, a que fuera a Michigan e hiciera una exposición en contra de los adventistas y Elena G. de White. En esas exposiciones, Canright levantó el cargo de plagiaria contra Elena G. de White, y los pastores adventistas William Healey y J. N. Loughborough respondieron al mostrar dónde Canright había sobredimensionado su acusación. Cuando el debate concluyó, los pastores opositores publicaron un informe detonante en el periódico local, acusando a Elena G. de White de plagiaria.[xiii][13] Pero estos pastores difícilmente fueron jueces imparciales. Por siglos, la acusación de plagio ha sido el arma favorita usada en contra de los líderes religiosos –Juan Bunyan y Juan Wesley, ambos fueron acusados rotundamente.[xiv][14]

En el siglo diecinueve, se conocía el plagio y se lo condenaba, pero se practicaba ampliamente el parafraseo sin dar crédito. El humorista americano Mark Twain una vez se preguntó si había “algo en cualquier expresión humana, oral o escrita, que no incluyera plagio!”[xv][15] Edgar Allen Poe no era alguien que se estuviera quieto en este tema. Causó un alboroto considerable cuando acusó a Longfellow de plagio. Irónicamente, los eruditos modernos encuentran que Poe mismo plagió.[xvi][16] El préstamo literario es mucho más fácil definirlo y condenarlo en lo abstracto que evitarlo actualmente en la práctica.

Muy cerca de Elena G. de White estaba Urías Smith, quien condenó el plagio del poema de su hermana Annie,[xvii][17] mientras que en sus propios escritos sobre profecía usó libremente de palabras parafraseadas de George Storrs y Josiah Litch.[xviii][18] En cuanto a esto, Smith no fue un hipócrita. Él, al igual que otros escritores del siglo diecinueve, simplemente estaban en la línea límite entre el plagio y el préstamo legítimo en una forma diferente de lo que muchos lo harían hoy.

Se ha rumoreado que Elena G. de White fue amenazada con un pleito por el préstamo literario que hizo de Life and Epistles of the Apostle Paul [La vida y las epístolas del apóstol Pablo] de Conybeare and Howson. ¿Qué hay de cierto?[xix][19]

[p. 3]

A pesar de la memoria defectuosa de A. G. Daniells al respecto, la sra. White nunca fue acusada de plagio por los autores británicos Conybeare y Howson, ni fue amenazada con un pleito, ni su libro fue quitado de circulación a causa de las críticas por su uso de las fuentes. En la década de 1890, hubo una carta averiguando sobre Sketches from the Life of Paul dirigida a la Casa Publicadora Review and Herald de parte de uno de los varios distribuidores americanos de Conybeare y Howson, la compañía T. Y. Crowell de Nueva York. Se habían comprado grandes cantidades del libro de Conybeare y Howson de la compañía Crowell para regalar como premio a aquellos que compraran suscripciones de Signs of the Times [Señales de los tiempos]. W. C. White, la única fuente de información sobre esta carta, indica que fue escrita en “forma amable” y no contenía “amenaza de acusación, ni ningún pleito por plagio”.[xx][20]

Cuando la compañía Crowell fue interrogada sobre el asunto unos treinta años después, respondieron:

Publicamos Life and Epistles of the Apostle Paul de Conybeare, pero no es un libro con derechos de autor y no tendríamos bases legales para actuar contra su libro y creemos que nunca presentaremos ninguna objeción o haremos ningún reclamo como el que expresa.[xxi][21]

Al igual que muchos libros de Elena G. de White, Sketches from the Life of Paul [Reseña de la vida de Pablo] estuvo agotado por algún tiempo mientras que la sra. White trabajaba para ampliarlo en Los hechos de los apóstoles, pero aparte de las especulaciones escurridizas y la falta de memoria, no hay evidencia de que esto tenga algo que ver con presuntas críticas del uso que hiciera Elena G. de White de Conybeare y Howson.

En cuanto a la cuestión de lo legal en el préstamo literario, el abogado Vincent Ramik, quien no es Adventista del Séptimo Día, investigó el uso de las fuentes que hizo Elena G. de White de acuerdo a las leyes de derecho de autor y los casos del siglo diecinueve. Concluyó que su uso no constituyó piratería literaria incluso aunque todos los libros de los que ella usó hubieran tenido legalmente derecho de autor.[xxii][22]

Qué en cuanto a la estructura y los títulos de los capítulos de Patriarcas y profetas de Elena G. de White, ¿son similares a la historia bíblica del Antiguo Testamento de Alfred Edersheim?[xxiii][23]

Es fácil crear una falsa impresión al mirar semejanzas superficiales. El examen cuidadoso muestra que de los 73 títulos de capítulos en Patriarcas y profetas, sólo nueve de los títulos son casi idénticos que los del libro de Edersheim, o difieren sólo por la inclusión o eliminación del artículo. Además, los nueve incluyen títulos comunes como “La creación”, “El diluvio”, “La destrucción de Sodoma”, “El casamiento de Isaac” y “La muerte de Saúl”.

La naturaleza engañosa de la comparación es incluso más obvia cuando uno descubre que en el libro de Edesheim no hay títulos de capítulos. Es de las frases de resumen que se han tomado los supuestos “títulos” paralelos. Además, el orden de los capítulos se establece en realidad por cómo aparece el orden de las historias en el Antiguo Testamento.

¿Qué acerca de las ilustraciones de History of Protestantism [Historia del protestantismo] de Wylie del cual la Pacific Press publicó sin dar crédito a la Compañía Cassell?[xxiv][24]

Aquí hay un caso donde The White Lie recicla la acusación hecha en la década de 1930 por un anterior adventista, E. S. Ballenger, en su documento The Gathering Call [El llamado a reunión].[xxv][25] En ese momento la acusación quedaba sin efecto por indicarse que W. C. White estaba teniendo cuantiosa correspondencia con la Compañía Cassel, Setter y Galpin de Gran Bretaña, con el propósito de comprarle los derechos de las ilustraciones en cuestión.

Típico de los cuidados que tenía del pastor White en este asunto es una carta escrita a Henry Scott el 7 de abril de 1886. Le aconsejó a Scott, quien estaba produciendo publicaciones adventistas en Australia, que se relacionara con el agente de la Compañía Cassell en Melbourne, con el propósito de comprar los derechos de los grabados propiedad de la compañía. “Cuando demos crédito al trabajo del cual se toman los grabados, como se está haciendo ahora en Present Truth [Verdad Presente] [el periódico adventista británico], nos hacen el 40 por ciento de descuento”. No obstante, el pastor White continuó: “No me agrada la idea de prometer un crédito por cada dibujo”. Es claro entonces, que favorecía la compra de los derechos para las ilustraciones completas.

Aunque no se destruyó ningún registro de las negociaciones de la Pacific Press con los impresores en el incendio de 1906, por cierto que estaban en su derecho si seguían las preferencias de W. C. White en este asunto. No se pueden obtener conclusiones del hecho de que las iniciales de los artistas aparezcan en algunos grabados usados en el libro de Wylie y no en El conflicto de los siglos, porque no se sabe de qué forma recibió la Pacific Press los grabados de la Compañía Cassell. Es perfectamente posible que las iniciales fueran removidas por la Compañía Cassell debido a algunos arreglos hechos con el artista, anteriores al envío de los materiales a la Pacific Press.[xxvi][26]

¿Qué acerca del uso que hicieron Jaime y Elena White de los escritos de J. N. Andrews y Urías Smith?[xxvii][27]

W. C. White ha resumido en forma oportuna los puntos de vista de los pioneros sobre este tema:

Todos sentían que las verdades que se presentaban eran propiedad común y cuando fuera que alguien podía ayudar a otro u obtener ayuda de alguien en la presentación de las verdades bíblicas, se consideraba correcto hacerlo. Por consiguiente había muchas declaraciones excelentes de la verdad presente copiadas de un escritor a otro. Y ningún hombre decía que algo que había escrito era exclusivamente de su propiedad.[xxviii][28]

Elena G. de White explicó el uso que ella hizo de otros escritores adventistas en la introducción a El conflicto de los siglos, en donde dice que “al referir los casos y puntos de vista de quienes siguen adelante con la obra de reforma en nuestro tiempo” ella hizo uso de sus escritos en una forma similar al uso que hizo del lenguaje de los historiadores.[xxix][29] Así Jaime White usó de Urías Smith al igual que Elena G. de White usó de Jaime White. Fuera de los círculos adventistas, el escritor de historia popular, Charles Adams, usó de la historiadora Merle D’Aubigne así como Elena G. de White usó de Charles Adams.[xxx][30]

¿Hizo Elena G. de White algún intento por ocultar a los adventistas su préstamo literario?[xxxi][31]

No, ella incluso proponía que se leyeran algunos de los mismos libros de los que ella tomaba con mayor frecuencia:

The Life of Paul de Conybeare y Howson, lo considero como un libro de gran mérito y de interesante utilidad para el estudiante ferviente de la historia del Nuevo Testamento.[xxxii][32]

En otra ocasión escribió:

Provean algo para que se lea durante las largas tardes de invierno. Para quienes puedan conseguirlo, La historia de la reforma de D’Aubigne será interesante y beneficioso.[xxxiii][33]

En forma clara, la sra. White no estaba tratando de esconder nada o no habría recomendado los mismos libros de los cuales estaba escogiendo material en ese mismo momento [p. 4].

Por otra parte, por lo general ella no llamaba la atención en forma particular al uso que hacía de otros autores, excepto en el Health Reformer [Reformador de la salud] en la década de 1870, donde, mientras escribía su columna mensual y seleccionaba material para volver a publicar de entre los publicadores no adventistas, por lo general citaba de otros escritores, les daba crédito e incluso recomendaba a sus lectores que consiguieran esos libros.[xxxiv][34]

¿Sintió la sra. White que le era permitido parafrasear las expresiones de otros?

Sí, de hecho, en una carta a su secretaria Fanny Bolton, le dio una vez una ilustración que muestra su concepto de propiedad de la verdad. Fannie, de tiempo en tiempo, sintió que la sra. White no le había dado el crédito apropiado por el trabajo que ella había hecho de edición del material de la sra. White en el proceso de prepararlo para su publicación.

En visión, a Elena G. de White “se le mostró a Fannie recogiendo frutos, algunos maduros, los mejores, algunos inmaduros. Ella los juntó en su delantal y dijo, ‘Este es mío. Es mío’. Le dije, ‘Fannie, estás ciertamente reclamando lo que no es tuyo. El fruto pertenece a ese árbol. Cualquiera puede cortarlo y disfrutarlo, pero le pertenece a ese árbol’”.[xxxv][35] Este concepto del árbol de la verdad sugiere que Dios es el autor y propietario de toda la verdad, así como el árbol es el autor y propietario de su fruto. Dios provee la verdad generosamente a todos aquellos que la recibirán y la usarán.

La sra. White explicó el uso que hacía Cristo de conceptos familiares en forma muy similar:

Él fue el originador de todas las antiguas gemas de verdad. Mediante la obra del enemigo, estas verdades han sido sustituidas… Cristo las rescató de la basura del error, les dio una fuerza nueva y vital y les ordenó brillar como joyas y permanecer así por siempre.

Cristo mismo podía usar cualquiera de estas antiguas verdades sin tomar prestada la partícula más pequeña, porqué él las había originado a todas.[xxxvi][36]

En los últimos años de su vida, cuando se dio cuenta que estaban surgiendo inquietudes en cuanto a si lo que ella copiaba de otros escritores era una infracción a los derechos de ellos, preguntó: “¿Quién ha sido perjudicado?”[xxxvii][37] En forma significativa, esta pregunta era la misma que se preguntaba en las cortes de sus días para determinar si el préstamo literario era apropiado.[xxxviii][38] Si ella estuviera escribiendo hoy, su uso sería diferente, pero debe ser juzgada por los conceptos de propiedad literaria y cuestiones legales de sus propios días.

¿Qué acerca de las declaraciones donde la sra. White parece reclamar un exclusivo origen divino para lo que escribe?[xxxix][39]

La pregunta es pertinente e importante. En 1867, la sra. White escribió: “Mis visiones se escribieron independientemente de libros o de las opiniones de otros”.[xl][40] Pero cuando se coloca la declaración en su contexto apropiado, como se la encuentra en la Review and Herald del 8 de octubre de 1867, uno descubre que estaba hablando de sus primeros escritos sobre salud. Después de iniciar sus escritos sobre salud, nos dice en este mismo artículo, que leyó los libros de varios reformadores y luego procedió a publicar extractos de ellos en Health: or, How to Live [Salud o cómo vivir]. ¿Por qué? Ella dice que fue para mostrar que lo que se le había mostrado en visión, también había sido deducido por otros escritores capaces en el tema.

Fue también en el contexto de esos primeros escritos de salud que ella dijo:

Aunque dependo tanto del Espíritu del Señor para escribir mis visiones como para recibirlas, sin embargo las palabras que empleo para describir lo que he visto son mías…[xli][41]

Aquí, ella claramente establece una distinción entre las palabras que ella tiene que proveer y las palabras dictadas divinamente. Dado que ella describe su visión del largo apropiado de los vestidos de las mujeres con diferentes expresiones en diferentes ocasiones, algunas mujeres cuestionaban su visión. Ella tuvo que explicar que excepto en raros casos, las visiones no proporcionan las palabras exactas con las que debe describir lo que ella estaba viendo.

En otra parte, la sra. White escribió:

No escribo en el periódico un solo artículo que exprese simplemente mis propias ideas. Son lo que Dios me ha revelado en visión, los rayos preciosos de la luz que resplandece del trono.[xlii][42]

Esta declaración se hizo en un artículo extenso que respondía a las acusaciones de Battle Creek de que sus reproches a la iglesia eran simplemente sus propias opiniones basadas en chismes que había oído. Esta acusación fue negada por la sra. White en forma honesta y directa. Afirmó su profunda convicción de que los mensajes que portaba eran mensajes del cielo. Esto no descartaría el hecho de que ocasionalmente pudieran contener conceptos o palabras espigadas de sus lecturas; pero incluso en tales casos, era el Espíritu Santo quien la convencía de la verdad y del valor de lo que estaba leyendo.

En otra ocasión, la sra. White escribió:

No he tenido el hábito de leer ningún artículo sobre doctrina en el periódico, para que mi mente no tuviera la comprensión de las ideas y puntos de vista de nadie, y que el molde de las teorías de los hombres no tuvieran ninguna conexión con lo que escribo.[xliii][43]

Una vez más es esencial el contexto para entender la cita. Esta carta fue escrita en un momento cuando G. I. Butler y E. J. Waggoner estaban metidos en un intenso debate sobre el significado de la “ley” en Gálatas. En esta situación crucial, cuando debía aconsejar a los dos hombres, evitó leer artículos sobre doctrina en el periódico [The Signs of the Times] con el propósito de que su consejo no llevara el molde de ninguna de las teorías de Waggoner o Butler.

Las declaraciones de la sra. White, sobre el origen de sus escritos, hacen referencia consistente a la autoridad última por la cual ella habla, no a las “formas diversas” en las que el Señor se comunicaba con ella, ni a la ayuda que recibía para expresar la verdad de Dios. ¿Por qué no dijo más sobre el uso de las fuentes? Quizás porque había visto cómo la gente con intensión buscaría elementos humanos en sus escritos como prueba de que eran meramente su propia opinión y no mensajes divinos. The White Lie es un testimonio elocuente de la continua dificultad de muchas personas en reconocer la unión de los elementos humano y divino en los escritos inspirados.

¿Cómo pudo ocurrir que la sra. White, al describir lo que se le mostró en visión, empleara las palabras de otros autores?[xliv][44]

Mayormente había momentos cuando la sra. White leía un pasaje que le impresionaba en un libro y luego el Señor llamaba su atención a la misma verdad mientras estaba en visión, aplicando la verdad a una necesidad específica en su propia vida o la vida de la iglesia. En esos casos, podía expresar con facilidad una parte de lo que se le mostró en expresiones parafraseadas de otro autor. Sabemos de una media docena de esos casos donde parece ser que esto ocurrió.[xlv][45]

Una experiencia similar sucedió en relación con la visión del “Iceberg”. La sra. White leyó de un incidente sobre un barco que enfrentaba un iceberg. Entonces, varios días después, durante una visión, un barco llegó a ser un símbolo de la iglesia y el iceberg llegó a ser el símbolo de la oposición y [p. 5] herejías del Dr. John Harvey Kellogg y su facción.[xlvi][46] Al igual que en los casos donde la sra. White usó las palabras de otros autores para describir, en parte, lo que había visto en visión, aquí un evento dramático sobre el cual había leído, le ofreció a Dios un vehículo simbólico en el cual transportarle la verdad.

¿Es la comparación entre el uso de fuentes literarias en la Biblia y el préstamo literario de Elena G. de White realmente válido?[xlvii][47]

Sí, si uno reconoce qué tema está involucrado. El préstamo que hacían los autores bíblicos no tenía una injerencia directa sobre la apropiación ética de los préstamos literarios en el siglo diecinueve, porque los conceptos de propiedad literaria eran diferentes en los tiempos bíblicos. No obstante, el préstamo literario en la Biblia habla de la cuestión de inspiración. En otras palabras, si la inquietud es si los escritos inspirados pueden usar en forma genuina fuentes literarias no inspiradas, entonces podemos buscar la respuesta a la inquietud en la Biblia. Cuando lo hacemos, descubrimos que los escritores bíblicos usaron fuentes mientras escribían bajo la conducción del Espíritu Santo.[xlviii][48]

The White Lie argumenta en forma inconsecuente que si los escritores evangélicos hubieran tomado prestado en la misma cantidad que Elena G. de White lo hizo, tendrían que haber tomado prestado cada versículo. Este argumento se basa en el hecho de que el lector encontrará “mas de cuatrocientas referencias a ochenta y ocho autores en El conflicto de los siglos”.[xlix][49] Cuando W. C. White brindó estas estadísticas, estaba argumentando en relación con la revisión de 1911 de El conflicto de los siglos. En ese momento, Elena G. de White instruyó a sus asistentes literarios para que fueran al libro y suplieran las referencias específicas que faltaban a las citas. Al hacerlo, los asistentes literarios no procuraron especificar dónde Elena G. de White había encontrado originalmente la cita, sino dónde el lector moderno podía encontrarla más fácilmente. De hecho, la sra. White tomó de mucho menos autores que lo que podrían sugerir la cantidad de referencias, porque, en muchos casos, un solo autor, del que toma originalmente, citó de varias otras fuentes anteriores a la suya.[l][50]

LOS PIONEROS Y EL PROFETA

¿Qué autoridad tuvo Elena G. de White para los pioneros de la Iglesia Adventista? ¿Creían ellos en su inspiración?[li][51]

En verdad, se debe dejar que los pioneros hablen por sí mismos. De los 16 “testigos” presentados en The White Lie dos son representados por declaraciones hechas por otros individuos (Andrews y Clough), uno no tenía conocimiento en forma directa de lo que estaba hablando (House), y varios en ninguna forma expresan o implican su incredulidad en la inspiración de sus escritos (Starr, Lacey, Jaime y Elena White). Uno estaba simplemente equivocado (Colcord), y los representantes de la Asociación Ministerial de Healdsburg eran oponentes hostiles desde el comienzo. Fannie Bolton hizo varias declaraciones conflictivas, y A. G. Daniells y Urías Smith son mal interpretados porque su “testimonio” consiste sólo en comentarios aislados. Contrariamente a lo que pretende The White Lie, de que estos individuos estuvieron “en la mayoría de los casos” separados de la iglesia después de que hicieron estas declaraciones, no más que tres de los 16 fueron desfraternizados por causa de sus creencias.

Ni los pioneros ni nadie más han pretendido alguna vez que cada línea de la pluma de Elena G. de White fuera inspirada. Ella misma dijo que lo “sagrado” y lo “común” debe distinguirse, y que hubo momentos cuando tuvo que escribir sobre cuestiones de todos los días y asuntos de negocios.[lii][52] En coherencia con la declaración de la sra. White de que estaba escribiendo de memoria en sus reseñas autobiográficas, Spiritual Gifts [Dones espirituales], vol. 2, se ha notado que la sra. White “no pretendió la ayuda divina mientras intentaba reconstruir la historia de su vida o al relatar los sucesos en su hogar o en sus viajes”.[liii][53]

¿Tuvo Urías Smith algunos períodos de duda en relación con el don profético de Elena G. de White?

Sí, los tuvo. Uno de ellos se refleja en su carta a D. M. Canright.[liv][54] Pero también Smith tuvo algunas luchas cuando fue reprendido, tomó la reprensión de corazón y pronto se afirmó en la integridad y el valor de los escritos de Elena G. de White. En una ocasión le explicó a los adventistas de todas partes cómo casi se deslizó pero no lo hizo:

Se realizaron, según entiendo, varios intentos en algunas direcciones por el hecho de que el editor de la Review había estado preocupado sobre la cuestión de las visiones, no había sido ortodoxo en el asunto y en algún momento estuvo cerca de abandonarlas. Me pareció que ésta es una cuestión muy pequeña como para suscitar este intercambio –“estuvo cerca de abandonarlas”,- pero ¡no lo hizo! También en un momento estuve muy cerca de dejarme llevar por los carros, y rodar endulzado; pero no lo hice, y así sigo hasta hoy. Algunos han enfrentado esta crisis. La diferencia entre ellos y yo es que, ellos lo hicieron y yo no. Algunos han abandonado las visiones. La diferencia entre ellos y yo es la misma –ellos lo hicieron y yo no.[lv][55]

Smith reconoce que hubo momentos cuando “las circunstancias lo dejaban a uno muy perplejo” pero el peso de la evidencia en su mente nunca lo había “equilibrado del lado de la rendición” y afirmó su posición del lado de la confianza.

Se dice que J. N. Andrews había dudado del don profético de Elena G. de White porque vio semejanzas entre el poema épico de Milton, Paradise Lost [El paraíso perdido] y los escritos de Elena G. de White, ¿tomó prestado Elena G. de White de Paradise Lost y cuestionó J. N. Andrews el don?[lvi][56]

En 1858, después de oír a Elena G. de White relatar su visión del gran conflicto, J. N. Andrews le preguntó si había leído la épica de Milton. Le aseguró que no, así que él le trajo una copia que tenía en su hogar. Esto no era del todo extraño. En varias ocasiones el estudioso Andrews le regaló libros a los White. Es interesante que aunque The White Lie acusa una y otra vez a Elena G. de White haber copiado de Milton, el libro no da ninguna evidencia para sostener la suposición. Los estudios eruditos han notado algunos pensamientos similares, pero ninguna dependencia literaria.[lvii][57]

En cuanto a J. N. Andrews, temprano en su experiencia encontró que sus padres y familiares fueron críticos de Jaime y Elena White, y, en una confesión conmovedora, dijo:

Mi influencia contra las visiones no ha sido de una multitud de palabras pronunciadas contra ellas… Sino que confieso que no las he apoyado y no he dado testimonio a su favor.[lviii][58]

Posteriormente, después de pasar un tiempo en el hogar de los White y haber visto la angustia y las lágrimas que acompañaban la escritura de los consejos y reproches, escribió:

Mis convicciones de que los testimonios de la hermana White son del cielo, han sido fortalecidas por la oportunidad que he tenido de observar su vida, su experiencia y los trabajos de estos siervos de Cristo.[lix][59]

Poco después, escribió sobre la [p. 6] importante contribución hecha por los testimonios.

Su tarea es unir al pueblo de Dios en una misma mente y en un mismo juicio sobre el significado de las Escrituras. El mero juicio humano, sin una directa instrucción del cielo, nunca puede conocer la iniquidad escondida, ni ajustar las dificultades oscuras y complejas de la iglesia, ni prevenir interpretaciones diferentes y conflictivas de las Escrituras. Sería triste además que Dios no pudiera todavía conversar con su pueblo.[lx][60]

Al igual que todos nosotros, los pioneros fueron personas que en su debilidad humana a veces lucharon contra el orgullo y la duda, incluso como nosotros lo hacemos hoy, pero, salvo muy pocas excepciones, aquellos que conocen mejor a Elena G. de White llegan a creer firmemente en su inspiración.

Aparentemente A. G. Daniells fue criticado en su propio tiempo por no ser lo suficientemente firme en su apoyo al ministerio de Elena G. de White. ¿Cuál fue su actitud?[lxi][61]

La fe y la confianza del pastor Daniells fueron inalterables hasta la misma hora de su muerte. En la Asociación General de 1922, fue incluso criticado por algunos por considerarse que creía que la inspiración de Elena G. de White era verbal e inerrante, incluso en los detalles más pequeños.[lxii][62] Daniells no sostenía este rígido punto de vista. Fue profundamente lastimado por lo que consideró como críticas falsas e infundadas de su postura en relación con Elena G. de White.

Poco antes de su muerte en 1935, recordó su experiencia de marzo de 1903, un día o dos después de que se abriera la sesión de la Asociación General en Oakland, California. Se refirió a la crisis de Battle Creek y a la agonía de su alma mientras buscaba a Dios por una evidencia de su apoyo en “la terrible batalla que estaba ante nosotros”. Contó cómo luchó durante las horas de la noche:

Finalmente cayeron sobre mi estas palabras, “Si permaneces del lado de Mi sierva hasta que su sol se afirme en el cielo brillante, estaré contigo hasta la última hora del conflicto…” Caí sobre mi costado, y no pude hablar más con Dios. Estaba emocionado. Y aunque he cometido errores, Dios ha estado a mi lado, y nunca he repudiado a esa mujer, ni cuestionado su lealtad, que yo supiera, desde esa noche hasta hoy. Oh, esa fue una feliz experiencia para mí. Y me ha unido con el carácter más grande que ha vivido en esta dispensación. Eso es todo lo que puedo decir.[lxiii][63]

¿Cuál fue el papel de H. Camden Lacey en la preparación de El Deseado de todas las gentes?[lxiv][64]

Lacey pretendió ser en un punto el primer adventista que impulsó la idea de que el Espíritu Santo era una persona, y que por su influencia Elena G. de White se refirió por primera vez al Espíritu Santo como “He” [pronombre personal en inglés para designar a la tercera persona del género masculino] en lugar de “it” [pronombre personal en inglés para designar a la tercera persona del género neutro, es decir, cosas y animales]. Lacey estaba equivocado en esto, pues la sra. White usó el pronombre personal “He” para referirse al Espíritu Santo en la primera edición de El camino a Cristo, publicada en 1892, mientras que Lacey era todavía un estudiante en el colegio de Battle Creek, y bastante antes de que la sra. White y sus asistentes literarios se relacionaran con él.[lxv][65]

En el momento en que se preparaba El Deseado de todas las gentes, tenía 25 años de edad; estaba enseñando en la Escuela de Avondale, no Biblia, sino matemáticas, ciencias naturales y locución.[lxvi][66] El mismo Lacey, en respuesta a una pregunta, escribió que su única contribución en la preparación de El Deseado de todas las gentes fue ayudar en el arreglo de las oraciones o párrafos, o escoger las palabras más apropiadas en los primeros dos o tres capítulos:

Nunca, en ningún momento, hubo una alteración del pensamiento o la inserción de una idea que no estuviera expresada en el texto original. La copia resultante siempre se sometía a la aprobación final de la misma hermana White.

El Deseado de todas las gentes completo como está ahora impreso, sostengo que es por lo tanto, el producto de la mente y el corazón de la hermana White guiada por el buen Espíritu de Dios. Y el trabajo de “edición” fue meramente técnico.[lxvii][67]

En otra parte de la carta deja en claro su comprensión sobre el libro:

Acepto gustosamente y con todo mi corazón El Deseado de todas las gentes como un libro inspirado; de hecho, lo considero como la vida de Cristo más espiritual, fuera de los evangelios, que se haya dado alguna vez a la iglesia… Tengo citas de partes sacadas de este maravilloso libro y de otros escritos de la hermana White. Los valoro como productos del mismo “Espíritu de Profecía” según lo declaran las Escrituras. Y miles de mis oyentes en la iglesia y en el aula podrán dar testimonio de esto.[lxviii][68]

¿Fracasó la comprensión de la verdadera naturaleza de la inspiración? Alguno se puede preguntar, ¿por qué algunas personas en el pasado cuestionaron la apropiación del uso de fuentes literarias por parte de Elena G. de White y la reelaboración de sus escritos?[lxix][69]

Los cristianos conservadores han sostenido, por lo general, dos puntos de vista en relación a la naturaleza de la inspiración. El punto de vista sostenido comúnmente –a veces denominado inspiración verbal- apoya la creencia de que el Espíritu Santo inspira las palabras exactas de un mensajero enviado por el cielo. Para muchos esto querría decir que un escritor verdaderamente inspirado no tendría que recurrir a fuentes no inspiradas ni necesitaría nunca reelaborar un mensaje, dado que, según su forma de pensar, un mensaje escrito por el Espíritu estaría en la forma exacta que Dios prefiere.

Otros cristianos creen que los registros bíblicos indican que el Espíritu Santo inspiró a la persona, y sólo ocasionalmente especifica las palabras que debe usar. El Espíritu Santo embebe su mente con los pensamientos o mensajes que Él desea que transmita (2 Pedro 1:21). Este punto de vista se describe a veces como inspiración del pensamiento. Bajo la conducción permanente del Espíritu, el profeta habla o escribe usando sus propias palabras, de acuerdo a su habilidad, lo que le ha sido enseñado (cf. 1 Sam 3:11-18) o mostrado (cf. Apo 1:10, 11). Así, puede ser guiado a buscar en los escritos de otros para presentar en forma más efectiva la intención del mensaje (cf. Tito 1:12, 13). En ocasiones puede reescribir o volver a expresar un mensaje anterior para hacerlo más claro y darle más fuerza (cf. Jer 36:32).

Este último punto de vista del proceso revelación-inspiración fue sostenido por los pioneros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. No obstante, una falla en la comprensión de las implicaciones de esta postura llevó a algunos obreros de años posteriores a interpretar mal los procedimientos empleados por Elena G. de White en la producción de sus escritos. Un punto de vista más amplio de la doctrina bíblica de la inspiración podría haber evitado que se sintieran perplejos entonces, como lo sería incluso ahora para los miembros de la iglesia. Las declaraciones de W. C. White, quien asistió a su madre en su obra de publicar, fija la posición de Elena G. de White y de la iglesia sobre la inspiración:

Mi madre nunca ha pretendido inspiración verbal, y no encuentro que mi padre, o los pastores Bates, Andrews, Smith o Waggoner, hayan hecho esa declaración. Si hubo inspiración verbal al escribir sus manuscritos, ¿por qué debía ella añadir o adaptar? Es un hecho que mi madre a menudo toma uno de sus manuscritos y lo revisa cuidadosamente, haciendo adiciones y desarrollando aun más algún pensamiento.[lxx][70]

Ud. se refiere a la pequeña declaración que yo le envié en cuanto a la inspiración verbal. Esta declaración, hecha por el congreso de la Asociación General de 1883,[lxxi][71] está en perfecta armonía con las creencias y las posiciones de los pioneros de esta causa, y era, yo creo, la única posición tomada por todos nuestros ministros y maestros hasta que el profesor [W. W.] Prescott, director del colegio de Battle Creek, presentó de una manera muy enfática otro punto de vista: la opinión sostenida y presentada por el profesor Gausen [probablemente Francois Gaussen, clérigo suizo (1790-1863) que sostuvo la posición de que la Biblia era verbalmente inspirada]. La aceptación de esa opinión por parte de los estudiantes del colegio de Battle Creek y muchos otros, incluyendo al pastor Haskell, ha hecho surgir en nuestra obra innumerables preguntas y perplejidades, y van en aumento.

La Hna. White nunca aceptó la teoría de Gausen con respecto a la inspiración verbal [o sea palabra por palabra], ora sea aplicada a su propia obra, ora fuera aplicada a la Biblia.[lxxii][72]

¿Dónde puede alguien leer un buen ejemplo de los puntos de vista de los pioneros en cuanto al don de profecía de Elena G. de White?

Los centros de venta de libros adventistas [Adventist Book Centers] tienen ahora a disposición el libro The Witness of the Pioneers Concerning the Spirit of Prophecy [El testimonio de los pioneros en relación al Espíritu de Profecía], una reproducción facsimilar de artículos de periódicos y folletos escritos por los contemporáneos de Elena G. de White.

ELENA DE WHITE Y LA BIBLIA

¿Hacen los Adventistas del Séptimo Día a Elena G. de White la norma final e infalible de toda la fe y práctica adventista?[lxxiii][73] ¿Ha modificado la iglesia su posición en este tema en años recientes?

La iglesia no ha cambiado su postura, a pesar de la imprecisión de algunos individuos al intentar explicar la postura de la iglesia. La iglesia hoy sostiene la misma posición que sostuvieron los pioneros. En la Sesión de la Asociación General en Dallas en 1980, una Declaración de las creencias fundamentales que se adoptó declaraba en parte:

Uno de los dones del Espíritu Santo es el de profecía. Este don es una marca que identifica a la iglesia remanente y que se manifestó en el ministerio de Elena G. de White. Como la mensajera del Señor, sus escritos son una fuente de verdad continua y autorizada que provee a la iglesia con consuelo, guía, instrucción y corrección. También dejan en claro que la Biblia es la norma por la cual toda enseñanza y experiencia debe ser probada. (Énfasis añadido).

La declaración anterior coloca claramente a la Biblia como la norma y la regla de la fe y práctica adventista. Los escritos de Elena G. de White deben ser juzgados por esta norma.

¿Consideran los adventistas a Elena G. de White “canónica”?

No. El “canon” es la colección de libros que forman la Biblia. Los Adventistas del Séptimo Día creen que el canon se cerró con el último libro del Nuevo Testamento. Elena G. de White expresó ella misma muy claramente este asunto:

1. Durante los veinticinco primeros siglos de la historia humana no hubo revelación escrita.

2. La redacción de la palabra escrita empezó en tiempo de Moisés.

3. Esa labor continuó durante el largo período de dieciséis siglos…

4. Esa labor continuó… hasta Juan, el narrador de las verdades más sublimes del Evangelio.

5. La terminación del Antiguo y el Nuevo Testamentos marca el cierre del canon de la Escritura.[lxxiv][74]

En relación con las declaraciones anteriores, Elena G. de White también hace notar cómo el Espíritu habla aparte del Canon Sagrado:

Durante las épocas en que las Escrituras tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento eran entregadas a la circulación, el Espíritu Santo no dejó de comunicar luz a individualidades aisladas, amén de las revelaciones que debían ser incorporadas en el Sagrado Canon. La Biblia misma da cuenta de cómo, por intermedio del Espíritu Santo, ciertos hombres recibieron advertencias, censuras, consejos e instrucción que no se referían en nada a lo dado en las Escrituras.

También habla de profetas que vivieron en diferentes épocas, pero sin hacer mención alguna de sus declaraciones. Asimismo, una vez cerrado el canon de las Escrituras, el Espíritu Santo debía llevar adelante su obra de esclarecimiento, de amonestación y consuelo en bien de los hijos de Dios.[lxxv][75]

Podemos decir sin equivocación que la iglesia nunca ha considerado los escritos de Elena G. de White canónicos y no cree en eso hoy. Por otra parte, afirmamos que ella habló por la misma inspiración del Espíritu Santo como lo hicieron los escritores de la Biblia. Los pioneros hablaron sobre este punto en forma reiterada:

Jaime White: La Biblia es una revelación perfecta y completa. Es nuestra única norma de fe y práctica. Pero ésta no es una razón por la que Dios no pueda mostrar el cumplimiento pasado, presente y futuro de su palabra en estos últimos días mediante sueños y visiones de acuerdo al testimonio de Pedro. Las verdaderas visiones son dadas para conducirnos a Dios y a su Palabra escrita.[lxxvi][76]

Urías Smith: El principio protestante de “la Biblia y sólo la Biblia”, es en sí mismo bueno y cierto; y nos afirmamos en él tanto como nadie lo ha hecho; pero cuando se reitera en conexión con denuncias osadas de las visiones, tiene una sospechosa apariencia para el mal. Usado de esa forma, contiene una insinuación encubierta, calculada en la forma más efectiva para corromper el juicio de los descuidados, que piensan que creer en las visiones es dejar de lado la Biblia, y que asirse de la Biblia es descartar las visiones… Cuando pretendemos basarnos en la Biblia y sólo la Biblia, nos unimos para recibir, en forma plena e inequívoca, todo lo que la Biblia enseña.[lxxvii][77]

¿Es la inspiración de Elena G. de White igual que la de la Biblia?

Su inspiración es igual en calidad [p. 8] a la inspiración de la Biblia, pero la función y el propósito de la inspiración de Elena G. de White es diferente de la de la Biblia. En la Escritura se encuentra un paralelismo. El profeta Natán era tan inspirado como el rey David, pero la inspiración de Natán tenía una función diferente de la de David. Los escritos inspirados de David llegaron a ser parte del canon de la Escritura. La inspiración de Natán no dio como resultado ningún escrito canónico.

Uno no puede hacer diferencias en la calidad de inspiración porque la inspiración está presente o está ausente, así que las diferentes manifestaciones no se pueden distinguir por grados. El Espíritu Santo era tan cuidadoso en la supervisión de los mensajes inspirados de Natán como en los escritos de David, aunque, en armonía con el propósito divino, sólo el último fue incorporado en el canon.

Los escritos de Elena G. de White no funcionan como una norma o regla de doctrina. La Biblia sí funciona en esta forma. En ese sentido Elena G. de White no es equivalente a la autoridad doctrinal con la Biblia.

LA CUESTION DE INFALIBILIDAD

Se dice que Elena G. de White ha cometido una serie de errores. ¿Pretendemos que ella es infalible?

No, y ni siquiera Elena G. de White pretendió “infalibilidad”. Por ejemplo, cuando fue criticada por mencionar un número incorrecto de habitaciones en un sanatorio -40 en lugar de 38- dijo:

Nunca me ha sido revelado el número exacto de habitaciones de ninguno de nuestros sanatorios, y el conocimiento que tengo en cuanto a tales cosas lo he obtenido preguntando a los que suponía que estaban informados. En mis palabras, cuando hablo acerca de estos temas comunes, no hay nada para inducir a la mente a creer que recibo mi conocimiento en una visión del Señor y que presento eso como tal.[lxxviii][78]

Elena G. de White también reconoció que no era infalible en su comportamiento personal. Una vez escribió a su esposo:

Quisiera que mi yo se ocultara en Jesús. Desearía que el yo fuera crucificado. No pretendo infalibilidad, o incluso perfección del carácter cristiano. No estoy libre de errores y equivocaciones en mi vida. Si hubiera seguido a mi Salvador más de cerca, no tendría que lamentar tanto mi desemejanza con su querida imagen.[lxxix][79]

Siguiendo este razonamiento, hay una experiencia en la Biblia que vale la pena notar en Hechos 21. El apóstol Pablo fue llamado especialmente para predicar a los gentiles. Porque no incluía la ley ceremonial judía en sus predicaciones, había ciertos cristianos judíos que lo miraban con sospecha. Al regresar a Jerusalén después de un exitoso viaje misionero entre los gentiles, fue persuadido a que prestara su influencia para la observancia de ciertos ritos ceremoniales que no se requerían más, con el propósito de reconciliarse con sus críticos. Elena G. de White hace el siguiente comentario significativo, que sin duda aplicaría a si misma también:

No fue autorizado por Dios que concediera tanto como se le había pedido. Esta concesión no estaba en armonía con sus enseñanzas, ni con la firme integridad de su carácter. Sus consejeros no eran infalibles. Aunque algunos de estos hombres escribieron bajo la inspiración del Espíritu de Dios, cuando no estaban bajo su influencia directa a veces erraban.[lxxx][80]

W. C. White no pretendió infalibilidad para su madre con relación a las fechas históricas y los detalles:

En algunos de los asuntos históricos que fueron desarrollados en Patriarcas y profetas y en Hechos de los apóstoles, así como en El conflicto de los siglos, los grandes bosquejos le fueron dados en forma muy clara y sencilla; y cuando ella comenzó a escribir acerca de estos temas, tuvo que estudiar la Biblia y la historia para conseguir fechas y relaciones geográficas, y para perfeccionar su descripción de los detalles.[lxxxi][81]

W. C. White también escribió:

Con respecto a los escritos de mi madre y al empleo que se hace de ellos como autoridad sobre puntos de historia y cronología, mi madre nunca ha deseado que nuestros hermanos trataran esos escritos como una autoridad con respecto a detalles de historia, o datos históricos.[lxxxii][82]

En resumen, Elena G. de White no pretendió no tener errores al escribir sobre cuestiones comunes y en asuntos de negocios que no involucraban consejos o mensajes del Señor. Reconoció que no era infalible en su vida personal, y su hijo no pensaba que se la debía usar como una autoridad en detalles de incidentes en sus escritos históricos. Es verdad, por supuesto, que nunca usó el término “infalible” para referirse a sí misma o a sus escritos en ningún contexto, pero sí pretendió que los mensajes que ella daba le fueron dados por el Señor.[lxxxiii][83]

¿Qué acerca de los errores que ella dice que cometió, no sólo en historia, sino en la ciencia, salud, teología y exégesis?[lxxxiv][84]

Difícilmente podemos apreciar cómo eran los tiempos hace más de cien años cuando Elena G. de White escribió en las áreas de salud, ciencia y nutrición.[lxxxv][85] Cuando ella habla de malignidad en conexión con el tabaco en 1864, unos pocos reformadores de la salud estuvieron de acuerdo con ella, pero algunos médicos estaban prescribiendo el fumar cigarros para las enfermedades del pulmón. ¿Cómo supo ella qué postura adoptar? Cuando habló sobre los profundos efectos de la influencia prenatal en términos muy semejantes a los que se menciona la ciencia hoy, la ciencia sabía poco sino nada sobre el tema. Mientras que enfatizaba el ejercicio y aire fresco para los inválidos, muchos médicos les indicaban cuartos cerrados y prolongados reposos en cama. Sus consejos en relación con el aire viciado, el efecto de la dieta en la circulación de la sangre, el uso de sal, alcohol, la relación entre la mente y el cuerpo, y otros temas, han sido vindicados por las investigaciones modernas. Algunos críticos consideraron todas esas declaraciones como errores cuando las escribió por primera vez.

A causa de las dificultades y discrepancias, existen quienes se oponen a la voz profética moderna. Y también están aquellos que buscan “errores” en la Biblia. Elena G. de White encontró una gema valiosa de verdad sobre este tema en un sermón de Henry Melvill. Bajo la conducción del Espíritu Santo, reestableció esa gema y la preservó para nosotros:

Todos los errores no ocasionarán dificultad a un alma ni harán que ningún pie tropiece, a menos que se trate de alguien que elaboraría dificultades de la más sencilla verdad revelada.[lxxxvi][86]

El intento por probar que todos los supuestos “errores” en los escritos de Elena G. de White no son en realidad errores, no es un proceder fructífero. Si un crítico la acusa con diez errores, y se prueba que los diez no lo son, el crítico estará preparado con quince acusaciones más. Cada individuo debe decidir por sí mismo si el peso de la evidencia apoya o desacredita las pretensiones de Elena G. de White en cuanto al don profético.

Al estudiar pasajes difíciles en la Biblia o en otros escritos inspirados por el Espíritu Santo, es bueno hacerse las siguientes preguntas: ¿Comprendo realmente el contexto, el significado y la importancia de la declaración del escritor inspirado? ¿Puede entender plenamente la evidencia que está aparentemente en conflicto con la declaración inspirada? ¿Pueden armonizarse los dos tipos de registros? ¿Puedo razonablemente [p. 9] esperar a conseguir una mejor comprensión de un estudio posterior, experimento o iluminación divina? ¿Puede el asunto dejarse sin resolver? Para quienes oyen, el Espíritu Santo habla en forma clara mediante los escritos inspirados, sin considerar las dificultades ocasionales que puedan aparecer.[lxxxvii][87]

VISIONES

La sra. White sufrió un daño en la cabeza cuando era niña y luchó con los problemas de cabeza durante toda su vida. ¿No podrían sus visiones haberse relacionado con sus daños o enfermedades? ¿No podrían haber sido causadas por hipnosis, mesmerismo o epilepsia?[lxxxviii][88]

El intento por desacreditar la obra del Espíritu Santo atribuyéndola a causas naturales es tan antiguo como la misma Biblia. Después de todo, los milagros del Pentecostés se atribuyeron a borrachos. Una vez que alguien rechaza creer en la fuente divina de las visiones, se debe esperar que se busquen las explicaciones naturales.

Temprano en su experiencia, algunos pensaban que las visiones de Elena G. de White eran el resultado del mesmerismo, una forma temprana del hipnotismo. Ella recién comenzaba su tarea como mensajera del Señor, y la siguiente vez que sintió el poder de Dios sobre ella, comenzó a dudar y a resistir la visión. Fue reprendida y herida con mudez por veinticuatro horas. En la siguiente visión se le mostró su “pecado al dudar del poder de Dios”, y se le dijo que esa fue la razón de haber sido herida con mudez. Ella dijo: “Después de esto ya no me atreví a dudar; ni por un momento resistí al poder de Dios, aunque los demás pensaran de mí lo que quisieran”.[lxxxix][89]

Algunos de los que cuestionaban sus visiones, comenzando con D. M. Canright en 1887, las atribuían a ataques epilépticos, al notar que había similitudes entre los dos. Cuando comenzaban las visiones, ella perdía su fuerza; luego durante la visión la recobraba, a veces exhibiendo fuerza sobrehumana. Durante las visiones no respiraba. Sus ojos estaban abiertos, aunque no reconocía a los que la rodeaban. A causa de que estas experiencias físicas se parecen en forma remota a ataques, los críticos han sugerido que sus visiones no fueron visiones después de todo.

F. D. Nichol, en su libro Ellen G. White and Her Critics [Elena G. de White y sus críticos], hace la pregunta: “¿Cómo debe actuar un profeta en visión?” indica que como los profetas son personas, tienen sistemas físicos y nerviosos, y como la visión no es un estado normal, se debe esperar que ocurrirán ciertas experiencias fuera de lo normal.[xc][90]

Daniel experimentó pérdida de fuerza, luego una fuerza extra. Le sobrevino mudez y no había en él aliento (Daniel 10). Balaám cayó en “trance”, “teniendo abiertos sus ojos” (Números 24). Los efectos en Juan fueron que se “sintió como muerto” (Apocalipsis 1:17). Cuando Saulo de Tarso tuvo su primera visión “cayó a tierra”, “temblando” (Hechos 9). Después de una visión, Zacarías, padre de Juan el Bautista, quedó “mudo” (Lucas 1). Hubo tiempos cuando los críticos de la Biblia intentaron explicar las visiones también como el resultado de una enfermedad mental.

Una consecuencia común de los ataques continuos es lo que se denomina “capacidad mental disminuida”. Por decirlo en forma sencilla, la mente se debilita con las reiteraciones. Se estima que Elena G. de White tuvo cerca de 200 visiones abiertas y algunos 1.800 sueños proféticos. Las visiones abiertas en los primeros años estuvieron acompañadas por fenómenos físicos. Si éstos no fueran visiones, sino ataques epilépticos, se esperarían deterioros de la mente a lo largo de los años. No tenemos tal evidencia. Por el contrario, hubo un desarrollo observable de sus capacidades. Ella dice que su salud estaba mejor en sus últimos años que cuando era joven. Miles de páginas de material manuscrito de su pluma no contienen ninguna evidencia de una declinación progresiva de su habilidad.

Además, ¿dónde se encuentra un solo ejemplo de alguien cuyos ataques frecuentes lo habilitaran para conducir una iglesia tan sabiamente y para aconsejar a un pueblo en forma tan útil? Lo que es más importante, después de todo, es el mensaje entregado por las visiones, no la forma específica en la cual Dios entrega el mensaje.

¿Cuál fue la relación entre las primeras visiones de Elena G. de White con las de William Foy y Hazen Foss?[xci][91]

William Ellis Foy (1818-1893) y Hazen Little Foss (1819-1893) recibieron visiones antes del chasco de 1844. Los dos hombres vivieron para oír a Elena G. de White relatar sus primeras visiones y reconocieron que lo que ella describía, ellos también lo habían visto.

Elena G. de White, cuando joven, había oído una exposición de Foy en Pórtland, Maine, en algún momento entre 1842 y 1844. No se sabe mucho más en relación con él, aunque alguna investigación reciente confirma que era un hombre de color que vivía cerca de Augusta, Maine. Se lo confunde a veces con Foss, pero a diferencia de Foss, Foy relató sus visiones y publicó las primeras dos en un folleto. Nunca sintió que había ofendido al Espíritu de Dios, y continuó trabajando como un ministro Bautista por su libre elección, por muchos años. Una historia personal breve se publicó junto con los relatos de sus dos primeras visiones en 1845 en un folleto titulado The Christian Experiencie of William E. Foy Together with the Two Visions He Received in the Months of Jan. and Feb. 1842 [La experiencia cristiana de William E. Foy junto con las dos primeras visiones que recibió en los meses de enero y febrero de 1842]. De acuerdo con J. N. Loughborough, fue una tercera visión, en 1844, la que Foy no pudo comprender, y que luego oyó relatar a Elena G. de White. En tanto como se sepa, esa tercera visión nunca se publicó.

Hazen Foss recibió igualmente una visión antes del chasco, pero rehusó relatarla. Cuando se le dijo que la visión le fue quitada, temió las consecuencias y convocó a una reunión en la cual trató de recordar la visión pero no pudo. Oyó a Elena G. de White relatar la misma visión a comienzos de 1845, y le dio a ella testimonio de su experiencia. Aunque por muchos años se pensó que Foss era un familiar del cuñado de Elena G. de White,[xcii][92] no fue hasta alrededor de 1960 que se pudo conocer la relación exacta mediante los registros genealógicos.[xciii][93] Hazen fue el hermano menor de Samuel Hoyt Foss, que se casó con la hermana mayor de Elena G. de White, Mary, en 1842.

Tanto Hazen Foss como William Foy reconocieron las visiones que se le dieron a Elena G. de White como iguales a las que se les había dado, y dado que el Señor tenía la intención original de que uno de estos hombres fuera su mensajero profético para la iglesia remanente, por supuesto, tendría que haber paralelos entre sus visiones y las de Elena G. de White. Aunque se pueden observar esas similitudes entre las visiones publicadas por Foy acerca del cielo y las de Elena G. de White, hay muchas diferencias que hace que la acusación de The White Lie en cuanto a que sus visiones son una “copia carbónica” de las de Foy, sea una exageración considerable.

¿Prometió la sra. White responder las inquietudes de los doctores Stewart, Sadler y otros, y luego, después de recibir sus inquietudes, “convenientemente” tuvo una visión en la que se le instruía que no lo hiciera?[xciv][94]

El 30 de marzo de 1906, la sra. White [p. 10] escribió un testimonio dirigido “A aquellos que están impresionados por los testimonios en relación con la obra médica misionera”.[xcv][95] En éste habló de que había sido dirigida por el Señor para invitar a quienes estaban perplejos y tenían objeciones en relación a los testimonios, a que las escribieran y que ella las enviaría a quienes desean eliminar esas inquietudes.

El 3 de junio de 1906, la sra. White escribió en relación con una visión que había recibido unos pocos días antes, en la cual ella estaba hablando ante un grupo de personas para responder preguntas sobre su obra y sus escritos. Declaró:

Un mensajero celestial me indicó que no asumiera la carga de reunir y responder a todos los dichos y dudas que se están colocando en varias mentes.[xcvi][96]

Estas dos declaraciones, escritas con una diferencia de dos meses, se citan como una evidencia de que las “revelaciones” de la sra. White podían a menudo ser arregladas en forma lo bastante conveniente como para proteger sus intereses. No obstante, un examen de los sucesos de ese período, arroja una luz considerable sobre la aparente revocación de la invitación de la sra. White a responder preguntas.

Después de recibir el testimonio de la sra. White, muchos individuos reaccionaron a su solicitud y enviaron sus preguntas a su oficina. Una revisión de la correspondencia de Elena G. de White durante los siguientes meses da una evidencia de que asumió en forma seria la respuesta a estas inquietudes. Las preguntas iban desde las más ridículas y triviales hasta las que merecían una respuesta cuidadosa y estudiada. En una carta a unos amigos del 15 de junio de 1906, escribió:

Las cartas, llenas de preguntas, se están multiplicando sobre nosotros… Si puedo presentar a la gente los hechos del caso, como ocurrieron, podría salvar a algunos de hacer que su fe se hunda. Se me han enviado algunas de las preguntas más frívolas en relación con los testimonios que el Señor me ha dado.[xcvii][97]

Los archivos del Patrimonio White contienen más de 30 cartas escritas por Elena G. de White entre abril y octubre de 1906, que tratan con preguntas que surgieron sobre varias fases de su trabajo. Además de éstas, se publicaron artículos en la Review and Herald.[xcviii][98] Algunas de las cartas y declaraciones que se hicieron aparecen a continuación:

Carta 170, 1906, 13 de junio de 1906, en relación con las palabras “Yo”, “nosotros”, “a nosotros”, etc., en los testimonios.

Carta 206, 1906, 14 de junio de 1906, en relación con qué es inspirado (¿cada palabra? ¿cada carta?)

Charla (DF Nº 247), 26 de junio de 1906, la relación de W. C. White con la obra de Elena G. de White.

Carta, 28 de junio de 1906, en relación con el título “profeta”.

Carta 225, 1906,8 de julio de 1906, en relación con la escritura y envío de los testimonios.

Se podrá notar que todas estas respuestas, de hecho, el 80 por ciento de ellas se encuentra en el archivo, se escribieron después de la visión del 25 de mayo en la que se le instruyó “que no respondiera a todo lo que se dice y a las dudas”.[xcix][99] Nuevamente la sra. White revisó la cuestión de los edificios de Chicago,[c][100] aunque ya había tratado este tema en 1903.

Elena G. de White no respondió todas las preguntas. Algunas fueron derivadas a su personal, a quienes solicitó que buscaran en declaraciones anteriores sobre el tema para responder a las críticas. W. C. White escribió el 13 de julio de 1906:

Por varios días el hermano Crisler ha estado buscando lo que se ha escrito en años pasados en relación con los contratos y los acuerdos. Pienso que podrá mostrar a mi madre la colección de manuscritos que encontró a comienzos de la próxima semana.[ci][101]

Esto estaba en armonía con la invitación original de la sra. White en la que pedía que “todo se escribiera, y que se enviaría a aquellos que desean eliminar las inquietudes”.[cii][102] (Énfasis añadido.)

Los que enviaron mayor cantidad de preguntas fueron el pastor William S. Sadler y el Dr. Charles E. Stewart. Las preguntas del Dr. Stewart se publicaron eventualmente bajo el título A Response to An Urgent Testimony from Mrs. Ellen G. White [Una respuesta a un testimonio urgente de la sra. Elena G. de White], al que posteriormente se hizo referencia como “The Blue Book” [El libro azul]. Al escribir al Dr. Stewart sobre su serie de objeciones, W. C. White explicó la razón por las que algunas preguntas no recibieron una respuesta personal de la sra. White:

Pero esa porción del documento dirigida a ella, que asume la forma de un ataque a su integridad y a su obra, ella la derivó a sus hermanos para que la respondieran, porque por muchos años se le instruyó que no era parte legítima de su obra el responder los ataques numerosos y violentos que le hayan hecho sus críticos y los enemigos de su obra.[ciii][103]

Esa ha sido la actitud consistente de la sra. White desde los primeros días de su ministerio.[civ][104] Una de las razones por las que algunas cuestiones nunca fueron respondidas por la oficina de Elena G. de White es que la Comisión de la Asociación General había publicado recientemente (mayo de 1906) una refutación a las acusaciones hechas por A. T. Jones contra el Espíritu de Profecía, dando respuestas detalladas a muchas de las mismas preguntas.[cv][105]

El hecho de que la sra. White se comprometiera en responder objeciones después de recibir la visión del 25 de mayo, indica que esa instrucción no anulaba su promesa anterior. Entonces, ¿qué significaba la segunda visión? Exactamente lo que dice:

Un mensajero celestial me indicó que no asumiera la carga de reunir y responder a todos los dichos y dudas que se están colocando en varias mentes. (Énfasis añadido.)

Elena G. de White no debía sentir que era su deber dedicarse a responder aquellas preguntas sin fin de quienes dudaban y que no aceptarían respuestas. Al referirse al mismo consejo divino, escribió el 17 de julio de 1906:

Ahora he sido instruida que no debo ser estorbada en mi obra por aquellos que se ocupan en hacer suposiciones acerca de la naturaleza de ella, cuyas mentes están luchando con tantos problemas intrincados referentes a la supuesta obra de un profeta. Mi misión abarca la obra de un profeta pero no termina allí. Abarca mucho más de lo que puedan comprender las mentes de los que han estado sembrando las semillas de incredulidad.

En respuesta a la obra del enemigo sobre las mentes humanas, debo sembrar la buena semilla. Cuando surgen preguntas sugeridas por Satanás, las removeré si puedo. Pero aquellos que están recolectando las pajitas harían mejor en educar la mente y el corazón para sostener las grandiosas verdades salvadoras que Dios ha dado mediante su humilde mensajera, en lugar de llegar a ser canales mediante los cuales Satanás pueda comunicar duda y levantar cuestionamientos.

Permitir que se creen las imágenes de paja como algo para atacar, es una de las cosas más inútiles a la que alguien se pueda dedicar. Es posible que alguien se eduque a sí mismo para llegar a ser agente de Satanás al distribuir sus sugerencias. Tan pronto como una se aclara, otra se proferirá.

He sido instruida para decir, “El Señor no dejará que mi mente se emplee de esa forma”.[cvi][106]

Elena G. de White concluye su carta con una declaración que sugiere que los problemas que rodean su obra fueron el resultado de un enfoque en las palabras en lugar del mensaje de sus escritos –la misma dificultad en relación con el uso de los escritos inspirados que vemos en la actualidad: Más y más presentaré el mensaje al pueblo en el lenguaje de la Escritura. Entonces si alguien toma las excepciones, tendrá que luchar contra la Biblia.[cvii][107]

[p. 7]

LA PUERTA CERRADA

Por un tiempo los pioneros creyeron que la puerta de la misericordia estaba cerrada en 1844. ¿Se le mostró específicamente a Elena G. de White que era éste el caso?[cviii][108]

La era de la puerta cerrada, en la historia adventista, es fascinante pero compleja. Para comprenderla se requiere sencillamente un conocimiento completo de los eventos de 1844 y de los años que le siguieron. El hecho de que los primeros adventistas concluyeran, al comienzo, que el tiempo de prueba había terminado para el mundo el 22 de octubre de 1844; y que pareciera que la primera visión de Elena G. de White apoya este punto de vista, ha sido usado por más de cien años contra ella por personas que buscan anular la confianza en su obra.

Inmediatamente después de que pasó el tiempo de 1844, aquellos adventistas que creían que la profecía se había cumplido sólo podían concluir que el tiempo de prueba para el mundo se había cerrado el 22 de octubre. Las burlas sacrílegas y los sarcasmos de la gente mundana hicieron que se llegara a estas conclusiones. Aunque la joven Elena Harmon al principio parecía creer que sus visiones confirmaban la posición de la puerta cerrada, posteriormente se dio cuenta que no era éste el caso. En forma consistente sostuvo, no obstante, que la puerta se cerró contra aquellos individuos que habían resistido sus honestas convicciones al rechazar el mensaje de advertencia. Mientras tanto, las referencias, en su primera visión, a los 144.000 dio una pista más amplia de un empuje evangelístico todavía en el futuro.

En 1874, al responder acusaciones hechas sobre este punto, declaró: “Pero nunca tuve una visión de que no se convertirían más pecadores”.[cix][109] Los pioneros que escribían también fueron claros sobre esto. Por ejemplo, Urías Smith escribió dos años después:

Las visiones nunca enseñaron la terminación del tiempo de prueba como algo en el pasado, o que concluyó el día de salvación para los pecadores, denominado por nuestros oponentes como la doctrina de la puerta cerrada.[cx][110]

Los albores de la luz, a comienzos de 1845, en cuanto al traslado del ministerio de Cristo en el santuario celestial que sucedió en 1844, proveyeron finalmente una solución al problema. Los pioneros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, al buscar luz, vieron una puerta que se cerraba y otra que fue abierta cuando Cristo asumía su ministerio en el Lugar Santísimo del santuario en el cielo. Esta verdad reveladora permitió a nuestros ancestros mantener su confianza en la conducción de Dios en su experiencia pasada, incluso mientras comprendían el concepto de una gran misión que estaba todavía por delante.

Elena G. de White, que pasó por la experiencia, explica esta transición de la comprensión en el libro de 1884, The Spirit of Prophecy [El Espíritu de Profecía], vol. 4, en el capítulo titulado “Una puerta abierta y una cerrada”, y en El conflicto de los siglos, publicado unos pocos años después, en un capítulo titulado “Jesucristo, nuestro Abogado”. Se obtiene un trasfondo esclarecedor leyendo sobre la experiencia en el capítulo 23 “Profecías cumplidas”, y el capítulo 24 “El templo de Dios”. Elena G. de White también dio explicaciones útiles en 1883 en un documento reproducido en Mensajes selectos, vol. 1, capítulo 5, “Una explicación de las primeras declaraciones”.

LOS ASISTENTES LITERARIOS

Con más de mil libros en su biblioteca en el momento de su muerte, ¿cómo pudo la Sra. White haber leído y copiado de todos ellos? ¿No tomaron prestado por ella en alguno de esos libros sus asistentes literarios?[cxi][111]

El hecho es que, en este momento de este proyecto de investigación, hay menos de cien libros de los cuales se tiene una evidencia sólida de préstamo literario. En muchos casos la evidencia involucra sólo un único pasaje breve. The White Lie provee o supone paralelos con sólo 35 fuentes específicas. No obstante, simplemente no hay razón para asumir que Elena G. de White fuera incapaz de leer todos los libros de los cuales se supone que tomó prestado. En verdad, siempre estaba muy ocupada, pero hacía buen uso de su tiempo.

Lo que más importa en este punto es que no hay evidencia de que los asistentes literarios fueran responsables de introducir material de otros autores en los escritos de Elena G. de White. “Hay una cosa que incluso el editor más competente no puede hacer”, escribió Marian Davis, “y es editar un manuscrito antes de que se escriba”.[cxii][112]

Es verdad que unas pocas oraciones de James Wylie aparecen en el capítulo sobre Huss en El Conflicto de los siglos, que no se encuentran en los borradores manuscritos.

Elena G. de White sacó extensamente de Wylie para el borrador manuscrito, pero no sabemos, en las etapas posteriores del escrito, qué pudo haber hecho sobre el capítulo. Además, la edición manuscrita fue enviada inmediatamente a Elena G. de White para su aprobación.

Elena G. de White murió antes de que se terminara Profetas y reyes. ¿No podría ser este libro un ejemplo de cómo los asistentes literarios tomaban prestado por ella?

Para nada. En su artículo, “The Story of Prophets and Kings” [La historia de Profetas y reyes],[cxiii][113] Arturo L. White cita extensamente de la correspondencia de Clarence Crisler, quien brindó asistencia literaria a Elena G. de White para Profetas y reyes. Estas cartas, escritas en el momento en se realizaba el trabajo, indican que en estas cuestiones espirituales, la mente de la sra. White se mantuvo lúcida hasta el fin. Los últimos dos capítulos, que no estaban del todo terminados en el momento de su muerte, fueron completados, no de otros autores, sino de anteriores manuscritos escritos por la sra. White y que estaban en el archivo.

¿Algunos de los asistentes literarios de Elena G. de White se volvieron contra ella y la criticaron?[cxiv][114]

La única asistente literaria que criticó a Elena G. de White fue Fannie Bolton. Todos los documentos y cartas que se conocen en relación con su experiencia con Elena G. de White están publicados en The Fannie Bolton Story: A Collection of Source Documents [La historia de Fannie Bolton: Una colección de fuentes documentales].

Elena G. de White estaba preocupada sobre la inmadurez espiritual de la señorita Bolton desde el primer momento que la empleó. En el transcurso de su trabajo, su experiencia fue muy inestable. Fannie criticaba a la Sra. White, luego, en más de una docena de ocasiones, escribió “confesiones” sobre su proceder equivocado. No obstante, en todo esto, la paciencia de la sra. White fue tan grande que continuó empleando a Fannie a través de todos estos ciclos de crítica y confesión, y cuando en ocasiones la despidió, la volvió a contratar. Finalmente, Fannie dejó el empleo de la sra. White por elección personal.

La acusación de que la sra. White fue criticada también por Mary Clough, otra de sus asistentes literarias, no tiene fundamento en ningún documento de la época, sino que se basa sólo en una declaración de memoria que G. B. Starr registró muchos años después. Mary Clough fue una sobrina de Elena G. de White, pero [p. 12] no era Adventista del Séptimo Día. Fue apartada de la obra de Elena G. de White no por causa de alguna crítica, sino porque escogió no atenerse a las normas de observancia del sábado en ese hogar.

Marian Davis fue una de las asistentes literarias más importantes de la sra. White. ¿Cómo vio ella estos asuntos?

En un momento Marian oyó que Fannie Bolton dijo que había recibido instrucción para “rellenar los puntos” en un testimonio de Elena G. de White y así el testimonio sería en realidad de la señorita Bolton. Marian respondió:

No puedo creer que alguien que ha estado relacionada con la obra de la sra. White pueda hacer semejante declaración. No puedo creer que nadie que esté familiarizada con la forma de escribir de la sra. White pueda siquiera creerlo. La carga que siente cuando se le presenta el caso de un individuo, la intensa presión bajo la que trabaja, a veces levantándose a medianoche para escribir las advertencias que se le dieron, y a menudo escribiendo por días, semanas e incluso meses, una y otra vez en relación con ello, como si no pudiera librarse del sentimiento de responsabilidad por esa alma, -nadie que haya conocido sobre estas experiencias, puede creer que confiaría a otra persona la escritura de un testimonio.

Por más de veinte años he estado relacionada con la obra de la hermana White. Durante ese tiempo, nunca se me ha pedido que escribiera un testimonio por indicación oral, o que rellenara los puntos en asuntos ya escritos.[cxv][115]

¿Cuál era la tarea de los asistentes literarios? ¿Corregían solamente la ortografía y la puntuación?

W. C. White respondió esta pregunta en una carta a una mujer que deseaba saber si los pensamientos y expresiones que leía en las obras publicadas de Elena G. de White eran realmente de la sra. White:

Los secretarios y copistas, que preparan los escritos de mi madre para la imprenta, eliminan las repeticiones para que el asunto pueda entrar dentro del espacio establecido. Corrigen la gramática incorrecta y preparan el asunto para publicar. A veces trasladan sus mejores expresiones de pensamiento de un párrafo a otro, pero no introducen sus propios pensamientos en el asunto. Los pensamientos y expresiones que usted menciona son los propios pensamientos y expresiones de mi madre.[cxvi][116]

Una vez la sra. White se refirió a Marian Davis como quien “compagina los libros”, y luego explica:

Ella hace su trabajo de esta manera: toma mis artículos que han sido publicados en los periódicos, y los pega en libros [hojas] en blanco. También tiene una copia de todas las cartas que escribo. Cuando prepara un capítulo para un libro, Marian recuerda que yo he escrito algo sobre ese punto especial que puede darle más fuerza al asunto. Empieza a buscarlo, y cuando lo encuentra, si ve que da mayor claridad al capítulo, lo añade.

Los libros no son producciones de Marian, sino mi propia producción, recopilados de todos mis escritos.[cxvii][117]

Contrariamente a lo que dice The White Lie, la sra. White estaba controlando sus escritos y lo que se publicaba en su nombre. Dijo:

Volví a leer todo lo que fue copiado [de los borradores manuscritos], para ver si está como debe ser. Leí todo el manuscrito del libro antes de mandarlo al impresor.[cxviii][118]

La cantidad de cartas personas intercambiadas entre los asistentes literarios, W. C. White y Elena G. de White no dejan duda de que ésta era la forma en que se preparaban los libros de la sra. White para publicar.[cxix][119]

NORMAS DE INVESTIGACIÓN DEL PATRIMONIO WHITE

The White Lie está repleto de crítica sobre las normas restrictivas de investigación del Patrimonio de Elena G. de White. ¿Qué está haciendo el Patrimonio White para facilitar la investigación y qué restricciones se imponen?[cxx][120]

En 1982, en el momento en que se publicó The White Lie, la investigación en los materiales no publicados de Elena G. de White estaba regida por las normas de “liberación de manuscritos”. Estas normas llevaban a cabo tres propósitos:

  • Familiarizaban a los líderes de iglesia con materiales que estaban en circulación general.
  • Aseguraba que la carta o porción de la carta que se solicitaba para liberar estuviera acompañada del contexto suficiente como para que su significado fuera claro.
  • Protegía la privacidad de los obreros pioneros y los miembros de iglesia cuyos errores o pecados habían sido revelados en mensajes confidenciales que el Señor le había dado a su mensajera para que se los hiciera llegar.

Al operar bajo esta norma, cada año, cientos de estudiantes realizaban investigaciones en las cartas y manuscritos de Elena G. de White. Cada mes la Junta de Fideicomisarios del Patrimonio White aprobaba “liberar manuscritos” ante la solicitud de estudiantes del seminario y de otras personas alrededor del mundo. Había en operación seis Centros de Investigación de Elena G. de White de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en varias partes del mundo, alentando el estudio en los materiales no publicados de Elena G. de White.

A lo largo de todos los años, desde la década de 1930, cuando los educadores Adventistas del Séptimo Día iniciaban por primera vez sus estudios de posgrado, el personal del Patrimonio White alentó y asistió en la investigación a aquellos que estaban desarrollando sus tesis de master y sus disertaciones doctorales. El reconocimiento de esto se puede encontrar en las páginas introductorias de estos documentos.

En los años posteriores a 1982, seis centros de investigación de Elena G. de White más se establecieron en diferentes partes del mundo y se abrió una tercera oficina filial en el Colegio Oakwood en Huntsville, Alabama. (El Centro de Investigación en la Universidad de Loma Linda llegó a ser una oficina filial en 1985.) Para facilitar más aún la investigación en los materiales no publicados, el Patrimonio White está en el proceso de colocar todas las cartas y manuscritos de Elena G. de White en CD-ROM, como lo ha hecho con todas sus obras publicadas.

¿Por qué no se ha liberado el estudio que hizo Donald McAdam sobre Huss? ¿Qué acerca de un estudio similar que hiciera Ron Graybill de lo que escribió Elena G. de White sobre Martín Lutero?[cxxi][121]

Analysis of Ellen G. White’s Luther Manuscript [Análisis del manuscrito sobre Lutero de Elena G. de White] de Ron Graybill, fue promocionado en el catálogo de Documentos disponibles del Patrimonio White y fue publicado para su distribución general bastante antes de que se publicara The White Lie. El estudio del Dr. McAdam del capítulo sobre Huss en El conflicto de los siglos está también disponible. Lo que no ha sido liberado para su publicación son varias páginas de un borrador manuscrito por Elena G. de White del manuscrito de Huss según lo transcribe el Dr. McAdams. [p. 13] Este material fue enviado a todos los Centros de Investigación de Elena G. de White donde los puede examinar cualquier investigador responsable. La razón de que no se haya publicado es que fue preparado en forma apresurada por Elena G. de White en un momento cuando no estaba del todo bien. El borrador manuscrito es quizás la muestra más pobre que se encuentra disponible de sus documentos manuscritos. Si se publicara, podría dar una imagen distorsionada de la calidad de su trabajo. Su obra sobre el manuscrito de Lutero es más representativa y por lo tanto se ha publicado tanto en su forma facsimilar como en su trascripción a máquina en el estudio de Graybill.

Se acusa de que el Patrimonio White y la iglesia han estado tratando de “cubrir” los préstamos literarios de la sra. White. ¿Qué se sabe de este tema en el pasado y qué se ha compartido con la iglesia?

En 1933, W. C. White y D. E. Robinson del Patrimonio White, prepararon “Brief Statements Regarding the Writings of Ellen G. White” [Declaraciones breves en relación con los escritos de Elena G. de White] que hablaba en forma bastante sincera sobre el uso que hizo Elena G. de White de las fuentes en tanto esas fuentes se conocían en ese momento. En la Escuela Bíblica Avanzada en 1935, W. C. White nuevamente trató el tema, mencionando varias fuentes. Es interesante que se realizó una investigación entre los ministros y maestros que asistieron a la sesión de 1935.[cxxii][122] Se les preguntó qué puntos de la crítica, que llegaban a la oficina de la sra. White, les parecían más importantes. Casi todos ellos deseaban respuestas para la acusación de que algunos de sus primeros escritos habían sido “eliminados”,[cxxiii][123] y varios tenían interés en la predicción de 1856 de que algunos que vivían en la época de Elena G. de White serían trasladados.[cxxiv][124] Sólo la mitad del grupo pensó que sería importante responder a la acusación de plagio. Si éstas actitudes eran típicas, indican que la cuestión del préstamo literario de Elena G. de White no era una cuestión de suma prioridad en la iglesia como ocurre actualmente.

Cientos de ministros asistieron a las clases de A. L. White sobre Orientación Profética en el Seminario Teológico Adventista del Séptimo Día, y a otras escuelas de extensión entre 1956 y 1971, y desde ese tiempo han escuchado el tema según lo trató en el aula Paul Gordon.

Recientemente el folleto de 1933, “Brief Statements” [Breves declaraciones], se distribuyó ampliamente como un suplemento de la Adventist Review [Revista Adventista en inglés], y está actualmente disponible en el Patrimonio de Elena G. de White, como lo están las clases de W. C. White para la Escuela Bíblica Avanzada.

Tres capítulos voluminosos sobre “Literary Borrowing” [Préstamo Literario] se publicaron en 1951 en el libro de F. D. Nichol, Ellen G. White and Her Critics [Elena G. de White y sus críticos]. No obstante, en forma reciente, la extensión del préstamo literario no era conocida por quienes estaban en el Patrimonio de Elena G. de White. Aunque el tema no era estresante, de tiempo en tiempo lo que se sabía se comunicaba a la iglesia, y continuará poniéndose a disposición más información.

LAS CUESTIONES ELEMENTALES

¿Cómo debe una persona decidir si creer en The White Lie o aceptar a Elena G. de White como un genuino receptor del don profético?

Cuando la Majestad del universo creó a los hombres y las mujeres, les concedió el poder de elección. Lo que está en juego es, ¿cómo hacen esa elección? La elección debe basarse, no en un gran despliegue de retórica, sino en el peso de la evidencia. En la cuestión que estamos considerando, enfrentamos, por un lado, varios hechos entremezclados con muchas declaraciones y acusaciones que no tienen apoyo. Por el otro lado, tenemos un cuadro bien documentado del desarrollo de una iglesia fundada sobre la Palabra de Dios y nutrida, guiada y protegida por el Espíritu Santo mediante el don de profecía manifestado en la obra de Elena G. de White, una de sus fundadoras y pioneras.

Cada Adventista del Séptimo Día, del pasado y del presente, ha tenido en algún momento que vérselas con la cuestión: ¿Habló realmente Elena G. de White de parte de Dios como ella y la iglesia lo pretenden? Aceptar esta pretención no es siempre fácil. Después de todo, hay preceptos y consejos en los libros de Elena G. de White que llaman a un cambio en la forma de vivir y de pensar. Hay normas para la buena salud. Hay consejos sobre cómo desarrollar un carácter que representará correctamente al Cristo que nos ha salvado y que nos promete el poder transformador de su Espíritu Santo. El pecado es señalado y reprobado. No es fácil o agradable cambiar nuestra forma de vida. Pero ¿acaso los profetas de Dios, al comunicar sus mensajes, no reprobaron siempre el pecado y llamaron a su pueblo a una norma de vida más elevada?

Al igual que la Biblia, hay cosas en los escritos de Elena G. de White que son “difíciles de entender!” Pero la evidencia de la inspiración de Elena G. de White brilla por todos lados.

¿Qué evidencia hay de la inspiración de Elena G. de White?

La Palabra de Dios nos insta a examinar las pretensiones de quienes profesan hablar en nombre de Dios, y se presentan varias pruebas. Entre ellas, la principal es “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). Cuando observamos el fruto del ministerio de Elena G. de White, ¿qué notamos en su vida y en las vidas de aquellos que han tomado seriamente sus pretensiones? ¿Cuál es el fruto?

Vemos a un pueblo en la experiencia temprana de la iglesia al que se le da seguridad, se lo estabiliza y unifica en su comprensión del cumplimiento de la profecía y en las posiciones doctrinales –posiciones basadas en la Palabra de Dios, pero testificadas por el Espíritu. Mediante visiones el Señor aclaró qué era la verdad y señaló el error.

Vemos a un pueblo conducido para comprender el gran conflicto de los siglos entre Cristo y Satanás y ver el lugar que ocupan en las escenas finales, y a un pueblo recompensado por su fe y compromiso con Cristo.

Vemos una iglesia que surge con enseñanzas y organización unificadas alrededor del mundo, y un sensación de celeridad en su responsabilidad en las actividades de publicación, médicas y educativas, culminando con una clara visión de la responsabilidad por la predicación evangélica de largo alcance y compromisos financieros sin paralelos para llevarla a cabo.

Vemos a un pueblo feliz en su conocimiento maduro del plan de salvación, confiados en ser aceptos en Cristo, y conscientes del significado del ministerio de nuestro Señor y Salvador en nuestro beneficio en el santuario celestial.

¿Qué motivó a Elena G. de White a servir como mensajera de Dios? ¿Era la fama o la riqueza?

No. Vivió una vida de abnegación. Mientras se sostenía a sí misma y a su obra con el salario de un ministro y con las modestas regalías de sus escritos, no consideró su ingreso como propio. Lo que no era requerido para suplir sus necesidades, lo ponía en la causa a la que servía. En el momento de su muerte, no dejó un gran patrimonio. Incluso financiaba el ingreso potencial de sus producciones literarias con la suma de casi cien mil dólares, para tener medios para publicar sus últimos libros y ayudar en el avance de la causa de Dios. De [p. 14] su experiencia financiera, escribió en un tiempo: “El Señor vio que podía confiarnos sus medios… Continuó derramándolos y nosotros continuamos dándolos”.[cxxv][125]

¿Buscó fama o notoriedad? No. Encontró difícil la vida pública. Agobiada con la responsabilidad de presentar testimonios personales de advertencia y reproche, una vez declaró: “Para mí ha sido difícil dar los mensajes que Dios me ha dado para aquellos que amo”.[cxxvi][126] En otro momento de su ministerio declaró que si se le daba la oportunidad de elegir entre tener otra visión o la tumba, escogería la tumba. Probó la experiencia de la que habla el Maestro de que “No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra” (Mateo 13:57).

¿En qué estaba entonces su motivación? Era seguir los mandatos del Señor para servir como su mensajera, sin importar el costo o la recompensa, siempre deseosa por la salvación de las almas para el reino de Dios. Era para escuchar las palabras finales, “Bien hecho”.

¿Qué hay acerca de las producciones literarias de Elena G. de White, su calidad y su fruto?

Se encuentran en el plano más elevado. Sobre este punto, Urías Smith, un editor y compañero de trabajo, declaró:

  1. 1. Tienden a la moralidad más pura. Condenan todo vicio y exhortan la práctica de toda virtud.
  2. 2. Conducen a Cristo. Al igual que la Biblia, lo ponen como la única esperanza y Salvador de la humanidad.
  3. 3. Nos conducen a la Biblia. Ponen a ese Libro como la Palabra de Dios inspirada e inalterable.
  4. 4. Han llevado consuelo y aliento a muchos corazones. Han fortalecido al débil, alentado al enfermo, levantado al abatido. Han producido orden en la confusión, los lugares torcidos se han enderezado y han arrojado luz sobre la oscuridad y las tinieblas.[cxxvii][127]

¿Cómo es que miles han sido llevados al Salvador mediante la lectura de El Deseado de todas las gentes, El camino a Cristo y El conflicto de los siglos? ¿Cómo es que El ministerio de curación, publicado en 1905, nunca ha tenido que ser revisado mientras que los libros médicos no sobreviven una década o dos?

A la muerte de Elena G. de White, el serio periódico semanal, The Independent [El independiente], publicado en la ciudad de Nueva York, presentó los puntos más destacados de la experiencia de Elena G. de White en un artículo titulado “An American Prophetess” [Una profetiza americana]. Luego al hablar de los frutos de su ministerio en la iglesia Adventista del Séptimo Día, el periódico declara:

Esas enseñanzas estaban basadas en la doctrina de la inspiración más estricta de las Escrituras. Los Adventistas del Séptimo Día no podían haber llegado a ser en ninguna otra forma. Y el don de profecía se debía esperar como una promesa para la “iglesia remanente” que se había mantenido en la verdad. Esta fe dio gran pureza de vida y celo incesante. Ningún cuerpo de cristianos los excede en carácter moral y fervor religioso.[cxxviii][128]

¿Qué en cuanto al ministerio público de Elena G. de White?

Los registros muestran que ella era una oradora pública muy buscada, tanto dentro como fuera de la filas de los adventistas. A menudo era la oradora durante los sábados de mañana en las sesiones de la Asociación General, dirigiéndose a miles de personas mientras permanecía ante ellos sin ninguna nota, y era la oradora favorita de los retiros campestres temporada tras temporada.

En las reuniones evangelísticas en Estados Unidos y fuera de Estados Unidos podía mantener la atención de su auditorio, a menudo no adventistas en su mayoría, atrapando el interés por una hora u hora y media, casi siempre hablando sin notas. En 1876, antes de que existieran los días en que se usaran los sistemas electrónicos para hablar al público, se dirigió a cerca de veinte mil personas que se reunieron en el retiro campestre en Groveland, Massachussets, y logró que su audiencia la escuchara. Al finalizar la reunión, fue invitada a ir a una ciudad cercana para que, a la mañana siguiente, hablara ante una gran reunión pro temperancia en un salón público.

¿Qué de Elena G. de White como una consejera muy buscada?

Los dirigentes de iglesia desde el presidente de la asociación local y los gerentes institucionales hasta el presidente de la Asociación General, ya sea por carta o en forma personal, se acercaban a ella para pedir consejo y orientación para enfrentar sus responsabilidades, y para hacer decisiones importantes. No tenía un libro con respuestas al cual recurrir. Las áreas de discusión se ampliaban. Nunca fueron chasqueados en los resultados de seguir el consejo que recibieron de sus labios o su pluma.

Después de relatar una experiencia de prosperidad que se produjo en el trabajo cuando se siguieron los consejos del Señor dados mediante Elena G. de White, A. G. Daniells, por muchos años presidente de la Asociación General, exclamó:

En todo esto vemos el gran valor del Espíritu de Profecía para el pueblo y la causa de Dios. Otorga luz y comprensión más allá de la comprensión de los hombres. Nos orienta sobre los grandes proyectos de los cuales nos retraeríamos porque no vemos el futuro ni la plena importancia de lo que estamos llamados a realizar.[cxxix][129]

El pastor Daniells, hacia el fin de su vida, dio este solemne testimonio:

Durante este año, 1935, la sra. White hace 20 años que descansa en el Señor, mientras yo me he seguido esforzando. Tuve la oportunidad de observar directamente por veintitrés años su vida de trabajo. Desde su muerte, he tenido veinte años adicionales para la reflexión cuidadosa y el estudio de esa vida y sus frutos.

Ahora, a una edad avanzada, con la restricción de expresar únicamente la verdad seria y honesta, puedo decir que es mi profunda convicción que la vida de la sra. White trasciende por lejos la vida de cualquiera que haya conocido o con quien me haya relacionado. Era siempre agradable, alegre y animosa. Nunca fue descuidada, petulante o chabacana en ninguna forma en la conversación o la manera de vivir. Era la personificación del fervor serio en relación con las cosas del reino. Ni una vez la oí presumir del don de la gracia que Dios derramó sobre ella, o de los maravillosos resultados de sus labores. Se regocijó en el fruto, pero dio toda la gloria a Él quien obraba mediante ella.[cxxx][130]

LA ELECCIÓN ES NUESTRA

Por tanto, al concedernos Dios el poder de elegir, y con las evidencias ante nosotros, como Adventistas del Séptimo Día debemos tomar nuestra decisión. El Señor dio evidencia suficiente para todos los que deseen conocer la verdad, pero nunca obligará a nadie a creer. Debemos reflexionar cuidadosamente en las palabras:

Dios no se propone evitarnos toda oportunidad de ser incrédulos. El da evidencias, que deben ser investigadas cuidadosamente con mente humilde y espíritu susceptible de ser enseñado; y todos deben decidir por el peso de la evidencia. Dios da suficiente evidencia para que pueda creer el espíritu sincero; pero el que se aparta del peso de la evidencia porque hay unas pocas cosas que su entendimiento finito no puede aclarar, será dejado en la atmósfera fría y helada de la incredulidad y de la duda, y perderá su fe.[cxxxi][131]

George I. Butler resumió la influencia positiva de las visiones de Elena G. de White sobre la iglesia:

Siempre han sido tenidos en gran estima por los más celosos y humildes entre nuestro pueblo. Han ejercido una influencia orientadora entre nosotros desde el comienzo. Han llamado primero la atención a cada cambio importante que hemos hecho para avanzar. Nuestra obra de publicaciones, el movimiento de salud y temperancia, el Colegio, y la causa de la educación avanzada, los emprendimientos misioneros, y muchos otros puntos importantes, le deben ampliamente su eficiencia a esta influencia. Hemos encontrado, en una experiencia prolongada, variada y en algunos casos triste, el valor de su consejo. Cuando los hemos seguido, hemos prosperado; cuando los hemos dejado de lado, hemos sufrido una gran pérdida.[cxxxii][132]

BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA

[Nota: Los documentos que figuran a continuación con un doble asterisco (**) estaban disponibles en el momento en que se publicó este trabajo en 1981, pero se agotaron. No obstante, se están preparando para que se los pueda ver en este sitio.]

“Addresses to Faculty and Students at the 1935 Advanced Bible School” [Sermones al personal y estudiantes en la Escuela Bíblica Avanzada en 1935], por W. C. White. Titulado comúnmente, “How Ellen White’s Books Were Written” [Cómo se escribieron los libros de Elena G. de White]. 37 pp. U$S 1.50.

** “Analysis of Ellen G. White’s Luther Manuscript” [Análisis del manuscrito de Elena G. de White sobre Lutero], por Ron Graybill. 31 pp.

“A Bibliography of E. G. White’s Private and Office Libraries” [Una bibliografía de las bibliotecas de la oficina y privada de Elena G. de White]. Compilado por Warren H. Johns, Tim Poirier y Ron Graybill. Esta bibliografía se construyó de los inventarios que se hicieron de las bibliotecas de la oficina y privada de Elena G. de White en el momento de su muerte en 1915. 63 pp. U$S 2.00.

“Brief Statements Regarding the Writings of Ellen G. White” [Breves declaraciones en relación con los escritos de Elena G. de White], por W. C. White y D. E. Robinson. 16 pp. U$S 0.80.

“Common or Unispired Writings” [Escritos communes y no inspirados], por Arturo L. White. 6 pp. U$S 0.30.

** “A Comparison of Attitudes Between Those Who Read Ellen White and Those Who Do Not” [Comparación de las actitudes entre quienes leen a Elena G. de White y quienes no la leen], por Roger L. Dudley y Des Cummings (h), 45 pp.

** “Did The Great Controversy Contain Stolen Illustrations?” [¿Contenía El conflicto de los siglos ilustraciones robadas?] por Ron Graybill. 2 pp.

** “Ellen G. White’s Literary Work: An Update”, por Ron Graybill. Una transcripción editada de una cinta de grabación de charlas en meditaciones matutinas por Ron Graybill en la Asociación General, 15-19 de noviembre de 1981. (marzo, 1982, Aspire Tape Club Selection). 45 pp.

“Ellen G. White and the Shut Door” [Elena G. de White y la puerta cerrada]

  1. a. Una declaración preparada por Arturo L. White. 62 pp. U$S 2.00.
  2. b. Diez artículos de la Review and Herald por George I. Butler relatando los inicios del movimiento adventista. 20 pp. U$S 1.00.

** “Ellen White’s Theological and Literary Indebtedness to Calvin Store” [La deuda teológica y literaria de Elena G. de White con Calvin Stowe], por David Neff. 22 pp.

** “Ellen G. White’s Use of Uninspired Sources” [El uso que hace Elena G. de White de fuentes no inspiradas], por R. W. Olson. 19 pp.

“The Fannie Bolton Story: A Collection of Source Documents” [La historia de Fannie Bolton: Una colección de fuentes documentales]. Se reúnen en esta colección completa todas las cartas conocidas de Elena G. de White, Fannie Bolton y los colegas que han tenido que ver con la obra de Fannie Bolton para Elena G. de White, y sus actitudes hacia esa obra. 128 pp. U$S 3.50.

** “Henry Melvill and Ellen G. White: A Study in Literary and Theological Relationships” [Henry Melvill y Elena G. de White: Un estudio de la relaciones teológicas y literarias]. Un informe interno de un proyecto de estudio cooperativo por Ron Graybill, Warren H. Johns y Tim Poirier, en el cual se examina el uso selectivo de Elena G. de White del libro de sermones del clérigo anglicano Henry Melvill. 107 pp.

** “The History of the Discovery of Literary Borrowing” [La historia del descubrimiento del préstamo literario], por Warren H. Johns. 3 pp.

“How The Desire of Ages Was Written” [Como se escribió El Deseado de todas las gentes]. Una colección de fuentes documentales relacionados con la redacción de El Deseado de todas las gentes. 47 pp. U$S 1.00.

“Inspiration and the Ellen G. White Writings” [La inspiración y los escritos de Elena G. de White], por Arturo L. White. Una reimpresión de artículos publicados en la Adventist Review sobre el tema de inpiración y los escritos de Elena G. de White de la serie de “El conflicto de los siglos”. 39 pp. U$S 1.60.

** “The Literary Relationship Between The Desire of Ages by Ellen G. White and The Life of Christ by William Hanna, Parts I & II” [La relación literaria entre El Deseado de todas las gentes por Elena G. de White y La vida de Cristo de William Hanna, partes I y II], por Raymond F. Cottrell y Walter F. Specht. 85 pp.

** “Memorandum de la Ley sobre los Derechos de Propiedad Literaria 1790-1915”, por Vincent Ramik. Disponible en el Patrimonio de Elena G. de White.

“The 1907 Interview with John Harvey Kellogg” [La entrevista de 1907 con John Harvey Kellog], por Tim Poirier. Una revision de algunas de las acusaciones hechas por el Dr. Kelloggs contra los testimonios, incluyendo los “edificios de Chicago”. 11 pp. U$S 0.50.

** “The 1919 Bible Conference and Bible and History Teacher’s Council” [La conferencia bíblica de 1919 y el concilio de los profesores de Biblia e Historia], por R. W. Olson. 10 pp.

“101 Preguntas sobre el santuario y Elena G. de White”, por R. W. Olson. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana).

“Documentos de la puerta cerrada”. Declaraciones en relación a la puerta cerrada, por Elena G. de White y otros pioneros adventistas. Arreglados en forma cronológica desde 1844 a 1851. Compilado por Robert W. Olson.

“Sources or Aids –Why Did Ellen G. White Borrow?” [Fuentes o ayudas -¿Por qué tomó prestado Elena G. de White?], por Paul Gordon. 14 pp. U$S 0.50.

** “To Those Who Are Perplexed…” [A quienes están perplejos…]. Respuesta de Elena G. de White a preguntas que levantaron sus críticos, incluyendo “El libro azul”. Por Tim Poirier. 4 pp.

“Was Ellen G. White a Plagiarist?” [¿Fue Elena G. de White una plagiaria?]. Una reimpresión de artículos publicados en la Adventist Review, 17 de septiembre de 1981, descripción de una entrevista con el abogado Vincent L. Ramik. 8p. U$S 0.50.

Se pueden obtener copias de estos documentos en el Patrimonio de Elena G. de White, 12501 Old Columbia Pike, Silver Spring, MD 20904, por U$S 1.00.

[i][1] Des Cummings (h) y Roger L. Dudley, “A Comparison of The Christian Attitudes and Behaviours Between Those Adventist Church Members Who Regularly Read Ellen White Books and Those Who Do Not” [Una comparación de las actitudes y los comportamientos cristianos entre aquellos adventistas miembros de iglesia que leen regularmente los libros de Elena G. de White y aquellos que no lo hacen], abril de 1982. Disponible en el Patrimonio de Elena G. de White.

[ii][2] Walter T. Rea, The White Lie (Turlock, California: M & R Publications, 1982), 409 pp.

[iii][3] Ibíd., p. 191.

[iv][4] Ibíd., p. 32.

[v][5] Ibíd., p. 35.

[vi][6] Ibíd., p. 38.

[vii][7] Ibíd., p. 45.

[viii][8] Véase “Ellen G. White Book and Pamphlet Titles” [Títulos de libros y folletos de Elena G. de White], abril de 1982. Disponible en el Patrimonio de Elena G. de White.

[ix][9] Véase Neal C. Wilson, “This I Relieve About Ellen G. White” [Esto creo sobre Elena G. de White], Adventist Review [Revista Adventista en ingles, abreviada de ahora en más como AR], 20 de marzo de 1980, pp. 8-10.

[x][10] Ministry, junio 1982, pp. 4-19.

[xi][11] Véase Robert M. Fowler, “Using Literary Criticism on the Gospels” [El uso de la crítica literaria con los Evangelios], The Christian Century [Siglo cristiano], 26 de mayo de 1982, pp. 626-629.

[xii][12] The White Lie, p. 136.

[xiii][13] Ibíd., p. 203, menciona la acusación, pero no el trasfondo histórico. Véase Ron Graybill, “D. M. Canright in Healdsburg: The Genesis of the Plagiarism Charge” [D. M. Canright en Healdsburg: El inicio de la acusación de plagio], Insight [Perspectivas], 21 de octubre de 1980, pp. 7-10.

[xiv][14] En relación con Bunyan, véase William York Tindall, John Bunyan: Mechanick Preacher [Juan Bunyan: Predicador talentoso] (Nueva York: Russel & Russel, Inc., 1964), pp. 194. En cuanto a Wesley, véase Donal H. Kirkham, “John Wesley’s ‘Calm Address’: The Response of the Critics” [“‘El sermón de la calma’ de Juan Wesley: La respuesta de los críticos”], Methodist History [Historia Metodista], octubre de 1975, pp. 13-23.

[xv][15] Citado en Joseph P. Lash, Helen and Teacher [Helena y la maestra] (Nueva York: Delacorte Press/Seymour Lawrence, 1980), p. 146.

[xvi][16] Véase George Harvary, “Notes and Queries” [Notas e inquietudes], American Literature [Literatura americana], noviembre de 1966, pp. 365-372.

[xvii][17] The Whie Lie, p. 224. Véase [Urías Smith], Review and Herald [Revista y Heraldo, citado en adelante como RH], 6 de septiembre de 1864, p. 120.

[xviii][18] Véase Merwin T. Thurber, “Uriah Smith and the Charge of Plagiarism” [Urías Smith y la acusación de plagio], Ministry, junio de 1945, pp. 15, 16.

[xix][19] The White Lie, pp. 110, 112.

[xx][20] D. E. Robinson y W. C. White, “Brief Statements Regarding the Writings of Ellen G. White” [Breves declaraciones sobre los escritos de Elena G. de White] (Santa Helena, California, oficina de “Elmshaven”, agosto de 1933, reimpreso en 1981), p. 11. Reimpresión disponible en el Patrimonio de Elena G. de White.

[xxi][21] Citado de Francis D. Nichol, Ellen G. White and Her Critics [Elena G. de White y sus críticos] (Washington, D. C.: Review and Herald, 1951), pp. 455-457.

[xxii][22] Véase “Was Ellen G. White a Plagiarist?” [¿Fue Elena G. de White una plagiaria?], una reimpresión de artículos publicados en la AR, 17 de septiembre de 1981. Disponible en el Patrimonio de Elena G. de White. Véase también la nota 38 más adelante en este trabajo.

[xxiii][23] The White Lie, pp. 77-81.

[xxiv][24] Ibíd., pp. 147-161.

[xxv][25] E. S. Ballenger, ed., The Gathering Call, septiembre de 1932, pp. 19, 20.

[xxvi][26] Véase Ron Graybill, “Did The Great Controversy Contain Stolen Illustrations?” [¿Contiene El conflicto de los siglos ilustraciones robadas?]. Disponible en el Patrimonio de Elena G. de White.

[xxvii][27] The White Lie, pp. 136, 137, 200, 222-224, 363-365, 371-373.

[xxviii][28] “Brief Statements”, p. 7.

[xxix][29] Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 14.

[xxx][30] Ron Graybill, “Analysis of E. G. White’s Luther Manuscript” [Análisis del manuscrito sobre Lutero de Elena G. de White], p. 1. Disponible en el Patrimonio de Elena G. de White.

[xxxi][31] The White Lie, pp. 112, 120, 127, 167, 200.

[xxxii][32] Elena G. de White, “Testimonials” [Testimoniales], Signs of the Times [Señales de los tiempos], 22 de febrero de 1883, p. 96.

[xxxiii][33] Elena G. de White, “Holiday Gifts” [Regalos navideños], RH, 26 de diciembre de 1882, p. 789.

[xxxiv][34] Véase por ejemplo, Elena G. de White, “Proper Education” [La educación apropiada], The Health Reformer, julio de 1873, p. 221, donde dice: Estoy disfrutando de encontrar lo siguiente en esa invaluable obra titulada The Young Lady’s Counselor [El consejero de las jóvenes señoritas], por el reverendo Daniel Wise, A. M.; se puede obtener en cualquier librería Metodista [sic].

[xxxv][35] Carta 7, 1894.

[xxxvi][36] Manuscrito 25, 1890.

[xxxvii][37] “Brief Statements”, p. 8.

[xxxviii][38] Véase Vincent L. Ramik, “Memorandum de la Ley sobre los Derechos de Propiedad Literaria 1790-1915”, pp. 5-7. En Green V. Bishop (1858) la decisión de la corte declaró que “todas las autoridades… confirman la doctrina de que si se toma mucho como para que el valor del original sea sensible y materialmente menoscabado, o que los trabajos del autor original sean sustancialmente apropiados por otra persona en una extensión que ocasione daño, que tal uso o apropiación es suficiente para la ley como para sostener el caso”. El informe completo de Ramik está disponible en el Patrimonio de Elena G. de White.

[xxxix][39] The White Lie, pp. 50, 70, 115.

[xl][40] Manuscrito 7, 1867, véase además Elena G. de White, “Questions and Answers” [Preguntas y respuestas], RH, 30 (8 de octubre de 1867), p. 260.

[xli][41] Ibíd. [Véase Mensajes selectos, vol. 1, p. 41.]

[xlii][42] Elena G. de White, Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], vol. 5, p. 67. [Veáse también Joyas de los testimonios, vol. 2, p. 26.]

[xliii][43] Carta 37, 1887.

[xliv][44] The White Lie, pp. 53, 391.

[xlv][45] Ron Graybill, “The ‘I Saw’ Parallels in Ellen White’s Writing” [Los paralelos de “Vi” en los escritos de Elena G. de White], AR, 29 de julio de 1982, pp. 4-6.

[xlvi][46] Arturo L. White, Ellen G. White: The Early Elmashaven Years [Elena G. de White: Los primeros años en Elmshaven] (Washington: D.C.: Review and Herald, 1981), p. 301.

[xlvii][47] The White Lie, pp. 46, 139.

[xlviii][48] Véase Comentario bíblico Adventista del Séptimo Día, vol. 7, pp. 723, 725, 726. Robert W. Olson, 101 preguntas sobre el Santuario y sobre Elena G. de White, pp. 116-119.

[xlix][49] The White Lie, p. 139.

[l][50] Véase W. C. White, “El conflicto de los siglos Edición de 1911”, en Elena G. de White, Mensajes selectos, vol. 3, pp. 494-508; Ron Graybill, “How Did Mrs. White Choose and Use Her Historical Sources” [Cómo escogió y usó la sra. White sus fuentes históricas], Spectrum, Summer 1972, pp. 49-53.

[li][51] The White Lie, pp. 200-204.

[lii][52] Elena G. de White, Mensajes selectos, vol. 1, p. 43.

[liii][53] Arturo L. White, The Ellen G. White Writings [Los escritos de Elena G. de White] (Washington, D.C.: Review and Herald, 1973), pp. 46, 47; Comprehensive Index to the Writings of Ellen G. White [Índice completo de los escritos de Elena G. de White], vol. 1 (Mountain View, California: Pacific Press, 1962), p. 182.

[liv][54] The White Lie, pp. 200, 201.

[lv][55] Urías Smith, “Personal”, RH Extra, 22 de noviembre de 1887, p. 15.

[lvi][56] The White Lie, pp. 33, 66, 133, 200.

[lvii][57] Elizabeth Burgeson, “A Comparative Study of the Fall of Man as Treated by John Milton and Ellen G. White” [Un estudio comparativo de la caída del hombre según la tratan John Milton y Elena G. de White] (Tesis de Master, Pacific Union Collage, 1957). Burgeson nota las similitudes entre Elena G. de White y John Milton en relación con información extra bíblica, y se pregunta por qué dos autores, que viven distanciados unos doscientos años, estarían de acuerdo. Pero a menos que se demuestre una dependencia literaria, no se puede decir que la sra. White realmente leyó el poema de Milton. Las ideas de Milton, el gran poeta puritano, impregnó la teología de Nueva Inglaterra por generaciones. El hecho de que la sra. White use una frase de Milton en La educación, p. 150 (como lo menciona A. L. White, “Suplement to the Reprint Edition: Ellen G. White’s Portrayal of the Great Controversy Story” [Suplemento a la edición reimpresa: Descripción de Elena G. de White de la historia del gran conflicto] en Elena G. de White, Spirit of Prophecy [Espíritu de Profecía], vol. 4 [Washington, D.C.: Review and Herald, reimpresión 1969], p. 536), no indica en sí misma una dependencia literaria, pues la líneas memorables de Milton eran tan comunes en su tiempo como las de Shakespeare.

[lviii][58] J. N. y Angeline Andrews a Jaime y Elena White, 2 de febrero de 1862, citado en Ron Graybill, “John Nevins Andrews as a Family Man” [John Nevins Andrews como un hombre de familia], p. 16.

[lix][59] J. N. Andrews, “The Labors of Bro. And Sr. White” [Los trabajos del hermano y la hermana White], RH, 3 de marzo de 1868, p. 184.

[lx][60] J. N. Andrews, “Our Use of the Visions of Sr. White” [Nuestro uso de las visiones de la hermana White], RH, 15 de febrero de 1870, p. 65.

[lxi][61] The White Lie, pp. 114, 202.

[lxii][62] Véase “Veteran Chief of Adventist Attacks Foes” [El jefe veterano de los adventistas ataca a los adversarios] y “Acrid Debate Change [sic] Leader” [Un ácido debate cambia a un líder], San Francisco Chronicle, c. 23 de mayo de 1922; Claude Colmes a A. G. Daniells, 1 de mayo de 1922 (carta abierta); “An Interview with J. S. Washburn” [Una entrevista con J. S. Washburn], 4 de junio de 1950, Archivos de documentos del Patrimonio White, DF Nº 242; J. S. Washburn a A. L. White, 7 de octubre de 1948; “General Conference Proceedings: Seventeenth Meeting” [Actas de la Asociación General: Décimo séptima reunión], RH, 24 de mayo de 1922, p. 228.

[lxiii][63] “Parting Interview Between W. C. White and A. G. Daniells” [Parte de una entrevista entre W. C. White y A. G. Daniells], 20 de marzo de 1935, Archivo de documento del Patrimonio White, DF Nº 312-c.

[lxiv][64] The White Lie, pp. 119, 203.

[lxv][65] El Espíritu Santo exalta y glorifica al Salvador. Es su oficio presentar a Cristo… Elena G. de White, El camino a Cristo (Chicago, Illinois: Fleming H. Revell Co., 1982), p. 105, en la edición estándar, p. 91. [En este párrafo seleccionado se usa la palabra “his” que es el pronombre posesivo en inglés para la tercera persona singular del género masculino.]

[lxvi][66] The White Lie, p. 203, identifica a Lacey como un maestro de Biblia en cinco colegios adventistas. No obstante, no era el maestro de Biblia de Avondale en el momento en que ocurrieron estos incidentes.

[lxvii][67] H. C. Lacey a Samuel Kaplan, 24 de julio de 1936.

[lxviii][68] Ibíd.

[lxix][69] The White Lie, p. 199.

[lxx][70] Declaración hecha por W. C. White ante el concilio de la Asociación General, 30 de octubre de 1911, citado en Elena G. de White, Mensajes selectos, vol. 3, p. 499.

[lxxi][71] Creemos que la luz dada por Dios a sus siervos es por la iluminación de la mente, así se imparte a los pensamientos, y no (excepto en casos raros) a las mismas palabras con las cuales las ideas se deben expresar… RH, 27 denoviembre de 1883, p. 741.

[lxxii][72] W. C. White a L. E. Froom, 8 de enero de 1928, citado en Mensajes selectos, vol. 3, 519.

[lxxiii][73] The White Lie, pp. 124, 34, 59, 96.

[lxxiv][74] Elena G. de White, El conflicto de los siglos, pp. 7, 10, 11.

[lxxv][75] Ibíd., pp. 10, 11.

[lxxvi][76] Jaime White, A Word to the Little Flock [Una palabra al pequeño rebaño] (1846), p. 13.

[lxxvii][77] Urías Smith, “Do We Discard the Bible by Endorsing the Visions?” [¿Descartamos la Biblia al apoyar las visiones?], RH, 13 de enero de 1863, p. 52. Smith continúa probando que la Biblia enseña la continuidad de los dones en los últimos días, obligándonos a aceptar esas manifestaciones genuinas si verdaderamente estamos basados en la Biblia, y sólo la Biblia.

[lxxviii][78] Elena G. de White, Mensajes selectos, vol. 1, p. 43.

[lxxix][79] Carta 27, 1876.

[lxxx][80] Elena G. de White, Sketches from the Life of Paul [Reseñas de la vida de Pablo], p. 214.

[lxxxi][81] W. C. White según se cita en Elena G. de White, Mensajes selectos, vol. 3, p. 528.

[lxxxii][82] W. C. White, Ibíd., p. 510.

[lxxxiii][83] Elena G. de White, Mensajes selectos, vol. 3, pp. 53-98.

[lxxxiv][84] The White Lie, pp. 32, 34, 37, 57, 138, 141, 164, 271.

[lxxxv][85] Véase Patrimonio de Elena G. de White, Medical Science and the Spirit of Prophecy [La ciencia médica y el Espíritu de Profecía] (Washington, D. C.: Review and Herald, 1971), para más información sobre este tema.

[lxxxvi][86] Elena G. de White, Mensajes selectos, vol. 1, p. 18, c.f. Henry Melvill, Sermons [Sermones] (Nueva York: Stanford and Swords, 1844), p. 131.

[lxxxvii][87] Ron Graybill, “Ellen G. White’s Literary Work: An Update” [La obra literaria de Elena G. de White: Actualización], pp. 31, 32.

[lxxxviii][88] The White Lie, pp. 170, 208, 211-213.

[lxxxix][89] Elena G. de White, Notas biográficas, p. 98.

[xc][90] Nichol, op. cit., pp. 57, 58.

[xci][91] The White Lie, p. 47.

[xcii][92] Véase W. C. White, “Sketches and Memories of James and Ellen G. White” [Notas y memorias de Jaime y Elena G. de White], RH, 14 de marzo de 1935, p. 10; A. W. Spalding, Origin and History of Seventh-day Adventists [Origen y Historia de los Adventistas del Séptimo Día], vol. 1 (Washington, D.c.: Review and Herald, 1961), p. 78, nota 13.

[xciii][93] George Thomas Little, The Descendants of George Little [Los descendientes de George Little] (Auburn, Me.: The Author, 1882), pp. 290, 291.

[xciv][94] The White Lie, pp. 60, 170.

[xcv][95] Carta 120, 1906.

[xcvi][96] Manuscrito 61, 1906.

[xcvii][97] Carta 180, 1906.

[xcviii][98] Véase Elena G. de White, “A Messenger” [Una mensajera], RH, 26 de julio de 1906, pp. 8, 9; “Hold Fast the Beginning of Your Confidence” [Mantenga firme el origen de su confianza], Ibíd., 9 de agosto de 1906, p. 8; “Correct Views Concerning the Testimonies” [Puntos de vista correctos en relación con los testimonios], Ibíd., 30 de agosto de 1906, pp. 8, 9 y 6 de septiembre de 1906, pp. 7, 8.

[xcix][99] Manuscrito 61, 1906.

[c][100] Manuscrito 33, 1906.

[ci][101] W. C. White a los pastores Daniells, Prescott e Irwin, 13 de julio de 1906.

[cii][102] Carta 120, 1906.

[ciii][103] W. C. White a C. E. Stewart, 9 de junio de 1907.

[civ][104] Véase Elena G. de White, “Our Present Position” [Nuestra posición actual], RH, 28 de agosto de 1883, pp. 1, 2.

[cv][105] A Statement Refuting Charges Made by A. T. Jones Against the Spirit of Prophecy and the Plan of Organization of the Seventh-day Adventist Denomination [Declaración para refutar las acusaciones hechas por A. T. Jones contra el Espíritu de Profecía y el plan de organización de la denominación Adventista del Séptimo Día] (Washington, D.C.: General Conference Committee, mayo 1906).

[cvi][106] Carta 224, 1906.

[cvii][107] Ibíd.

[cviii][108] The White Lie, pp. 37-43.

[cix][109] Elena G. de White, Mensajes selectos, vol. 1, p. 84.

[cx][110] Urías Smith, “‘Wroth with the Woman.’ Rev. 12:17” [‘Enojo contra la mujer’, Apo 12:17], RH, 17 de agosto de 1876, p. 60.

[cxi][111] The White Lie, p. 281.

[cxii][112] Marian Davis a W. C. White, 9 de agosto de 1897.

[cxiii][113] Arturo L. White, “The Story of Prophets and Kings” [La historia de Profetas y reyes], RH, 25 de junio de 1981, pp. 10-13.

[cxiv][114] The White Lie, pp. 116, 201, 202.

[cxv][115] Marian Davis a G. A. Irwin 23 de abril de 1900.

[cxvi][116] W. C. White a Julia Malcolm, 10 de diciembre de 1894.

[cxvii][117] Elena G. de White, Mensajes selectos, vol. 3, pp. 101, 102.

[cxviii][118] Ibíd., p. 101.

[cxix][119] Véase “How The Desire of Ages was Written” [Cómo se escribió El Deseado de todas las gentes], por una extensa colección de la correspondencia. Disponible en el Patrimonio de Elena G. de White.

[cxx][120] The White Lie, pp. 32, 59, 84, 87, 163, 197, 198, 200, 205, 218.

[cxxi][121] The White Lie, pp. 84, 85, 164.

[cxxii][122] Tim Poirier, “Results of a Survey Conducted at the 1935 Advanced Bible School” [Resultados de una investigación llevada a cabo en la Escuela de Biblia Avanzada de 1935]. Disponible en el Patrimonio de Elena G. de White.

[cxxiii][123] Las acusaciones de eliminación en la década de 1930 se relacionó particularmente con Spiritual Gifts [Dones espirituales], vol. 1, y A Word to the Little Flock [Una palabra al pequeño rebaño]. Ambas publicaciones tempranas han sido reimpresas y están disponibles en Adventist Book Centers [Centros de libros adventistas].

[cxxiv][124] Elena G. de White proporciona una solución a esta dificultad en Mensajes selectos, vol. 1, pp. 75-78.

[cxxv][125] Manuscrito 3, 1888.

[cxxvi][126] Carta 59, 1895.

[cxxvii][127] Urías Smith, “The Visions –Objections Answered” [Las visiones: objeciones respondidas], RH, 12 de junio de 1866, p. 9.

[cxxviii][128] The Independent, 23 de agosto de 1915, pp. 249, 250.

[cxxix][129] A. G. Daniells, The Abiding Gift of Prophecy [El permanente Don de Profecía] (Washington, D. C.: Review and Herald, 1936), p. 321.

[cxxx][130] Ibíd., p. 368.

[cxxxi][131] Elena G. de White, Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], vol. 5, pp. 675, 676. [Véase también Joyas de los testimonios, vol. 2, p. 290].

[cxxxii][132] George I. Butler, “The Visions” [Las visiones], RH Suplement, 14 de agosto de 1883, pp. 11, 12 citado en Witness of the Pioneers Concerning the Spirit of Prophecy [Testimonios de los pioneros en relación con el Espíritu de Profecía] (Washington, D.C.: Review and Herald, 1961), p. 48.




El informe de Ramik: memorandum de la ley: derechos de propiedad literaria de 1790 a 1915


14 de agosto, 1981

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14 de agosto, 1981

MEMORANDUM DE LA LEY

SOBRE LOS DERECHOS DE PROPIEDAD LITERARIA

1790-1915

HISTORIA ANTERIOR

“El derecho de un autor, independientemente de su estatus, en relación con su propia producción y el control de su publicación, parece haber sido reconocido por la ley común”.[1][1] “Según la ley común, un autor tiene propiedad sobre su manuscrito y puede requerir justicia contra cualquiera que lo tome para obtener ganancias de su publicación sin la autorización del autor. Wheaton v. Peters, 33 U.S. (8 Pet.) 591, 659 (1834)”.[2][2]

“Hubo mucha discusión en Inglaterra en cuanto a cómo esta ley común reconocía esta propiedad en el derecho de autor antes del Estatuto de Anne”.[3][3] No fue sino “hasta el octavo año de la Reina Anne, cuando se dictó sentencia sobre la primera ley de derecho de autor, dando a los autores un monopolio en las publicaciones de sus obras por un período de catorce a veintiocho años. No obstante, esta sentencia, sin embargo, los tribunales de cancillerías continuaron sosteniendo que, por la ley común e independientemente de la legislación, había una propiedad de duración ilimitada en los libros impresos… en conformidad con la Casa de los Lores… que declaraba que el derecho de la ley común había sido eliminado del estatuto de Anne, y que los autores fueron limitados en su monopolio por la sentencia”.[4][4] Mientras que la propiedad de estas decisiones (Donaldsons v. Becket, 4 Burr. 2408 [1774] y Wheaton v. Peters, anteriormente citado) ha sido el tema tratado en conflictos entre escritores legales, ahora parece (1899) ser considerado ley establecida de este país e Inglaterra que el derecho de un autor en cuanto al monopolio de sus publicaciones es medido y determinado por la sentencia de derecho de autor –en otras palabras, que mientras un derecho existió por la ley común, ha sido invalidado por estatuto”.[5][5] Dicho de otra forma, “Ninguna propuesta ha sido mejor establecida que la que establece que el derecho de autor opera para despojar de una parte del derecho de la ley común”.[6][6]

ESTATUTOS ANTERIORES

“En este país está bien establecido que la propiedad en el derecho de autor es creado por el estatuto Federal, aprobado por el ejercicio del poder que inviste al Congreso por la Constitución Federal en el Art. I, párr. 8, ‘promover el progreso de la ciencia y las artes útiles para asegurar por tiempo limitado a los autores e inventores el derecho exclusivo a sus respectivos escritos y descubrimientos’”.[7][7] En conformidad con la sección anterior de la Constitución, el Congreso aprobó la primera Ley de Derechos de Autor del 31 de mayo, 1790, ch. 15 (1 Stat. 124) que prevée que un autor “podrá tener el derecho exclusivo y la libertad de imprimir, reimprimir, publicar y vender tal… libro o libros por el término de catorce años”. Esta ley requiere además las siguientes actuaciones para transparentar, con el propósito de asegurar el derecho de autor, es decir, (1) el título del libro debe estar declarado en la oficina de la Corte del Distrito y el registro que realice debe estar inserto en la primera o segunda página, (2) debe notificarse públicamente en los periódicos, y (3) en los seis meses posteriores a la publicación del libro, debe depositarse una copia en el Departamento de Estado. “Estas actuaciones son absolutamente esenciales para el título del autor”.[8][8]

La Ley del 29 de abril de 1802, ch. 36 (2 Stat. 171) agregó, como un prerrequisito, para obtener los beneficios de la Ley de 1790, el requerimiento de que la información publicada en los periódicos “sea insertada en forma completa en la página título o en la página inmediatamente siguiente a la página título de cada libro o libros”.

Bajo la Ley del 8 de julio de 1870, ch. 230 (16 Stat. 212), la cuestión del derecho de autor fue ampliada, hasta incluyó “cualquier libro” y el derecho fue “otorgado por el término de veintiocho años a contar desde el momento del registro del título”. Esta Ley proveyó además que “si una persona –sin el consentimiento del propietario del derecho de autor- vende o expone a la venta cualquier copia de tal libro, ese ofensor es responsable de ‘daños que pueden ser recuperados en una acción civil’”.

Bajo la Ley del 3 de marzo de 1891, ch. 565 (26 Stat. 1106), los privilegios de la ley de derechos de autor de Estados Unidos fue por primera vez extendida a autores o propietarios de libros extranjeros.

Dentro del tiempo que abarca este memorando, el Congreso aprobó la Ley del 4 de marzo de 1909, ch. 320 (35 Stat. 1075) que específicamente “protege todas las partes componentes del proceso de derecho de autor de la obra protegida”, mientras define específicamente “ningún derecho de autor subsistirá en el texto original de cualquier obra que sea del dominio público”. Se hace también una mención específica de la prohibición de importación dentro de los Estados Unidos “de cualquier copia pirateada” de libros durante la existencia de un derecho de autor. La Ley del 4 de marzo de 1909, esencialmente compiló la ley existente.

DERECHOS ASEGURADOS POR COPYRIGHT (DERECHOS DE AUTOR)

El Juez Store es reconocido como el juez más influyente en el área de la ley de derechos de autor en la época en cuestión, y concluyó que el mérito de acceder al derecho de autor es que sea en un tema “nuevo y original, en el sentido en que deben ser entendidas aquellas palabras en casos de derechos de autor. La cuestión no es, si los materiales que se usan son completamente nuevos y no se han usado nunca antes; o incluso que nunca se han usado antes para el mismo propósito. La verdadera cuestión es, si el mismo plan, arreglo y combinación de materiales se han usado antes para el mismo propósito o para cualquier otro propósito. Si no ha sido así, entonces la demanda es clasificada como un derecho de autor, aunque haya reunido partes para su plan y arreglo, o partes de su plan y arreglo, de fuentes existentes y conocidas. Puede haber tomado prestado la mayoría de su material de otros, pero si se han combinado en una forma diferente de la que era usada anteriormente, y a fortiori, si su plan y arreglo son mejoras reales a los modelos en existencia, se lo titula como un derecho de autor sobre el libro que contiene tal mejora”.[9][9]

La Suprema Corte de los Estados Unidos, en Holmes v. Hurst, 174 U.S. 82, 19 S. Ct. 606. 43 L. Ed. 904, 13-16 C.O. Bull. 1267, 1270(1899), definió, quizás con poca exactitud, la naturaleza del derecho asegurado por derecho de autor, de la siguiente manera:

--“El derecho así asegurado por la ley de derecho de autor, no es un derecho para el uso de ciertas palabras, porque son de propiedad común de toda la raza humana, y son poco susceptibles de ser de propiedad privada como el aire o la luz del sol; ni es el derecho a las ideas solamente, dado que en la ausencia de significados en su comunicación no tienen valor para nadie sino sólo para el autor. Pero el derecho es para aquel arreglo de palabras que el autor ha seleccionado para expresar sus ideas. O, como Lord Mansfield lo describe, ‘un derecho incorpóreo para imprimir una serie de ideas intelectuales, o modos de pensar, comunicado en una serie de palabras u oraciones, y modos de expresión. Está igualmente separada del manuscrito, o de cualquier otra existencia física, cualquiera sea.’ 4 Burr. 2396. La naturaleza de esta propiedad está mejor definida por el Sr. Juez Erle en Jefferys v. Boosey, 4 H.L.C. 815, 867 (1855): ‘El tema de propiedad es el orden de palabras en la composición del autor; no las palabras mismas, siendo análogas a los elementos del asunto, las cuales no son apropiadas, al menos combinadas, ni las ideas expresadas por esas palabras, existiendo en la mente solamente, la cual no es capaz de apropiación’.”

PIRATERÍA

El significado de “piratería”, “piratear” y palabras equivalentes varían desde las decisiones derivadas de una definición comparativa liberal (“qué es original y qué es plagiado o pirateado”, Banker v. Caldwell, 3 Minn. 94, 13-16 C.O. Bull. 96, 199 [1859]) hasta una definición legal más explícita que expresa protección que puede permitirse a la propiedad literaria “contra delitos de piratería Stanton et al, 75 F. 6, 13-16 C.O. Bull. 2406, 2407 (1896), “pirateado y violado” se usan conjuntamente, y así apropiadamente. En Maxwell v. Goodwin, 93 F. 665, 13-16 C.O. Bull. 1727 (1899), uno encuentra la entremezcla de “la prueba de piratería”, “la cuestión de violación o piratería”, “el cargo de piratería”, y el resumen del caso, la “Prueba de Violación”. Quizás la declaración más precisa que se pueda hacer es que una persona que “pasa” la prueba de violación de derecho de autor/piratería, que se definirá más adelante, es culpable del acto de piratería literaria en su realización, hasta el punto de que tal piratería literaria sea también piratería legal; tal apropiación pirata podría “ascender a la piratería” de derecho de autor.[10][11]

PLAGIO

“Los crímenes literarios son difíciles de definir con precisión: por ejemplo, piratería y plagio a menudo coinciden. Quizás uno puede aventurarse a marcar la diferencia, en forma aproximada, diciendo que el plagio siempre espera no ser descubierto, mientras que el pirata no hace secreto su crimen”.[11][12] La distinción principal entre los dos (piratería y plagio), desde un punto de vista legal, está en la intención del escritor posterior, como quizás se evidencia mejor por la siguiente declaración de Farmer v. Elstner, 33 F. 494, 13-16 C.O. Bull. 970, 971 (1888):

--“Hemos notado una dificultad considerable para alcanzar una conclusión satisfactoria en este caso por el hecho de que la piratería, aunque numerosa, no está extendida, y por el hecho anterior de que el panfleto del demandado no tenía evidentemente la intensión de suspender o en ninguna forma interferir con la venta, la elaboración y la obra de instrucción del demandante. Donde la publicación del demandado es diseñada para rivalizar o competir con la del demandante en el mercado, los tribunales son sagaces en proteger los derechos técnicos del demandante en su composición, e incluso hará demanda por una imitación de su plan y arreglo general, aunque no haya plagio u oraciones o ideas. Donde el demandado haya sido culpable de una reimpresión completa o parcial de la obra del demandante, no se encontrará dificultad en garantizar una demanda; pero cuando la acusación de violación consiste en extractos del demandante, el tribunal está obligado a considerar no sólo la cantidad y calidad del asunto apropiado; sino la intención con la cual se hace tal apropiación, la extensión del perjuicio que ello ocasiona al demandante, y el daño al demandado por una acusación”.—

Y más adelante, en el mismo caso:

-- “Respecto al intento con el cual se hace la apropiación, es obvio que el uso de una cierta cantidad de la producción de un autor puede ser perfectamente buena y legítima en un caso, mientras que el uso de una cantidad similar en otro caso puede ser ilegítimo”.—-

Por tanto, la forma de tomar, la extensión del préstamo, el intento involucrado, y el daño causado, son todos factores de los cuales debe deducirse la existencia o no existencia de plagio. No obstante, la intención del apropiador no es en ningún momento relativa a la cuestión legal de infracción del derecho de autor/piratería.

VIOLACIÓN DEL ESTATUTO DE DERECHO DE AUTOR

Una declaración muy definitiva, y a menudo citada de lo que constituye la violación de un derecho de autor/piratería, es la siguiente del Juez Store en la sentencia de Emerson v. Davies, et al., supra, 864, 865:

-- “Por tanto, pienso que debiera establecerse como un claro resultado de las autoridades en casos de esta naturaleza, que la verdadera prueba de piratería (violación del derecho de autor) o no es descubrir si el acusado ha, de hecho, usado el diseño, los arreglos y las ilustraciones del demandante, como el modelo de su propio libro, con alteraciones y variantes matizadas, sólo para distinguir el uso de aquella; o si su obra es el resultado de su propio trabajo, habilidad y uso de materiales comunes y fuentes de conocimiento comunes, disponibles para todos los hombres, y sus semejanzas son accidentales o propias de la naturaleza del tema. En otras palabras, si el libro del acusado es, quoad hoc, una imitación servil o evasiva de la obra del demandante, o una compilación original de buena fe de otras fuentes comunes o independientes”.

-- “Debe haber tal similitud como para hacer probable y razonable suponer que uno es la transcripción del otro, y nada más que una transcripción”.

-- “Por tanto, una cuestión muy importante es, en muchos casos, qué grado de imitación constituye una infracción al derecho de autor en una obra particular”.

Varios de los mismos puntos de vista fueron antes expresados en Folson et al., v. Marsh et al., 9 F. Cas. 342 (No. 4904), 2 Story 100, 13-16 C.O. Bull. 991 (1841) citado con aprobación un tanto posterior (1858) en Greene v. Bishop, 10 F. Cas. 1128 (No. 5763), 1 Cliff. 186, 13-16 C.O. Bull. 1128, 1138 (1858) como sigue:

-- “todas las autoridades concuerdan que no es necesario que todo, o incluso la mayor parte, de una obra, deba ser tomada con el propósito de constituir una invasión de un derecho de autor; y afirman la doctrina, de que si se toma mucho, de tal forma que el valor del original es disminuido sensible y materialmente, o los trabajos del autor original son sustancialmente apropiados hasta una extensión dañina, que tal hecho o apropiación es suficiente de acuerdo a la ley para mantener la demanda”.-

En la sentencia de Drury et al., v. Swing et al., 7 F. Cas. 1113 (No. 4095), 1 Bond 540, 13-16 C.O. 803, 809 (1862), el Tribunal citado como autoridad para Folsom et al., v. Marsh et al., y Emerson v. Davies et al., fue seguido por el comentario del Juez Woodbury a la sentencia anterior de que la verdadera pregunta en estos casos es:

-- “si el libro del acusado, tomado íntegramente, es substancialmente una copia del que pertenece al demandante; tanto si tiene virtualmente el mismo diseño y carácter en su totalidad, y lleva la intención de invalidar la otra en el mercado con la misma clase de lectores y compradores no introduciendo ningún tema nuevo en forma considerable, o poco o nada nuevo, excepto diferentes matices”.—

En Lawrence v. Dana et al., 15 F. Cas. 26 (No. 8136), 4 Cliff. 1, 13-16 C.O. Bull. 1545, 1606-1607, (1869) el juez Storrow reconoció:

-- “Pocos jueces han ideado reglas más seguras sobre el tema que el Juez Store. Él sostuvo que, para que constituya una invasión del derecho de autor, no era necesario que se copiara la obra completa, ni siquiera una porción extensa de ella, en forma o sustancia; es decir, que si se toma tanto, que el valor del original disminuye sensiblemente, o que otro toma los trabajos del autor original en forma sustancial, hasta una extensión perjudicial, eso es suficiente, desde el punto de vista de la ley, para constituir infracción; que, para decidir cuestiones de esta clase, la corte debe ‘observar la naturaleza y los objetos de las selecciones hechas, la cantidad y el valor de los materiales usados, y el grado con el cual el uso puede perjudicar la venta o disminuir los beneficios, o exceder los objetivos de la obra original’”.-

Posteriores variaciones o comentarios en relación con la infracción del derecho de autor, aunque todos incluyen generalmente el mismo hilo común según lo expresa Emerson vs. Davies et al., son citados en forma cronológica de aquí en más con la brevedad necesaria:

-- “La cuestión es establecida correctamente por el consejo conocido para el demandante, es decir, si los defendidos han usado el plan, los arreglos y las ilustraciones del demandante como modelo de su propio libro con algunas alteraciones y variantes sólo para disfrazar el uso de ello, o si el trabajo es el resultado de su propia labor, habilidad y uso de materiales y fuentes comunes de conocimiento, y las semejanzas son o bien accidentales o producto de la naturaleza del tema”.--[12][13]

-- “Estas diferencias no son meros matices, hechas con el propósitos de ocultar una piratería literaria, sino que son sustanciales, e impiden que se llegue a la conclusión de que el defendido haya copiado los libros del demandante”.-—[13][14]

--“Estos métodos surgen de las necesidades del caso y del carácter de la información que se intenta transmitir; y el uso que hace el demandado no es suficiente para hacer de su libro una servil imitación del libro del demandante. No obstante las similitudes de los métodos visibles en estos libros, todavía queda como cierto, que el libro del demandado ‘es el resultado de su propia labor, habilidad y uso de materiales y fuentes comunes del conocimiento, disponibles para todos los hombres, y las semejanzas son accidentales o producto de la naturaleza del tema’:

--“Es cierto, el demandado no ha copiado la totalidad, y quizás tampoco una porción extensa, de ninguna de las obras del demandante. No obstante, él ha incorporado en su libro porciones sustanciales de cada uno, y esto constituye una violación”.--[14][16]

--“Prosigue que se debe realizar, para violar este derecho (el derecho de autor), una copia sustancial de la totalidad o de parte de un material”.--[15][17]

--“La libertad personal es invadida cuando alguien se apropia de cualquier parte material que sea la propia obra del autor”.--[16][18]

--“el tema y el lenguaje de los libros mencionados es el mismo que el del demandante en todo sentido”.--[17][19]

--“Si los demandados han reproducido, en forma sustancial y efectiva, las características generales del original, aunque se hayan evitado particularidades menores en forma intencional, entonces existe una infracción”.--[18][20]

--“Probablemente la declaración más certera, y al mismo tiempo concisa, de la prueba de piratería es la presentada por el Sr. Circuit, Juez del caso en Emerson v. Davies, 3 Caso 768, 8 F. Cas. 615 (No. 4436) (C.C.D. Mass. 1846), un caso importante en este país sobre la ley de derecho de autor. Él dice:

“Debe quedar asentado como un claro resultado de las autoridades en casos de esta naturaleza que la verdadera prueba de que existe o no piratería, es descubrir si el demandado ha, de hecho, usado el plan, los arreglos y las ilustraciones del demandante, como el modelo de su propio libro, con alteraciones y variantes de matices, sólo para disfrazar el uso que hizo; o descubrir si su obra es el resultado de su propia labor, habilidad y uso de materiales y fuentes comunes de conocimiento, disponibles a todos los hombres, y las semejanzas son accidentales o surgen de la naturaleza del tema. En otras palabras, si el libro del demandado es, quoad hoc, una imitación servil o engañosa de la obra del demandante, o una compilación original de buena fe de otras fuentes comunes o independientes’.”--[19][21]

Así, la ley, como se la citó en forma idéntica al principio, al final y en forma sustancial, es el mejor reflejo de la prueba de la infracción del derecho de autor en el período que se considera.

EVIDENCIA DE VIOLACIÓN/PIRATERÍA DE DERECHO DE AUTOR:

Aunque aparentemente obvio, la evidencia necesaria para determinar la existencia o no de violación de un derecho de autor es difícilmente directa y, la mayoría de las veces, requiere una comparación entre las obras literarias que se están considerando.

“Además se debe mostrar, que las semejanzas (en consideración) en aquellas partes y páginas son tan similares, tan completas, tan uniformes, tan parecidas, como para llevar claramente a la conclusión de que una es una copia sustancial de la otra, o que tomó mayormente de ella. Para abreviar, que hay una identidad sustancial entre ellas. Una copia es una cosa, una imitación o semejanza, es otra”.[20][22] “La copia con errores, como muchos jueces entendidos han dicho, es una de las pruebas más seguras de copia”.[21][23] “La coincidencia en la citación es también presentado por el demandante como una evidencia de copia”.[22][24]

No obstante, errores comunes, pasajes comunes, etc., no pueden establecer violación de derechos de autor, notando lo siguiente de Simms v. Stanton et al., supra, 2417:

--“Los errores que el demandante dice que se han deslizado en la obra del demandado, que tienden a mostrar que ella debe haber copiado de sus obras, no son tan importantes, en mi opinión, para establecer el hecho de copia o piratería servil. En cuanto a las repeticiones, todo lo que puede decirse es que las repeticiones en una obra como esa, como en las del tema de fisonomía, deben ocurrir necesariamente”.—

--“Es mi opinión que, mientras el demandado realmente consultó y usó el trabajo del demandante, ella no ha usado de las obras en un grado considerable; que el uso que ella hizo en realidad puede apropiadamente entrar en la designación de uso justo; esas, como las otras características de estas obras rivales, comunes a todos los libros, ella las obtuvo de fuentes diferentes a las obras del demandante, y de las cuales el último no tenía derecho de autor”.—

Y citando de Emerson v. Davies et al., supra, 858-859:

--“el (demandante) se refiere a diversas páginas de su propio libro en comparación con diversas páginas del libro de los demandados. Ahora digo, que es completamente irrelevante que cada una de estas particularidades: el arreglo de las tablas y las formas de las lecciones, la gradación de los ejemplos que anteceden a las tablas, las ilustraciones de los ejemplos por marcas de unidad; hayan existido cada una en forma separada, en obras diferentes y sin relación, antes de la obra del demandante; si es que ellas nunca antes han estado unidas en una combinación o en una obra, o en una página en la forma en la que el demandante las ha unido y relacionado”.—

Y, también de Simms v. Stanton et al., supra, 2415, citado con autorización Pike v. Nicholas, L.R. 5 Ch. 251 (1870), la corte declaró:

--“aunque el demandado ha tomado algo de la obra del demandante, todavía no ha hecho tal uso de la obra del demandante como para titular lo último de una prohibición; que un autor que ha sido dirigido por un autor anterior a que hiciera referencia de escritores antiguos puede, sin cometer una piratería, usar los mismos pasajes de los escritores antiguos que fueron usados por el autor anterior; y que un autor no tiene el monopolio en ninguna teoría propuesta por él”.—

“Por tanto, en muchos casos, una pregunta muy interesante es: qué grado de imitación constituye una infracción de un derecho de autor en una obra particular”.[23][25]

USO RAZONABLE

“Conlleva gran dificultad cada intento por definir en términos precisos el privilegio permitido por ley a un escritor posterior de usar, sin consentimiento o licencia, los contenidos de un libro o escrito hecho, compuesto y con los trámites de derechos de autor obtenidos con anterioridad por otro autor; o de marcar los límites del privilegio de tal autor posterior de tomar los materiales en un libro, como las ediciones comentadas del demandante, en las que los materiales han sido seleccionados de una variedad de fuentes tales, y en las que los materiales así seleccionados están arreglados y combinados con ciertos pasajes escogidos del texto de la obra original, y en una forma que muestra un ejercicio de discreción, habilidad, experiencia de aprendizaje y juicio. Se hace referencia a casos ya decididos en los que el criterio principal para la sentencia se sostiene en el intento con el cual actuó la persona que es acusada de violación”.[24][26]

“Examinada como una cuestión estrictamente legal, aparte de casos excepcionales, el privilegio de un uso razonable, acorde al de un escritor posterior, debe ser tal, y solamente tal, que no cause daño sustancial al propietario de la primera publicación”.[25][27]

CITAS

El Juez Store, de Folsom et al., v. Marsh, et al., supra, 1001, cita con autoridad lo siguiente de Wilkins v. Aikin, 17 Ves. 422, 424 (1810):

--“No hay duda que un hombre puede, bajo la farsa de la cita, publicar la totalidad o una parte del libro de otro, aunque puede usar, lo que en muchos casos es difícil de definir, citas razonables”.—

“Citas de buena fe de un libro no constituyen una infracción de ese tipo”.[26][28]

Y de Store v. Holcombe, supra, 2476:

--“nadie tiene permiso bajo la pretensión de citar, para publicar la composición de otro hombre en forma completa o sólo la parte principal”.—

Bastante simple, si hay violación de derecho de autor, el uso de citas no “evitan la responsabilidad de tomar de ellas para hacer otra obra”.[27][29] Las citas legítimas o de buena fe son un aspecto específico de “uso razonable”, la presencia o ausencia de ellas parecen no tener consecuencias en cuanto concierne a la determinación del asunto de violación de derecho de autor, aunque la ausencia de citas puede llevar en forma obvia al tema de la intención de un autor posterior.

LOS ESCRITOS DE ELENA DE WHITE

Las siguientes son declaraciones representativas hechas por otros en relación a comparaciones entre los escritos de Elena G. de White y sus predecesores:

--“Ella copió una gran cantidad, más de un sexto. De hecho, hemos confesado y se lo leeré a usted de que ella usó de 88 autores diferentes en 400 referencias sólo en el Gran Conflicto. Por tanto, no es una cantidad pequeña”.[28][30]

--“Ella usó The Great Teacher [El gran Maestro] de John Harris, 1835, lo que ellos han admitido. Usó The Life of Christ [La vida de Cristo] de William Hanna, 1863, lo que ellos han admitido. Usó The Life of Christ [La vida de Cristo] de Farrar, lo que han admitido, y otros más que ellos han admitido. Mi libro dará una lista más amplia de los que ella ha usado. The Acts of the Apostles [Los hechos de los apóstoles], ella usó The Life and Epistles of the Apostle Paul [La vida y epístolas del apóstol Pablo] de Conybeare and Howson; The Life of Paul [La vida de Pablo] de Farrar; The Great Teacher [El gran Maestro] de John Harris; Night Scenes of the Bible [Escenas nocturnas de la Biblia] de Daniel March; y The Life of Paul [La vida de Pablo] de McDuff. Y El gran conflicto que le he leído de Guillermo White, que en la nueva edición el lector encontrará más de 400 referencias a 88 autores y autoridades, pág. 24, Guillermo White, Asociación General, 1911. Patriarcas y profetas, ella usó Paradise Lost [El paraíso perdido] del comentario de Milton Clarks; Night Scenes of the Bible [Escenas nocturnas de la Biblia] de Daniel March; Old Testament [El Antiguo Testamento] de Edersheim; e incluso de The Apocrypha [Los apócrifos], de los cuales habla F. D. Nichol en su libro publicado en 1951. Además, he encontrado de William Hanna, John Harris, Fleetwood, Farrar, Andrews y otros. Lo he sacado de una lista que Bob Olson, del Patrimonio White, ha publicado sobre ‘Elena G. de White y fuentes no inspiradas’. Underwood, Gordon, Hanna, Krummacher, Cole, Jackson, Trall, Store, Broadman, Miller, Taylor, Kira, Horace Mann y Able Stevens y otros”.-—[29][31]

Donald R. McAdams nota el uso que hace Elena G. de White “de historiadores para sus pasajes sobre eventos históricos”, y reconoce “a los historiadores como la mayor fuente para sus descripciones históricas y detalles de “A Comparison of Chapter XXIII of The Great Controversy, 1911 Ed. By Ellen G. White and Uriah Smith’s 2nd. Ed. of The Sanctuary and the Twenty-Three Hundred Days of Daniel VIII, 14” [Una comparación del capítulo XXIII de El Gran Conflicto, ed. 1911 de Elena G. de White y la segunda ed. de Urías Smith de El santuario y los 2.300 días de Daniel 8:14] de Delmer Alonzo Johnson, 1980, se cita lo siguiente:

--“En general no se puede decir que Elena G. de White ‘copió’ de Smith. La correlación, en su mayoría, revela una paráfrasis estrecha o resumen del libro completo. Algunas oraciones en la página 13 del capítulo GC (Great Controversy) [El gran conflicto] parece ser una paráfrasis desprendida de The Sanctuary [El santuario]; algunas paráfrasis están ajustadas y algunas parecen ser originales. Ni una oración, fuera de los textos bíblicos, es exactamente idéntica a una oración en The Sanctuary”.—(página 18)

--“No obstante, hay numerosos ejemplos de una clara correlación literaria que prueba en forma concluyente que Elena G. de White hizo uso de algunas palabras, frases, ideas y secuencias de pensamiento en LC”. (The Life of Christ [La vida de Cristo]).--[30][33]

--“Como ya se indicó antes, éstos son los ejemplos más claros de posible dependencia literaria de Hanna que hemos encontrado en la segunda mitad de El Deseado de Todas las Gentes. La cantidad total no constituye una extensa porción de la segunda mitad del volumen. Cualquier préstamo literario que haya ocurrido está en el nivel de palabras y frases.

“Hay muchos párrafos, no obstante, que son paralelos en su pensamiento con los de Hanna, en los cuales se hace uso de algunas palabras y frases idénticas. Aunque, más a menudo la semejanza entre los párrafos de los dos autores es en las ideas más bien que en la estructura literaria. La frecuencia de palabras y frases idénticas en los dos autores no es en sí misma una evidencia suficiente de dependencia literaria de la última con el primero. Uno debe notar si son de uso común, o si no son de uso común”.--[31][34]

--“El material en el libro sobre Pablo de la Sra. White tomado de Conybeare and Howson era equivalente a menos del 4 por ciento de este libro inglés, pues era un libro extenso. Y el préstamo de Farrar era equivalente a menos del 2 por ciento de su libro, pues también era un libro extenso. En cuanto a El Gran Conflicto (edición 1911) sólo el 4 por ciento del material es tomado de otros autores. Pero este 4 por ciento es sacado de varias obras, con sólo un pequeño porcentaje sacado de alguna obra en particular. Lo mismo es esencialmente cierto de la edición de 1888 y de la de 1884”

BIBLIOTECA DEL CONGRESO:

Registros de derechos de autor:

Según la Ley de 1790, los derechos de autor para los libros se obtenían de, entre otras condiciones, depositar una copia impresa del libro “en la oficinas de la Corte del Distrito donde el autor o propietario residía”. No fue hasta la Ley de 1870 que “todo registro y otras cosas relacionadas a derechos de autor debían estar bajo el control de los bibliotecarios del Congreso, y eran guardadas y preservadas en la Biblioteca del Congreso”. Por tanto, cualquier información exacta en relación con los derechos de autor desde 1790 hasta 1869, sólo se podía obtener mediante la búsqueda de los registros de las Cortes Distritales de los diferentes estados y/o territorios, por cierto un proyecto obviamente monumental. Registros de derechos de autor limitados se encuentran disponibles en forma de microfilm en la Biblioteca del Congreso, que han sido recolectados de diferentes Cortes Distritales de los estados y territorios entre 1790 y 1869, y la búsqueda está disponible estado-por-estado, corte distrital-por-corte distrital para determinar con un grado “razonable” de certeza si un artículo particular ha sido tramitado con derecho de autor entre 1790 y 1869. Una revisión de los registros en microfilm en la Biblioteca del Congreso podría constituir una tarea abrumadora, y dado que los resultados podrían ser cuestionables, eso no se hizo (excepto en el territorio de Michigan que en forma sorprendente desarrolló un registro de derecho de autor [No. 330] en el nombre de “Urías Smith” para “Smith’s Adjustable Weekly Calender” [Calendario semanal ajustable de Smith] [14 de febrero de 1863]).

No obstante, se dirigió una investigación usando el Índice General de la Oficina de Derechos de Autor de la Biblioteca del Congreso entre 1870 y 1897 que da una lista de obras por títulos y/o autor. La búsqueda continuó de 1898 hasta 1937 en una lista de obras sólo por autor o reclamante. La búsqueda tenía el propósito de determinar esencialmente si los primeros escritos, y particularmente aquellos a que hace referencia Walter Rea, tenían derechos de autor o no, y el resultado de esta investigación es como sigue con las obras que tenían derechos de autor y las que no según la lista simple que aparece a continuación bajo los encabezados apropiados:

CON DERECHO DE AUTOR

“Walks with Jesus” [Camina con Jesús], de Daniel March, 1888, 36 988; “Dawn to Dark” [Del alba a la oscuridad], de Daniel March, 1878, 5900; “Ministry of Healing” [Ministerio de curación], de A. J. Gordon, 1882, 2418; “Sanctuary of the Bible” [El santuario de la Biblia], de J. N. Andrews, 1889, 38390; “Spiritual Gifts” [Dones espirituales], de White, 1882, 21796; “Spirit of Prophecy” [Espíritu de profecía], de White, 1884, 20667; “The Christian’s Secret of a Happy Life” [El secreto del cristiano de una vida feliz], de Hanna W. Sith, 1883, 3840; “God’s Will Known and Done” [La voluntad de Dios conocida y realizada], de Underwood, 1885, 7338; “The Higher Christian Life”, de W. E. Broadman, 1871, 5443; y “Parables of Our Saviour” [Parábolas de nuestro Salvador], de Taylor, 1886, 26936.

SIN DERECHO DE AUTOR

“The Sanctuary and the Twenty Three Hundred Days of Daniel VIII, 14” [El santuario y los dos mil trescientos días de Daniel 8:14], de Urías Smith; “The Life of Christ” [La vida de Cristo], de William Hanna; “Paul” [Pablo] de F. W. Farrar; “The Great Teacher” [El gran Maestro], de John Harris; “The Life and Times of Jesus de Messiah” [La vida y los tiempos de Jesús el Mesías], de A. Edersheim; “Old Testment” [Antiguo Testamento], de A. Edersheim; “Elijah the Prophet” [Elías el profeta], de A. Edersheim; “Night Scenes of the Bible” [Escenas nocturnas de la Biblia], de Daniel March; “Sketches from the Life of Paul” [Reseñas de la vida de Pablo], de Conybeare and Howson; “History of the Sabbath” [Historia del sábado], de J. N. Andrews; “Elijah the Tishbite” [Elías Tisbita], de Krummacher; “Life Incidents” [Experiencias de vida], de Jaime White; “Life of William Miller” [La vida de William Miller], de Jaime White; “History of Waldenses” [Historia de los Valdenses], de Wylie; “Origin and History of the Books of the Bible” [Origen e historia de los libros de la Biblia], de Calvin Stowe; “History of the Reformation” [Historia de la Reforma], de D’Aubigne; “Philosophy of Health” [Filosofía de salud], de Coles; “Paradise Lost” [El paraíso perdido], del comentario de Milton Clark; “The Life and Epistles of the Apostle Paul” [La vida y las epístolas del apóstol Pablo], de Conybeare and Howson; “The Life of Paul” [La vida de Pablo], de McDuff; “The Apocrypha” [Los apócrifos], de Stowe; y “The Life of Christ” [La vida de Cristo], de Farrar.

ELENA DE WHITE NO FUE UNA INFRACTORA DE LOS DERECHOS DE AUTOR

El “derecho de un autor de monopolizar sus publicaciones se mide y determina por la realización del derecho de autor”.[xxxii][36] Por consiguiente, “a menos que se cumpla con las leyes de derecho de autor, las obras publicadas hacen abandono de todo derecho posterior”.[xxxiii][37] Por tanto, todos los libros que figuran en la lista anterior que fueron publicados y no hicieron los trámites de derecho de autor y que han sido usados como fuentes por la Sra. White, no pueden ni en ese momento ni ahora dar lugar a una acusación apropiada o responsable de “copia”, “piratería”, o “plagio”. Estos libros incluyen, por ejemplo: “The Life of Christ” [La vida de Cristo], de Hanna; “The Great Teacher” [El gran Maestro], de Harris; “Sketches from the Life of Paul” [Reseñas de la vida de Pablo], de Conybeare and Howson, y el resto de las obras sin derecho de autor que figuran en la lista anterior bajo el título “BIBLIOTECA DEL CONGRESO”.

Un “libro –llega a ser (cuando no está protegido por derecho de autor) propiedad pública por el acto de publicación”.[xxxiv][38] Por consiguiente, todas las obras antes mencionadas sin derecho de autor eran, en el momento de publicación, dedicadas o donadas al mundo en general para que alguno o todos lo usaran legalmente, libremente y sin dudar como desearan en cualquier grado y en cualquier forma, con o sin reconocimientos.

Asumiendo, no obstante, que todas estas obras anteriores mencionadas estuvieran con derecho de autor, ¿podrían en forma exitosa hacer un juicio contra la escritora Adventista del Séptimo Día? La respuesta nuevamente es negativa.

La cuestión de la violación de derecho de autor, bastante sencilla, es “si el libro del demandado, tomado en forma completa, es en forma sustancial una copia del demandante”.[xxxv][39] Ningún crítico tiene alegato en alguna de las comparaciones presentadas anteriormente, ni puede tener igualmente un alegato de que algún libro de Elena G. de White, tomado en su totalidad, es legalmente en forma considerable una copia de sus predecesores. El significado de “una copia considerable” está bien expresada en la ley y requiere que el valor o el esfuerzo involucrado en una obra original esté “sensiblemente disminuida”, o que los “trabajos de un autor original (sean) apropiados considerablemente, hasta una extensión perjudicial”, que en efecto, la vida, cuerpo y significado de la primera obra sea “tomada como un todo” y esté ausente el ejercicio de la discreción, habilidad, juicio o semejanza.

Los críticos más severos de Elena G. de White ofrecen la mejor evidencia disponible que apoya la no violación. Como ejemplo, los “88 autores diferentes y 400 referencias” hacen referencia a El gran conflicto, y se sugiere en forma firme que tal utilización de parte de Elena G. de White (si fuera cierta) de este amplio material de referencia, evidencia habilidad y uso de materiales y fuentes comunes de conocimiento, y no meramente “alteración de matices y variaciones sólo para ocultar su uso”.[xxxvi][40] Es inconcebible que incluso, si la Sra. White usara 88 autores diferentes y 400 referencias en El gran conflicto, no haya tomado el valor de cualquiera de las obras originales en un grado que sea “sensiblemente disminuida, o que los trabajos de un autor original (sean) apropiados considerablemente, hasta una extensión perjudicial”, por el uso que ella hace.

¿Cuánto en El gran conflicto o en cualquier otro libro de Elena G. de White, cuando “es tomado como un todo, es una copia considerable” de las obras de autores anteriores? Nuevamente aquí, cuando se hace una comparación equitativa en uno-a-uno, en base a libro-contra-libro, y tal es la única comparación que se puede hacer según la ley, en ninguna parte encontramos que los libros de Elena G. de White sean virtualmente el “mismo plan y carácter completo” de quienes la precedieron.[xxxvii][41] No hemos encontrado, ni incluso sus críticos hicieron referencia, de alguna intención de Elena G. de White de “invalidar a otro(s) en el mercado con la misma clase de lectores y compradores mediante la introducción de ningún asunto nuevo o poco o nada nuevo excepto matices diferentes”.[xxxviii][42]

La pura “compilación” de las obras de Elena G. de White reflejan necesariamente su trabajo y habilidad. En tanto que ella no, y la evidencia establece claramente que no, tomó de obras anteriores “en un grado considerable”, ella permanece dentro de los límites legales del “uso razonable”. Además, en tanto que los materiales fueran seleccionados de una variedad de fuentes, y fueran “arreglados y combinados con ciertos pasajes escogidos del texto de la obra original, y en una forma que muestre el ejercicio de discreción, habilidad, comprensión, experiencia y juicio”, el uso es “razonable”.[xxxix][43]

Es necesario, al juzgar los escritos de Elena G. de White reflejar la naturaleza, el carácter y la influencia de sus escritos, lo que quizás describe mejor Urías Smith en Life Sketches [Notas biográficas] (469 y siguientes), como sigue:

--“Su fruto es tal como para mostrar que la fuente de la cual brotan es la opuesta al mal.

-- 1. Tienden a la pureza moral. –Revelan los engaños de Satanás.—- Nos despiertan y nos vuelven a despertar a una mayor consagración a Dios, a mayores esfuerzos celosos por una pureza de corazón, y una gran diligencia en la causa y el servicio de nuestro Maestro.

-- 2. Nos conducen a Cristo.

-- 3. Nos guían a la Biblia.

-- 4. Han traído consuelo y tranquilidad a muchos corazones”.—

Los escritos de la relación de Dios, Satanás y los hombres necesariamente crean semejanzas y, cada tanto, semejanzas sorprendentes. No obstante, ningún autor anterior ha unido antes en una obra lo que fue de la autoría de la Sra. White, ni ninguno de sus críticos pueden acusarla de eso. Los críticos comparan palabras, frases, similitudes de ello, pero nunca comparan las obras de la Sra. White “en forma completa”. Una razón posible es que la evidencia indicaría que aunque “se han seleccionado materiales de una variedad de fuentes”, la misma evidencia indica firmemente que el material así seleccionado fue “arreglado y combinado… en una forma que muestra el ejercicio de discreción, habilidad, conocimiento, experiencia y juicio”. Es en las últimas áreas donde los críticos temen meterse porque si lo hicieran, sus únicas conclusiones podrían y serían que los escritos de la Sra. White no constituyen una infracción ni incluso asumir que son obras con derechos de autor de sus predecesores.

Resumiendo, y nuevamente con la suposición de que todas las obras anteriores tuvieran derecho de autor, si la cuestión hubiera estado en la corte entre 1850 y 1915, Elena G. de White en forma enfática, no hubiera sido considerada una violadora de derechos de autor.

ELENA G. DE WHITE NO ERA UNA PLAGIARIA

Desde un punto de vista legal, las cortes tienden a categorizar a un plagiario como alguien que fue legalmente culpable de piratería. En otras palabras, las cortes por lo general, han definido los elementos de la piratería, y si quien se apropió de un libro se enmarca dentro de los perímetros de la piratería ilegal, era rotulado como plagiario. Por tanto, la muestra legal debe ser tal “que la persona acusada de plagio haya de hecho copiado o imitado la obra de otro, y que ella o él lo haya hecho en forma considerable”.[xl][44]

No obstante, mayormente parece evidente, por la ley del caso, de hasta qué grado puede o no puede ser un acto de plagio. Si lo que fue tomado no era “las partes materiales e importantes”[xli][45] de un libro, sino que en lugar de eso el libro resultante refleja “el esfuerzo de su propia mente (del que toma)” eso no es plagio.[xlii][46]

Uno de los hechos más importantes, desde un punto de vista legal, entre el crimen legal de piratería/infracción de derecho de autor y el acto de plagio está la “intención con la cual se hace tal apropiación”.[xliii][47] Un plagiario, por tanto, toma de otro y utiliza aquello que es tomado con la intención de que el material del que se apropió sea visto como original del que se apropió y no de su originador. Por tanto, Paull fue sumamente correcto al concluir, desde un punto de vista literario, que el “plagiario siempre espera que no se lo descubra” y además se puede agregar desde un punto de vista legal, que el intento del que toma es de una importancia extrema.[xliv][48]

La clave mayor para la cuestión de plagio es la intención de Elena G. de White, y críticos y defensores por igual parecen decididamente coincidir en este punto, como se evidencia en lo que sigue:

--“Más bien creo que la Sra. White era sincera en lo que creía y en lo que escribía, y que creía que era de hecho inspirada, es más, creía que era una revelación”.[xlv][49]

--“Pero no estoy dispuesto a creer que Elena G. de White ya sea consciente o inconscientemente era deshonesta… el tenor principal de su vida fue maravillosamente bueno y útil; sostenía principios que eran justos y rectos”.--[xlvi][50]

Difícilmente alguien puede impugnar las buenas intenciones de la Sra. White cuando ella misma, aparentemente no hizo ningún esfuerzo por ocultar sus fuentes e incluso reconocía su valor:

--“The Life of St. Paul [La vida de San Pablo] de Conybeare and Howson, lo recomiendo como un libro de gran mérito y uno de los pocos de utilidad para el estudiante serio de la historia del Nuevo Testamento”.--[xlvii][51]

La mejor evidencia de la intención de la Sra. White descansa en lo que se ha caracterizado como el gran tema central de sus escritos, “el propósito original de Dios para el mundo”, “el surgimiento del gran conflicto” entre Dios y Satanás, y “la obra de redención”.[xlviii][52]

Uno ciertamente percibe en los escritos de la Sra. White, que ella estaba motivada por “la influencia del Espíritu Santo”[xlix][53] que evitaba intenciones equivocadas, y los procedimientos no eran otros que los de las más elevadas motivaciones e intenciones y que de hecho ella modificó, exaltó y mejoró mucho legalmente lo que otros podían haber pensado y expresado. Es imposible imaginar que la intensión de Elena G. de White, como se refleja en sus escritos y en los esfuerzos prodigiosos incuestionablemente involucrados en ellos, fuera otra cosa que un esfuerzo sinceramente motivado y sin egoísmo para colocar la comprensión de las verdades bíblicas en una forma coherente para que todos las vean y las comprendan. Más ciertamente, la naturaleza y contenido de sus escritos tenían sólo una esperanza e intensión, es decir, una mejor comprensión por parte de la humanidad de la palabra de Dios.

Considerando todos los hechos necesarios para alcanzar una conclusión justa sobre el tema, se presenta en forma concluyente que los escritos de Elena G. de White no eran plagiados.

CONCLUSIONES

En base a nuestra revisión de los hechos precedentes y legales, concluimos que Elena G. de White no era una plagiaria y sus obras no constituyeron una violación/piratería de derechos de autor.

Por:___________________________

Vincent L. Ramik

VLR/skl

[1][1] Holmes v. Hurst, 174 U.S. 82, 19 S. Ct. 606, 43 L. Ed. 904, 13-16 C.O. Bull. 1267, 1269 (1899).

[2][2] Bobbs-Merrill Co. v. Straus et al, 210 U.S. 339, 28 S. Ct. 722, 52 L.Ed. 1086, 13-16 C.O. Bull. 364, 368 (1908).

[3][3] American Tobacco Company v. Werckmeister, 207 U.S. 284, 28 S. Ct. 72, 52 L. Ed. 208, 13-16 C.O. Bull. 39, 42 (1907).

[4][4] Holmes v. Hurst, 1269.

[5][5] Holmes v. Hurst, 1269, 1270.

[6][6] Bobbs-Merrill Co. v. Straus et al, 147 F. 15, 13-16 C.O. Bull. 350, 354.

[7][7] American Tobacco Company v. Werckmeister, 42-43.

[8][8] Wheaton v. Peters, 33 U.S. (8 Pet.) 591, 659 (1834), 13-16 C.O. Bull. 2901.

[9][9] Emerson v. Davies, et al., 8F. Cas. 615 (No. 4436), 13-16 C.O.Bull. 850, 855, 856 (1845).

[10][11] Emerson v. Davies et al., 866.

[11][12] Literary Ethics [Ética literaria] por H. M. Paull, 1928, p. 45.

[12][13] Lawrence v. Cupples et al., 15 F. Cas. 25 (No. 8135), 13-16 C.O. Bull. 1543, 1544 (1875).

[13][14] Bullinger v. Mackey, 4 F. Cas. 649 (No. 2127), 15 Blatchf. 550, 13-16 C.O. Bull. 469, 475, 476 (1879).

[14][16] Reed et al., v. Holliday, 19 F. 325, 13-16 C.O. Bull. 2149, 2151 (1884).

[15][17] Perris v. Hexamer, 99 U.S. 674 25 L. Ed. 308, 13-16 C.O. Bull. 2050, 2051 (1878).

[16][18] Gilmore v. Anderson et al., 38 F. 846, 13-16 C.O. Bull. 1072, 1075 (1889).

[17][19] Belford v. Scribner, 144 U.S. 488, 12 S. Ct. 734, 36 L. Ed. 514, 13-16 C.O. Bull. 201, 213 (1892).

[18][20] Springer Lithographing Co. v. Falk, 59 F. 707, 13-16 C.O. Bull 2438, 2443 (1894).

[19][21] Simms v. Stanton et al., 75 F. 6, C.O. Bull. 2406, 2408 (1896).

[20][22] Emerson v. Davies, et al., 861.

[21][23] Hartford Printing Co. V. Harford Directory & Publishing Co., 146 F. 322, C.O. Bull. 1202, 1204 (1906).

[22][24] Lawrence v. Dana et al., 15 F. Cas. 26 (No. 8136), 4 Cliff. 1, 13-16 C.O. Bull. 1545, 1601 (1869).

[23][25] Emerson v. Davies, et al., 861.

[24][26] Lawrence v. Dana, 1606.

[25][27] Ibíd., 1607.

[26][28] Chapman v. Ferry, et al., 18 F. 539, 13-16 C.O. Bull. 594, 596 (1883).

[27][29] Gilmore v. Anderson et al., 38 F. 846, 13-16 C.O. Bull. 1072, 1075 (1889).

[28][30] White Lies, transcripción p. 13, 14 de febrero de 1981, Walter Rea.

[29][31] Ibíd., pp. 22-23.

[30][33] “The Literary Relationship Between The Desire of Ages, By Ellen G. White and The Life of Christ, By William Hanna” [La relación literaria entre El Deseado de todas las Gentes, de Elena G. de White y La vida de Cristo, de William Hanna], Primera parte, de Raymond F. Cottrell.

[31][34] “The Literary Relationship Between The Desire of Ages, By Ellen G. White and The Life of Christ, By William Hanna” [La relación literaria entre El Deseado de todas las Gentes, de Elena G. de White y La vida de Cristo, de William Hanna], Segunda parte, de William F. Specht.

[xxxii][36] Colmes v. Hurst, p. 1267, 1270.

[xxxiii][37] Nebraska v. State General Co., citado en Corlies v. Walter, 75 F. 436 (1893).

[xxxiv][38] Ibíd.

[xxxv][39] Drury et al. v. Swing et al., 7 F. Cas. 1113 (No. 4095) 1 Bond 540, 13-16 C. O. Bull. 803, 809 (1862).

[xxxvi][40] Emerson v. Davies et al., p. 864-865.

[xxxvii][41] Drury et al. v. Ewing et al., p. 809.

[xxxviii][42] Ibíd.

[xxxix][43] Lawrence v. Dana, p. 1606.

[xl][44] Simms v. Stanton et al., 75F. 6 13-16 C.O. Bull. 2406, 2414 (1896).

[xli][45] Reed v. Carusi, 20F. Cas. 431 (No. 11642) 13-16 C.O. Bull, 2146, 2148 (1845).

[xlii][46] Ibíd.

[xliii][47] Farmer v. Elstner, 33F. 494, 13-16 C.O. Bull, 970 (1888).

[xliv][48] Literary Ethics [Ética literaria], p. 45.

[xlv][49] White Lies [Mentira White], transcript, p. 35.

[xlvi][50] “Ellen G. White and the Protestant Historians: The Evidence from an Unpublished Manuscript on John Huss” [Elena G. de White y los historiadores protestantes: La evidencia de un manuscrito no publicado de Juan Huss], por Donald R. McAdams, marzo de 1974, octubre de 1977, p. 231.

[xlvii][51] Ellen G. White and Her Critics [Elena G. de White y sus críticos], p. 423.

[xlviii][52] “The Literary Relationship Between The Desire of Ages, By Ellen G. White and The Life of Christ, By William Hanna” [La relación literaria entre El Deseado de todas las Gentes, de Elena G. de White y La vida de Cristo, de William Hanna], Segunda parte, capítulo 6, de Walter F. Specht.

[xlix][53] Mensajes selectos, tomo 1, p. 23-24.




EArtículos Importantes Sobre Elena G. de White - Por Kenneth H. Wood, director de la Adventist Review


Algunos temas son de especial interés para las personas de mente espiritual. Uno de estos temas es la manera en que Dios, Ser infinito y trascendente, se comunica con sus hijos terrenales por medio de la inspiración o revelación.

La Review and Herald (Revista Adventista en inglés) trae a la atención de los adventistas del séptimo día ciertas fases de este tema importantísimo, con la publicación de dos series de artículos de Arturo L. White. La primera, de cuatro artículos, titulada Concepto adventista sobre la inspiración, fue publicada en enero y febrero de 1978, y la segunda, Redacción de los escritos históricos de Elena G. de White, compuesta de siete artículos, apareció en julio y agosto de 1979.

Es debido al interés actual en estos temas, y con el fin de hacerlos más accesibles para el estudio, que se publican en conjunto en este número.

En la primera serie, el pastor Arturo L. White, secretario entonces del departamento de fideicomisarios de Elena G. de White, escribió basado en su experiencia íntima de décadas en su trabajo con estos documentos. En estos cuatro artículos él pone en claro algunos conceptos necesarios para saber cómo actúa la inspiración.

En la segunda serie, de siete artículos, él nos introduce detrás del escenario para mostrarnos cómo trabajó la Sra. White en la redacción de los libros que presentan la historia de la gran controversia, y despliega cuidadosamente una información nueva y documentada y ofrece percepciones profundas en algunos de los aspectos de la obra de la escritora a medida que redactaba sus escritos de índole histórica. Creemos que todo lector, no importa cuán bien informado esté sobre la manera como actúa la inspiración, aprenderá algo de estos artículos.

Por supuesto, no todo el material es nuevo. Lo que se repite es incluido mayormente por dos razones: para presentar un equilibrio balanceado, y para facilitar una información que los lectores pudieran haber dejado de leer en libros y artículos ya publicados.

Hay cuatro hechos que es menester tener muy presente al leer estos artículos: 1. Los escritos inspirados no nos llegan sin antes ser tocados por manos humanas. A diferencia de lo que ocurrió con los Diez Mandamientos en el monte Sinaí, no son redactados por la mano de Dios. El escritor inspirado participa intensamente en su labor de comunicar los mensajes de Dios a la familia humana; pero a menos que Dios le dé palabras específicas – como lo hizo algunas veces en determinadas visiones, cuando el profeta escuchaba seres celestiales que hablaban –, él debe hallar por sí mismo las palabras que manifiesten claramente las verdades que Dios le ha revelado. Y para hacer esto él tiene que buscar en su vocabulario, encontrar las palabras en los diccionarios, tomar en préstamo expresiones de escritores no inspirados o dejarse ayudar por sus asistentes. “La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual.” (1MS, 24)

La gente piensa muy poco o nada cuando lee la Biblia o los escritos de Elena G. de White. Tiende a pensar que los escritos inspirados fueron creados ex nihilo (de la nada), algo así como el mundo en la creación. (Algunas personas también piensan que la Review and Herald [o cualquier otra publicación] se origina en la misma forma: olvidan el trabajo oculto de los escritores, redactores, linotipistas, lectoras de pruebas, impresores, encuadernadores, distribuidores, etc.)

Creemos que esta serie de artículos del pastor Arturo L. White serán particularmente útiles porque permiten dar un vistazo dentro de las escenas y contemplar cómo Elena G. de White escribió sus libros y cómo fueron preparados para su publicación.

2. Cuando Dios se comunica con la familia humana, inspira a las personas, no los escritos. La inspiración actúa sobre la persona, y no sobre el producto escrito. El apóstol declara: “Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Ped. 1:21) “No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados” (1MS, 24). Este es un asunto muy importante que no debe ser mal comprendido. Los predicadores, y demás, a menudo llaman a la Biblia “la Palabra inspirada de Dios,” y correctamente entendido, así es. La declaración citada, de Elena G. de White, se refiere a la metodología, no a la autoridad. Dios inspira a la persona, no las palabras. La gente piensa; las palabras, no. La gente puede ser impresionada por el Espíritu Santo; las palabras, no.

3. La inspiración incluye una variedad de métodos para comunicar la verdad y la voluntad de Dios. A algunos escritores de la Biblia les fueron dados sueños y visiones; a otros que no recibieron visiones, les fueron dadas comprensión y percepción especiales en los misterios divinos; otros recibieron dirección especial para seleccionar y registrar eventos e incidentes históricos; y hubo algunos que recibieron una sabiduría única para entender e interpretar el significado de los sucesos.

Acerca de esto último es bueno notar que los eventos históricos pueden ser observados y registrados tanto por escritores inspirados como profanos. Numerosos escritores pudieron haber registrado que tres hombres fueron crucificados en un viernes del año 31 d. C. Pero si falta una persona inspirada que destaque el significado de dicho evento, éste habría parecido tan pequeño como otras crucifixiones. Una de las mayores funciones de la inspiración es capacitar a las personas para captar el significado de los eventos, y para interpretarlos a la luz de la gran controversia entre Cristo y Satanás.

4. El mensaje de un escritor inspirado carece de autoridad a menos que vaya acompañado por un “Así dice Jehová.” En los tiempos del Antiguo Testamento, los profetas a menudo comenzaban o concluían sus mensajes con declaraciones como éstas: “Dice el Señor,” “Jehová me dijo”; (Isa. 1: 24; 8: 11) “Vino a mí palabra de Jehová”; (Eze. 6: 1) “Principio de la palabra de Jehová”; (Ose. 1: 2) “Jehová lo ha dicho.” (Abd. 18) En el Nuevo Testamento, los escritores a veces mencionan el origen divino de sus escritos, como en Apocalipsis 1: 1-2; pero generalmente no lo hacen. Dependían de los escritos mismos para autenticarlos como mensajes de Dios. Elena G. de White a menudo usa en sus escritos tempranos la expresión “Se me mostró,” “Me fue mostrado”; pero más tarde dejó de hacerlo, especialmente cuando escribía para los no adventistas. Este cambio de práctica no indicaba diferencia alguna en la autoridad del mensaje que comunicaba.

Si se recuerdan constantemente los cuatro puntos que hemos mencionado, se entenderá y apreciará mejor la información de estos artículos que publica la Review and Herald, los cuales son el producto de la experiencia y del pensamiento maduro de uno que ha dedicado 50 años a fortalecer su familiaridad con los documentos recibidos por medio de la inspiración, y que ha estudiado cómo Elena G. de White, su abuela inspirada, hizo su trabajo.

Ella escribió en 1890: “El último engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu de Dios… Satanás trabajará hábilmente en diferentes formas y mediante diferentes instrumentos para perturbar la confianza del pueblo remanente de Dios en el testimonio verdadero.” (1 MS, 54-55)

Y por cuanto Satanás hace hoy esfuerzos supremos para socavar la confianza en los escritos del espíritu de profecía estamos convencidos de que el fin de todas las cosas está muy cerca. Ahora es el momento para fortalecer la fe y saber en qué creemos. Estas series de artículos fortalecerán la confianza en Dios, en su iglesia y en su mensajera inspirada.

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)




Elena de White, ¿Doctora en Medicina? - Por Roger W. Coon


Sus consejos sobre salud comparados con investigaciones recientes

Dónde obtuvo esta señora su información?”

El tono de voz del profesor era urgente; en su rostro se advertía un grado de intensidad que no aceptaría trivialidades, mientras insistía en una respuesta inmediata-

La alumna, una joven adventista del séptimo día de extracción sinoamericana, que a la razón cursaba una maestría en Alimentos y Nutrición en la Universidad de Cornell, gracias a una beca provista por la Fundación Nacional de Ciencia, debe haber temblado interiormente. Ante la insistencia del catedrático, comenzó a explicarle acerca de Elena de White, autora de una interesante obra titulada Consejos sobre el régimen alimenticio, un ejemplar de la cual el científico hojeaba, muy intrigado.

Helen Chen se había inscrito en un curso básico llamado Historia de la Nutrición, a cargo del Dr. Clive M. McCay, profesor del ramo en el Colegio de Agricultura y Ciencias de la Vida , del Estado de Nueva York, institución perteneciente a la Universidad de Cornell. El padre de la joven, Dr. Philip S. Chen, fue furante casi 30 años director del Depto. de Biología y Química Unión del Atlantic Union College, ubicado en el Estado de Massachussets.

Los cuatro hermanos de la joven: Phlip, Jr. Jhon, Geroge, y Sam, ya habían obtenido doctorados en sus respectivas disciplinas. El primero también había recibido un doctorado en Farmacología de la Universidad de Copenhague, gracias a una beca de la Fundación Nacional Institute of Health, la principal institución de los Estados Unidos dedicada a la investigación en el campo de la medicina, ubicada en los suburbios de la capital de dicho país.

Helen acababa de recibir su bachillerato en alimentos y nutrición, en el Atlantic Union College. Se había inscrito en el curso de McCay en septiembre de 1955, y lo había llegado a conocer por intermedio de las visitas ocasionales que le tocaba realizar a la oficina del catedrático en el Dpto. de veterinaria, lugar en el cual ella hacía sus prácticas de laboratorio.

En 1982, Helen recordaba a su profesor como “un hombre cálido y cordial, un profesor con el cual era fácil conversar”. Al oir que Helen era adventista y vegetariana, McCay expreso interés por saber acerca de su iglesia y sus enseñanzas sobre la salud.

Helen puso al catedrático con su padre, el cual le envió primeramente un ejemplar de la obra Heart Disease : Couse, Prevention and Recovery – libro perteneciente a un grupo de unas 14 obras que el Dr. Chen escribiera. El capítulo 15, titulado “Las enfermedades del corazón y la religión”, le permitió al Prof. McCay conocer a Elena de White y sus escritos acerca de salud y nutrición. Más tarde, a pedido el profesor, se le proveyó un ejemplar de la obra Consejos sobre el régimen alimenticio. Este libro, que es una compilación póstuma publicada 23 años después de la muerte de Elena White en 1915, difiere de la mayoría de los libros surgidos de su pluma, en que al fin de cada extracto se indican su fuente original y su fecha de publicación. Y la historia de la nutrición era uno de los campos en que McCay poseía considerable conocimiento profesional.

Un especialista en la historia de la nutrición

McCay había recibido su doctorado en Bioquímica de la Universidad de Berkeley (Calñifornia) en 1925, y había pasado los siguientes años bajo una beca de consejo Nacional de Investigación estudiando bioquímica en Yale. En 1927 había comenzado a enseñar en Cornell y allí se había quedado en forma permanente. Unos 35 alos más tarde, su extenso currículo vitae mencionaba el hacho de que había:

  • Escrito o colaborado en la producción de más de 150 publicaciones científicas sobre diversos aspectos de la nutrición animal y humana, con énfasis especial en el proceso del envejecimiento.

  • Colaborado en la fundación (en 1942) de la publicación Archives of Biochemistry (en la actualidad llamada Archives of Biochemistry and Biophysics), y servido como su primer director.

  • Actuando como redactor del periódico suizo Gerontoligia, y se le había otorgado el título de miembro honorario de la Sociedad Suiza de Nutrición (sólo los ciudadanos suizos pueden ser miembros en plenitud).

  • Servido como presidente por un año, respectivamente, de la American Gerotologiacl Society (1949), y el American Istitute of Nutrtion(1951).

  • Escrito en un libro ampliamente aclamado, el cual la valió un prestigioso premio y na medalla de oro..

Después de la muerte de McCay, el Journal of the American Dietetic Association publicó una abarcante reseña biográfica del científicol y el Journal of Nutrition dedicó diez páginas y su considerable contribución a la ciancia de la humanidad.

McCay fue pionero internacionalmente reconocido en le campo de la nutrición, y una autoridad en la teoría, investigación e historia de dicha ciencia. Por cuanto no aceptaba que la moderna ciencia de la nutrición fuese anterior a los comienzos de nuestro siglo, en su opinión la mayor parte de lo que los autores y conferenciantes del siglo pasado decían no era más que una colección de disparates.

En vista de lo dicho, se comprende la insistencia con que le preguntaba a Helen Chen: “¿Dónde obtuvo esta señora su información?”

Esa misma pregunta se la hizo algunos meses mastarde a Francisco D. Nichol, director de la Review and Herald. En 1958, cuando Nichol supo que McCay estaba interesado en esta notable reformadora en el campo de la salud, cuya educación se vio interrumpida en el tercero o cuarto grados debido a un accidente, entrevistó al profesor en su hogar de Ithaca (Nueva York).

Al recordar el incidente seis años más tarde, Nichol decía que,a su parecer, ese científico unitario no habría comprendido la doctrina adventista acerca de la inspiración y la revelación (según la cual la inspiración de Elena White provino de uanfuente divina). Por lo tanto, esquivó la pregunta diciendo que sus críticos contremporáneos, reletivos a la reforma en el campo de la salud.

-¡Tonterías!-exclamó McCay - . Me niego a aceptarr esa explicación, porque crea un problema mucho mayor queel que resuelve.

-¿Cómo?- inquirió el director, un tanto sorprendido.

-SI ella se hubiera limitado a copiar se sus contemporáneos, ¿cómo habría podido saber qué ideas aceptar y cuáles rechazar, de entre la confusa maraña de teorías y enseñanzas en boga durante el siglo XIX? ¡La mayor parte de ellas eran completamente irracionales, y en la actualidad se las ha repudiado! Para hacer eso, tendría que haber sido una persona asombrosa, de conocimientos mucho más avanzados que los de su tiempo – argumentó el catedrático, rechazando así la teoría de un supuesto plagio.

A partir de entonces , McCay se entusiasmó tanto con su investigación personal de los escritos de Elena de White relativos a la nutrición, que presentó una disertación ante el club de varones de su iglesia unitaria en Ithaca el 9 de abridle 1958, y luego, durante los años siguientes, presentó el mismo material en conferencias ante diversas entidades científicas de los Estados Unidos.

El 18 de diciembre de 1958, en un saludo navideño a su ex alumna Helen Chen (ahora esposa de Frnak Chung), el Prof. McCay escribió: “Si tuviera que volver a comenzar mi vida, me gustaría ser adventista. Creo que la filosofía de vida adventista ofrece la mejor solución a los problemas que surgen al vivir en medio de las tensiones de la cultura estadounidense. Apenas he comenzado a descubrir la sabiduría de Elena de White.

Si el Dr. McCay viviera todavía, probablemente no tendría ninguna razón para modificar su evaluación final de los escritos de Elena de White relativos a la nutrición: “No hay mejor guía general disponible hoy”. En la década recién pasada, la ciencia ha corroborado ampliamente sus avanzados conceptos sobre salud.

Corroboración moderna

En julio de 1980, los Deptos. De Agricultura y salud, Educación y Bienestar de los Estados Unidos (hoy llamados Servicios Humanos y de Salud), publicaron en forma conjunta sus recomendaciones llamadas “Guía Dietética para los Estadounidenses”: (1) Aliméntese con una variedad de productos. (2) mantenga su peso normal. (3) Evite el exceso de grasas, especialmente saturadas y colesterol. (4) Consuma alimentos que contengan cantidades adecuadas de almidón y fibra. (5) Evite el exceso de azúcar. (6) Evite el exceso de sodio. (7) si usted bebe alcohol, hágalo con moderación.

Para nosotros, que nos acercamos el fin del siglo, estos consejos son bien sabidos, pero una o dos décadas atrás, eran ideas bastante nuevas. Sin embargo, Elena de White ya había propiciado estos conceptos casi un siglo antes de que los científicos modernos llegaran a los científicos modernos llegaran a los mismas conclusiones.

En junio de 1982, la Academia Nacional de Ciencias y el Consejo Nacional de Investigación se unieron en la publicación de un informe titulado Diet, Nutrition ans Caner. Este importante documento fue el resultado de dos años de estudios acerca del vínculo existente entre la alimentación y el cáncer. Las conclusiones en él expuestas eran similares a las del informe citado más arriba: si se hacen ciertos cambios en el régimen alimentario, se pueden reducir considerablemente los riesgos de sufrir diversos tipos de cáncer. Las reformas recomendadas incluían comer mayormente fruta, cereales, integrales, y verduras, reduciendo el consumo de grasa, azúcar, sal y alcohol.

Si Elena de White viviera hoy , su reacción indtintiva sería probablemente pensar, “¿Y cuál es la gran novedad?” ¡Ella comenzó a presentar estas ideas entra los años1863 y 1890!

En febrero de 1983, Walter S. Ross, director de Cancer News, publicación en la American Cancer Society, publicó un artículo titulado “Por fin, un régimen anticanceroso”. En el primer párrafo, se informaba que los adventistas de California padecían de cáncer del colon y el recto en proporción mucho menor que otros estadouidenses. Màs tarde, el artículoafirmaba “Según estudios realizados en distintas partes del mundo, la incidencia de cáncer del seno, el colon, y la próstata es significativamente menor entre las personas que consumen grna cantifaf de verduras. Este `descubrimiento sorprendente´.

Cinco meses más tarde, las propiedades maravillosas de la fibra fueron exaltados en otro artículo que resumían el libro de Audrey Eyton, titulado The F-Plan Diet ( La dieta el Plan F). Brevemente, su mensaje es: “Si usted aumenta su consumo de fibra alimentaria proveniente de la fruta, las verduras y los alimentos a base de cereales integrales – y si disminuye las grasas y los azúcares refinados – se sentirá más satisfecho con menos calorías”, lo cual es un factor significativo en la reducción de peso.

En 1985, el mensaje estaba llagando a una proporción creciente de estadounidenses. Ese verano, un encuesta de Gallup reveló que el 24% de la población había comenzado a usar menos carne que anteriormente, añadiendo que “los estadounidenses se están volviendo semi-vegetarianos”, ¡cuarenta millones de adultos! Otras estadísticas de interés: el 52% de los estadounidenses estuvieron de acuerdo en que “nadie necesita comer carne más de una o dos veces por semana”, 37 % creían que “los vegetarianos probablemente gozan de mejor salud que la mayoría de los estadounidenses”, y el 27% estuvieron de acuerdo en que el vegetarianismo no es “un simple capricho pasajero”.

A pesar de los dicho, tres años más tarde, dos investigadores de Instituto Nacional del Cáncer, Blosson H. Patterson y Gladys Block, informaron, que “el régimen alimentario estadounidense es miserable, y quela gente se está muriendo por causa de él...contribuye [según se estima] a cerca de un 35% de todas las defunciones debidas al cáncer”.

En julio de 1988, C. Everett Koop publicó “el primer informe sobre nutrición que haya preparado un Inspector General de Sanidad de los Estados Unidos”. Basada en más de 2.500 artículos científicos, su prescripción fue: “Menos grasa, más verduras y frutas”.

La noticia más importante debió esperar hasta 1990, cuando el Dr. Dean Ornish, investigador afiliado a la University of California (San Francisco), anunció que un régimen predominantemente vegetariano tiene virtud de hacer retroceder la oclusión arterial arterial causada por el colesterol. Uno de sus pacientes, colocado anteriormente en el programa de la American Heart Association, que reduce el contenido de grasa en la alimentación al 30% de las calorías locales, ¡en realidad aumentó la oclusión en sus arterias, del 37% al 77% en un año! Luego, al cambiar al régimen de Ornish, la oclusión se redujo al 59%. En un comentario referente a un importante estudio que acabó a 6.500 personas, conducido por la Cornell University, en 1990, Ornish escribió : “Carne: Verdadero alimento para un muerte igualmente verdadera”.

En lo que se refiere al uso de tabaco, el Dr. Alton Oschner, profesor de irugñia torácica de la Facultad de Medicina de la Tulane University, fue uno de los primeros en hacer la conexión definitiva entre el hábito de fumar y el cáncer pulmonar, en el año 1954.

En 1990, el primer estudio detallado del consumo de cigarrillos y los ataques cardíacos en las mujeres, estableció que el hábito de fumar más que triplica el riesgo que corren. Sin embargo, si dejan de fumar, en unos tres años el riesgo decrece hasta igualarse al que corren los no fumadores, según informa en su número de diciembre de 1990 el New Enlgand Journal of Medicine. Más de diez estudios han demostrado un patrón similar en sujetos varones.

Las enfermedades del corazón, la principal causa de muerte en ambos sexos “y el mayor factor en las defunciones relacionadas con el hábito de fumar”, en la actualidad es responsable aproximadamente de 115.000 de las 300.000 muertes anuales estadounidenses, atribuidas al hábito de fumar.

En 1863, Elena de White caracterizó el tabaco como un veneno “lento”, “engañoso” y “maligno”. Para 1886, decía: “ Un veneno lento, insidioso, pero sumamente maligno”.

Con respecto al cáncer pulmonar, los fisiólogos y patólogos no dicen que se requieren unos 20 años de incubación hasta que un caso alcanza su pleno desarrollo (“lento”); los que se salvan no son los fumadores que esperan hasta la aparición de síntomas, sino más bien los que se someten periódicamente a exámenes de tórax por medio de rayos X (“engañoso” , “insidioso”). “Un venenp sumamente malignp”.

El estilo de vida adventista

Entre los años 1958 y 1965, investigadores de la Universidad de Loma Linda llevaron a cabo un estudio de 50.000 miembros de la Iglesia Adventista, con un grupo control de 50.000 no adventistas. Comparados con la proporción de casos presentes entre la población general, los adventistas sufren solo:

· 20% de cáncer pulmonar (es decir apenas la quinta parte de lo que sufre el público en general).

· 5% de cáncer de boca, garganta y laringe.

· 32% de bronquitis y enfisema.

· 28% de cáncer de la vejiga.

· 34% de cáncer del esófago.

·13% de cirrosis del hígado.

· 72% de cáncer de los senos.

· 65% de cáncer del aparato digestivo.

· 62% de leucemia.

· 61% de cáncer de los ovarios.

· 54% de cáncer uterino.

· 66% de todos los demás cánceres.

· 55% de correspondiente a enfermedades del corazón.

· 54% de derrames cerebrales.

· 55% de correspondiente a diabetes.




Elena G. de White: Experiencia y Escritos - Por Arturo L. White


¿En qué forma entienden los adventistas la inspiración? ¿Es diferente este concepto del que se sustenta comúnmente?

El concepto adventista es diferente en algunos aspectos, pues ni participa de los puntos de vista liberales modernos que atacan la autoridad de la Palabra de Dios, ni de los conceptos ultraconservadores que hacen del profeta un autómata, una máquina, que es impulsado a hablar o escribir.

Como adventistas del séptimo día somos muy afortunados al estudiar este problema. Para sacar nuestras conclusiones, no dependemos de escritos de hace 19 siglos que nos han llegado mediante transcripciones y traducciones. Para nosotros la inspiración es algo casi contemporáneo, pues tenemos un profeta entre nosotros.

Y aún más: en lugar de tener unos pocos y cortos documentos o un puñado de cartas, poseemos los numerosos y variados escritos de Elena G. de White, redactados en un lapso de 70 años, que comprenden sus libros, sus 4.600 artículos, y sus manuscritos, cartas y diarios. También tenemos los testimonios de sus contemporáneos, que vivieron y trabajaron muy cerca de ella. Ellos y ella discutieron muchos puntos en cuanto a sus visiones y la forma en que le fueron dadas, y cómo ella impartía los mensajes a aquellos a quienes estaban dirigidos. En resumen: estos testigos discutían con ella la obra de la inspiración.

Y algo muy importante para nosotros: escribió en una lengua moderna, la más extendida, en la cual la estudian la mayoría, y los que no pueden hacerlo tienen a su alcance las traducciones de sus escritos más importantes o necesarios.

Si aceptamos a Elena G. de White como un testigo honesto, entonces nos serán muy significativos su obra, sus declaraciones sobre la inspiración, y su concepto en cuanto a los profetas de la antigüedad. Por esto, cuanto ella dijo del trabajo del profeta en acción, puede muy bien formar la base para llegar a una conclusión exacta en cuanto a la inspiración.

Primero notaremos que cuando el Señor imparte luz al profeta, él no se ata a un solo método: “Dios, habiendo hablado… de muchas maneras… por los profetas…” (Heb. 1:1) Por lo tanto, no se debe buscar un método uniforme que gobierne los procedimientos divinos cuando entrega sus mensajes a sus instrumentos humanos. Esto es algo sumamente importante.

En segundo lugar, el profeta es y posee todas las cualidades propias de un ser humano: ve, escucha, huele, come, duerme, trabaja, habla, viaja, etc. Cuando es llamado al oficio profético, puede poseer o no cierto grado de conocimiento; pero a través de su obra profética continuará adquiriéndolo en la misma forma en que lo aprenden los demás. Su llamado como profeta no borra de su mente el conocimiento que obtuvo antes, ni tampoco entorpece sus facultades para proseguir adquiriendo conocimiento como lo hacía antes de ser llamado como profeta.

El hecho de que el Señor, en forma extraordinaria, haya llamado a una persona como profeta, la sitúa en una posición en donde recibirá información especial de Dios, la cual puede corresponder al campo de la teología y la experiencia religiosa, o bien al terreno histórico, refiriéndose a la providencia especial de Dios con su pueblo o las personas, o amonestando en cuanto a los peligros acerca de la determinación de Satanás de destruir la obra de Dios o la esperanza de las almas. También podría pertenecer al campo de la fisiología, la nutrición, la higiene, la educación, la administración de la iglesia, o aun podría tener que ver con la denuncia de pecados ocultos.

Como puede verse, los campos son ilimitados, porque la obra está en las manos de Dios. Esta experiencia singular pertenece al profeta. Aunque el Espíritu de Dios puede hablar a los corazones de las personas consagradas, no todos pueden ser profetas. Dios escoge al profeta: “Los santos hombres de Dios hablaron… inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Ped. 1: 21)

Las visiones y el testimonio

Un profeta puede recibir visiones durante el día, acompañadas por fenómenos físicos, (Dan. 10) o en la noche mediante sueños; (Dan. 7) luego comunicará el mensaje oralmente, en entrevistas o por escrito.

Hay, pues, dos asuntos inseparables: la recepción del mensaje, de la luz, y el testimonio que da validez o sea la presentación del mensaje, de la luz recibida del Espíritu Santo.

Puede ser que no se le permita comunicar inmediatamente el mensaje, pues quizá deba retenerlo hasta que sucedan ciertos acontecimientos; o bien la luz recibida es para orientar al profeta, quien no está en libertad de comunicar todo lo que ha recibido.

Por lo tanto, su mente puede ser un “depósito” del cual – previas circunstancias especiales – puede sacar y hablar. Pero a menudo hay necesidad inmediata de que comunique su mensaje.

Cómo recibió la luz Elena G. de White

Nótese la sencillez del lenguaje usado por E. G. de White para describir la forma en que recibió su primera visión: “Mientras estaba orando… el Espíritu Santo descendió sobre mí, y me pareció que me elevaba más y más, muy por encima del tenebroso mundo. Miré hacia la tierra para buscar al pueblo adventista, pero no lo hallé en parte alguna, y entonces una voz me dijo: ‘Vuelve a mirar un poco más arriba.’ Alcé los ojos y vi un sendero recto y angosto trazado muy por encima del mundo. El pueblo adventista andaba por ese sendero, en dirección a la ciudad que se veía en su último extremo” (PE, 14).

Observemos cómo y cuándo entra en visión: “El Espíritu Santo descendió sobre mí.” Aunque permaneció corporalmente en la sala en donde oraba, le parecía

1. que se elevaba por encima del mundo;

2. que volvía su mirada hacia la tierra;

3. que no podía ver lo que buscaba;

4. que escuchaba una voz que le hablaba;

5. que obedecía la orden de esa voz;

6. que levantaba su mirada y veía al pueblo adventista en marcha;

7. que contemplaba su lugar de destino;

8. que se unía a ellos cuando se regocijaban por el galardón.

Es muy claro que las experiencias en la visión fueron reales para ella: vio, sintió, escuchó, obedeció y actuó en lugares lejanos; participaba en la acción, aunque corporalmente permanecía en la sala. Pero los que la acompañaban en ese momento, nada vieron, nada escucharon. Y más tarde relataba o escribía en sus propias palabras sus experiencias.

A menudo, ya en visión, era conducida a un hogar o a una institución, y luego llevada de salón en salón o de un departamento a otro. Le parecía estar en los comités y contemplar las acciones de sus miembros, escuchar sus palabras y observar el medio ambiente.

En 1887 escribió desde Europa a uno de los obreros en cuanto a las normas inadecuadas de una de las instituciones. ¿Cómo recibió la información? “Me levanté a las tres de esta madrugada con un gran peso en mi mente… En mis sueños me encontraba en –, y mi Guía me dijo que tomara en cuenta y observara todo cuanto viera. Me hallaba en un lugar apartado, desde donde no podía ver pero sí escuchar todo lo que sucedía en el salón. Las personas discutían con usted en cuanto a los presupuestos, y oí que disputaban con usted por los altos cobros de la pensión, el hospedaje y el tratamiento. Escuché que usted con voz firme y decidida rehusó rebajar lo que se cobraba. Yo estaba atónita de ver cuán alto era este cobro” (Carta 30, 1887).

A veces veía edificios aún no construidos, pero que serían parte de una institución. Ella se refirió a éstos en una carta escrita en 1903: “He estado pensando cómo, después que comenzamos el Sanatorio de Battle Creek, me fueron mostrados en visión los edificios del sanatorio, listos para ser ocupados. El Señor me instruyó en cuanto a cómo debe hacerse el trabajo en estos edificios para que ejerzan una influencia salvadora sobre los pacientes.

“Todo esto me parecía muy real, pero cuando me levanté, encontré que el trabajo aún no había sido hecho, que los edificios no habían sido construidos.

“En otra oportunidad se me mostró un edificio grande que se construía en el lugar sobre el cual se levantaría el Sanatorio de Battle Creek. Los hermanos estaban muy preocupados en cuanto a quién se haría cargo de la obra. Me sentí muy apesadumbrada. Una de las autoridades se levantó en medio de nosotros, y dijo: ‘Aún no. Ustedes no están listos para invertir fondos en ese edificio, o para hacer planes para su dirección futura.’

“En este tiempo se había colocado el fundamento del sanatorio. Pero necesitábamos aprender la lección de esperar” (Carta 135, 1903).

Representaciones simbólicas

Dos párrafos consecutivos de un testimonio personal dirigido a un obrero destacado de los primeros años, demuestran cómo las experiencias de la vida fueron algunas veces representadas simbólicamente: “Me fueron presentadas muchas otras escenas concernientes a su caso.

Usted me fue presentado una vez mientras trataba de empujar un carro largo por una elevada pendiente; pero este carro, en lugar de subir la colina, continuaba descendiendo. Este carro representa el negocio de los alimentos como una empresa comercial, la cual no ha sido llevada adelante en la forma que Dios recomienda.

“En otra oportunidad usted me fue representado como un general montado en un caballo, llevando un estandarte. Vino uno y tomó de su mano el estandarte, que tenía estas palabras: ‘Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús,’ y fue pisoteado en el polvo. Lo vi a usted rodeado de hombres que lo identificaban con el mundo” (Carta 239, 1903).

A veces, los sucesos del pasado, el presente y el futuro gran abiertos delante de ella en forma panorámica. Entonces le parecía que presenciaba, en rápida sucesión, los eventos de la historia. He aquí una cita que nos muestra un poco cómo era iluminada su mente: “Al revelarme el Espíritu de Dios las grandes verdades de su Palabra, y las escenas del pasado y del porvenir, se me mandó que diese a conocer a otros lo que se me había mostrado, y que trazase un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas, y especialmente que la presentara de tal modo que derramase luz sobre la lucha futura que se va acercando con tanta rapidez.” (CS, 13, 14, Intr.)

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA




Elena G. de White y el uso de fuentes


Un abogado de Washington, especialista de derechos de autor, llegó a la conclusión de que Elena G. de White no cometió plagio y que sus obras no infringen las leyes de derechos de autor.

Elena G. de White no es culpable de infringir las leyes de derecho de autor ni de plagio. Esa es la opinión de Vincent L. Ramik, socio de Diller, Ramik & Wight, Ltd., un abogado que se especializa en las leyes que tienen que ver con patentes, marcas y derechos de autor, en Washington, D.C.

El Dr. Ramik comenzó a investigar los escritos de Elena G. de White después que Warren L. Johns, jefe del Departamento Legal de la Asociación General, solicitó los servicios de Diller, Ramik & Wight en abril del año pasado, por causa de las acusaciones realizadas contra la Sra. White por Walter Rea, en aquel momento pastor en Long Beach, California.

Ramik, es católico romano, dedicó más de 300 horas a la investigación de mil casos relevantes en la historia legal americana. Concluye su opinión legal de 27 páginas con una declaración inequívoca: “Basándonos en el estudio de los hechos y los precedentes legales ... Elena G. de White no cometió plagio, y sus obras no constituyen una violación de las leyes de derechos de autor ni piratería”.

El informe legal fue entregado en la oficina de Johns a fines de agosto pasado. Responde específicamente seis preguntas:

  1. 1. ¿Existía una ley federal de derechos de autor entre los años 1850 (cuando Elena G. de White comenzó a publicar) y 1915 (el año de su muerte) que otorgara a los autores derechos sobre su producción literaria? Si la hubo, ¿Cuál es la esencia de esa ley? ¿Difería sustancialmente de las leyes vigentes en 1981?
  2. 2. ¿El pago de regalías por parte de los editores era una práctica comercial y legal de aquella época?
  3. 3. ¿Los acuerdos de permisión para el uso de la propiedad literaria era una práctica comercial corriente en aquella época?
  4. 4. ¿Había una norma literaria que establecía el uso de comillas, notas de pie de página y citas bibliográficas en las obras literarias que utilizaran material literario de otros autores?
  5. 5. ¿Qué ley existía entre 1850 y 1915 que pudiera sugerir las características de la protección de un autor contra la piratería literaria?
  6. 6. ¿Hay algo entre las obras publicadas por Elena G. de White que pudiera sugerir la existencia de piratería literaria (infracción de la ley federal de derechos de autor) de acuerdo con las normas existentes entre 1850 y 1915?

La producción literaria de Elena de White tiene una extensión de aproximadamente 25 millones de palabras de una carrera como escritora de casi 70 años. Una buena cantidad de los más de 90 libros, incluyendo compilaciones, que resultaron de su pluma han sido traducidos a más de cien idiomas. El hecho de que Elena G. de White incorporara citas y material parafraseado de otros autores (principalmente historiadores de la Reforma y escritores devocionales contemporáneos del siglo XIX) en sus libros y artículos no es lo que ha estado en discusión. Durante su vida, ella y los dirigentes de la iglesia han reconocido repetidamente ese uso. Pero Walter Rea se tomó el trabajo de identificar las diferentes fuentes de las que se sirvió. Ese estudio demostró que la Sra. White se había servido de otras fuentes con más profusión de los que se había estimado previamente.

Libros sin derechos de autor

Ramik descubrió que muchos de los libros de los que Elena G. de White se había servido no tenían derecho de autor. Pero, continuó diciendo que aunque hubiera estado protegido por la ley, el uso de la fraseología e incluso el de varios párrafos no constituía una infracción de la ley de derechos de autor, ni plagio.

“Si el problema se hubiera llevado a las cortes entre 1850 y 1915, Elena G. de White no hubiera sido declarada culpable de infracción a la ley de derecho de autor”, concluyó Ramik.

El especialista en leyes encontró irónico que los más encarnizados críticos de Elena G. de White ofrecieran “la mejor evidencia” para sostener la posición de la no infracción. “En ningún momento –señaló Ramik- pudimos encontrar que los libros de Elena G. de White siguiera virtualmente el mismo plan y carácter que el de los predecesores. Tampoco encontramos, ni han hecho referencia a ello sus críticos, una intención en Elena de White de superponer sus obras en el mercado con la misma clase de lectores y compradores”. En vez de ello, invariablemente introdujo una considerable cantidad de material nuevo al que había utilizado, yendo más allá de los meros “cambios superficiales”, y el efecto creó una obra literaria completamente original.

Además, “la cabal compilación de las obras de Elena G. de White necesariamente refleja su trabajo y habilidad. Siendo que no copió (y la evidencia lo establece claramente) de ninguna de las obras anteriores en un grado sustancial, se mantiene perfectamente dentro de los márgenes legales del ‘uso honesto’.

“Además, siendo que los materiales fueron seleccionados de una variedad de fuentes, y fueron dispuestos y combinados con ciertos pasajes del texto de la obra original, demostrando de alguna manera el ejercicio de la discreción, la habilidad, la experiencia y el juicio, el uso fue ‘honesto’”.

La intención es un ingrediente principal que debe demostrarse en los casos de plagio; y Ramik cree que lo ha probado no solamente por medio de las declaraciones publicadas por la misma Sra. White sino por lo admitido por sus críticos mismos, de que ella no intentó cometer un fraude al servirse de otras producciones literarias.

Procediendo únicamente con las más elevadas intenciones y motivos –dijo Ramik- la Sra. White modificó, exaltó y mejoró” mucho de lo que otros habían escrito, de una manera completamente ética y legal.

“Es imposible imaginarse que la intención de Elena G. de White, tal como la reflejan sus escritos y el esfuerzo prodigioso realizado por ella, no fue otra cosa que un esfuerzo motivado por la sinceridad y la falta de egoísmo para decir las verdades bíblicas de una manera coherente para que todos los vieran y las comprendieran.

“Más aún. La naturaleza y el contenido de sus escritos tenía una esperanza e intención: que la humanidad pudiera comprender la Palabra de Dios”. En su documento, Ramik concluyó: “Considerando todos los factores necesarios para llegar a una conclusión justa sobre este asunto, declaramos que los escritos de Elena de White definidamente no




El espíritu de profecía en la predicación


Son muchos los que asocian este concepto con Elena e White, distorsión que necesita ser revisada.

Por JUAN C. VIERA (ex director del Patrimonio White, de la Asociación General)

La expresión espíritu de profecía ha sido tradicionalmente usada por los adventistas para referirse a os escritos de Elena G. de White, a quién la iglesia acepta como la mensajera inspirada por Dios para ayudar en los comienzos y el establecimiento del movimiento adventista, y para brindar instrucción a la iglesia.

No obstante, la iglesia oficialmente reconoce que la manifestación prioritaria del espíritu de profecía se expresa en las sagradas escrituras, a través de la voz de los profetas del Antiguo y Nuevo Testamento. La iglesia adventista acepta la Biblia como su única norma de fe y práctica (véase Creencias Fundamentadas de los Adventistas, Nº 1).

Mediante esta exposición nos proponemos plantear lo siguiente:

  1. Las Escrituras profetizaban la aparición de un movimiento religioso en los “últimos días” con el fin de anunciar la cercanía del juicio de Dios y el establecimiento de su reino (véase Apoc. 14:6).
  2. En este movimiento religioso se manifestó el don profético del mismo modo como ocurrió en otros tiempos de la historia del pueblo de Dios (Ibíd.., 10:11; 12:17; 19:10).
  3. Esta manifestación especial del don de profecía se expresó por intermedio del ministerio de Elena de White en un período comprendido entre 1844- 1915. Durante estos 70 años, Dios envió mensajes de instrucción, amonestación, corrección y orientación a sus hijos, registrados para la orientación del pueblo remanente de decenas de libros, artículos, cartas y manuscritos.
  4. La mensajera del Señor siempre invitó a sus oyentes y lectores a ir a Cristo y a la Biblia como las fuentes originales para el conocimiento de la verdad. “Recomiendo al amable lector la Palabra de Dios como regla de fe y práctica” (extraído de su primera publicación [1851] y citado en Primeros escritos, p. 78).

I. LA PREDICACIÓN EN TIEMPOS BIBLICOS

A. El Mensaje Profético en el Antiguo Testamento

Antes de la existencia del canon bíblico, el pueblo de Dios aprendió a escuchar oralmente al profeta, o repetir a las nuevas generaciones las palabras proféticas escritas en libros (Éxo. 24:1-4; Deut. 3:9-13).

El respeto por la palabra profética se manifestaba en diferentes circunstancias y eventos de la historia del pueblo de Dios. El profeta era consultado antes de tomar las decisiones importantes, y su predicación era escuchada no sólo por su pueblo sino por otras naciones que lo reconocían como un representante del Dios verdadero (Ilustra este hecho la historia de Jonás y el mensaje a Nínive.)

Este mismo respeto se manifestaba por parte de un profeta hacia la palabra de otro profeta (Dan. 9:1, 2).

Los dirigentes fieles recomendaban al pueblo aceptar y seguir las instrucciones proféticas (2 Crón. 20:20). En cambio, los dirigentes impíos rechazaban el consejo inspirado , y sus súbditos seguían sus pisadas (Jer., caps. 26, 36, 37).

B. Cristo como modelo de predicación

El Maestro de los maestros usó profusamente los escritos proféticos, no sólo para contrarrestar los efectos de las tentaciones satánicas, sino también para reafirmar el mensaje de los profetas y presentar su propio oficio meseánico, ya previsto en las Escrituras (Mat. 4:16-21; Luc. 24:44-46).

Los grandes sermones de Cristo registrados en los Evangelios están fundamentados en los escritos de los profetas. La función de Cristo como predicador era aclarar, ampliar y aplicar las enseñanzas de los profetas, pero nunca anularlas, reemplazarlas o denigrarlas (El Sermón del Monte – Mat., caps.5-7 – ilustra este planteamiento).

Aunque era Autor de la doctrina, nunca reclamó para sí mismo esta originalidad. Por el contrario, su sujeción a la doctrina de Padre, tanto en la predicación como en las enseñanzas, fue total (Juan 7:15-19; 12:49, 50).

C. La predicación apostólica

Los primeros sermones registrados en el libro de Hechos tienen un ingrediente en común: se basan en los escritos de os profetas para llegar a la conclusión de que Cristo era el Mesías (sermones de Pedro y de Esteban en Hech., caps. 2, 7).

En un aspecto general, las cartas apostólicas comienzan haciendo referencia a los escritos de os profetas, o se basan en sus escritos para aconsejar a la iglesia (Rom. 1: 1-4; Heb. 1:1, 2; 2 Ped. 3: 1, 2).

En un sentido más específico, los apóstoles se refieren al espíritu de profecía como su fuente especial de autoridad y poder, tanto en la predicación como en la enseñanza ( 1 Cor. 2:1-13; 2 Ped. 1:19-21).

En los casos de Pablo Pedro, la predicación de ellos estaba basada en los escritos proféticos del pasado, pero afirmada y avalada por manifestaciones del espíritu de profecía de su tiempo, y a través de sus personas.

II. EL CONSEJO INSPIRADO CON REFERENCIA A LA PREDICACIÓN

A. Predicar a Cristo

El consejo bíblico: 1 Cor. 1:18 – 2:2

El consejo de los escritos de Elena de White:

¡Ojalá pudiese yo disponer de un lenguaje suficientemente fuerte para producir la impresión que quisiera hacer sobre mis colaboradores en el evangelio! Hermanos míos, estáis manejando las palabras de vida; estáis tratando con mentes capaces del más elevado desarrollo. Cristo crucificado, Cristo resucitado, Cristo ascendido al cielo, Cristo que va a volver, debe enternecer, alegrar y llenar de tal manera la mente del predicador, que sea capaz de presentar estas verdades a la gente con amor y profundo fervor. Entonces el predicador se perderá de vista, y Jesús quedará manifiesto” (Obreros evangélicos, pp. 167, 168).

“La gente debe recibir algo más que teorías; debe recibir el Pan vivo del cielo. En un lenguaje simple y claro, decid a cada persona lo que debe hacer para ser salva. Dios es nuestro ayudador. Él nos llama a dar a conocer las inescrutables riquezas de la gracia e Cristo. No prediquéis vuestras ideas; predicad a Cristo. Permitid que la luz de su justicia brille en vuestros corazones y sea revelada en vuestra enseñanza” (Special Tesmonies to Ministers, Nº 7, p. 8).

“Mis hermanos, predicad a Cristo. Necesitamos elevarlo a él ante el mundo, para que los hombres puedan ver su misericordia y su justicia. Meditad en las lecciones que Cristo diera a sus discípulos, con el fin de presentarlas otra vez ante el mundo. Este es el Verbo que ‘fue hecho carne y habitó entre nosotros’. Los intereses eternos dependen de conocer a Cristo como su salvador personal e individual” (1888 Materials, p. 8).

B. Predicar la Palabra

El consejo bíblico: 2 Tim. 4: 1-5

El consejo de Elena de White:

“Los ministros no han de predicar las opiniones de los hombres, no han de relatar anécdotas o realizar representaciones teatrales, no han de exhibir el yo; mas, como si estuvieran en la presencia de Dios y del Señor Jesucristo, han de predicar la Palabra de una manera que deje la más solemne impresión en los que la escuchen (El evangelismo, pp. 154, 155).

“Que prediques la Palabra’. Comparada con la Palabra, cualquier otra cosa es débil en sí misma. La Palabra de Dios es el arma en nuestra guerra. Educad, entrenad a nuestro pueblo a ser hacedores de la Palabra, para que moren en Cristo, y Cristo more en ellos. Entonces podrán discernir los engaños satánicos y no ignorar sus estratagemas” (The Home Missionary, 1º de diciembre de 1894).

“Predicad la Palabra. Es la Palabra la que demanda vuestra atención. No hay tanta necesidad de conocer a diversos autores, como de conocer al Libro de los libros. La mente se esfuerza y piensa profundamente cuando la Palabra es investigada diligentemente. Predicad la Palabra practicad la verdad, tanto en vuestra vida diaria como en la exposición de la Escritura en el púlpito” (Review and Herald, 24 de abril de 1888).

“Tengo algo que decir a los jóvenes que han estado enseñando la verdad. Predicad la Palabra. Puede ser que tengáis mentes inventivas. Puede ser que seáis expertos, tal como loa maestros judíos, en formular nuevas teorías..Que los que se sienten tentados a complacerse en la invención de doctrinas caprichosas y llenas de fantasía, caven profundamente en las minas de la verdad celestial para obtener las riquezas que significan vida eterna al que las recibe. Los que estudian la Palabra de Dios con fervor obtendrán un tesoro precioso, porque los ángeles celestiales los dirigirán en su investigación.

“La oposición de las leyes humanas a los preceptos de Jehová producirá el último gran conflicto de la controversia entre la verdad y el error. Estamos entrando ahora en esa batalla, que no es simplemente entre iglesias rivales que contienden por la supremacía, sino entre la religión de la Biblia y las religiones de las fábulas y tradiciones... Los tremendos y eternos resultados que están en juego exigen de nosotros algo mas que una religión imaginaria, de palabras y formas, que mantenga a la verdad en el atrio exterior. Dios pide un reavivamiento y una reforma. Las palabras de la Biblia, y de la Biblia sola, deben oírse desde el púlpito”(Profetas y reyes, p. 461).

III. PROPÓSITOS Y OBJETIVOS DE LOS “TESTIMONIOS”

A. Llevas las mentes a la Palabra.

“Poco caso se hace de la Biblia, y el señor ha dado una luz menor para guiar a los hombres y mujeres a la luz mayo...”

“El Hno, J... quiere confundir los ánimos tratando de hacer aparecer que la luz que Dios me ha dado por medio de los Testimonios es una adición a la Palabra de Dios; pero da así una falsa idea sobre el asunto. Dios ha visto propio atraer de este modo la atención de este pueblo a su Palabra, para darle una comprensión más clara de ella. La Palabra de Dios basta para iluminar la mente más oscurecida, y puede ser entendida por los que tienen deseos de comprenderla. Pero no obstante todo eso, algunos que profesan estudiar la Palabra de Dios se encuentran en oposición directa a sus más claras enseñanzas. Entonces, para dejar a los hombres sin excusa, Dios da testimonios claros y señalados, con el fin de hacerlos volver a la Palabra que no han seguido...

“Además de la instrucción de su palabra, el señor ha dado testimonios especiales a su pueblo, no como una nueva revelación, sino que él desea presentar delante de nosotros las lecciones claras de su Palabra para que puedan corregirse errores, para que pueda señalarse el camino correcto, para que cada persona esté sin excusa” (Extractos del capítulo “La primacía de la Palabra”, Mensajes selectos, t.3, pp. 31-36).

“Los testimonios del Espíritu de dios son dados para dirigir a los hombres a su Palabra que ha sido descuidada. Ahora bien, si sus mensajes no son atendidos, el espíritu Santo queda excluido del ser. ¿Qué otros medios tiene Dios en reserva para enseñar a los que yerran y mostrarles su verdadera condición?” (Mensajes selectos, t. 1, p. 52).

B. Ayudar en la comprensión de la Palabra

“En aquel tiempo [después del chasco de 1844] se nos presentaba un error tras otro, ministros y doctores traían nuevas doctrinas. Solíamos escudriñar les Escrituras con mucha oración, y el Espíritu Santo revelaba la verdad a nuestra mente. A veces dedicábamos noches enteras a escudriñar las Escrituras y a solicitar fervorosamente la dirección de Dios. Se reunían con este propósito grupos de hombres y mujeres piadosos. El poder de Dios bajaba sobre mi, y yo recibía capacidad para definir claramente lo que era verdad y lo que era error” (Obreros evangélicos, p. 317).

“En ese tiempo había fanatismo entre algunos de los que habían creído el primer mensaje. Albergaban grandes errores de doctrina y práctica, y algunos estaban dispuestos a condenar a todos los que no aceptasen sus opiniones. Dios me reveló esos errores en visión, y me mandó a sus hijos que erraban para declarárselos”(Joyas de los testimonios, t. 2, p. 271).

IV. CUÁNDO SE DEBERÍAN USAR LOS “TESTIMONIOS”

A. En predicaciones para el público en general

“En el trabajo público no hagáis prominente no citéis los que la Hna. White ha escrito, como autoridad para sostener vuestra posición. El hacer esto no aumentará la fe en los Testimonios. Presentad vuestras evidencias en forma clara y sencilla, extrayéndolas de la Palabra de Dios. Un ‘así se dice el Señor’ es el testimonio más poderoso que podéis presentar a la gente. Que nadie sea educado a mirar a la Hna. White, sino a Dios poderoso, que de las instrucciones a la Hna. White”( Mensajes selectos, t. 3, pp. 31, 32).

B. Para establecer una doctrina

“En su Palabra, Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad. Constituyen la regla del carácter; nos revelan doctrinas, y son la piedra de toque de la experiencia religiosa.

“El Espíritu no fue dado – ni puede jamás ser otorgado – para invalidar la Biblia, pues las Escrituras declaran explícitamente que la Palabra de Dios es al regla por la cual toda enseñanza y toda manifestación religiosa debe ser probada” (El conflicto de los siglos, pp. 9, 10).

C. Cuando no se ha buscado y obedecido la Biblia

“¿Cómo puede el Señor bendecir a aquellos que manifiestan un espíritu que dice: ‘A mi no me importa’, un espíritu que los conduce a andar contrariamente a la luz que el Señor les ha dado? Pero no os pido que toméis mis palabras. Poned a la Hna. White a un lado. No citéis mis palabras de nuevo en toda vuestra vida hasta que obedezcáis la Biblia. Cuando hagáis de la Biblia vuestro alimento, vuestra comida y vuestra bebida, cuando hagáis de sus principios los elementos vuestro carácter, sabréis mejor cómo recibir el consejo de Dios. Exalto la preciosa Palabra delante de vosotros hoy” (Mensajes selectos, t. 3, p. 35).

CONCLUSIONES

Basados en la declaraciones precedentes, podemos extraer las siguientes conclusiones:

  1. 1. El funcionamiento doctrinal y teológico de todos nuestros sermones y predicaciones debe ser la Palabra de Dios. Sin abrir la Biblia no se debe predicar el evangelio.
  2. 2. El centro y foco de todos nuestros sermones y predicaciones debe ser Cristo. Cristo debe ocupar el primero, el último y el mejor lugar en nuestra exposición del evangelio.
  3. 3. La Biblia no debe ser reemplazada por ideas propias, filosofías extrañas o anécdotas que sólo tienen el propósito de divertir.
  4. 4. Cristo debe ser el Centro del Mensaje y no el predicador ni otros autores o pensadores.
  5. 5. Aceptar el “consejo inspirado” significa colocar a Cristo y su Palabra en el Centro de nuestro mensaje.
  6. 6. Los escritos del espíritu de profecía tienen como propósito básico ayudarnos a entender la verdad básica y prevenirnos de posibles errores de interpretación. En este sentido, son una ayuda primordial para el predicador en la preparación de sus sermones.
  7. 7. Los Testimonios dirigen al oyente y al lector a Cristo y a su Palabra. En este sentido, su inclusión para reafirmar una verdad bíblica, para aclarar un texto con varios posibles significados, o para exaltar a Cristo, está plenamente de acuerdo con el concepto de un sermón “bíblico” y “Cristocéntrico”.
  8. 8. La “palabra profética” es más “segura” o “permanente” que la de otros autpres (2 Ped. 1: 19-21). En nuestra lista de referencias a usar en un sermón, la “palabra profética” debe tener prioridad sobre teólogos famosos, autores renombrados, comentarios bíblicos o cualquier otra referencia secular o religiosa.#




El Testimonio del Profeta - Por Arturo L. White


Hay dos aspectos en la experiencia del profeta: la visión en sí, y el testimonio o comunicación de lo que le ha sido revelado. El profeta debe entregar su mensaje en el lenguaje más claro y preciso que pueda.

El profeta puede tener las palabras adecuadas para hacerlo satisfactoriamente, o darse cuenta de que debe estudiar diligentemente para adquirir los vocablos que hagan que su mensaje sea preciso e impresionante. El mismo mensaje, en diferentes ocasiones, podrá presentarlo en diferentes términos. Mientras escribía El Deseado de todas las gentes, su autora declaró: “Tiemblo de temor, no sea que empequeñezca el gran plan de salvación con las palabras comunes” (EGWMR, 59). El mensaje puede también sufrir deterioro por la imperfección del lenguaje humano: “La Biblia… fue escrita por manos humanas, y la diversidad de estilo de sus diferentes libros muestra la individualidad de cada uno de sus escritores. Las verdades reveladas son todas inspiradas por Dios; (1 Tim. 3: 16) y con todo están expresadas en palabras humanas. Es que el Ser supremo e infinito iluminó con su Espíritu la inteligencia y el corazón de sus siervos. Les daba sueños y visiones, y les mostraba símbolos y figuras; y aquellos a quienes la verdad fue así revelada, revestían el pensamiento divino con palabras humanas…

“Escritos en épocas diferentes y por hombres que diferían notablemente en posición social y económica, y en facultades intelectuales y espirituales, los libros de la Biblia presentan contrastes en su estilo, como también diversidad en la naturaleza de los asuntos que desarrollan. Sus diversos escritores se valen de expresiones diferentes; a menudo la misma verdad está presentada por uno de ellos de modo más notable que por otro…

“Presentada por diversas personalidades, la verdad aparece en sus variados aspectos. Un escritor percibe con más fuerza cierta parte del asunto; comprende los puntos que armonizan con su experiencia o con sus facultades de percepción y apreciación; otro nota más bien otro aspecto del mismo asunto; y cada cual, bajo la dirección del Espíritu Santo, presenta lo que ha quedado impreso con más fuerza en su propia mente. De ahí que encontremos en cada uno un aspecto diferente de la verdad, pero perfecta armonía entre todos ellos. Y las verdades así reveladas se unen en perfecto conjunto, adecuado para satisfacer las necesidades de los hombres en todas las circunstancias de la vida.” (CS, 8-9, Intr.)

Aunque el profeta emplea sus propios medios de expresión, de todas maneras, el Espíritu Santo sigue actuando. Este es un punto vital: “Aunque dependo del Espíritu del Señor tanto para escribir mis visiones como para recibirlas, sin embargo las palabras que empleo para describir lo que he visto son mías, a menos que sean las que me habló un ángel, las que siempre incluyo entre comillas” (1MS, 42).

Y recalca: “Mediante la inspiración de su Espíritu, el Señor dio la verdad a sus apóstoles, para que la expresaran de acuerdo con su mentalidad mediante el Espíritu Santo. Pero la mente no está sujeta, como si hubiera sido forzada dentro de cierto molde” (1MS, 25).

El profeta, pues, recibe el mensaje por medio de visiones mientras está totalmente bajo la influencia del Espíritu de Dios; e imparte su testimonio bajo la dirección del Espíritu de Dios, pero no hasta el punto de ser un robot o de estar sometido a un molde fijo, sino que comunica el mensaje en la mejor manera, de acuerdo con su estilo y preparación; en esta forma influye de manera particular sobre los que tienen una formación semejante a la suya.

A veces las mismas palabras que usará son impresas en su mente por el Espíritu: “Estoy tratando de conseguir las mismas palabras y expresiones que fueron usadas en relación con este asunto, y como mi pluma vacila un momento, las palabras apropiadas vienen a mi mente” (EGWW, 22).

En otra declaración dice: “Cuando escribo algo importante, él [el Espíritu Santo] está junto a mí ayudándome…, y cuando busco una palabra apropiada para expresar mi pensamiento, él la trae clara y distintamente a mi memoria” (Carta 127, 1902).

Temas históricos

La historia le fue presentada a la Sra. White como una base sobre la cual debía trazar la narración de la gran controversia. Ella nos dice cómo le fue presentada la controversia: “Mediante la iluminación del Espíritu Santo, las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal fueron reveladas a quien escribe estas páginas. En una y otra ocasión se me permitió contemplar las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo, Príncipe de la vida, Autor de nuestra salvación, y Satanás, príncipe del mal, autor del pecado y primer transgresor de la santa ley de Dios” (CS, 13).

Su experiencia fue similar a la de Moisés sobre el monte Nebo, al mostrársele la tierra prometida: “Se le presentó luego una visión panorámica de la tierra de promisión. Cada parte del país quedó desplegada ante sus ojos, no en realce débil e incierto en la vaga lejanía, sino en lineamientos claros y bellos que se destacaban ante sus ojos encantados. En esta escena se le presentó la tierra, no con el aspecto que tenía entonces sino como había de llegar a ser bajo la bendición de Dios cuando estuviese en posesión de Israel.

“Le pareció estar contemplando un segundo Edén. Había allí montañas cubiertas de cedros del Líbano, colinas que asumían el color gris de sus olivares y la fragancia agradable de la viña, anchurosas y verdes planicies esmaltadas de flores y fructíferas; aquí se veían las palmeras de los trópicos, allá los undosos campos de trigo y, cebada, valles soleados en los que se oía la música del murmullo armonioso de los arroyos y los dulces trinos de las aves, buenas ciudades y bellos jardines, lagos ricos en ‘la abundancia de los mares,’ rebaños que pacían en las laderas de las colinas, y hasta entre las rocas los dulces tesoros de las abejas silvestres…

“Moisés vio al pueblo escogido establecido en Canaán, cada tribu en posesión de su propia heredad. Alcanzó a divisar su historia después de que se establecieran en la tierra prometida; la larga y triste historia de su apostasía y castigo se extendió ante él. Vio esas tribus dispersadas entre los paganos a causa de sus pecados, y a Israel privado de la gloria, con su bella ciudad en ruinas, y su pueblo cautivo en tierras extrañas. Los vio restablecidos en la tierra de sus mayores, y por último, dominados por Roma.

“Se le permitió mirar a través de los tiempos futuros y contemplar el primer advenimiento de nuestro Salvador… Siguió al Salvador a Getsemaní y contempló su agonía en el huerto, y cómo era entregado, escarnecido, flagelado y crucificado…, miró otra vez, y le vio salir vencedor de la tumba y ascender a los cielos escoltado por los ángeles que le adoraban, y encabezando una multitud de cautivos” (PP, 506-508).

El dramático relato prosigue. Moisés, estupefacto, contempla los sucesos: ve, escucha, participa; todos sus sentidos actúan. La historia del futuro se le presentó en forma vívida. Es muy improbable que se le hayan revelado fechas; no es probable que todas las ciudades que vio fueran nombradas. Estos eran detalles intrascendentes para el desarrollo de la visión.

¿Se le mostraron a Elena G. de White, en cada ocasión, todos los nombres y las fechas de los eventos que contempló? La evidencia nos dice que no.

Ella vio ocurrir los eventos significativos en el desarrollo de la gran controversia; los detalles y referencias incidentales fueron de menor importancia. Alguna de esta información puede hallarse en los escritos sagrados; otra, en las fuentes históricas responsables. Es evidente que para Dios no era esencial impartir tales detalles.

Observaciones de Guillermo C. White

Guillermo C. White, hijo de la Sra. White, describe así la experiencia de ella: “Mi madre nunca ha afirmado que es una autoridad en historia. Las cosas que ha escrito son descripciones de detalles fulgurantes y otras representaciones dadas a ella en relación con las acciones de los hombres, y la influencia de estas acciones sobre la obra de Dios en el plan de salvación, acciones que se refieren al presente, el pasado y el futuro. Y al escribir en cuanto a estos aspectos, ha hecho uso de declaraciones históricas precisas y apropiadas para hacer más claras al lector las cosas que ella se esfuerza por presentar.

“Cuando yo era muchacho la escuché leerle a mi padre la Historia de la Reforma, de d’Aubigné. Le, leyó mucho, acaso los cinco volúmenes completos. Ella ha leído otras historias de la Reforma. Esto le ha ayudado a situar y describir muchos de los eventos y movimientos presentados a ella en visión. Es algo similar a la manera en que el estudio de la Biblia le ayuda a localizar y describir muchas representaciones simbólicas que ha recibido en cuanto al desarrollo de la gran controversia en nuestro tiempo.” (Asociación General, octubre 30, 1911. Citado en EGWW, 33)

Pocos meses después, de nuevo declaró: “En cuanto a los escritos de mi madre y su uso como autoridad en hechos históricos y en cronología, ella nunca ha deseado que nuestros hermanos la consideren como tal. Las grandes verdades reveladas a mi madre en cuanto a la controversia entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, le fueron dadas de muchas maneras, pero mayormente como detalles fulgurantes de grandes acontecimientos en las vidas de los individuos y en las experiencias de las iglesias de los reformadores y las naciones…

“Cuando escribía de la experiencia de los reformadores durante la Reforma, y del movimiento del advenimiento en 1844, mi madre a menudo daba al comienzo una descripción parcial de algunas escenas que se le presentaban. Más tarde escribía, repetidamente, en forma cada vez más completa. Sé que escribe sobre un tema cuatro o cinco veces, y luego se lamenta porque no pudo desplegar un lenguaje apropiado para describirlo más perfectamente.”

Descripciones parciales

“Cuando escribía El conflicto de los siglos, algunas veces dio una descripción parcial de un suceso histórico importante, y cuando su secretaria preparaba los manuscritos para el impresor, ésta averiguaba fechas y lugares. Mi madre solía decir que esos datos habían sido registrados por historiadores serios, y que por lo tanto debían insertarse.

“Cuando fue escrito El conflicto, mi madre nunca pensó que los lectores lo tomarían como una autoridad en historia, o que lo usarían para desatar polémicas en cuanto a detalles de historia, y aún piensa lo mismo. Mi madre tiene en gran estima el trabajo de esos fieles historiadores que dedicaron años al estudio del gran plan de Dios como se presenta en la profecía, y en el desarrollo de ese plan como se registra en la historia.” (Carta a W. W. Eastman, noviembre 4, 1912. EGW, 34)

Con respecto a la historia de la Reforma, su siguiente declaración es significativa: “Han sido presentados delante de mí los sucesos en la historia de los reformadores” (Carta 48, 1894).

En cuanto a esto, W. C. White escribió: “Los contactos de mi madre con el pueblo de Europa le recordaron muchas cosas que le habían sido presentadas en años anteriores, algunas de ellas, dos o tres veces; y otras, muchas veces” (EGWW, 124).

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)




El problema de la infalibilidad - Por Arturo L. White


Refiriéndose a la Biblia, Elena G. de White declara: “Las Sagradas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad… ‘Toda Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir’” (CS, 9).

Ella no niega que el lenguaje de la Biblia sea usado por algunos para sacar falsas conclusiones. Por una parte ella afirma que las Escrituras contienen una revelación infalible; pero, por otra, que el lenguaje usado para impartirla es humano y, por lo tanto, imperfecto.

“Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla. Sólo Dios es infalible… El Señor habla a los seres humanos en lenguaje imperfecto, a fin de que puedan comprender sus palabras los sentidos degenerados, la percepción opaca y terrena de seres terrenos. Así se muestra la condescendencia de Dios. Se encuentra con los seres humanos caídos donde ellos están. La Biblia, perfecta como es en su sencillez, no responde a las grandes ideas de Dios pues las ideas infinitas no pueden ser perfectamente incorporadas en los vehículos finitos del pensamiento. En vez de que las expresiones de la Biblia sean exageradas, como muchos suponen, las expresiones vigorosas se quebrantan ante la magnificencia del pensamiento, aunque el escribiente elija el lenguaje más expresivo para transmitir las verdades de la educación superior” (1MS, 42, 25-26).

Los manuscritos del profeta

No sabemos cómo los profetas antiguos preparaban sus manuscritos. ¿Tachaban una palabra y la reemplazaban con otra que expresara mejor un determinado concepto? ¿Hubo defectos gramaticales en su primera composición, o ésta era perfecta? Los manuscritos originales no existen; no podemos, pues, examinarlos.

Pero de Elena G. de White sí tenemos los manuscritos originales. El hecho de que el Espíritu Santo descansara sobre ella no le concedió un conocimiento perfecto de la ortografía y la gramática. Trabajó muy cuidadosamente y, con la ayuda de Dios, adquirió la habilidad para presentar la verdad en forma clara e impresionante; pero esto le exigió un esfuerzo constante e intenso. En sus manuscritos se revela un desarrollo progresivo en el vocabulario y en la habilidad para usar las palabras.

Sus contemporáneos reconocieron que errores gramaticales pueden aparecer en escritos inspirados, pero esto no disminuyó su confianza ni impidió que aceptaran sus escritos.

Elena G. de White reconoció abiertamente la ayuda que ella recibía de sus asistentes: “Mientras mi esposo vivió, actuó como ayudante y consejero en el envío de los mensajes que me eran dados. A veces se me daba luz durante la noche, a veces durante el día delante de grandes congregaciones. La instrucción que recibía en visión era fielmente redactada por mí cuando tenía tiempo y vigor para esa obra. Después examinábamos juntos el asunto. Mi esposo corregía los errores gramaticales y eliminaba las repeticiones inútiles. Esto era cuidadosamente copiado para las personas a quienes iba dirigido, o para el impresor.

“A medida que creció la obra, otros me ayudaron en la preparación del material para su publicación. Después de la muerte de mi esposo, se me unieron fieles ayudantes, los que trabajaron infatigablemente en la obra de copiar los testimonios y preparar artículos para su publicación.

“Pero no son verdaderos los informes que han circulado, que se permitía a cualquiera de mis ayudantes añadir material o cambiar el sentido de los mensajes que escribo” (1MS, 57).

Estos ayudantes no se desconcertaban por hallar falta de concordancia de tiempo en una oración, en un manuscrito o en un escrito anterior. El ministerio de ella tenía las credenciales divinas, y ellos reconocían que el mensaje era de Dios.

En 1883 fue necesario publicar de nuevo unos folletos tempranos de los testimonios, y la Sra. White y sus asociados reconocieron que debían corregirse ciertos defectos de expresión para presentar el mensaje en la mejor forma literaria posible.

Debido a su importancia, el asunto fue presentado al concilio de la Asociación General en 1883. Y entonces, no sólo se tomaron decisiones importantes en cuanto a la reimpresión de los Testimonios, sino que se alertó a la denominación acerca de ciertos principios que tienen que ver con las expresiones del Espíritu Santo. Citamos de las actas de esa reunión:

32. “CONSIDERANDO que algunos volúmenes impresos de los Testimonios para la iglesia están agotados, y no se puede obtener el juego completo, y,

“CONSIDERANDO que hay un pedido urgente para que se reimpriman estos volúmenes, por lo tanto,

“SE RESUELVE: que recomendemos su reimpresión en cuatro volúmenes de 800 páginas cada uno, y no en siete. (En inglés, por supuesto.)

33. “CONSIDERANDO que muchos de estos Testimonios fueron escritos bajo las más desfavorables circunstancias, pues la escritora estaba apremiada con trabajo y preocupaciones para poder dedicar consideración crítica’ a la perfección gramatical de sus escritos, y que éstos fueron impresos con tal prisa que se deslizaron estas imperfecciones gramaticales sin ser corregidas, y,

“CONSIDERANDO que creemos que la luz de Dios dada a sus siervos es para la iluminación de la mente, para impartir los pensamientos, y no – excepto en casos excepcionales – las palabras exactas en las cuales se expresan las ideas; por lo tanto,

“SE RESUELVE que, en la reimpresión de estos volúmenes, se hagan los cambios verbales necesarios para corregir las imperfecciones mencionadas hasta donde sea posible, pero sin alterar en nada el pensamiento; y, además,

34. “SE RESUELVE que este cuerpo escoja un comité de cinco personas para que se hagan cargo de la reimpresión de estos volúmenes de acuerdo a los votos y resoluciones que se han tomado” (RH, noviembre 27, 1883).

Una explicación editorial

Cinco años después Urías Smith discutió en un editorial de la Review and Herald la siguiente pregunta: “¿Cuáles son inspiradas, las palabras o las ideas?”

El mismo interrogador continúa: “¿No es una palabra signo de una idea? ¿Cómo puede, entonces, ser inspirada una idea, y no serlo los signos que transmiten la idea a la mente?”

Respuesta: “Si no hubiera más que una palabra para expresar una idea, sería así; pero cuando hay quizá cientos de maneras de expresar la misma idea, el asunto es muy diferente. Por supuesto, si el Espíritu Santo diera a una persona palabras que escribir, estaría obligada a usar esas mismas palabras sin cambiarlas. Pero cuando una escena o situación es presentada a una persona, y no se le da el lenguaje o las palabras específicas, estará en libertad para describirla con sus palabras, como le parezca mejor, para expresar la verdad recibida.

“Y si, ya escrita, se le ocurriera una mejor manera de expresar su contenido, le sería perfectamente permitido desechar todo lo que ha escrito y redactarlo de nuevo, conservando escrupulosamente las ideas y hechos que le fueron mostrados; y en el segundo escrito alentará la idea divina comunicada como en el primero, y en ninguno de los dos casos podría decirse que las palabras fueron dictadas por el Espíritu Santo, sino que fueron dejadas al juicio individual.

“Mucho de lo que los profetas escribieron en las Escrituras son palabras pronunciadas directamente por el Señor, y no las de ellos. En estos casos, las palabras sí son inspiradas. La Hna. White a menudo registra palabras dichas por los ángeles. Tales palabras, por supuesto, ella las registra tal como las escuchó, y no tiene la autorización para usar otras ni aun en una construcción diferente.

“Pero mucho de lo que los escritores de la Biblia dijeron podrían haberlo escrito con una fraseología diferente, y las verdades registradas hubieran sido tan inspiradas como las tenemos ahora” (RH, marzo 13, 1888).

“Mi madre nunca ha reclamado inspiración verbal, y tampoco encuentro que mi padre o los pastores Bates, Andrews, Smith o Waggoner hicieron esta afirmación. Si hubiera inspiración verbal en la redacción de sus manuscritos, ¿por qué, entonces, sería necesario de su parte el trabajo de adición o adaptación? El hecho es que mi madre toma a menudo uno de sus manuscritos, lo repasa cuidadosamente y agrega material para ampliar aún más el pensamiento.” (William C. White, autorizado por ella. EGWW, 189)

Una reafirmación de lo dicho se echa de ver en estas palabras escritas mientras ella estaba en Europa: “La Biblia fue escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores.

“No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron los inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De este modo, las declaraciones del hombre son la Palabra de Dios” (1MS, 24).

Y por cuanto los adventistas del séptimo día tienen una profetisa de Dios en su medio, pueden saber cómo se manifiesta la inspiración. Los que trabajan con manuscritos de la Biblia tienen que entendérselas con materiales escritos de dos mil y hasta tres mil quinientos años de antigüedad, de los cuales tenemos hoy únicamente copias que se han reproducido muchas veces.

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)




La importancia de comprender la inspiración - Por Arturo L. White


Los falsos conceptos en cuanto a la inspiración y la revelación, ya sean modernos o conservadoramente extremistas, pueden llevar al desastre. Hay una razón para creer que el gran adversario aprovechará al máximo los falsos conceptos en cuanto a la inspiración, pues “el último engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu de Dios. ‘Sin profecía el pueblo se desenfrena.’ (Prov. 29: 18) Satanás trabajará hábilmente en diferentes formas y mediante diferentes instrumentos para perturbar la confianza del pueblo remanente de Dios en el testimonio verdadero” (1MS, 54-55).

Un esfuerzo tal fue hecho hace unos 90 años por D. M. Canright, gran evangelista adventista y fiel administrador. Se tornó enemigo de la iglesia y la criticó, y como excusa de su apostasía argumentó que Elena G. de White y los adventistas sostenían que cada línea escrita por ella en cartas, folletos, artículos, testimonios o libros había sido dictada por el Espíritu Santo, y que por tanto era infalible.

Años más tarde un profesor de Biblia, de mi mayor estima, abandonó su trabajo y perdió mucha de su confianza en el mensaje. ¿Cuál era el problema? No podía aceptar a Elena G. de White como la mensajera del Señor; y redactó una explicación. Su padre había servido muchos años en el ministerio y tuvo en alta estima los escritos del espíritu de profecía; más aún: había sostenido una posición extremista, un concepto dictatorial. Este concepto lo heredó su hijo, el profesor a quien me refiero. Como maestro de Biblia descubrió ciertas dificultades que no pudo resolver precisamente por su concepto rígido en cuanto a la inspiración. Años más tarde, con motivo de una invitación que le hicieron los fideicomisarios de Elena G. de White, discutimos los puntos que lo habían perturbado. Este estudio conjunto nos hizo ver que los problemas que lo habían agitado y desanimado se debían a los conceptos rígidos y tergiversados en cuanto a la inspiración. Antes de despedirnos me dijo apesadumbrado: “¡Cuán grande habría sido la diferencia si sólo hubiera entendido las cosas en forma distinta! ¡Pero ya es demasiado tarde!” Murió apesadumbrado.

Muchos eruditos afirman que la Biblia no es más inspirada que los escritos de los autores famosos. Otros creen que el profeta sólo experimenta un “encuentro” con Dios, pero que no se le imparte ninguna información ni instrucción; y que los profetas simplemente expresan sus reacciones a dichos “encuentros.” Puedo ver en estas apreciaciones de la inspiración la obra de un enemigo que busca anular el mensaje de Dios para su pueblo.

Pruebas de la Biblia para el profeta genuino:

1. “Por sus frutos los conoceréis.” (Mat. 7: 20).

2. Fidelidad a los fundamentos de la fe cristiana (1 Juan 4:2).

3. Cumplimiento de sus predicciones (Jer. 28: 9; Deut. 18: 22).

4. “¡A la ley y al testimonio!” (Isa. 8: 20).

La falta de espacio nos impide desarrollar estos puntos; pero todo adventista está, poco más o menos, relacionado con ellos.

Pero sobre todo, y más allá de todo, está la forma en que los escritos de la Hna. White hablan al corazón de los lectores. Esto lo experimenta todo fiel estudiante de sus escritos.

Se levantarán preguntas y nos acecharán problemas. Así ha sido, así es, y así será. Y si damos crédito a la profecía, los mismos se intensificarán y aumentarán a medida que nos acerquemos al fin. Por esto nuestros conceptos sobre la inspiración deben estar respaldados por el testimonio de los profetas. En la Biblia hallamos lecciones importantísimas, generalmente en conexión con los mensajes. Todo adventista del séptimo día debe conocerlas. ¿Cómo le llegó la luz al profeta? ¿En qué forma entregó éste el mensaje a la gente?

Entonces ¿cuál es el testimonio de Elena G. de White en estas líneas? En los artículos precedentes hemos visto algunos de tales testimonios. Ella escribió muy extensamente en cuanto a la inspiración de la Biblia e hizo muchas referencias a la inspiración dentro de su obra, Lo que ella escribió es altamente informativo. Como en la mayoría de los casos, lo que ella escribió en tales líneas vino en circunstancias prácticas y naturales. Mucho de esto fue escrito en 1880. En esa década se estaba preparando una traducción de la Biblia conocida como la Revised Version (Versión revisada). El Nuevo Testamento apareció en 1885.

En la mente de no pocos adventistas esta nueva traducción despertó serias preguntas, por ejemplo: “¿Qué es conveniente y admisible para que haya una revisión de las Escrituras?” La Review and Herald tomó nota de esta inquietud, y Elena G. de White redactó cuatro declaraciones importantes en cuanto a la inspiración:

1886: “Objeciones hechas a la Biblia” (1MS, 21-24).

1888: (CS, Intr.).

1888: “La inspiración de la Palabra de Dios” (1MS, 17-21).

1889: “Los misterios de la Biblia como prueba de su inspiración” (2JT, 303-317; léase también “Los misterios de la Biblia,” Ed, 165-168).

Un estudio detenido de estas cuatro declaraciones será de mucha ayuda. Agreguemos, además, el balance que se obtenga en “Luz sobre nuestro sendero,” (1MS, 15-87; 5 T, 654-691). Es urgente que nos familiaricemos con estas lecturas.

La obra de la inspiración ha sido un asunto de especial interés para los fideicomisarios de Elena G. de White, guardianes especiales de sus escritos. A. G. Daniells, presidente de la Asociación General desde 1901 a 1922, se refiere a este tema en su libro El permanente don de profecía. Otro de los fideicomisarios mencionados, F. M. Wilcox, editor durante treinta años de la Review and Herald, en 1933 presentó varios aspectos de esta cuestión en una serie de artículos, con el título El testimonio de Jesús, los cuales fueron reimpresos en un libro con el mismo título. (Publicado por la Casa Editora Sudamericana en 1960.)

Cómo transmite Dios su mensaje

En 1929 comencé a trabajar como secretario del departamento de fideicomisarios de Elena G. de White, bajo la dirección de Guillermo C. White. A medida que leía los manuscritos, las cartas y las obras publicadas, comencé a interesarme más y más en la forma en que Dios hace llegar sus mensajes a la gente. Y pronto concluí que, así como Dios habló “muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo,” también ha hablado por medio de Elena G. de White. Este tema me ha apasionado.

Como en parte mi trabajo ha consistido en responder preguntas relativas a la Sra. White y sus escritos, me he dado cuenta que dichas respuestas están íntimamente unidas con la comprensión de la manera como la inspiración se manifiesta en todos los escritos del espíritu de profecía. Ella no respaldó una inspiración mecánica, rígida, como algunos la han catalogado. Nuestros pioneros la llamaron “inspiración verbal,” aunque algunos teólogos dan a esta expresión un sentido diferente al de ellos. ¡Y cuántas veces las perplejidades de nuestros interrogadores se desvanecieron a la luz de la información en cuanto a las maneras en que se manifiesta la inspiración!

La información que he encontrado, a menudo en referencias incidentales, la he recopilado, para beneficio de los ministros y de otras personas, en artículos que se han publicado. Estos artículos fueron reimpresos en un libro de amplia difusión, titulado Ellen G. White, Messenger to the Remnant.

De vez en cuando me invitan a hablar a nuestros profesores de Biblia y a otros grupos en cuanto a diversos aspectos de la obra de Elena G. de White. Uno de estos aspectos responde al tema “La autoridad de los escritos de Elena G. de White,” y otro, a la pregunta “¿Quién le habló a la Hna de White?” He preparado dos artículos titulados: “Elena G. de White como historiadora” y “Principios de hermenéutica en los escritos de Elena G. de White.” Estos artículos, junto con otro titulado “Hacia un concepto concreto de la inspiración,” han estado disponibles en forma mimeografiada. La naturaleza importante de su contenido, basado no en definiciones y conceptos teológicos sino simplemente en las pruebas provistas en los mismos documentos de Elena G. de White, indujeron a la casa editara Review and Herald Association a publicarlos en un libro titulado The Ellen G. White Writings. Este volumen contiene, además, tres apéndices muy esclarecedores:

1. “Nuestro uso de las visiones de la Hna. White,” por J. N. Andrews.

2. “La inspiración de los evangelistas y de los otros escritores del Nuevo Testamento,” por el Dr. Henry Alford, teólogo y comentador anglicano que trabajó en 1863. Este documento presenta lo que el Patrimonio White ha considerado por muchos años como una información sumamente útil, porque se refiere a muchas situaciones y principios que a menudo se piensa que no tienen que ver con la inspiración.

3. “La edición de 1911 de El conflicto de los siglos,” por Guillermo C. White. Es una explicación del hijo y ayudante de Elena G. de White en cuanto a los detalles propios de la revisión de un libro inspirado.

Es triste ver excelentes adventistas confundidos o que pierden su confianza en el espíritu de profecía por causa de falsos conceptos. Sostienen puntos de vista rígidos, sin haber hecho un estudio específico y cabal, y catalogan a los profetas como autómatas que hablan o escriben únicamente las palabras dictadas por el Espíritu Santo. Es doloroso también ver que muchos fracasan en percibir, por causa de conceptos liberales injustificables, la mano de Dios tal como se manifiesta en su pueblo por medio de su profetisa, y pierden la gran bendición de la certeza de que el pueblo adventista es un pueblo guiado y enseñado por Dios.

Creo que la presentación de estos artículos y la lectura detenida de las fuentes de información mencionadas, pueden ser de ayuda decisiva a medida que entremos en los días difíciles que nos esperan.

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)




Fuentes para la serie "Conflicto" - Por Arturo L. White


Desde la muerte de Elena G. de White, en 1915, no ha habido quizá, en la Iglesia Adventista, un interés tan grande e intenso en el asunto de la inspiración, especialmente de la Hna. de White, como ahora. Es comprensible, pues sus escritos afectan decisivamente a todo creyente.

Los adventistas que aceptan los consejos del espíritu de profecía como del Señor y, consiguientemente, como obligatorios, disfrutan de la seguridad de que son dignos de confianza. Los lectores de la serie “Conflicto” pueden no sentirse tranquilos, ya que puede sostenerse su siguiente declaración: “La Hna. White no es la originadora de estos libros. Ellos contienen la instrucción que durante el período de su vida Dios le ha estado dando” (CE, 173, ed. 1967)

La manera en que Elena G. de White recibió la luz y cómo ella la impartió a otros, es el tema de un estudio digno y útil. A fin de colocar una base indispensable para comprender su obra, resulta muy importante la atención que se preste a la forma en que ella, una persona inspirada, se relacionó con los tiempos en que vivió, a los sucesos que presenció, las corrientes de información que escuchó en relación con sus escritos y en sus contactos con otros, y a las presiones de aquellos que quisieron influir sobre ella.

En los últimos años se ha despertado un gran interés en lo que ha dado en llamarse las “fuentes” de Elena G. de White en la redacción de la serie “Conflicto,” especialmente en los volúmenes El conflicto de los siglos y El Deseado de todas las gentes.

No hay necesidad de conjeturar acerca de estas “fuentes,” pues la extensa información contenida en todos los escritos de Elena G. de White y en las declaraciones de los que trabajaron con ella, es clara y amplia.

Por causa de mi larga relación con los escritos del espíritu de profecía se me pide que presente este tema a los lectores de la Adventist Review. Mi presentación tiene el respaldo de 50 años de experiencia con los fideicomisarios de Elena G. de White y en un estudio reciente más intenso de los documentos relacionados con este tema. Estos artículos nos apartarán un poco de los conceptos estrechos, de acuerdo a los cuales Elena G. de White escribió únicamente lo que le fue revelado en visión o le fue dictado por el Espíritu Santo. También proporcionarán, a mi entender, una comprensión más profunda sobre un tópico emocionante: cómo actúa la inspiración.

Ante todo, Elena G. de White ya se refirió en 1888 al tema de sus “fuentes” para la historia de la serie “Conflicto” en la Introducción de El conflicto de los siglos. La Introducción de este libro, el primero que apareció, de la serie mencionada, para el público en general, puede ser considerada también como un prefacio para los otros cuatro: Patriarcas y profetas, Profetas y reyes, El Deseado de todas las gentes y Los hechos de los apóstoles; y además, para los otros escritos relacionados con la misma serie. Es uno de los escritos más informativos sobre la inspiración que se puedan encontrar.

La redacción de la serie “Conflicto” varía algo, en esencia, de la redacción de los testimonios personales, de los Testimonios y de otros libros y artículos de consejo e instrucción para la iglesia. En los cinco libros mencionados utilizó un amplio paralelismo entre la historia de la Biblia y la secular. Y cuando termina la historia de los últimos escritores de la Biblia, continúa con la historia hasta la segunda venida de Jesús y más allá.

La redacción de aquellos cinco volúmenes fue algo que absorbió mucho de la atención de la Hna. White a través de los años de su ministerio.

Para dar una perspectiva apropiada a la discusión de las “fuentes” de información en la descripción de Elena G. de White publicada progresivamente en tres etapas, examinaremos sus objetivos. Estos libros no fueron escritos ni para presentar una historia del mundo, ni como una historia para corregir registros históricos; por el contrario, fueron escritos para trazar “un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas… de tal modo que derramase luz sobre la lucha futura… No consiste tanto en presentar nuevas verdades relativas a las luchas de edades pasadas como en hacer resaltar hechos y principios que tienen relación con acontecimientos futuros… Esos relatos del pasado” deben verse con un “nuevo significado,” pues “se desprende de ellos una luz que proyecta rayos sobre el porvenir” (CS, 14-15). La escritora, con los ojos fijos en la lucha culminante entre las fuerzas de Cristo y Satanás, estaba más interesada en el panorama histórico total que en detalles menores. Lo que describía en forma explícita era la intervención de Dios en los asuntos humanos.

La influencia del Espíritu Santo

E. G. de White fue instruida para que trazara “un bosquejo de la historia de la lucha”; ¿,pero en dónde podía una mujer, algo enferma y con sólo tres años de educación, una madre ocupada y ama de casa que viajaba extensamente en beneficio de la iglesia, que hablaba constantemente delante de grandes auditorios, sostenía entrevistas y escribía testimonios y artículos, obtener conocimientos históricos que debía presentar delante de la gente? Ella responde, en la Introducción mencionada, de dos maneras: (1) mediante la iluminación del Espíritu Santo, y (2) con el auxilio de registros históricos. Nos referiremos ahora especialmente a la primera de las dos:

“Mediante la iluminación del Espíritu Santo, las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal fueron reveladas a quien escribe estas páginas. Vez tras vez se me permitió contemplar, en diferentes épocas, las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo, Príncipe de la vida, Autor de nuestra salvación, y Satanás, príncipe del mal, autor del pecado y primer transgresor de la santa ley de Dios” (CS, 13).

“La iluminación del Espíritu Santo” se refiere a las impresiones hechas sobre el corazón por “el Espíritu de Dios” (2JT, 302), así como a la luz que recibió por medio de visiones diurnas y nocturnas, a menudo llamadas sueños. A veces, mientras hablaba a una congregación, el Espíritu de Dios le revelaba la vida y carácter de varias personas (2JT, 278-279). “Las cosas más preciosas del Evangelio” le fueron mostradas a menudo – dice ella – “para que yo tenga nuevas representaciones cada vez que abro mis labios al hablar a la gente” (MS, 174, 1903). También informó que mientras oraba o escribía en la quietud de su escritorio, y estaba completamente consciente de todo lo que la rodeaba, escenas importantes pasaban delante de su mente (MS, 12c, 1896).

Es difícil trazar líneas precisas en la experiencia de una persona que está completamente bajo la influencia del Espíritu Santo. No hay una fórmula exacta ni una definición apropiada.

“A veces soy llevada muy lejos dentro del futuro y se me muestra lo que sucederá. Entonces, de nuevo, contemplo sucesos como ocurrieron en el pasado.” A continuación indica su completa dependencia del Espíritu Santo durante la visión: “Dependo del Espíritu del Señor tanto para relatar o escribir una visión como para tenerla. Me es imposible rememorar cosas que me han sido mostradas, a menos que el Señor las traiga delante de mí en el momento en que desea que las relate o las escriba” (2SG, 292-293).

Estas visiones fueron un método importante en el proceso de la revelación. En visión, ya veía una ciudad siendo destruida mientras el ángel le explicaba el significado de la escena, (3 JT, 329-331), o bien era llevada de un cuarto a otro en una institución y observaba lo que sucedía (CH, 412-413), o tal vez se le mostraban edificios aún no construidos y se le daban instrucciones en cuanto a cómo hacer el trabajo una vez que estuvieran listos (Carta 135, 1903), o aun en arma simbólica se le mostraba la conducta de un dirigente (Carta 239, 1903), o quizá presenciaba las escenas que se le presentaban acerca de la gran controversia (CS, 12-13). Todo era parte del proceso por el cual Dios le impartía luz a su sierva escogida.

Cuando ella dice: “Vez tras vez se me permitió contemplar en diferentes épocas las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo… y Satanás,” se refiere a escenas contempladas en visión. La frase “en diferentes épocas” sugiere no sólo muchas visiones, sino también eventos históricos ampliamente variados y relacionados, que ocurren en el largo período de la gran controversia.

En su autobiografía escrita en 1860, Elena G. de White menciona dos visiones tempranas de amplio alcance ‘que introducen la historia de la gran controversia, pero basa su relato primariamente sobre las visiones escénicas que le fueron dadas el 14 de marzo de 1858. De esta visión de dos horas, escribió: “En esta visión en Lovett’s Grove (Estado de Ohio) se me repitió la mayor parte del tema de la gran controversia que yo había visto diez años antes; y me fue mostrado que debía escribirla” (2SG, 270).

Y lo hizo en la primavera y el verano de 1858. En esta forma dio a la iglesia, en septiembre de ese año, el primer libro encuadernado. Fue el primer tomo de Spiritual Gifts, de 219 páginas, titulado La gran controversia entre Cristo y sus ángeles, y Satanás y sus ángeles.

Cómo recibió la información

Las representaciones escénicas visuales fueron el método más común para mostrarle la historia de la gran controversia (PE, 145-295). Hay tres capítulos iniciales que tienen que ver con la gran controversia: “La caída de Satanás,” “La caída del hombre” y “El plan de salvación.” Luego omite la historia del Antiguo Testamento para continuar con el nacimiento y ministerio de Cristo, y prosigue hasta la destrucción del pecado y los pecadores. La historia del Antiguo Testamento se desarrolla en los tomos 3 y 4 de Spiritual Gifts. En Primeros escritos se hallan muchas declaraciones como éstas: “Vi una tristeza extenderse por el semblante de Adán” (148); “ [Adán] recibió el fruto” (148); “Vi al amable Jesús” (149); “Se me mostró a Satanás” (152); “Contemplé a Jesús en el huerto con sus discípulos” (166); “Se me mostró a Satanás tal como había sido antes” (152); “Se me mostró que durante el ministerio de Cristo, Satanás”… (158); “Vi que la hueste angélica se llenó de asombro” (216); “Se me mostró que la ley de Dios permanecerá inalterable” (217); “Me fueron mostrados Adán y Eva en el Edén… Oí a un ángel preguntar: ‘¿Quién de la familia de Adán cruzó aquella flamígera espada, o comió de aquel árbol?’ Oí a otro ángel contestar: ‘Ni uno de la familia de Adán cruzó esa espada de fuego, ni comió de aquel árbol’ “ (218); “Vi que la hueste celestial se llenaba de indignación” (220), etc.

Estas declaraciones muestran cuál fue la fuente primaria de la información de la autora, y cómo la recibió.

Hay expresiones que refuerzan el concepto de las visiones escénicas, y que indican que cuando ella contemplaba el desarrollo de los sucesos era “transportada” atrás o “llevada” adelante: “Fui transportada al tiempo cuando Jesús comió la cena de pascua con sus discípulos” (165); “Fui transportada al tiempo cuando los idólatras paganos perseguían cruelmente y mataban a los cristianos. La sangre corría a torrentes” (210); “Se me transportó a la era apostólica, y se me mostró que Dios había confiado una obra especial a su amado discípulo Juan” (230), etc.

Elena G. de White usa una expresión similar cuando escribe el capítulo “La Reforma,” en donde se menciona particularmente a Lutero y a Melanchton: “Me fue mostrada la sabiduría de Dios al escoger a estos dos hombres, de caracteres diferentes, para llevar a cabo la obra de la Reforma.

“Fui luego transportada a los días de los apóstoles, y vi que Dios escogió como compañeros a un Pedro ardiente y celoso y a un Juan benigno y paciente” (224).

Aunque en el contexto inmediato ella no dice específicamente que vio a Lutero y a Melanchton en una visión en 1858, la expresión “fui luego transportada a los días de los apóstoles” implica que, desde una escena de la Reforma, se desplazó dentro de un período de 1.500 años para que contemplara otras escenas. En otro momento ella declaró: “Eventos en la historia de los reformadores han sido presentados delante de mí” (Carta 48, 1894. EGWW, 123).

Después de escribir un trabajo autobiográfico, Spiritual Gifts, volumen 2, publicado en 1860, se dedicó a escribir la historia del Antiguo Testamento, repasando las experiencias de los hombres del pasado que ilustraban la lucha entre las fuerzas del bien y el mal. En el Prefacio de Spiritual Gifts, volumen 3, ella declara: “Al presentar éste mi tercer pequeño volumen al público, me siento confortada con la convicción de que el Señor me ha hecho un humilde instrumento para proyectar algunos rayos de preciosa luz en el pasado.”

Menciona además que “los grandes hechos de fe, relacionados con la historia de los santos hombres del pasado,” se le habían presentado a ella en visión.

Luego narra en Spiritual Gifts, volumen 3, y en la primera mitad del volumen 4, ambos publicados en 1864, los puntos máximos de la historia de la controversia desde la creación hasta Salomón, y concluye con una breve narración respecto a la cautividad de Israel y el Mesías. El volumen lleva el título “Los grandes hechos de fe, relacionados con la historia de los santos hombres del pasado.” En los volúmenes 3 y 4 aparecen menos declaraciones como éstas: “Vi,” “Me fue mostrado,” pero se usan en relación con algunos puntos vitales, importantes.

Escenas vistas en visión

Las frecuentes descripciones de los sucesos dejan en el lector la profunda convicción de que ella presenció las escenas. Esto es muy claro cuando habla de la caída del hombre, del diluvio, etc. Cuando se refiere a los días de la creación y la caída del hombre, y a la relación de la geología con la Biblia, hace directa referencia al origen de la visión: “Vi,” “Se me mostró,” etc. (3SG, 42, 92-93).’

Cinco años antes (1864) de estas declaraciones, Carlos Darwin había publicado su libro El origen de las especies, en el cual se asienta la evolución como el origen de todas las cosas. Estas teorías se extendieron rápidamente. El capítulo “Disguised Infidelity” (Infidelidad disfrazada, 3SG) parece ser una respuesta directa a la teoría de la evolución.

En resumen: parece evidente que las visiones fueron la “fuente” principal de información de Elena G. de White, para la emocionante presentación de la historia de la gran controversia en los libros que aparecieron en 1858 y 1864. Hay, por supuesto, otros medios por los cuales Dios iluminó su mente. Y debemos recordar que aunque expresiones como “Vi,” “Me fue mostrado,” etc., no las utiliza más tarde, esto no significa necesariamente que lo que presenta no lo hubiera visto en visión.

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)




La historia de la Gran Controversia: redacción y ampliación - Por Arturo L. White


La sierva del Señor utilizó tres fuentes principales para la redacción de la historia de la gran controversia: (1) la Biblia, en la cual tenía una fe única; (2) las visiones impartidas por Dios; (3) varios ensayos históricos que ampliaron su vocabulario y la ayudaron a ser más exacta en cuanto a fechas y descripciones geográficas, y a ciertos detalles y secuencia de la historia de la iglesia. Es probable que estos recursos sugirieran algo así como un enlace narrativo, una suposición lógica o una conclusión apropiada. Pero, de estas tres fuentes, las repetidas visiones relativas a la controversia proveyeron la información básica.

En 1888, 30 años después de su segunda visión acerca de la gran controversia escribió: “Vez tras vez se me permitió contemplar las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo… y Satanás” (CS, 13).

En 1911 declaró: “Mientras escribía El conflicto de los siglos, a menudo estaba consciente de la presencia de los ángeles. Y muchas veces las escenas de las cuales estaba escribiendo se me presentaban de nuevo por la noche, de manera que estaban frescas y vívidas en mi mente” (Carta 56, 1911).

En 1889, mientras redactaba Patriarcas y profetas, se refirió a otros asuntos: “Durante mis 45 años de experiencia he estado mostrando las vidas, caracteres e historia de los patriarcas y los profetas… No podía menos de tener en mi mente un vívido panorama de la forma en que los reformadores fueron tratados día tras día, y cuán pequeña diferencia de opinión parecía crear un frenesí en el sentimiento. Así sucedió en la traición, juicio y crucifixión de Jesús: todo esto pasó delante de mí, punto por punto” (Carta 14, 1889).

Su terminología aquí es interesante. Ella dice que vio la manera en que los reformadores eran tratados, y que la historia sagrada pasó delante de ella en visiones o representaciones escénicas, “punto por punto.” Mientras preparaba el manuscrito de El Deseado de todas las gentes a comienzos de 1890, confesó: “No sé cómo presentar con poder viviente los temas que están delante de mí”(Carta 40, 1892).

Tres años después, mientras trabajaba en El Deseado de todas las gentes, se refirió a la claridad en que las escenas se le presentaban: “Mi mente ha estado profundamente preocupada por muchas cosas. Me parece que la luz del cielo brilla sobre mí, y que el Espíritu Santo trae truchas cosas a mi memoria. Asuntos importantes son claros para el ojo de mi mente, como si estuviera observando la escena mientras escribía” (Carta 27, 1895).

En cuanto al futuro, ella dice cómo le fue presentada la segunda venida de Jesús: “Escenas tan emocionantes y de un interés tan solemne pasaron ante mí, que ningún lenguaje puede describir. Todo fue una realidad viviente para mí” (1MS, 86).

Con respecto a una forma más general en que, a veces, se le daba luz, y cómo recordaba las cosas que había olvidado, escribió en 1889: “¿Cómo sabe la Hna White con tanta seguridad las cosas de las cuales habla, como si tuviera autoridad para decirlas? Hablo así porque ellas brillan sobre mi mente cuando estoy perpleja, como el relámpago sobre una nube oscura en la furia de la tempestad. Algunas escenas presentadas a mí hace años no han persistido en mi memoria, pero cuando esa instrucción ya dada se necesita, algunas veces, estando delante de la gente, el recuerdo llega claro y veloz como la luz del relámpago, trayendo a mi mente en’ forma precisa esa instrucción particular. En esos momentos no puedo dejar de decir las cosas que brillan en mi mente, no porque haya tenido una nueva visión, sino porque la que me fue presentada, quizá años antes, ha sido traída vivamente a mi memoria” (MS, 33, 1911).

En una entrevista que tuvo en 1907, dijo cómo a menudo le llegaba la luz: “Ahora tengo luz, mayormente [la recibe] durante la noche, exactamente como si las cosas estuvieran sucediendo, y yo lo contemplo, y… escucho la conversación” (MS, 105, 1907).

Y no era sólo en visiones nocturnas como contemplaba dichas escenas. Meses antes había escrito: “Mientras estoy escribiendo se me dan representaciones maravillosas del pasado, del presente y del futuro” (Carta 86, 1906).

El testimonio de Guillermo C. White

Guillermo C. White nos da algunos datos interesantes. Muerto su padre, ayudó a su madre por 35 años en sus viajes, y en la preparación y publicación de sus escritos. Al hablar de El conflicto de los siglos y la manera en que ella había recibido luz acerca de los acontecimientos históricos, hizo esta declaración aprobada por su madre: “Las cosas que ella ha escrito son descripciones fulgurantes y otras representaciones que se le dan en cuanto a las acciones de los hombres, y la influencia de éstas sobre la obra de Dios para la salvación del mundo, con escenas de la historia del pasado, del presente y del futuro, y su relación con esta obra” (EGWW, 33).

La siguiente declaración es muy importante en lo que se refiere al lenguaje usado en las descripciones: “Las casas reveladas a la Hna. White no le fueron dadas como una historia que ella debía repetir. Estando en visión, ella parecía mirar hacia abajo, a través de una abertura grande en el cielo, y veía multitudes de gente en acción, y a los ángeles de Dios ministrando en su favor. No le fueron dadas palabras. Recordó muchas veces lo que el ángel le dijo, pero muchas veces tuvo que describir lo mejor que pudo lo que había visto. A medida que el libro avanzaba, y ella lo revisaba una y otra vez, su descripción era más completa” (Guillermo C. White, White Estate Document File 107g).

Tampoco sus visiones fueron uniformes en extensión. El mismo Guillermo C. White escribió: “El armazón del gran templo de la verdad sostenido por sus escritos, le fue presentado claramente en visión. En cuanto a algunos aspectos de la revelación, como la cronología profética, el servicio en el santuario y los cambios que tuvieron lugar en 1844, el asunto le fue presentado a ella muchas veces, y detalladamente en muchas ocasiones. Esto la capacitó para hablar muy clara y muy positivamente en cuanto al fundamento de los pilares de nuestra fe.

“En algunos de los asuntos históricos como la producción de Patriarcas y profetas, Los hechos de los apóstoles y El conflicto de los siglos, los bosquejos básicos fueron muy claros y sencillos para ella; y cuando comenzó a escribir sobre estos tópicos tuvo que estudiar la Biblia y la historia para conseguir las fechas y las relaciones geográficas, y perfeccionar así su descripción” (Carta a L. E. Froom, diciembre 13, 1934).

Todo esto resulta muy claro cuando se compara lo que la Hna. White escribió basada en una visión que tuvo en 1858, con sus escritos posteriores. Sus primeros escritos tocaron asuntos de vital importancia, pero omitieron muchos de menor consecuencia. En ocho páginas cuenta lo que se le mostró en cuanto a la caída de Satanás, la caída del hombre y el plan de salvación (PE, 145-152). Entonces es “trasladada al tiempo en que Jesús había de asumir la naturaleza del hombre” (153). Después de describir su nacimiento, bautismo, tentación y conflictos, y la transfiguración, en doce páginas (153-164), nos dice que fue “transportada al tiempo cuando Jesús comió la cena de pascua” (165). Los sucesos vitales en la historia de la gran controversia: la pascua, la entrega de Cristo, su juicio, crucifixión, resurrección y ascensión, aparentemente le fueron revelados más detalladamente, pues les dedica 27 páginas (165-191).

Al reconstruir ciertos aspectos menos importantes del Antiguo Testamento, ella narra muy brevemente y utiliza muchas citas bíblicas para completar el relato. (Léase 3SG, 252-253, 261-266; 4SG, 16-18, 20-21) Esto lo hizo también en algunos libros posteriores.

Los materiales sobre la vida de Cristo y la historia de la iglesia primitiva fueron, a su debido tiempo, bastante ampliados: de 87 páginas pequeñas en 1858, a 810 páginas en The Spirit of Prophecy, tomos 2 y 3, publicados en 1877 y 1878.

La historia posbiblica llenó un libro de l 17 páginas en 1858. Este libro, The Spirit of Prophecy, volumen 4, aumentó a 486 páginas en 1884. Cuando se publicó el libro pequeño, en 1858, había menos de 2,000 adventistas observadores del sábado. A medida que la iglesia creció hubo una gran demanda de estos libros, y se agotaron. No sólo se podían preparar libros más grandes, sino que también Elena G. de White anhelaba redactarlos en forma más completa. Finalmente las 572 páginas originales que narraban la gran controversia, publicadas en tres pequeños libros que aparecieron en 1858 y 1864, aumentaron a 1.710 páginas en los cuatro volúmenes de The Spirit of Prophecy, que aparecen de 1870 a 1884. Estos constituyen la segunda presentación de la historia de la controversia.

Libros para el colportaje

Durante este tiempo comenzó el colportaje. Se vio que la presentación del mensaje de puerta en puerta podía bien ser parte de las publicaciones adventistas. La Hna. White se dio cuenta de que era necesario introducir ampliaciones considerables y un cambio en el lenguaje para adaptarlos mejor al público, y que también serían más útiles para la iglesia. En esta forma los libros de la Serie Conflicto crecieron en tamaño y cantidad: The Great Controversy (El conflicto de los siglos) a 678 páginas en 1888; Patriarchs ang Prophets (Patriarcas y profetas) a 755 páginas en 1890; The Desire of Ages (El Deseado de todas las gentes) a 835 páginas en 1898. The Acts of the Apostles (Los hechos de los apóstoles) a 602 páginas en 1911, y Prophets and Kings (Profetas y reyes) a 733 al final de la vida de la Hna. White en 1915. Además se publicaron Thoughts From the Mount of Blessing (El discurso maestro de Jesucristo) y Christ’s Object Lessons (Palabras de vida del gran Maestro).

En las nuevas ediciones y ampliaciones no se hizo referencia directa al hecho de que ese material estaba basado en visiones. La Hna. White pensó en los lectores no adventistas, y a propósito se abstuvo de usar frases como “Vi,” “Me fue mostrado,” etc., para no apartar la atención de los lectores de las verdades presentadas. Por esto, mientras que el pequeño libro de 1858 estaba repleto con referencias a las visiones, sólo pocas de tales expresiones fueron incluidas en los cuatro volúmenes de The Spirit of Prophecy, y ninguna en los cinco volúmenes siguientes de la Serie Conflicto.

The Great Controversy Between Christ and Satan (La gran controversia entre Cristo y Satanás) fue publicado en 1888, y revisado en 1911 bajo la dirección de la Hna. White, con cambios mínimos de la fraseología en algunos lugares. Este libro traza la historia del gran conflicto desde la destrucción de Jerusalén hasta la tierra nueva, dando énfasis a la gran apostasía y a la Reforma del siglo XVI.

Como se anotó en el artículo anterior, en el libro impreso en 1858 hay un capítulo de sólo cinco páginas dedicado a la Reforma. Pero en el libro que aparece en 1884 se dedican 128 páginas (en inglés) a este tema; y en la ampliación del libro, en 1888, este asunto se expande a 228 páginas, o sea casi el doble de la edición previa.

Interés en la historia de la Reforma

Cualquiera haya sido la información que se le presentó a la sierva del Señor acerca de la Reforma del siglo XVI como parte básica de la gran controversia, este asunto despertó un inmediato interés en Jaime White y su señora por la historia de la Reforma. Su hijo Guillermo escribió en 1911 en cuanto a la redacción de El conflicto de los siglos: “Cuando yo era apenas un muchacho, escuché que ella le leía a mi padre la Historia de la Reforma de d’Aubigné… Ella ha leído otras historias de la Reforma. – Y explica –: Esto la ha ayudado a situar y describir muchos de los eventos y movimientos presentados a ella en visión. Esto es algo similar a la manera en que el estudio de la Biblia le ayuda a localizar y describir muchas representaciones simbólicas que ha recibido en cuanto al desarrollo de la gran controversia entre el bien y el mal” (EGWW, 33).

Cuando comenzó, en 1880, la primera ampliación de su manuscrito sobre la controversia, en la parte histórica posbiblica ella se detuvo más en la Reforma, y particularmente en la experiencia de Martín Lutero, como el primer punto en disputa en el siglo XVI. Las experiencias de los reformadores, antes y después de Lutero, completaron esa parte de la historia. Pero el desarrollo de la obra de Lutero y Melanchton ocupó más de la mitad de las páginas dedicadas a la Reforma. Y esta fue básicamente una condensación de 18 artículos de ella misma que aparecieron en Signs of the Times (Señales de los tiempos) un año antes, en 1883.

Esto no era nada excepcional cuando ella decidía escribir un libro extenso basado en una fase del tema general de una serie de artículos que fueran a publicarse inmediatamente en una de las revistas de la iglesia. Más tarde sería condensado como un libro, prestando atención al tamaño que podría dedicarse a un tópico en un volumen. Este procedimiento se usó particularmente en la preparación de Profetas y reyes, en donde se condensaron series de artículos extensos sobre Esdras, Nehemías, Daniel, etc., que habían sido publicados años antes en revistas de la iglesia.

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)




Las fuentes históricas y la serie "Conflicto" - Por Arturo L. White


Algunos podrían pensar que, en su trabajo de trazar “un bosquejo de la historia de la lucha en las edades pasadas,” Elena G. de White tenía que ignorar todos los registros históricos y escribir sólo lo que pudiera reconstruir a base de lo que había visto en visión. Este punto de vista implica un concepto mecánico y dictatorial de la inspiración según el cual las palabras usadas por ella le fueron dictadas. Pero ni ella ni sus asociados afirmaron tal cosa, ni tampoco la Iglesia Adventista. Durante la reunión de la Asociación General celebrada en 1883 se registró: “Creemos que la luz que Dios ha dado a sus siervos es para la iluminación de la mente, y así, para impartir los pensamientos y no (excepto en raros casos) las palabras exactas para expresar las ideas” (RH, noviembre 27, 1883).

Hay una fuerte evidencia interna y externa de que las escenas de la historia de la controversia, como pasaron delante de Elena G. de White en visión, proveen la estructura básica de la narración, y probablemente también de los detalles. Sin embargo, falta evidencia de que todos los detalles o todas las fases de la historia le fueron revelados, especialmente en asuntos de menor importancia o de simple significación secular. Por esto, cuando ella traza un panorama histórico en el orden de los acontecimientos utiliza los registros del pasado.

Siendo que ella declaró: “Dependo del Espíritu del Señor tanto para relatar o escribir una visión como para tenerla” (2SG, 293), parece lógico suponer que los complementos para redondear los detalles están en armonía con las órdenes del Espíritu Santo de trazar la historia de la gran controversia.

“Los grandes acontecimientos que marcaron los pasos de reforma que se dieron en siglos pasados – aclara ella –, son hechos históricos harto conocidos y universalmente aceptados, que nadie puede negar. – Y explica –: Esa historia la he presentado brevemente, de acuerdo con el fin y objeto de este libro y con la concisión que necesariamente debe observarse, condensando los hechos en forma compatible con una clara inteligencia de las enseñanzas consiguientes.”

Y va un poco más allá en su explicación, al dar las fuentes de su información histórica: “Cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y presentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras… porque… resumían adecuadamente el asunto” (CS, 14).

Guillermo C. White recuerda que cuando su madre escribía sobre la historia de la Reforma, vino a su casa desde la Review and Herald, en donde a menudo trabajaba, y le dijo a su esposo que había sido impresionada especialmente por el Espíritu de Dios para que buscara en cierto libro; y sus ojos se posaron en un pasaje que le fue de valiosa ayuda (Carta a L. E. Froom, diciembre 13, 1934).

Casi todos los papeles originales usados en la composición de la Serie Conflicto de los siglos se perdieron. Elena G. de White viajaba mucho: frecuentemente cambiaba de residencia en los Estados Unidos; también viajó por Europa y Australia, para regresar de nuevo a su país. Es evidente que una vez que el manuscrito recibía su aprobación final y el libro ya impreso era aceptado por ella, no se necesitaba guardar los mazos de papel que ya no rendirían servicio extraordinario alguno.

Sin embargo, tenemos una pequeña parte de manuscritos originales sobre Martín Lutero, los cuales nos capacitan para seguir los pasos dados en la preparación de uno de los capítulos de El conflicto de los siglos. Es un manuscrito de 51 páginas, escrito en hojas de papel de 21,5 x 14 cm.

Este manuscrito comienza en el momento en que Lutero deja la Dieta de Worms, y continúa con el relato de su secuestro y prisión en el castillo de Wartburgo. La segunda parte contiene una extensa discusión de sus esfuerzos para salvar la Reforma de los excesos de algunos fanáticos. Hay comparaciones con las experiencias por las cuales pasaron los primeros adventistas en sus encuentros con los fanáticos.

Las primeras páginas de este manuscrito fueron publicadas en Signs of the Times, en octubre 11 de 1883, en un artículo titulado “Lutero en Wartburgo.” La relación entre esta copia manuscrita y el artículo mencionado es muy estrecha. El material, un poco condensado, se imprimió en 1884 en el volumen 4 de Spirit of Prophecy, como una parte del capítulo “Lutero ante la Dieta.”

Es obvio que cuando la Sra. White comenzó a escribir la experiencia de Lutero, consultó libros y decidió seguir el bosquejo de un historiador, utilizando a veces las palabras de éste para describir los sucesos. Pero al mismo tiempo entremezcló estas citas y párrafos con aplicaciones del significado de ciertos eventos y lecciones espirituales. Al examinar la narración histórica parece que a menudo siguió de cerca la Historia de la Reforma de d’Aubigné, autor que ella y su esposo habían leído una o dos décadas antes. Se alegró mucho cuando encontró una condensación de esta obra en el libro Words That Shook the World (Palabras que conmovieron al mundo), de Carlos Adams publicado en Nueva York en 1858, y compró un ejemplar del mismo. Es un libro de 333 páginas que contiene “descripciones del gran reformador basadas en sus propias expresiones,” presentado en “un estilo y brevedad apropiados para los lectores jóvenes.” El autor declara que su fuente principal fue d’Aubigné.

Los manuscritos de la Sra. White muestran que hizo uso de los trabajos del historiador, y esto, más su material único de percepciones especiales y lecciones espirituales, están, de manera general, en sus libros publicados en 1884 y 1888.

Otro manuscrito significativo, de 75 páginas, escrito por ella mientras estaba en Europa, forma parte de El conflicto de los siglos.

Apenas llegó a Europa, en 1885, se le pidió que preparara el tomo 4 de Spirit of Prophecy, que presenta la historia posbiblica, para ser distribuido. Este pedido le hizo ver la necesidad de presentar en forma más amplia que en el libro de 1884 una descripción de los reformadores europeos más destacados. Y con la ayuda de sus colaboradores comenzó esta ampliación. Vivía en Basilea. En la biblioteca del pastor J. N. Andrews estudió todos los historiadores a su alcance.

Un asunto que exigía ampliación era la obra de Hus y Jerónimo. Tres páginas era demasiado poco para los lectores europeos. Esto la impulsó a preparar manuscritos para ampliar este tema. Condensó materiales del historiador Wylie y de otros, y los combinó con comentarios y lecciones espirituales. Así produjo un manuscrito de tal longitud, que se pensó que ocuparía dos capítulos sobre Hus.

El manuscrito de Hus

Este manuscrito es similar al de Lutero, escrito cuatro o cinco años antes, excepto en que muestra evidencias de que fue preparado con premura para satisfacer la urgente demanda de un libro más amplio. La ortografía, las mayúsculas y la caligrafía estuvieron casi a la altura de lo normal. El manuscrito fue abultado, pues, según ya se dijo, era común que ella escribiera mucho más, inicialmente, de lo que se necesitaba después para un libro. El manuscrito fue reducido para mantener un balance necesario.

Por causa de sus muchos viajes, esta tarea fue encomendada a Marian Davis, una asistente literaria muy eficiente de Elena G. de White. El trabajo editorial, cuidadosamente preparado, fue examinado por su autora para establecer si decía exactamente lo que ella había escrito. Los cambios, si los había, los escribía de su propio puño y letra. Desafortunadamente, por falta de espacio, la mayor parte de las lecciones espirituales relacionadas con Hus no pudieron incluirse. Esto dejó un registro histórico escueto en la narración de la gran controversia.

Como complemento a la explicación de la autora en su Introducción a El conflicto de los siglos, tenemos las palabras de su hijo Guillermo: “Mi madre escribe muy rápidamente. Escribe muy temprano en la mañana; se esfuerza por trasladar al papel las cosas relativas al movimiento de las naciones, las comunidades, las iglesias y los individuos, que se mueven en su mente como una vista panorámica.

“En la redacción de sus libros, a veces le era muy difícil describir las escenas presentadas a ella; y cuando encontraba en el lenguaje de otro una correcta representación de lo que se le había mostrado, algunas veces copiaba oraciones y párrafos. Sentía perfecto derecho de hacerlo; que era su privilegio usar las declaraciones correctas de otros escritos para presentar el pensamiento de ellos” (Carta a J. J. Gorrell, mayo 13, 1904).

Los manuscritos que existen señalan que este procedimiento fue seguido a menudo por ella en la composición de los libros de la Serie Conflicto, especialmente en El conflicto de los siglos.

Notas biográficas sobre la vida de Pablo

En 1883 se le pidió a la Hna. White que escribiera un pequeño volumen sobre la vida de Pablo, como un auxiliar para las lecciones de la Escuela Sabática de 1883 y 1884. Cuando escribió Sketches From the Life of Paul (Notas biográficas sobre la vida de Pablo) tenía delante de sí el bien conocido libro The Life and Epistles of St. Paul (Vida y epístolas de San Pablo), escrito por W. J. Conybeare y J. S. Howson, clérigos ingleses. Esta obra la ayudó, especialmente en las descripciones históricas y geográficas, y extrajo de la misma algunas palabras y frases, pero no oraciones completas. La Hna. White destaca algunas lecciones espirituales lo mismo que el libro mencionado.

El libro de aquéllos era bien conocido y de amplia circulación entre los adventistas, y la misma Hna. White recomendó su lectura en la revista Signs of the Times (Señales de los tiempos). Es claro también que extrajo algún material del libro de F. W. Farrar The Life and Work of St. Paul (Vida y obra de San Pablo). Esto también hicieron Conybeare y Howson, pero sin dar crédito al autor. Esta era entonces práctica común entre los comentadores de la Biblia.

Las reglas que deseamos imponer como apropiadas para gobernar la obra de una persona inspirada, ¿la excluyen de usar palabras y expresiones de otros cuando elabora su estructura en forma efectiva para presentar una descripción geográfica, un relato de los sucesos, o para proyectar una verdad importante, tal como se los reveló el Espíritu Santo? Si así fuera, no pocos de los escritores de la Biblia quebrantarían las reglas que deseamos imponer. Y en el caso de Elena G. de White, ¿habrá alguna virtud en insistir en que todas las palabras y expresiones que usó deben ser indudablemente de ella?

Muchos comentadores altamente calificados, tanto contemporáneos de la Hna. White como posteriores a ella, sostienen que la verdad es propiedad común, y que no hay violación de ningún principio en préstamos literarios mutuos. “Todos los comentadores han extraído abundantemente de los padres, especialmente de San Agustín; y la mayoría de ellos han hecho una propiedad general de Patrick, Lowth and Whitby. Poole ha agotado los escritores continentales antiguos; Henry lo ha hecho muy libremente con Bishop Hall y otros; Scott y Benson han enriquecido sus páginas abundantemente con Henry; Gill ha traducido a la perfección Synopsis de Poole, pero éste, ante todo, le da autoridad; Adam Clarke y Davidson deben mucho a los mejores críticos, aunque el primero no siempre menciona sus ‘préstamos,’ y el segundo nunca” (Ingram Cobbin, The Condensed Commentary and Family Exposition of the Holy Bible [Londres, William Tegg, 1863], Preface, p. iv).

Los materiales en manos del profeta

Alguien podría preguntar si el uso que hace Elena G. de White de los materiales e informaciones de otros no les imparte a éstos un hálito de inspiración. La respuesta es “no.” La verdad es la verdad. Dichas informaciones no son más que “materiales de construcción” en las manos de un escritor inspirado.

Y también se podría preguntar: “¿Y no sería posible que alguna o algunas inexactitudes se hayan deslizado en la descripción de los eventos históricos que hace la Hna. White, o que los historiadores de quienes ella citó pudieran estar equivocados en algunos puntos, y que ella, por no estar bien informada, dejara que estos errores se introdujeran en su relato histórico?” A menos que le exijamos a ella más que a los escritores de la Biblia, la respuesta tendría que ser afirmativa; sin embargo, esto no invalida la inspiración de los escritos proféticos. Los antiguos profetas, bajo la inspiración del Espíritu Santo pudieron haber introducido en sus manuscritos lo que se llama – en términos modernos – discrepancias. En este caso yo destacaría que, aunque haya unas pocas discrepancias, esto no invalida la validez de la Palabra de Dios, o su total precisión o confiabilidad.

En modo similar, en el caso de Elena G. de White podríamos señalar algunas aparentes discrepancias en asuntos de poca importancia. Por ejemplo, ella escribió una vez: “ ‘El amor de Cristo nos constriñe,’ declaró el apóstol Pedro” (RH, octubre 30, 1913); pero sabemos que no fue Pedro el que lo dijo, sino Pablo. Al relatar la matanza de San Bartolomé ella escribió que el tañido de la campana del palacio “dio la señal del degüello” (CS, ed. 1888). Más tarde se dio cuenta de que los historiadores diferían: unos decían que fue “la campana del palacio”; otros, que lo fue la de “la iglesia de San Germán,” al otro lado de la calle; y otros más, que fue la campana del “palacio de justicia,” a la vuelta de la esquina. Entonces, en 1911, ella modificó así la declaración: “El tañido de una campana, resonando a medianoche, dio la señal del degüello” (p. 315). No fue su intención asentar diferencias mínimas entre los historiadores. En cuanto a esto escribió su hijo Guillermo: “Cuando fue escrito El conflicto, mi madre nunca pensó que lo tomarían como una autoridad en asuntos históricos, o que lo usarían para desatar polémicas en cuanto a detalles de historia, y aún piensa lo mismo” (Carta a W. W. Eastman, noviembre 4, 1912. EGWW, 34).

Hasta aquí hemos considerado las “fuentes” de Elena G. de White para la composición de la Serie Conflicto, y particularmente El conflicto de los siglos. Hemos visto cómo Dios repetidamente le presentó la gran controversia, y cómo ella trabajó para situarla dentro de la historia del pasado. Pero el verdadero mensaje de estos libros es su significado para el futuro: el desarrollo final de los planes y propósitos de Dios. En la última parte de El conflicto de los siglos, el volumen de la serie que despliega los últimos acontecimientos, encontramos al pueblo de Dios proclamando el retorno de Jesús, y a la iglesia remanente desde el comienzo de las horas oscuras de prueba hasta su glorioso triunfo, y finalmente testificando la venida de su Señor y la recompensa de los justos. Es algo conmovedor, lleno de información vital y dirección divina para el pueblo que vivirá en los últimos días.

Contienen la instrucción divina

“El Espíritu Santo grabó estas verdades en mi corazón y en mi mente en forma tan indeleble como la ley fue grabada por el dedo de Dios en las tablas de piedra,” escribió la autora de El conflicto de los siglos, Patriarcas y profetas y El Deseado de todas las gentes. – Y agregó –: “La Hna. White no es la originadora de estos libros. Ellos contienen la instrucción que durante el período de su vida Dios le ha estado dando. Contienen la luz preciosa y consoladora que Dios ha concedido generosamente a su sierva para ser dada al mundo. Desde sus páginas, esta luz ha de brillar iluminando los corazones de los hombres y mujeres y conduciéndolos al Salvador” (CE, 175, 173, ed. 1967).

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)




Escritos sobre la vida de Cristo - Por Arturo L. White


Después de la publicación del tomo 1 de The Spirit of Prophecy, en 1870, Jaime y Elena de White volvieron su atención hacia un segundo libro de 400 páginas, el cual versaría sobre la historia del Nuevo Testamento, la vida de Cristo y la obra de los apóstoles. Un tercer volumen se referiría a la historia posbiblica hasta el fin del tiempo.

El 1º de enero de 1873 encontró ocupados a Jaime y Elena de White, en la costa oeste de los Estados Unidos, en donde ella comenzó a escribir sobre la vida de Cristo. En reuniones siguientes, sostenidas en la Iglesia Bautista de Petaluma, California, habló el domingo de mañana sobre la tentación de Jesús en el desierto, y sintió el “impacto del tema.”

Sin embargo, como su esposo, que la había animado a escribir y le ayudaba a preparar los materiales, estaba enfermo por el trabajo excesivo, una semana después decidió enfrentar francamente la situación. Hasta que adquiriera las destrezas que sentía que necesitaba, discontinuaría su redacción sobre la vida de Cristo. En ese momento, ¿cómo podría ella manejar temas tan grandes y sublimes? En su diario escribió: “Pienso poner a un lado mi trabajo de escribir, el cual tanto me agrada, y ya veré si no puedo convertirme en una erudita. No soy experta en gramática. Intentaré, si el Señor me ayuda, convertirme a los 45 años de edad en una experta en la ciencia [de escribir]. Creo que él me ayudará” (MS 3, 1873, p. 5).

Como apenas tenía tres grados de la escuela elemental, siempre sintió su deficiencia para escribir. No mucho antes había enfatizado ante sus hijos la importancia de ser buenos escritores (Carta 28, 1871). Sus libros, artículos, coas y manuscritos revelan, desde el comienzo de su trabajo, que su escritura era clara e impresionante, y que sus mensajes ostentaban un estilo distinguido. Una lectura de Primeros escritos, fruto de sus primeros años, muestra un vocabulario modesto y una estructura sencilla en la oración. Libros y artículos posteriores descubren un desarrollo en la técnica literaria. Esto sucedió desde que empezó a ayudar a su esposo en la corrección de las pruebas para la Review and Herald y otras publicaciones, y a medida que leía y se relacionaba con otras personas cada día en el hogar y en sus viajes. Constantemente, como hacen la mayoría de los escritores, pensaba sin cesar en algo y se esforzaba por descubrir la manera mejor y más convincente de expresar la verdad.

En diciembre de 1872 ya habían aparecido, en la Review and Herald varios artículos sobre “El primer advenimiento de Cristo.” Afortunadamente, aunque sentía su incapacidad, no se desanimó, sino que de continuo, durante los próximos años, escribió y publicó artículos sobre la vida y enseñanza de Jesús. Estos concluyeron en abril de 1875 con una serie sobre “La tentación de Cristo.”

Un año después las circunstancias fueron más favorables para escribir. La Sra. White se encontraba de nuevo en la costa del Pacífico, en su nuevo hogar en Oakland, California. Tenía una buena ayudante de redacción en su sobrina Mary Clough, mujer inteligente, hija de Carolina, hermana de la Sra. White. Mary era una buena cristiana, pero no había aceptado el sábado. Jaime White estaba en el este, asistiendo a la reunión de la Asociación General y atendiendo otros deberes como presidente de la Asociación General. Elena G. de White vio la oportunidad de continuar con la redacción de la vida de Cristo, y decidió, a menos que el Señor le indicara lo contrario, que se concentraría en este proyecto.

A fines de marzo escribió a su esposo: “Mary Clough y yo haremos todo cuanto podamos para adelantar mis escritos. No veo que ninguna luz brille para mí en el Estado, de Míchigan. Este año siento que mi trabajo es escribir” (Carta 63, 1876).

“Disfruto la presencia de Dios. Escribo y siento libertad al escribir. Estoy manejando temas preciosos. El último que completé… [fue la historia de] Jesús sanando al hombre impotente junto al estanque de Betesda” (Carta 1, 1876).

Las primeras páginas eran de puño y letra de Elena G. de White. Mary hacía el trabajo editorial cuidadosamente, y colocaba las páginas en capítulos. Por supuesto, la obra terminada era manuscrita, pues esto fue seis o siete años antes de que las máquinas de escribir se usaran en los escritos de la sierva del Señor. Todas las mañanas escribía diligentemente en su cuarto superior. Después de comer iba al cuarto de Mary Clough, se sentaba en un sofá y escuchaba a medida que Mary le leía el material revisado de su manuscrito. Descansaba o paseaba en su carruaje en la tarde, quizá escribía unas pocas cartas, y ya avanzada la tarde escuchaba de huevo leer a Mary. Como las dos trabajaban tan estrechamente, la Hna. White se refería a los escritos que “nosotras” hacemos, aludiendo al trabajo que realizaban juntas. Algunos años después ella explicó el término “nosotras”: “Mis ayudantes y yo somos colaboradores que enviamos al mundo la luz que recibo para que bendiga al mundo” (Carta 170, 1906).

Confianza en la ayuda divina y en la humana

La Sra. White sentía perfecta confianza en la ayuda divina y en la humana. A medida que ella y su ayudante trabajaban juntas con propósito resuelto, tenían a mano, como referencias, algunos libros de otros autores: Life of Christ (La vida de Cristo), de William Hanna y Life and Work of Christ (Vida y obra de Cristo), por Cunningham Geikie, y posiblemente otros. El libro que salió de sus manos daba evidencias de que habían consultado la obra de W. Hanna.

Un día Elena G. de White informó a su esposo: “Mary me ha leído dos artículos; uno sobre los panes y los peces, [el otro en cuanto a] Cristo caminando sobre las aguas… Son unas cincuenta páginas que comprenden variados asuntos. Pienso que es lo más precioso que alguna vez yo haya escrito. Mary está muy entusiasmada; piensa que es del más elevado valor…

“Temas muy interesantes se presentaron a menudo a mi mente. Estos temas los menciono y se fijan en la memoria de Mary” (Carta 13, 1876).

Y en verdad que hablar en público fue también una parte del proceso de revelación de Elena G. de White. Según su propia declaración, mientras escribía en cuanto a la alimentación de los cinco mil, habló a una congregación grande, realzando “el tema de los panes y los peces… Todos escucharon con mucha atención; algunos estaban boquiabiertos” (Carta 9, 1876).

“Tengo ahora un trabajo especial: escribir las cosas que el Señor me ha mostrado… Tengo un trabajo que hacer que ha sido una gran carga para mi alma; cuán grande, sólo el Señor lo sabe.

“Repito: necesito tiempo para que mi mente se calme y sosiegue. Necesito tiempo para meditar y orar mientras me empeño en este trabajo… Esta es una obra grande, y clamo a Dios cada día por la ayuda de su Espíritu para hacer este trabajo bien.” (Carta 59, 1876 Dirigida a Lucinda Hall).

En el proceso de escribir se combinaban: estudio de la Biblia, visiones, oración, meditación, discusión con sus ayudantes, e “intensa meditación,” todo bajo la dirección del Espíritu Santo. “Siento inmensa paz y calma mental – declaró –. Parece que no hay nada que confunda y distraiga mi mente; y con un pensar tan intenso, mi mente se sobrecargaría si se sintiera perpleja con otra cosa” (Carta 13, 1876).

“No puedo forzar las ocupaciones. Este trabajo debe ser hecho cuidadosa, lenta y perfectamente. Los temas que hemos preparado están bien realzados. Me agradan” (Carta 14, 1876).

Cuando trabajaba a fines de mayo de 1876, en The Spirit of Prophecy, volumen 2, y casi terminaba el tópico de la entrada triunfal en Jerusalén, salió de California hacia el este para asistir a reuniones campestres. A fines de noviembre el libro fue publicado, pero por alguna razón aparece como impreso en 1877.

Como ejemplo, veamos el capítulo sobre los panes y los peces como aparece en The Spirit óf Prophecy, volumen 2, páginas 258 a 267, y comparémoslo con el relato de los Evangelios y el libro de W. Hanna. Para la Hna. White la Biblia fue su fuente básica de información.

Los cuatro Evangelios relatan la alimentación de los cinco mil. (Mat. 14: 13-23; Mar. 6: 32-46; Luc. 9: 10-17; Juan 6: 1-13) Ella comenzó su narración en donde se llevó a cabo el milagro: un lugar apropiado “para tal retiro, del otro lado del mar, cruzando desde Capernaum” (2SP, 258). El relato de W. Hanna pudo haber enriquecido el de la Hna. White, porque, como Mateo, él sitúa el escenario de la alimentación en “un lugar desierto,” y agrega que fue “frente a Capernaum, al otro lado del lago, en el territorio que va al norte de Betsaida” (LC, 277).

Tanto Hanna como la Sra. White señalan dos razones para la orden de Cristo a los discípulos: “Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta.” (Luc. 9: 14) Pero Marcos 6: 40 dice: “de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.” Hanna dice que la orden “indicaba el propósito de nuestro Señor de que no hubiera confusión, para que la atención pudiera dirigirse a lo que estaba a punto de hacer” (LC, 279).

La Hna. White menciona lo mismo: “para conservar el orden, y que todos pudieran ver el milagro que iba a hacer” (2SP, 262; DTG, 333).

Tanto Hanna como la Hna. White se refieren a la amenaza de “violencia” que pudo haberse presentado en el intento del pueblo de coronarlo rey. Hanna escribe de la aparente intención de la gente de “tomarlo enseguida y forzarlo a ser rey. Jesús vio que esta incipiente acción de levantamiento, si seguía, llevaría a algunos a actos de violencia” (LC, 280). Y la Hna. White escribe: “Él sabía que la violencia y la insurrección serían el resultado de su exaltación como rey de Israel” (2SP, 264; DTG, 341).

Lo dicho probablemente se basa en Juan 6: 15, pero bien puede haber una conexión con el relato según lo da Hanna: “Él llamó a los doce y les ordenó que se embarcaran inmediatamente, … a remar hacia Capernaum, en donde se uniría a ellos durante la noche o en la mañana” (LC, 280).

Elena G. de White informa: “Él llamó a sus discípulos y les ordenó que tomaran inmediatamente el bote y regresaran a Capernaum, y que él despediría a la gente. Les prometió encontrarse con ellos esa noche o en la mañana siguiente. Los discípulos estaban poco dispuestos a someterse a este arreglo” (2SP, 264; DTG, 341).

Otras semejanzas en puntos menos importantes se ven aquí y allá en los dos relatos mencionados, pero posiblemente sugeridas por los relatos bíblicos. En el caso de la promesa de encontrarse con sus discípulos esa noche o a la mañana siguiente, se puede ver que Hanna la afirma como una suposición lógica, basada quizá en Marcos 6: 45, mientras que la Hna. White pudo depender de implicaciones de la Escritura, o de información recibida en visión, o de la suposición de Hanna. La evidencia disponible excluye una conclusión dogmática.

Puntos únicos de Elena G. de White

Pero más importantes y significativas que las similitudes son las diferencias entre ambos escritos, las cuales por supuesto, no demuestran dependencia.

En el viaje a través del lago hacia el “lugar desierto,” Elena G. de White nos informa que “otros lo siguieron en botes” (2SP, 259; DTG, 332). Ni los Evangelios ni Hanna mencionan este hecho.

Elena G. de White menciona algunos de los sucesos del día: “Cientos de enfermos y lisiados fueron traídos para que Jesús los sanara, y fueron colocados sobre el piso en tal forma que llamaran su atención… Todas las enfermedades estaban representadas entre los enfermos que exigían su ayuda. Algunos ardían de fiebre, inconscientes de sus preocupados amigos que los habían ayudada. Allí estaban el sordo, el ciego, el paralítico, el cojo y el lunático…

“Sus palabras fueron a menudo interrumpidas por los delirios de algunos azotados por la fiebre o los gritos desgarradores de los dementes, cuyos amigos se esforzaban a través del gentío para llevar a los enfermos hasta el Sanador. La voz de la sabiduría [de Jesús] a menudo también se perdió entre los gritos de triunfo cuando las víctimas sin esperanza eran restauradas instantáneamente a la salud y la fuerza” (2SP, 259-260). Hanna apenas si menciona el sanamiento de estos enfermos.

Hay un detalle significativo mencionado por Elena G. de White, pero no por Hanna ni otros escritores. Se trata del intento que hicieron los discípulos de librar a Jesús del agotamiento: “El Maestro había trabajado todo el día sin alimento ni descanso, y los discípulos, viéndolo pálido de cansancio y hambre, le rogaron que descansara de su trabajo y tomara algún alimento. Como sus esfuerzos no sirvieron de nada, consultaron cómo podrían librarlo de la apremiante multitud, pues temían que muriera de fatiga.

“Pedro y Juan tomaron los brazos de su bendito Maestro y bondadosamente trataron de llevárselo; pero él rehusó ser sacado de ese lugar. Su obra era urgente. Cada suplicante de su misericordia sentía que su caso era el más apremiante. La multitud se apiñaba contra el Salvador y lo llevaba de un lado a otro. En sus esfuerzos por acercarse más a él se pisoteaban unos a otros” (2SP, 260-261).

Esto demuestra que, aunque Elena G. de White extrajo datos de Hanna, de Geikie y de otros escritores, sus visiones le dieron una información de la cual no dispusieron otros comentadores de la vida de Jesús. Tales descripciones dan un toque de autenticidad que sólo puede ser impartido por un testigo. Sus escritos son ricos en detalles nuevos y frescos, que ella relaciona, como ningún otro, con lecciones y asuntos espirituales.

Los volúmenes 2 y 3 de The Spirit of Prophecy fueron publicados bajo el título general “La gran controversia entre Cristo y Satanás.” Un libro lleva el subtítulo “Vida, enseñanza y milagros de nuestro Señor Jesucristo,” y el otro, “Muerte, resurrección y ascensión de nuestro Señor Jesucristo.” Poco después el material fue distribuido en seis libros pequeños. También fue publicado en un solo volumen con el título La vida de Cristo, en alemán, francés, danés y sueco.

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)




Preparación de El Deseado de todas la gentes parte 1 - Por Arturo L. White


Este libro es aclamado por muchos como la producción literaria cumbre de Elena G. de White, por su estilo, lenguaje y poder espiritual. Ella misma presentó las razones de esto en 1895: “Ustedes saben que mi gran tema, en el púlpito y en privado, con mi voz y mi pluma, es la vida de Cristo” (Carta 41, 1895).

El esfuerzo continuo para lograr la excelencia en la palabra hablada y en la escrita al tratar los temas sublimes de la vida y ministerio de nuestro Salvador, dio como resultado esta obra sublime.

El trabajo diligente en el manuscrito de El Deseado de todas las gentes duró unos seis años (1892-1897). Se publicó después de El conflicto de los siglos (1888) y Patriarcas y profetas (1890); pero sólo cuando la autora se mudó a Australia tuvo suficiente tiempo para culminar este largo y acariciado proyecto de El Deseado de todas las gentes, y también pudo producir El discurso maestro de Jesucristo y Palabras de vida del gran Maestro.

La preparación de El Deseado no requirió nuevos manuscritos, sino el trabajo de reunir, ampliar y completar lo que ya estaba en The Spirit of Prophecy y en artículos, manuscritos y cartas. Habría sido un desperdicio imperdonable de materiales ignorar los extensos escritos de Elena G. de White, publicados hasta ese momento, sobre la vida y ministerio de Jesús.

Pero sus muchas responsabilidades: viajes, reuniones y las muchas horas dedicadas a dar consejos, y su incesante escribir, le dejaban muy poco tiempo para compilar y arreglar los materiales existentes y dar forma a una obra completa sobre la vida de Cristo. Esta era una tarea mayormente secretarial que otro podía hacer. Tal responsabilidad le fue confiada a Marian Davis, quien desde 1879 había sido una de sus asistentes. La Srta. Davis era dedicada y eficiente. La Sra. White escribió de ella en 1900: “Ella recopila mis libros… ¿Cómo lo hace? … Ella lo hace así: toma mis artículos que son publicados en los periódicos, y los pega sobre hojas. Tiene también una copia de todas las cartas que escribo. Cuando prepara un capítulo de un libro, Marian recuerda que he escrito algo sobre ese asunto especial, que le da más fuerza. Comienza a buscarlo, y cuando lo encuentra, si ve que añade más claridad, lo agrega.

“Los libros no los produce Marian, sino yo; pero ella los recopila de mis escritos. Marian tiene mucho de donde sacar, y su habilidad para arreglar el material es de gran valor para mí. Me ahorra tener que examinar un montón de material, para lo cual no tengo tiempo” (Carta 61a, 1900).

Después de seleccionar y organizar el material escogido de artículos ya publicados, y de agregar las selecciones de manuscritos inéditos, la autora y la Srta. Davis estudiaban diligentemente para ver si el material escrito cubría el tema, y cuánto deseaba agregar la escritora.

Entonces, a medida que avanzaba el trabajo, haciendo ambas su parte, la Srta. Davis buscaba material adicional en los escritos y la Hna. White completaba lo que faltaba. En esta forma se terminaban los capítulos. Pero la Hna. White sola era la que realizaba la tarea de finalizar el texto. Ella lo mencionó en 1904, cuando murió su secretaria y rememoró sus labores conjuntas: “Estuvimos hombro a hombro en el trabajo, y en perfecta armonía en la obra. Y cuando ella (Marian) descubría la falta de esos puntos y signos necesarios que se habían deslizado en libros y papeles, me los presentaba. ‘Bueno – decía –, aquí hay algo que debe hacerse, y yo no puedo suplirlo.’

“Yo lo examinaba, y en un momento podía arreglar todo. Trabajamos unidas, en perfecta armonía todo el tiempo” (MS, 95, 1904).

La Srta. Davis nos da una vislumbre de su trabajo de seleccionar los materiales apropiados para que pudieran estar rápidamente a la mano: “Quizá usted pueda imaginarse las dificultades al intentar reunir puntos relacionados con un determinado tema, cuando tienen que ser recolectados de treinta álbumes de recortes y cincuenta manuscritos que cubren miles de páginas” (a Guillermo C. White, marzo 29, 1893).

Algún tiempo antes la Sra. White se dio cuenta de que la Srta. Davis necesitaba ser un poco menos dependiente en ciertas fases del trabajo. Parece que ésta quería que la Sra. White y Guillermo, su hijo, vieran “cada pequeño cambio de una palabra” que hubiera hecho. “Su mente – dijo la Sra. White – está en todo punto y conexión.” Así que habló con Marian y le explicó: “Debe [usted] arreglar muchas cosas por su cuenta; … debe hacerse cargo de esas cosas que pertenecen a su parte en el trabajo” (Carta 64a, 1889).

Un curso sobre la vida de Cristo

En 1893 la nueva escuela de Biblia, que se hallaba cerca del hogar de Belden, Australia, en donde se alojaba la Srta. Davis, ofreció un curso sobre la vida de Cristo. Esta se inscribió inmediatamente, pues anhelaba conseguir toda la preparación que pudiera para su trabajo en el manuscrito sobre la vida de Cristo, escrito por la Sra. White.

Escribió a ésta, quien estaba pasando casi todo el año en Nueva Zelanda: “La clase de Biblia será a media mañana, algo no conveniente; pero como se estudia la vida de Cristo no puedo dejar de asistir. – Y agregaba –: Es lo único que he llevado en mi corazón, y despierta la mente de uno el oír hablar sobre el tema” (Marian Davis a Elena G. de White, octubre 18, 1893).

El intercambio de correspondencia en ese año mostró la preocupación de ambas, a medida que avanzaban en la preparación del manuscrito. En julio la Sra. White escribió: “Escribo algo cada día sobre la vida de Cristo” (Carta 132, 1893).

En los primeros días de agosto Marian Davis escribió a su amiga: “Ahora, en relación con el libro, estoy tan contenta que haya escrito en cuanto a viajes a Galilea. Temía que no los mencionara… Esperaré con gran interés la llegada del manuscrito prometido… ¡Hay un campo tan rico en las enseñanzas de Jesús después de que salió de Jerusalén!” (Agosto 2, 1893)

Poco tiempo antes, impulsada quizá por la clase mencionada, Marian le sugirió algunos tópicos que pensaba que le gustaría ver en el libro. La Sra. White no vio tal necesidad, y declaró: “No las incorporaré sin que el Espíritu del Señor me lo indique. La construcción de una torre, la guerra de los gobernantes, estas cosas no impresionan mi alma, sino los temas de la vida de Cristo: su carácter, que representa al Padre; las parábolas, esenciales para que todos entendamos y practiquemos las lecciones que contienen; en esto me extenderé” (Carta 131, 1893).

Cuando la Hna. White regresó de Nueva Zelanda a su hogar en Australia, se refirió a la preparación del libro en una carta dirigida al presidente de la Asociación General. Se lamentaba: “Si yo pudiera solamente sentir que doy toda mi atención al trabajo… Y ahora pienso, como lo he hecho cientos de veces, que podré, después de que cierre este correo [americano], reanudar la vida de Cristo y continuar, si el Señor lo permite” (Carta 55, 1894).

Pero quizá la preocupaba más la importancia de una presentación adecuada de la vida y ministerio de Cristo. Cuando reinició su trabajo en el manuscrito inmediatamente después de regresar a Australia, escribió: “Esta semana he podido comenzar a escribir sobre la vida de Cristo. ¡Oh, cuán ineficiente, cuán incapaz soy de expresar las cosas que arden en mi alma relacionadas, con la misión de Cristo! He intentado, con dificultad, iniciar el trabajo. Es algo muy grande. ¿Y qué diré o qué dejaré de decir? Permanezco despierta de noche rogando al Señor para que el Espíritu Santo descienda sobre mí y permanezca sobre mí.”

Y continuó exponiendo los sentimientos de su corazón: “Camino temblorosa delante del Señor. No sé cómo hablar o trazar con la pluma los inmensos temas de su sacrificio expiatorio. No sé cómo presentar los temas con el poder viviente con que me son presentados. Tiemblo de temor, no sea que empequeñezca el gran plan de salvación con mis palabras comunes. Mi alma se inclina con temor y reverencia delante del Señor, y digo: ‘Para estas cosas, ¿quién es suficiente?’ “ (Carta 40, 1892).

Meses después, en una carta escrita al director del colegio de Battle Creek, ella hizo una declaración que no agradó a otros, pero que expresa sus sentimientos: “Ahora tengo que dejar este asunto tan imperfectamente presentado, que temo que usted interpretará mal mis intensos deseos de hacerlo sencillo. ¡Oh, que Dios avive el entendimiento, porque yo soy una escritora deficiente y no puedo expresar con la pluma o con la voz los misterios grandes y profundos de Dios!” (Carta 67, 1894).

A medida que se organizaban los materiales en capítulos, debía prestarse esmerada atención al orden de los sucesos en la vida del Salvador. Desconocemos hasta qué punto y detalles las visiones proveyeron la secuencia del ministerio y los milagros de Cristo. Sabemos, en cambio, que una década antes ella había hecho un pedido significativo: “Dígale a Mary que me consiga algunas historias de la Biblia que me den el orden de los eventos” (Carta 38, 1885). Y lo hizo porque no pudo hallar nada en la biblioteca pública de Basilea, Suiza.

Marian tenía una gran cantidad de material sobre una fase u otra de la vida de Cristo, y su mayor trabajo era organizarlo en el mejor orden. Los relatos no sincrónicos de los Evangelios no la ayudaban mucho en esto; y a falta de instrucciones directas de la Hna. White u orientación con los materiales mismos, la Srta. Davis consultó cuidadosamente los paralelismos en la narración de los Evangelios.

Marian estaba ocupada con tres capítulos introductorios – “Dios con nosotros,” “El pueblo elegido” y “El cumplimiento del tiempo” – cuando la obra llegaba a su fin; entonces buscó el consejo del pastor Herbert Camden Lacey, maestro de Biblia en el Colegio de Avondale, en lo que se refería a la organización de los capítulos. Él le hizo algunas sugestiones valiosas que, cuando fueron conocidas, hicieron correr el rumor de que él era coautor del libro. El pastor Lacey negó rotundamente, verbalmente y por escrito, este rumor. Una de sus explicaciones escritas, dice: “La Srta. Marian Davis, a quien fue confiado el trabajo editorial de El Deseado de todas las gentes, en 1895 y 1896 con frecuencia me pidió ayuda para ordenar el material de varios manuscritos que había recibido de la Hna. White. La Hna. Davis era una buena amiga, y yo hice lo mejor que pude para ayudarla, especialmente en el primer capítulo. Que yo recuerde, esta ayuda se limitó sólo a la secuencia de los párrafos y las oraciones, o a escoger una palabra más apropiada. Nunca hubo alteración alguna del pensamiento o la inserción de una idea que no estuviera en el texto original. La ‘copia’ final era presentada a la Hna. White para su final aprobación.

“Sostengo pues que, en su totalidad, El Deseado de todas las gentes, como está ahora impreso, es el producto de la mente y el corazón de la Hna. White, guiada por el buen Espíritu de Dios. Y el trabajo ‘editorial’ fue solamente técnico.

“Con gozo y de todo corazón acepto El Deseado de todas las gentes como un libro inspirado; en verdad lo conceptúo como la vida de Cristo más espiritual, fuera de los Evangelios, que alguna vez él le haya dado a su iglesia” (H. C. Lacey a S. Kaplan, julio 24, 1936).

Títulos de libros y capítulos

E. G. de White no escogió el título de sus libros, excepto, posiblemente, los de la Serie Conflicto y los Testimonios. Esto generalmente lo hacía ella en colaboración con sus ayudantes y los impresores. Estos últimos específicamente sugirieron para un libro de la Serie Conflicto dos posibles títulos: El Deseado de todas las naciones y El Deseado de todas las gentes, ambos basados en Hageo 2: 7; y además, El Deseado de todas las naciones vendrá. Finalmente quedó el título actual.

En cuanto a los capítulos, los títulos iban apareciendo a medida que se preparaban. La narración sugería algunos, pero había paralelismos con títulos de otros autores. El título debía, pues, basarse en el contenido y el interés para el lector.

Al avanzar en la preparación de El Deseado de todas las gentes, la autora sabía la ayuda que podían prestarle ciertos escritores en cuanto a la vida de Cristo y a la geografía y las costumbres bíblicas. Las obras ya mencionadas: Life of Christ, de William Hanna, publicada en 1876, y Life and Work of Christ, de Cunningham Geikie, las tenía en su biblioteca, y sin duda tenía otras obras de otros autores. En varias ocasiones Elena G. de White y su hijo Guillermo demostraron su conocimiento de tales obras. Un ejemplo: cuando ella salió de Oakland, California, para Battle Creek, Míchigan, aparentemente anticipándose a la terminación de The Spirit of Prophecy, volumen 2 y a la continuación del volumen 3, seleccionó unos libros para ella. Desde el tren ella escribió una nota a alguien en su hogar: “Usted no necesita enviarme Walks and Homes of Jesus (de Daniel March) cuando me despache los libros que aparté” (Carta 27a, 1876).

Mientras Guillermo C. White se encontraba en Europa, en 1887, recomendó a la casa publicadora de allí que compraran Life of Christ, de William Hanna, Hours With the Bible, de Cunningham Geikie, Life of Our Lord, de S. J. Andrews, y las obras relativas al templo, a sus servicios y a la vida social de los judíos, de Alfred Edersheim. También aconsejó que se adquiriera una buena armonía de paralelismos de los Evangelios.

Todos estos libros sobre la vida de Jesús eran bien conocidos en los círculos adventistas.

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

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Preparación de El Deseado de todas la gentes parte 2 - Por Arturo L. White


La preparación de El Deseado de todas las gentes fue un desafío tremendo para Elena G. de White. Las escenas eran tan sublimes, el sacrificio tan enorme, que la descripción de la historia afectó todas las fibras de su ser. En cuanto a esto escribió: “Cuando escribo sobre la vida de Cristo estoy profundamente conmovida. Me olvido de respirar como debiera. No puedo soportar la intensidad del sentimiento que me sobreviene cuando pienso cuánto sufrió Cristo en nuestro mundo” (MS, 70, 1897).

A medida que trabajaba día y noche en este libro, sentía la tremenda responsabilidad de captar y presentar en una forma efectiva y en un lenguaje adecuado las vívidas escenas y las lecciones importantes del ministerio y la vida de Cristo.

Pocos años antes había escrito cómo “la traición, juicio y crucifixión de Jesús” habían pasado delante de ella “punto por punto” (Carta 14, 1889).

Es lo más probable que lo que escribió acerca de la preparación del manuscrito de El conflicto de los siglos también sea válido para El Deseado de todas las gentes: “A menudo estoy consciente de la presencia de los ángeles de Dios. Y muchas veces las escenas acerca de lo que estaba escribiendo me fueron presentadas de nuevo en visiones de la noche, para que estuvieran más frescas y vívidas en mi mente” (Carta 56, 1911).

Parece claro que las visiones dadas a través de los años en cuanto a la vida de Cristo, y las visiones repetidas mientras trabajaba en el manuscrito de The Desire of Ages (El Deseado de todas las gentes), juntamente con las visiones que descubrían nuevos conceptos, fueron fuentes básicas al escribir sobre la vida de Cristo.

¿Dependió Elena G. de White de otros autores?

Cuando preparaba El Deseado de todas las gentes, aparentemente ella consultaba a veces las obras sobre la vida de Jesús, algunas de las cuales estaban en su biblioteca. Sin embargo, es obvio que tales informaciones no eran su material básico para la composición de la vida y enseñanzas de Jesús, o de sus profundas percepciones, o de las hondas lecciones espirituales que ella sacaba de las enseñanzas de Jesús. Pero sí halló que las obras de Hanna, Geikie, Edersheim, Farrar, y otras más que tenían que ver con las escenas que habían pasado delante de ella, le eran útiles. En ellas pudo haber encontrado una manera gráfica de presentar la verdad, pero no significa que eran su fuente básica. Sus percepciones y lecciones espirituales frecuentemente van más allá de las presentaciones de estos escritos.

En un artículo anterior señalé las similitudes y diferencias entre ciertas expresiones utilizadas por Hanna y la Sra. White acerca de la alimentación de los cinco mil.

Es muy claro que 20 años más tarde, cuando ella escribía sobre lo mismo en El Deseado de todas las gentes, halló de nuevo en Hanna y Geikie descripciones que le fueron de utilidad al presentar el cuadro inspirado.

Por ejemplo: ella escribe en El Deseado de todas las gentes que cuando Jesús ordenó a sus discípulos que tomaran el bote y regresaran a Capernaum, ellos “no habían abandonado inmediatamente la tierra, según Jesús les había indicado. Aguardaron un tiempo, esperando que él viniese con ellos. Pero al ver que las tinieblas los rodeaban prestamente, ‘entrando en un barco, vinieron de la otra parte de la mar hacia Capernaum’ “ (p. 342). Geikie reconstruye la historia, y dice: “A las primeras señales de tumulto entre la gente, él había enviado a los doce a cruzar el lago de nuevo enseguida, a Betsaida, cerca de Capernaum, mientras él despedía las multitudes. Esperaron por él hasta que la noche cayó; pero al fin, como no llegaba, se fueron sin él” (The Life and Words of Christ, t. 2, p. 188).

En cuanto a lo que sigue, ¿qué dice Elena G. de White que no mencionan los Evangelios ni otros autores? Primero veamos lo que dice Hanna acerca de las horas que Jesús pasó en la montaña: “Subió solo a una montaña; solo oró allí… Hasta después del amanecer mantuvo una comunión secreta e íntima con el cielo. En el retiro de esas apartadas horas de su devoción no nos atrevemos a introducirnos” (LC, 128),

El relato evangélico solamente dice: “Subió al monte a orar aparte.” (Mat. 14: 23) Marcos, Lucas y Juan nada agregan.

W. Hanna apenas insinúa lo que la Sra. White nos dice; es decir, el objeto de su oración: “Cuando fue dejado solo, Jesús ‘subió al monte a orar aparte.’ Durante horas continuó intercediendo ante Dios. Oraba no por sí mismo sino por los hombres. Pidió poder para revelarles el carácter divino de su misión, para que Satanás no cegase su entendimiento y pervirtiese su juicio… Con el alma trabajada y afligida, oró por sus discípulos. Ellos habían de ser intensamente probados. Las esperanzas que por mucho tiempo acariciaran, basadas en un engaño popular, habrían de frustrarse de la manera más dolorosa y humillante… Pesaba sobre su corazón la preocupación que sentía por ellos, y derramaba sus súplicas con lágrimas y amarga agonía” (DTG, 342).

Otra ilustración. Entre los evangelistas, sólo Marcos introduce esta explicación: “Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco.” (6: 31) W. Hanna cita a Marcos y dice cómo “Jesús anhelaba ahora un poco de quietud y aislamiento: para él, a fin de poder meditar en una muerte [la de Juan el Bautista], profética de la suya…; para ellos [los discípulos], a fin de que tuvieran algún respiro de su fatiga y trabajo acumulados. Con este propósito en vista, los invitó a unirse a él en su realización: ‘Venid vosotros aparte…, y descansad un poco’ “ (LC, 277).

En su manuscrito de 1876 ella apenas menciona esta invitación, pero en El Deseado de todas las gentes le dedica un capítulo de cinco páginas y media: “Venid, Reposad un poco.” Explica aquí el fin del descanso anticipado y su significado para nosotros.

Cada uno de los evangelistas dedica unos pocos versículos a la invitación, a los sucesos, a la alimentación de los cinco mil y a la despedida de la gente. W. Hanna dedica a esto cuatro páginas y media; Geikie, cuatro. Pero en El Deseado de todas las gentes se dedican 20 páginas (326-346), las cuales están repletas con instrucciones prácticas, lecciones espirituales y consejos para el presente, mucho de lo cual se presenta bastante más extensamente de lo que lo hace la Biblia.

Otro ejemplo: La Hna. White declara que, mientras la naturaleza inanimada – el mar, el sol, las rocas – daba testimonio de la divinidad de Cristo, los sacerdotes y demás dirigentes no la reconocieron. Como bien se ha observado, esta descripción sigue de cerca a un pasaje de San Gregorio, que Hanna cita en su obra. Pero el paralelo concluye allí. Hanna no sabe explicar qué sucedió a los muertos que se levantaron cuando Cristo murió. Vacila entre si resucitaron cuando las tumbas se abrieron, o después.

Pero Elena G. de White declara en tono positivo: “Al resucitar Cristo, sacó de la tumba una multitud de cautivos. El terremoto ocurrido en ocasión de su muerte había abierto sus tumbas, y cuando él resucitó, salieron con él. Eran aquellos que habían sido colaboradores con Dios y que, a costa de su vida, habían dado testimonio de la verdad…

“Los que salieron de la tumba en ocasión de la resurrección de Cristo fueron resucitados para vida eterna. Ascendieron con él como trofeos de su victoria sobre la muerte y el sepulcro” (DTG, 730).

El ladrón de la cruz

W. Hanna, al hablar del ladrón de la cruz, se refiere a la conversación de los que estaban al pie de la cruz, que el ladrón apenas alcanzaba a oír, como una evidencia de que Jesús es el Señor; y conjetura que sería irrazonable suponer que el ladrón no se había encontrado con Jesús antes del día de la crucifixión (LC, 717).

Pero en El Deseado de todas las gentes, página 697, se dice del ladrón: “Había visto y oído a Jesús, y se había convencido por su enseñanza, pero había sido desviado de él por los sacerdotes y príncipes. Procurando ahogar su convicción, se había hundido más y más en el pecado, hasta que fue arrestado, juzgado como criminal y condenado a morir en la cruz.”

Debe también observarse aquí que W. Hanna experimenta considerable dificultad cuando intenta explicar a qué “paraíso” se refiere Cristo cuando dijo: “Te digo hoy: estarás conmigo en el paraíso.” (pp. 721-722) Concluye afirmando que el “paraíso” está dondequiera que Jesús esté.

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

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Preparación de El Deseado de todas la gentes parte 3 - Por Arturo L. White


Una característica significativa en los libros de Elena G. de White para el público es que ella, a veces, retuvo cierta información que los adventistas, con su comprensión de dichos escritos, podían entender y aceptar; pero que para los no adventistas podría ser piedra de tropiezo. Tal información apareció a menudo en los primeros libros y artículos de la Sra. White. En 1876, en 2SP, 260 apareció el relato en que Pedro y Juan toman a Jesús por los brazos para apartarlo de la multitud, lo cual no se menciona en El Deseado de todas las gentes.

Marian Davis explica la razón de prescindir de tal información: “Como estos libros se venden sin explicación alguna en cuanto a la autoridad que asiste a la autora, se pensó que lo mejor era evitar, hasta donde fuera posible, declaraciones para las cuales la Biblia no ofrece respaldo aparente. Es mejor dar al lector lo que aceptará y le aprovechará, que excitar la crítica y las preguntas que los lleve a desacreditarlo todo…

“La Hna. White dice que Cristo fue coronado dos veces con espinas, pero como la Biblia sólo menciona la segunda, se pensó que era mejor omitir la primera, o hablar de la segunda en lugar de la primera” (Marian Davis a J. E. White, diciembre 22, 1895).

No obstante, El Deseado de todas las gentes está repleto de información extrabíblica, generalmente de una naturaleza que no despierta el prejuicio del lector no informado.

Ni Hanna ni Edersheim incluyen en su narración la historia de la mujer adúltera (Juan 8: l-11). Parece que aceptaron la opinión de algunos eruditos que sostienen que dicho relato es espurio porque no se encuentra en ciertos manuscritos. Sin embargo, Geikie habla de la “prisionera temblorosa,” y la Sra. White se refiere a “la temblorosa víctima” (p. 425). Geikie relata la historia, tratando y destacando los aspectos legales, y agrega: “El acusarla no era asunto de ellos sino de su esposo,” y conjetura que Cristo pudo haber escrito en la arena “con más probabilidad las palabras que él trataba de pronunciar”; y poco después concluye: “Después de este incidente…” (LWC, 296-298).

La Sra. White menciona que “era el deber del esposo iniciar la acción contra ella,” y se detiene con cierta extensión en lo que Jesús escribió en tierra: “Allí, trazados delante de ellos, estaban las culpas secretas de su propia vida. El pueblo, que miraba, vio el cambio repentino de expresión, y se adelantó para descubrir lo que ellos estaban mirando con tanto asombro y vergüenza… Con asombro vio a sus acusadores apartarse mudos y confundidos” (DTG, 425-426).

En tanto que Geikie deja aquí la historia, la Sra. White nos informa que “esto fue para ella el principio de una nueva vida, una vida de pureza y paz, consagrada al servicio de Dios… Esa mujer penitente llegó a ser uno de sus discípulos más fervientes. Con amor y devoción abnegados, retribuya su misericordia perdonadora” (DTG, 426).

Esta aclaración está seguida por dos párrafos con lecciones espirituales. En 2SP, 352, la autora se detiene en la vida posterior de aquella mujer, y dice que “ella, sacudida por el pesar, estuvo al pie de la cruz.”

Cuando W. Hanna se refiere a la resurrección del Señor apenas toca el suceso mismo, relacionándolo más bien con una larga discusión sobre las mujeres que fueron a ungir el cuerpo de Jesús, y no lo encontraron: “Cuando van hablando en el camino, la tierra tiembla, un ángel desciende del cielo y quita la piedra de la puerta del sepulcro; y luego de prestar este servicio que correspondía a las embalsamadoras, se sentó sobre ella y esperó que se acercaran.” – Luego pregunta –: “¿Fue entonces cuando ocurrió el gran suceso de la mañana?… No se dice… El ángel mismo puede no haber presenciado la resurrección. El no dice que así fue.” – Y concluye –: “Totalmente en secreto fue la gran resurrección de entre los muertos: la manera y el tiempo exactos del evento pasaron inadvertidos y desconocidos… En algún momento entre el atardecer del último día y el primero de la semana tuvo lugar la resurrección” (LC, 780-781).

Geikie dice aún menos; apenas algo más que citar a Mateo 28: 1-3.

Mientras comenta estos eventos, según las Escrituras, Edersheim conjetura que la piedra fue quitada “después de la resurrección de Cristo” (2LTJM, 632).

Farrar hace una alusión a los sucesos de esa mañana en una manera singular e indirecta: “Se conoció entonces, o después, que algunas deslumbradoras visiones de ángeles en ropas blancas habían aterrado a los guardianes de la tumba y quitado la piedra de la tumba en medio de los sacudimientos del terremoto” (LC, 670).

Diferente y dramático

Cuán diferente es la descripción dramática de la resurrección que da El Deseado de todas las gentes (pp. 725-736). En contraste con las conclusiones aproximadas e incompletas de estos escritores, la Hna. White nos da descripciones vívidas de los ángeles malos y buenos que vigilaban la tumba toda esa noche: Un ángel del Señor descendió del cielo, “revestido con la panoplia de Dios,” se unió al ángel de la tumba; le siguen el terremoto y el terror de los soldados; la piedra removida por el ángel como si fuera un guijarro, y la orden que lanza: “Hijo de Dios, sal fuera; tu Padre te llama”; Jesús emerge en majestad y gloria, y los soldados romanos que se habían desmayado al ver los ángeles y al Salvador resucitado, tambaleando como borrachos, corrieron a la ciudad, pálidos en extremo para hablar con Caifás y Pilato; Caifás, estupefacto, intenta hablar, pero “sus labios… no expresaron sonido alguno.” Todo esto, y más, lo hay en El Deseado de todas las gentes, tal como su autora lo vio en visión, punto por punto. ¡Cuán sorprendentemente diferente de las “fuentes” que ella había consultado!

El espacio impide incluir otros ejemplos para destacar que cualquiera haya sido el uso que la Hna. de White hizo de W. Hanna y Cunningham Geikie y otros, tales informaciones no tomaron el lugar de sus primeras y continuas visiones.

Y en cuanto a las “fuentes” sería bueno examinar los registros de los evangelistas. Lucas asienta que él es un compilador de lo “que ya muchos” habían tratado de ordenar: “la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas” (cap. l: 1-3), pero que él se sentía calificado para hacer. La Hna. White nos informa que “Nicodemo relató a Juan la historia de aquella entrevista, y la pluma de éste la registró para instrucción de millones de almas” (DTG, 149).

La Hna. White escribe con claridad, fluidez, autoridad y ante todo con profundo sentimiento, elevando siempre el amor, carácter y victoria de Cristo, como un contendiente en la gran controversia. Escribe como alguien que presenció todo, y así fue, por las visiones que recibió. Si ella adquirió conocimiento de otros estudiosos en estos asuntos, acerca de algunos detalles de las costumbres de la gente y del fondo geográfico de las escenas que describió, ¿hace esto su mensaje menos inspirado? No. Los que creen en una inspiración dictatorial, rígida, pueden opinar que tal uso incidental de lo que otros han escrito no es aceptable; pero un concepto más equilibrado de la inspiración permite tal uso, sin que se rechacen las evidencias convincentes del origen divino.

A mediados de julio de 1896 la Hna. White se dio cuenta de que el libro estaba casi terminado: “El manuscrito de la ‘Vida de Cristo’ está casi listo para ser enviado a América. Será impreso por la Pacifíc Press” (Carta 114, 1896). Pero parece, como pasa menudo con los autores, que estaba muy optimista. En e1 caso de El Deseado de todas las gentes, hubo buenas razones para sentirse así, porque cuando creía que ciertos capítulos estaban terminados, en la noche le fue dada luz adicional para escribir más sobre el tema. Este trabajo de redactar nuevo material continuó hasta 1898.

El manuscrito del libro mencionado fue enviado a la Pacific Press poco a poco, y aun después de que ciertos capítulos fueron despachados, su escritura continua introdujo ampliaciones, las cuales fueron enviadas apresuradamente a los impresores a través del Pacífico.

Un año antes de que El Deseado de todas las gentes saliera impreso, fue publicado El discurso maestro de Jesucristo. La preparación de Palabras de vida del gran Maestro continuó por un año o dos después de que fue publicado El Deseado de todas las gentes. Como ambos eran parte de la vida y enseñanzas de Jesús, fueron seguidas las mismas pautas de El Deseado de todas las gentes en la preparación de los manuscritos.

Eran necesarios dos libros más para completar la narración de la historia de la gran controversia: Profetas y reyes y Los hechos de los apóstoles. Estos quedaron listos a su debido tiempo. Los manuscritos se prepararon sujetos a las mismas medidas de los libros grandes preparados para el mundo y para la iglesia.

En esta serie de artículos, fruto del corazón de Elena G. de White en la narración de la lucha de la gran controversia, hemos contado la historia sencilla, respaldada con documentación; Las series han sido de gran inspiración por la forma en que la mensajera del Señor preparó el tema del conflicto en forma de libro. Al hacerlo quizá hayamos levantado preguntas en algunas mentes. Si hallamos que nuestra fe es probada un poco al descubrir nuevos aspectos sobre cómo actúan los escritores inspirados, sería bueno que nos preguntáramos: “¿Exigimos a Elena G. de White más de lo que demandamos de los profetas de la Biblia, o más de lo que es justo que demandemos de cualquier profeta?”

Recordemos: “Dios no se propone evitarnos toda oportunidad de dudar. Él da evidencias que deben ser investigadas cuidadosamente con mente humilde y espíritu susceptible de ser enseñado; y todos deben decidir por el peso de la evidencia… Dios da suficiente evidencia para que pueda creer el espíritu sincero; pero el que se aparta del peso de la evidencia porque hay unas pocas cosas que su entendimiento finito no puede aclarar, será dejado en la atmósfera fría y helada de la incredulidad y de la duda, y perderá la fe” (2JT, 290).

“Dios no ha quitado toda posibilidad de dudar. Nuestra fe debe reposar sobre evidencias, no sobre demostraciones. Los que quieran dudar tendrán oportunidad de hacerlo, mientras que los que realmente deseen conocer la verdad encontraran abundante evidencia sobre la cual basar su fe.” (CC, 105) ¿Cuál es “el peso de la evidencia” cuando leemos a Elena G. de White? Instamos a todos a estudiar el contenido, el mensaje, la luz, el consejo, el ánimo, las advertencias y la armonía de estos libros, en relación con las Escrituras. ¿Qué han significado aquéllos para la iglesia a través de los años?

En 1906 la Hna. White atribuyó totalmente a la obra del Espíritu Santo las verdades asentadas en estos libros que trazan la historia de la gran controversia. Y pregunta: “¿Cuántos han leído cuidadosamente Patriarcas y profetas, El conflicto de los siglos y El Deseado de todas las gentes? Quiero que todos entiendan que mi confianza en la luz que Dios me ha dado permanece firme, porque yo sé que el poder del Espíritu Santo magnificó la verdad hizo honorable al decir: ‘Este es el camino, andad por él.’ En mis libros se presenta la verdad robustecida por un ‘Así dice el Señor.’ El Espíritu Santo grabó estas verdades en mi corazón y mi mente en forma tan indeleble como la ley fue grabada por el dedo de Dios en las tablas de piedra que están ahora en el arca, para ser puestas de manifiesto en el gran día cuando se pronuncie sentencia contra toda ciencia mala y seductora producida por el padre de la mentira” (CE, 175-176).

Aunque la preparación de los libros sobre el largo conflicto fue una parte vital e importante del trabajo de Elena G. de White, que ocupó la atención de lo mejor de su vida activa, no fue, en ninguna forma, la parte principal de su obra. La Serie Conflicto tiene unas 3.106 páginas (en español), pero a los nueve volúmenes de Testimonies for the Church les dedicó unas 4.632 páginas (en inglés), escritas durante el mismo período. Agréguese a esto los muchos libros de consejo, algunos miles de artículos y cientos de testimonios personales. No podemos repasar aquí esta parte mayor de su obra como mensajera de Dios en la presentación de sus mensajes a hombres y mujeres de la iglesia remanente, laicos, instituciones y líderes de la iglesia.

Desde este campo más amplio de su tarea de escribir, en la cual parecía no haber respiro, ella fue impulsada a manifestar testimonio de lo que le fue revelado en cientos de visiones durante los setenta año de su ministerio. Al escribir estos mensajes de instrucción, consejo, ánimo y corrección, ella no buscó “fuentes” humanas de información ni fue influenciada por los la rodeaban. En toda su obra la vemos moviéndose bajo la orden y dirección del Espíritu de Dios.

Un testimonio personal

Al escribir estos artículos he sido sincero, cándido y franco en la descripción de cómo Elena G. de White hizo su trabajo en la presentación, a la iglesia y al mundo, de la historia de la gran controversia. He escrito a base de mi, conocimiento personal. Mi confianza en la fuente celestial de los mensajes que Elena de White presentó en sus libros ha crecido a través de cincuenta años de íntima familiaridad de sus registros y mi trabajo con ellos.

Esta confianza también fue alimentada a lo largo de los años con mi padre Guillermo C. White, a cuyas órdenes serví por nueve años, hasta su muerte en 1937. Él, a su vez, había asistido a su madre en una manera activa desde la muerte de su padre, Jaime White, en 1881, hasta la muerte de ella en 1915. Ninguno tuvo una mejor oportunidad para observar, examinar y comprender la manera en que Elena G. de White escribió sus libros; por eso tengo confianza implícita en la veracidad de su testimonio; y por eso lo he citado numerosas veces.

Con la abundancia de evidencias positivas con que me he familiarizado, y la cantidad de evidencia que de día en día encuentro a medida que escribo una biografía completa de Elena G. de White no hay lugar para nada, excepto para una poderosa evidencia de que ella fue, en verdad, la mensajera del Señor y de que sus mensajes dieron el consuelo, la instrucción y la información que Dios deseaba que ella impartiera a su iglesia remanente. Conociendo, como me ha sido posible conocer, la importancia de un concepto claro y concreto de la operación de la inspiración, ha sido mi privilegio transmitir a los lectores de la Review esta información. Creo que estos artículos, que presentan en forma íntima como ella escribió la Serie Conflicto, proporcionan una dimensión que da confianza en el don especial de Dios para su iglesia, en un tiempo cuando el gran adversario está busca socavar y arruinar tal confianza.

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982

Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)




Simplemente no hay motivos - Entrevista con el abogado Vincent L. Ramik, socio de Diller, Ramik & Wight, Ltd., Washington D.C., especialistas en casos de marcas, patentes y leyes de derechos de autor, acerca de los escritos de Elena G. de White.


Revista Adventista: Dr. Ramik, ¿Cuánto conocía usted acerca de los adventistas en general antes que se le pidiera investigar los asuntos legales involucrados en el uso de las fuentes literarias de Elena G. de White?

Vincent L. Ramik: En realidad, mi conocimiento era muy limitado. Nuestra firma había hecho algún trabajo para los adventistas hace unos 50 años, antes que me incorporara a ella. Y continuamos representando a los adventistas en diferentes asuntos a lo largo de los años. Pero mi conocimiento de ellos como pueblo era mínimo. Y no sabía otra cosa de Elena G. de White que lo que había leído en algún periódico y, por supuesto, lo publicado por el Washington Post en noviembre del año pasado, que no era muy favorable que digamos.

Revista: ¿Recuerda cómo se involucró en el presente caso?

Ramik: Si. El Dr. Warren Johns, del Departamento de Servicios Legales de la Asociación General, me llamó para hacerme media docena de preguntas, sobre plagio, piratería literaria, infracciones de derechos de autor, y otras cosas por el estilo. Pero no mencionó nombres. Como había leído el artículo del Post poco tiempo antes, le pregunté al Sr. Johns: “¿Tiene esto algo que ver con el tema de Elena G. de White en su iglesia?” Respondió que efectivamente así era. Y continuamos desde entonces.

Revista: Una vez que se le asignó el caso, ¿qué preparación realizó por medio de las lecturas, antes de investigar la ley relacionada con los asuntos literarios?

Ramik: Obtuve un ejemplar de El Conflicto de los Siglos, que leí de tapa a tapa. Obtuve copias de otros trabajos de Elena G. de White. Tuve una entrevista con Ron Graybill, de la Asociación General, y él me dio una cantidad de material –un libro de la vida de Cristo por Hanna, y otras cosas por el estilo. También me dio material de los críticos desde Canright hasta Walter Rea. Y me entregó una cantidad de obras de autores adventistas que trataban de defender a la Sra. White. En el informe menciono muchas obras que fueron consultadas.

Revista: ¿Cuál fue su reacción después de revisar todo ese material?

Ramik: Bien, esa es una pregunta interesante. Comencé, creo, siendo neutral en relación con los cargos literarios. Pero de alguna manera, al leer una defensa de Elena G. de White realizada por un autor adventista, quedé con la sensación de que no estaba siendo bien defendida.

Revista: ¿Qué quiere decir con ello?

Ramik: Bien, quedé pensando que la Sra. White era, si se puede utilizar una expresión que fue utilizada por otros, una persona que “pedía material prestado” de otras fuentes literarias. Y que se había servido de una cantidad de ella con muy poco candor y honestidad. En otras palabras –y esto era antes que hubiera urgado en sus obras mismas- quedé predispuesto en contra de ella en el sentido de que pensaba que era culpable de plagio, como había sugerido su último crítico, Walter Rea.

Revista: Una vez que pudo introducirse en sus escritos mismos, ¿esa impresión negativa se reforzó o fue alterada de alguna manera?

Ramik: Gradualmente giré 180 grados en dirección contraria. Descubrí que los cargos simplemente no eran veraces. Pero necesité descubrirlo en sus propios escritos; no me convencí por lo que decían quienes pensaban que había cometido plagio, ni por quienes la defendía. Tuve que leer sus escritos y luego destruir en mi mente el prejuicio que había construido. Per me llevó más de 300 horas de lectura –incluyendo algunas historias legales, por supuesto.

Revista: ¿Así que fue la lectura de sus escritos lo que cambió su pensamiento?

Ramik: Fue la lectura de los mensajes en sus escritos lo que cambió mi pensamiento. Y creo que hay una diferencia muy grande en esa distinción.

Revista: ¿Podría describir la diferencia que Ud. ve?

Ramik: Creo que los críticos se han equivocado al enfocar los escritos de Elena G. de White en vez de enfocar los mensajes de los escritos de Elena G. de White.

Revista: ¿Qué encontró en los mensajes, Dr. Ramik? ¿Cómo le afectaron?

Ramik: La Sra. White me conmovió. Con toda sinceridad, me conmovió. Soy católico romano, pero al margen de ello, me conmovió. Y creo que sus escritos conmoverían a cualquiera, a menos que esté constantemente prejuiciado y descarriado.

Revista: ¿Podría explicar lo que quiere decir?

Ramik: Bien, una persona puede caminar por esta tierra haciendo buenas obras y diciéndose a sí mismo (y quizás también a otros): “Soy una persona excepcional”. Y después de un tiempo usted llega a pensar que lo es. Pero, ¿cuándo fue la última vez en la que realmente se contempló a sí mismo y descubrió lo que realmente era? Ahora bien, hay una cantidad de cosas que Elena G. de White puso sobre el papel que, si las lee seriamente, pueden hacer que la persona mire a su interior con honestidad. Y si lo hace, el verdadero yo quedo de manifiesto. Creo que conozco un poco mejor hoy al verdadero Vincent Ramik de lo que lo conocía antes de comenzar a leer el mensaje de Elena G. de White, y no simplemente sus escritos.

Revista: ¿Le sorprendió esta reacción?

Ramik: Creo que decir “agradablemente sorprendido” sería hacer una declaración muy simple. Porque ella dice algunas cosas muy profundas, tan francamente, aun cuando suenan como si alguien ya las hubiera dicho antes. Honestamente, creo que terminé esta tarea recibiendo más de lo que di. La Sra. White me hizo conocer mejor a Cristo. Pienso que por eso hoy soy una persona mejor que cuando comencé esta tarea.

Revista: ¿Y el mensaje?

Ramik: El mensaje es crucial. El crítico lee una frase, y puede no encontrarle significado. Puede, y frecuentemente lo hace, incluso quitarla del contexto. Pero lea el mensaje completo. ¿Cuál es la intención del autor? ¿Qué es lo que está realmente diciendo? De dónde provengan las palabras no es ese caso lo más importante. ¿Cuál es el mensaje que está detrás de ellas? Si se descuida el mensaje, entonces la misma Biblia no merecería ser leída. Esto, en el caso de que lo único importante fueran las palabras.

Revista: ¿Cuál de los libros de Elena G. de White le resultó más útil?

Ramik: El único que leí enteramente fue El Conflicto de los Siglos. Pero en realidad, antes de terminar mi investigación, pude hojear una gran cantidad de libros. En realidad no creo que sea tan importante cuál de los libros se lee; creo que sucede lo mismo con cualquiera de las obras que uno tenga ante sí, por cualquier motivo que se la necesite.

Revista: ¿No le molestó, o le preocupó, que algunas personas dijeran que ella había tomado mucho de otros libros y escritores?

Ramik: Decir cuarenta o cuatrocientos es algo totalmente material. No habría ninguna diferencia para mí aunque ella hubiera tomado todo de otras obras.

Revista: ¿Qué decir entonces acerca del plagio? ¿Entonces el plagio no existe?

Ramik: En las leyes no existe tal cosa como “plagio”. Los delitos literarios son los de infracción de la ley de derechos de autor. El robo literario no es algo tan fácil de probar. No se puede leer los escritos de alguien y encontrar una palabra, una frase, una oración, y decir: “Aquí está. Lo encontré. Lo tomó de otro escrito”.

Permítame explicarlo de esta manera: Anoche leí mi informe sobre este caso, y descubrí que había utilizado el adjetivo “prodigio” al referirme a la Sra. White como escritora. Por coincidencia, leí también anoche un libro que me prestaron llamado The Vision Bold. En él se habla de la Sra. White como una “prodigiosa” escritora. Luego cuando entré a este lugar esta tarde, alguien la llamó “prodigiosa” escritora. Bien, yo no usé ese término porque lo hubiera utilizado otros; lo utilicé porque es una palabra que utilizo naturalmente. Pero los críticos toman ese tipo de cosas y hacen una montaña.

Otro asunto que los críticos generalmente ignoran es éste: Las declaraciones que el supuesto plagiario tomó de un autor anterior, ¿eran realmente originales del autor anterior, o quizás él las tomó consciente o inconscientemente de otro autor aún más antiguo?

Ahora hablemos un poco de Walter Rea. El lee a Elena G. de White y dice: Encontré una frase aquí, y otro párrafo allí, que provenían de este predecesor. Bien, eso no es una prueba; es una suposición. Creo que el primer paso de toda crítica exacta es volver al verdadero original –puede haber sido Virgilio, Homero, o la Biblia. Pero, cómo hacer para saber si era algo original del predecesor, cómo hacer para saber si no lo obtuvo de alguna otra fuente que a su vez lo obtuvo de una fuente aún más antigua. ¿No dijo Salomón, “no hay nada nuevo bajo el sol”?

Revista: En su dictamen legal, Dr. Ramik, Ud. señala que muchas de las obras de las que se acusa a Elena G. de White de haber tomado porciones, en realidad no habían sido registradas con derechos de autor ni de publicador, por lo tanto eran de propiedad pública. Usted señala además, que aunque hubieran tenido derechos de autor, el uso que hace Elena G. de White de esos materiales está enmarcado dentro de los límites de “uso honesto”, tal como lo definían las leyes de sus días. Sin embargo, un crítico contemporáneo pone sobre el tapete el asunto de la ética y la propiedad. ¿Era moral que Elena G. de White se sirviera abundantemente de las producciones literarias de otras personas y no reconociera por lo menos las fuentes? ¿Podría decirnos algo con respecto a la ética?

Ramik: Bien, lo diré. Walter Rea ha dicho públicamente (escuché el casete grabado con una de sus presentaciones y leí cuidadosamente la transcripción textual) que no hay nada “moral” en una definición puramente legal de plagio. Por otra parte, ataca a la Sra. White en el terreno moral al referirse al uso ético de los materiales de otros. Bien, en primer lugar está totalmente equivocado al decir que no hay elementos de moral en el cargo de plagio. H. N. Paull, quien escribió Literary Ethics alrededor de 1928, es aún reconocido como una autoridad en el tema. Casualmente, aunque él nunca definió al “plagio” en su libro (porque, tal como lo dije anteriormente, “plagio” de por sí no es un delito), contrasta el plagio con la piratería. Al pirata literario no le preocupa si lo atraparán; pero al que comete plagio le preocupa que se lo descubra. (¿Hay alguien que dice que no hay elementos de moralidad en el plagio?) Acusar a Elena G. de White de plagiar Life of Paul de Conybeare & Howson que no tenían derechos de autor es absurdo, al menos por el hecho de que públicamente instó a sus lectores a tomar cualquier ejemplar y leerlo personalmente.

Revista: Muy bien, pero ¿le molestó comentar que Elena G. de White ingresaba en la esfera de la ética al utilizar materiales –citas, paráfrasis, ideas, etc.- de otros, sin declarar públicamente de dónde los había obtenido?

Ramik: No hay razón por la cual Elena G. de White no pudiera utilizar las ideas de otros al expresar los pensamientos que ella quería entregar. Ni siquiera es racional esperar que alguien escriba sobre un tema teológico, por ejemplo, y que lo haga en abstracto, sin investigar lo que otros han hecho antes –incluso sus contemporáneos- o en relación con el tema.

A mediados del siglo XIX –justo cuando Elena G. de White estaba comenzando a escribir para la imprenta, en 1845 –en el caso legal de Emmerson vs. Davies, el circuito judicial de Massachussets exoneró al escritor que había utilizado las palabras e ideas de otro hombre y los había entremezclado en su propia composición.

En efecto, el informe del juez dice: Solamente los insensatos tratan de volver a hacer lo que se ha hecho bien en el pasado; nadie es dueño exclusivo de un lenguaje.

En otras palabras, las palabras en sí misma existe desde años y años. El punto crucial es cómo se las ordena, y el efecto que se intenta producir con esas palabras.

Ahora bien, si alguien en el pasado, de acuerdo con el informe del juez, escribió algo que está espléndidamente bien –algo que es histórico, algo que es una experiencia común y cotidiana del ser humano- ¿por qué romperse la espalda tratando de decirlo mejor si alguien ya lo dijo?

En ese tipo de escritos no hay nada malo o incongruente. Por el contrario, es el hombre sensible, el hombre sabio el que utiliza lo que ya se hizo, cuando se lo hizo bien. En algún lugar de nuestros archivos legales hay una inscripción sobre la puerta que dice: “El pasado es prólogo”. Creo que eso se aplica a los escritos también. Elena G. de White utilizó los escritos de otros; pero en la manera como los usó los transformó en único, éticamente y legalmente. Y es interesante notar que invariablemente mejoró lo que había “seleccionado”.

Revista: ¿Hay algo que le gustaría agregar a este fascinante?

Ramik: Sí. Creo que fue Warren Johns el que compartió esta analogía conmigo cuando estábamos discutiendo este caso: la situación es semejante a la del constructor que desea construir una casa. Hay ciertos elementos básicos, esenciales –los materiales de construcción- que tiene a su disposición: ventana, puertas, ladrillos, etc. Hay también algunos estilos y proyectos perfectamente reconocibles que fueron creados con diferentes variaciones pero con esos materiales, por constructores anteriores.

El constructor toma varios de esos elementos y los utiliza. Sin embargo el diseño de la casa, la apariencia final, la última forma, tamaño, encanto, son patrimonio exclusivo del constructor contemporáneo. El coloca individualmente su propio sello sobre el producto final, y es enteramente suyo. (Y no necesita decir: tomé este ladrillo de aquí, aquella puerta de allá, esta ventana de este otro lugar.)

Creo que así sucedió con el uso que hace Elena G. de White con palabras, frases, cláusulas, oraciones, párrafos, e incluso páginas, de los escritos de quienes la precedieron. Ella se mantuvo dentro de los límites legales del “uso honesto” y creó algo que era sustancialmente mejor (y aún más hermoso) que la mera recopilación de componentes. Creo que la tragedia es que los críticos no reconocen ese hecho.

Se me ha preguntado si pensaba que Elena G. de White era “inspirada”. Bien, la inspiración es una palabra teológica, no una palabra legal. Me siento más cómodo con palabras legales que con términos teológicos.

Yo no sé si ella fue inspirada en el sentido teológico. Sí creo que fue altamente motivada. Y si no fue Dios quien lo motivó, entonces no sé quién pudo haberlo hecho.

Pero eso puedo advertirlo simplemente de sus propios escritos. No estaba allí cuando escribió, y supongo que tampoco estaban allí sus críticos. Tengo la sensación de que amenos que se tenga alguna forma de “motivación”, usted no puede poner en palabras lo que yo recibí de ella gracias a sus escritos.

Ahora bien, personalmente no me molesta el pensamiento de que Dios la haya inspirado para seleccionar algo de un libro determinado. Y si Dios la inspiró para seleccionar algo que ya había sido escrito mejor de lo que ella podría escribirlo, ¿cuál es el problema?

En realidad, en el análisis final creo que todo se reduce a una cuestión de fe. Y en lo que ha mí respecta, no tengo problemas en aceptar lo que ella escribió como un asunto de fe.

El colofón es: lo que realmente importa es el mensaje de Elena G. de White, no meramente la mecánica de la escritura: palabras, cláusulas, frases. Los teólogos, según se me ha dicho, distinguen aquí la inspiración verbal y la inspiración dinámica. Muchos de los críticos también fallan en ese punto. Y creo que el lamentable.

Personalmente he sido conmovido, profundamente conmovido, por esos escritos. Me han transformado. Creo que soy un hombre mejor gracias a ellos. ¡Y anhelo que los críticos puedan descubrirlo!

Revista: Dr. Ramik, ¿cómo resumiría el caso legal contra Elena G. de White en lo que respecta a los cargos de plagio, e infracción de los derechos de autor?

Ramik: Si me viera involucrado legalmente en este caso, preferiría estar en la defensa y no en la fiscalía. ¡Simplemente no hay motivos!




¿Puede fallar la iglesia? - Por Robert Olson, ex secretario del Patrimonio White, de la Asociación General


Dios actúa mediante personas imperfectas. El también obra y bendice los esfuerzos de una organización imperfecta: la iglesia. Sin embargo, ¿puede fallar la iglesia? ¿Ha dado Cristo autoridad a la iglesia para siempre, o ésta puede llegar a perderse? En caso de que se pierda, ¿puede recuperarse?

Los adventistas no tenemos un ideal de iglesia histórica. Aunque creemos que la única que actualmente reúne los dos requerimientos del libro de Apocalipsis, para la iglesia remanente - guardar los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo (Apoc. 12:17)-, también sabemos que el mensaje a Laodicea se aplica a nosotros. No siempre hemos escuchado muy atentamente el consejo contenido en ese mensaje. Durante la década de 1880, especialmente, nuestros ministros suscitaron excelentes debates. Muchos de ellos eran muy expertos en destacar la perpetuidad del sábado mas de lo que lo eran respecto de la predicación del evangelio.

Como consecuencia, tuvimos una perdida espiritual en la sesión de 1888 de la Asociación General (AG), cuando los mensajes de los pastores A. T. Jones y E. W. Waggoner fueron rechazados por muchos de nuestros ministros, incluyendo algunos con influyentes posiciones de liderazgo. Sorprendida, en ese momento Elena de White afirmo que si Dios pudiera encontrarlo necesario llamaría a otro pueblo para proclamar el mensaje de los tres ángeles. En junio de 1889 ella afirmo que los delegados de la sesión de 1888 “habían salido de las iglesias denominacionales, pero ellos ahora obraban de un modo similar a como actuaban esas iglesias. Luego agregó un comentario: “Esperamos que no haya la necesidad de tener que irnos”.

Esta es la única declaración que conocemos de la pluma de Elena de White que señalaría que había perdido confianza en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Un año más tarde no tenía dudas o preguntas en su mente cuando amonesto a uno de nuestros ministros.

Agradando al enemigo

“Usted toma pasajes de los testimonios que hablan de la terminación del tiempo de gracia, del zarandeo entre el pueblo de Dios, y usted habla del surgimiento de entre este pueblo de un pueblo mas puro y más santo que se levantará. Todo esto agrada al enemigo” ( Mensaje Selectos, t. 1, p. 210) .

Aun, el periodo de 1888 a 1901 fue un tiempo de incertidumbre espiritual para nuestra iglesia. Algunas cosas mejoraron. Elena de White se unió a los pastores Jones y Waggoner en una cruzada de reavivamiento a través de los Estados Unidos. Pero otros aspectos no mejoraron. en 1895, Elena de White habló contra “el poder manipulador” que se había desarrollado en la dirigencia de la Iglesia. Desde Australia, ella escribió:

“No es sabio escoger a un solo hombre como presidente de la Asociación General. La obre de la AG se ha extendido, y algunas cosas se han hecho innecesariamente complicadas, se ha manifestado una falta de discernimiento. Debe haber una división del campo, o debe idearse algún otro plan para cambiar el actual estado de cosas” (Testimonios para los ministros, p. 342).

No es más la voz de Dios

Elena de White sostuvo que, bajo estas condiciones, la decisiones adoptadas en las oficinas de la AG no representan más la voz de Dios. Declaró que los líderes no consagrados no hablaban por Dios. Desde Australia se dirigió a los líderes de Michigan:

“La voz de Battle Creek, que ha sido considerada como autoridad en aconsejar cómo debería hacerse la obra, no es mas la voz de Dios” ( Carta 4, 1896).

“Han pasado algunos años desde que consideré la AG como la voz de Dios” (Carta 77, 1898).

“La iglesia está en un estado laodicense. La presencia de Dios no esta en medio de ella” (Notebook Leaflets, t.1, p. 99)

Incluso, antes de viajar a Australia, ella había escrito: “ Que estos hombres deberían permanecer en un lugar sagrado, para ser la voz de Dios para el pueblo, como una vez creímos que la AG debía ser: esto es un asunto pasado” (General Conference Bulletin, 3 de abril de 1901, p. 25).

Estos juicios terminantes, ¿indican el rechazo de la iglesia Adventista como el medio especial de Dios para evangelizar al mundo en nuestros días? No. Al mismo tiempo que Elena de White escribía sus críticas más fuertes, también recordaba a los miembros de la iglesia que ésta era todavía el pueblo de Dios, y que finalmente sería la iglesia triunfante.

No hay necesidad de dudar ni de temer que la obra no tenga éxito. Dios encabeza la obra y él pondrá en orden todas las cosas. Si hay que realizar ajustes en la obra, Dios se ocupará de eso y enderezará todo lo que esté torcido. Tengamos fe en que Dios conducirá con seguridad hasta el puerto del noble barco que lleva al pueblo de Dios” (Mensaje selectos, t. 2, p. 449).

“Os digo, hermanos míos, el Señor tiene un cuerpo organizado por medio del cual él trabaja... Cuando alguien se está apartando del cuerpo organizado del pueblo que guarda los mandamientos de Dios, cuando comienza a pesar la iglesia en sus balanzas humanas y a pronunciar juicios contra ella, podéis saber que Dios no lo está dirigiendo. Está en el camino equivocado” (Ibíd..,t. 3, pp.17, 19).

Estas maravillosas expresiones de seguridad ayudaron a la iglesia a mantener su unidad; pero, evidentemente, tenían que ocurrir cambios importantes. No podíamos continuar con nuestra original estructura organizacional.

La iglesia Adventista del Séptimo Día fue organizada en 1863 con 3.500 feligreses, una media docena de asociaciones , cerca de 30 obreros ministeriales, ya una junta de la AG compuesta por 3 miembros. El presidente de la AG estaba en condiciones de ejercer el liderazgo y aconsejar acerca de asuntos menores. Sin embargo, para fines del siglo XI, con la expansión de la iglesia en 4 continentes, ya no era posible para un solo hombre ejercer una adecuada supervisión y dirección el trabajo en todas las fases de una obra siempre creciente.

Elena de White urgió a que se realizara una división del campo, de modo que nuestros miembros de iglesia alrededor del mundo contaron con más de una persona para buscar consejo. Esta situación demandó una reorganización ( no una nueva organización). En el congreso de la AG de 1901, se puso énfasis en la necesidad de distribuir las responsabilidades del liderazgo. Con gran fervor, declaró: “ Lo que queremos ahora es una reorganización... Debe haber más de una, 2 o 3 hombres al considerar toda la vastedad del campo. El trabajo es grande y no hay una mente humana que pueda planificar todo el trabajo que debe realizarse” (General Conference Bulletin, 3 de abril de 1901, p. 25).

“Deben formarse nuevas asociaciones. La orden de Dios es que se organice una unión en Australasia... No es necesario enviar miles de miles a Battle Creek para buscar orientación, y que a causa de ello que tengan que esperar semanas antes de recibir la respuesta. Lo que debe hacerse deben decidirlo lo que están en el terreno” (Ibíd.., 5 de baril de 1901, pp. 69, 70).

La reorganización que planteó Elena de White fue efectuada. Los cambios mayores incluyeron la organización de las uniones asociaciones, uniones misiones, y sus respectivas juntas directivas. También abogó para que las actividades como escuela sabática, educación, y publicaciones fueran organizadas como departamentos de la AG. Otro aspecto fue poner la responsabilidad en la iglesia a nivel local (Review and Herald, 29 de marzo de 1906, p. 6).

Una respuesta vibrante

Elena de White se entusiasmó con la respuesta de la AG a sus planteamientos. A la clausura del congreso expresó su convicción de que Dios había estado con ellos, desde el día del inicio de las sesiones. Declaró:

“¿Quién suponen ustedes, ha estado entre nosotros desde el inicio de este congreso? ¿Quién ha quitado los aspectos objetables que aparecen generalmente en un congreso de esta naturaleza? ¿Quién se ha paseado subiendo y bajando por los pasadizos de este tabernáculo? El Dios del cielo y sus ángeles. Hemos estado tratando de organizar la obra en sus correctos lineamientos. El señor ha enviado a sus ángeles a ayudarnos a nosotros que somos los herederos de la salvación, diciéndonos cómo debe llevarse adelante la obra... Nunca me sentí más asombrada en mi vida ante el giro que tomaron los asuntos se este congreso. Esta no es nuestra obra. Dios la ha realizado” (General Conference Bulletin, 25 de abril de 1901, pp. 463, 464).

Esto no quiere decir que todas las cosas fueron perfectas y que se resolvieron todos los problemas. Elena de White había anhelado que se que se produjera un reavivamiento espiritual en el congreso de 1901, pero eso no ocurrió. El 5 de febrero de 1903 en su casa de Santa Elena se lamentó: “Al mediodía estuve escribiendo acerca del trabajo que debería haber sido realizado en el congreso de la última AG si los hombres en posición de responsabilidad hubieran seguido la voluntad y y el camino de Dios” ( Testimonies, t. 8, p. 104).

Tres años más tarde dio otra nota positiva al escribir:

“ Se me ha instruido que diga a los adventistas se todo el mundo que Dios nos ha de constituir un tesoro especial para él. El ha dispuesto que su iglesia en la tierra en la tierra permanezca perfectamente unida en el Espíritu y el consejo del Señor de los ejércitos hasta el fin del tiempo” (Mensajes selectos, t. 2, p. 458). Finalmente, Elena de White habló una vez más de “la autoridad y el poder” de la iglesia en su condición de entidad organizada cuyas declaraciones representan “la voz de Dios” en este mundo. Escribió:

“Dios ordenó que tengan autoridad los representantes de su iglesia de todas partes de la tierra, cuando están reunidos en el congreso de la AG” (Joyas de los testimonios, t. 3, pp. 408, 409).

“El señor ha investido a su iglesia con especial autoridad y poder que nadie tiene derecho a desatender y despreciar, porque el que lo hace desprecia la voz de Dios” (Los hechos de los apóstoles, p. 135).

La fuerza de estas 2 declaraciones debería dar prudencia a los que se vanagloriaban de criticar a la iglesia y a su liderazgo. Por otra parte, estas palabras de reconfirmación de deben inducir a la complacencia, el triunfalismo, y la confianza propia ya que las promesas de Dios son condicionales. Elena de White sigue escribiendo:

Otros son elegidos

“El señor siempre tendrá un pueblo escogido que le servirá. Cuando el pueblo judío rechazó a Cristo, el Príncipe de la vida, él les quitó el reino de Dios y se lo dio a los gentiles. Dios continúa obrando de acuerdo con este principio en cada rama de su obra. Cuando una iglesia demuestra que es infiel a la obra del Señor, no importa cuán alto y sagrado pueda ser su llamado, Dios no puede seguir trabajando con ella. Otros son escogidos entonces para llevar importantes responsabilidades. Pero se éstos a su vez no purifican sus vidas de toda acción errónea, si no establecen principios puros y santos en todos sus límites, el Señor los afligirá y humillará dolorosamente y, a menos que se arrepientan, los quitará de su lugar y hará que sean un baldón” (Alza tus ojos, p. 129).

Fue la convicción de Elena de White de que la Iglesia Adventista no sería puesta de lado sino que continuaría como el instrumento especial de Dios, hasta el fin del tiempo, o al menos hasta que sea imprescindible una organización en esta mundo. A la edad de85 años, no estaba en condiciones de estar presente en el congreso de la AG de 1913, pero envió este sentido mensaje:

“Me siento animada y bendecida cuando me doy cuenta de que el Dios de Israel está guiando a su pueblo, y que continuará estando con él hasta el fin” (Notas biográficas, p. 479).

Dos meses antes de la muerte de Elena de White, William C. White declaró que su madre estaba segura de que Dios continuaría dirigiendo a la Iglesia Adventista del Séptimo Día en la misión especialmente asignada a ella. El la escribió a E. E. Andross:

“Le dije (a la Sra. Lida Scott) cómo consideraba mi madre la experiencia de la iglesia remanente, y de su enseñanza positiva de que Dios no permitiría que esta denominación cayera en una apostasía tan plena que significaría el surgimiento de otra iglesia” (Arthur L. White, Ellen G. White: The Alter Elmshaven Years, p. 428).

Podrán apostatar individualmente miembros de la iglesia, pero la iglesia como tal, no caerá. Ella permanece en pie, mientras los pecadores que hay en Sion son tamizados, mientras la paja es separada del trigo precioso”(Mensajes selectos, t. 2, p. 436).

No es el “trigo” el que debe separarse de la iglesia, sino la “paja”; es decir, quienes no están en Cristo, quienes no han muerto al mundo, que serán los que apostataran (véase Review and Herald, 11 de septiembre de 1888).

Cuando la iglesia haya sido purificada por la prueba y la persecución, descenderán chaparrones de lluvia tardía, e impulsarán al pueblo de Dios, a proclamar el mensaje de los 3 ángeles hasta lo último de la tierra. Bajo la poderosa obra del Espíritu de Dios, “ Las filas raleadas se llenarán con aquellos a quienes Cristo se refiere caundo dice que acudes a la hora undécima.... serán admitidos en grandes cantidades los que en estos últimos días oigan acerca de la verdad por primera vez”(Cada día con Dios, p. 161).

“Dios tiene joyas en todas las iglesias”(Comentario bíblico adventista, t. 4, p. 1205), nos recuerda Elena de White. Cuando la ley de Dios sea anulada por las naciones del mundo y el mensaje de Apocalipsis 14 sea proclamado con poder, estos santos estarán listos para aceptarlos.

Hay nubarrones oscuros en el horizonte, sin duda alguna, pero hay también resplandores brillantes. Ciertamente, la Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene un futuro glorioso. Lo mejor está todavía por venir. Detrás Dios conduce a su pueblo sano y salvo al puerto celestial.





 
 

Documentos Adicionales sobre temas selectos

El Arca del Pacto


EL ARCA DEL PACTO, ¿SERÁ HALLADA?

(Documento preparado en 1962 por R. L. Odom, editor del Index, y actualizado por el Patrimonio de Elena G. de White, 1989.)

Al examinar las enseñanzas de Elena de White para responder algunas preguntas concernientes al arca del pacto y las tablas de la ley de Dios que fueron escondidas, es esencial que tengamos en mente el hecho de que existen dos diferentes arcas del pacto – una en el santuario terrenal y otra en el santuario celestial – y que en cada una de ellas se ha guardado un ejemplar de las tablas de piedra sobre las cuales se escribió el decálogo. Estas dos arcas y estas dos tablas de la ley divina han sido escondidas de la vista de los hombres. Por tanto, es necesario saber cual de estas dos tablas de los diez mandamientos será mostrada a los habitantes de la tierra en el futuro.

El Decálogo en tablas de piedra en el Santuario Celestial

Los diez mandamientos han sido escritos en tablas de piedra y han sido guardados en el arca del pacto del santuario celestial, así como fueron escritos en tablas de piedras y preservados en el arca del pacto del santuario terrenal. Tal enseñanza la encontramos en las siguientes declaraciones de Elena de White:

Se me ordenó entonces que observara los dos departamentos del santuario celestial. La cortina o puerta, estaba abierta y se me permitió entrar. En el primer departamento vi el candelabro de siete lámparas, la mesa de los panes de la proposición, el altar del incienso, y el incensario. Todos los enseres de este departamento parecían de oro purísimo y reflejaban la imagen de quien allí entraba. La cortina que separaba los dos departamentos era de diferentes materiales y colores, con una hermosa orla en la que había figuras de oro labrado que representaban ángeles. El velo estaba levantado y miré el interior del segundo departamento, donde vi un arca al parecer de oro finísimo. El borde que rodeaba la parte superior del arca era una hermosa labor en figura de coronas. En el arca estaban las tablas de piedra con los diez mandamientos.- Primeros Escritos, p. 251.

Pero el Señor me dio una visión del santuario celestial. El templo de Dios estaba abierto en el cielo, y se me mostró el arca de Dios cubierta con el propiciatorio. Había dos ángeles, uno a cada lado del arca, con las alas extendidas sobre el propiciatorio y el rostro vuelto hacia él. Esto, según me dijo el ángel que me acompañaba, era una representación de cómo todas las cohortes del cielo miran con reverente temor la ley divina que fue escrita por el dedo de Dios. Jesús levantó la cubierta del arca y vi las tablas de piedra en que estaban escritos los diez mandamientos.- Notas biográficas, pp. 103, 104.

Pero el Señor me permitió contemplar el Santuario Celestial. El templo de Dios fue abierto en el cielo, y se me mostró el arca de Dios... Jesús levantó la cubierta del arca y vi las tablas de piedra donde se encuentra escritos los diez mandamientos.- Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], vol. 1, p. 76.

Al describir lo que se le mostró del santuario celestial y la obra final del ministerio de Cristo en el lugar santísimo, Elena de White dice:

Se me mostró que el residuo siguió por la fe a Jesús en el lugar santísimo, y al contemplar el arca y el propiciatorio, fue cautivado por su esplendor. Jesús levantó entonces la tapa del arca, y he aquí que se vieron las tablas de piedra con los diez mandamientos grabados en ellas.- Primeros escritos, pp. 255.

Y el arca que contenía la ley de Dios, y el altar del incienso, y otros instrumentos de servicio que se encontraban en el santuario terrenal, eran los mismos que los del lugar santísimo del santuario celestial. Al apóstol Juan, en santa visión, se le permitió entrar al cielo, y allí contempló el candelabro y el altar del incienso, y al abrirse el templo de Dios, vio también el “arca del testamento”. (Apoc. 11:19).- The Spirit of Prophecy, vol. 4, p. 261.

En el templo celestial, la morada de Dios, su trono está asentado en juicio y en justicia. En el lugar santísimo está su ley, la gran regla de justicia por la cual es probada toda la humanidad. El arca, que contiene las tablas de la ley, está cubierta con el propiciatorio, ante el cual Cristo ofrece su sangre a favor del pecador.- El conflicto de los siglos, p. 467.

En el templo celestial, la morada de Dios, su trono está asentado en juicio y en justicia. En el lugar santísimo está su ley, la gran regla de justicia, por la cual es probada toda la humanidad. El arca, que contiene las tablas de la ley, está cubierta con el propiciatorio, ante el cual Cristo ofrece su sangre a favor del pecador.- The Spirit of Prophecy, vol. 4, pp. 261-262.

El arca que estaba en el tabernáculo terrenal contenía las dos tablas de piedra, en que estaban inscritos los preceptos de la ley de Dios. El arca era un mero receptáculo de las tablas de la ley, y era esta ley divina la que le daba su valor y su carácter sagrado a aquélla. Cuando fue abierto el templo de Dios en el cielo, se vio el arca de su pacto. En el lugar santísimo, en el santuario celestial, es donde se encuentra inviolablemente encerrada la ley divina -la ley promulgada por el mismo Dios entre los truenos del Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra.- El conflicto de los siglos, p. 486.

Las tablas originales se guardan en el arca celestial

Las tablas de los diez mandamientos guardadas en el arca del pacto en el santuario celestial son los originales, mientras que las tablas guardadas en el arca del santuario terrenal es una trascripción o copia de las que se encuentran en el santuario celestial. Tal es la enseñanza de los siguientes párrafos del Espíritu de Profecía:

Mentes y corazones sacrílegos pensaron que tenían poder suficiente para cambiar los tiempos y la ley de Jehová; pero en los archivos del cielo, en el arca de Dios, están a salvo los mandamientos originales, escritos sobre dos tablas de piedra. Ningún potentado de la tierra tiene poder para sacar aquellas tablas de su sagrado escondedero debajo del propiciatorio.- Comentario bíblico adventista, vol. 7, p. 413; Signs of the Times, febrero 28, 1978.

Ellos (los adventistas) habían seguido por fe a su Sumo Sacerdote del lugar Santo al lugar Santísimo, y allí lo vieron ofreciendo su sangre ante el arca de Dios. Dentro de ese arca sagrada, se encuentra la ley del Padre, la misma que fue pronunciada por Dios mismo, en medio de los truenos del Sinaí, y escrita por su propio dedo en tablas de piedra. Ninguno de los mandamientos ha sido anulado; ni una jota ni una tilde ha sido cambiada. Mientras que Dios dio a Moisés una copia de su ley, preservó el gran original en el santuario celestial.- The Spirit of Prophecy, vol. 4, pp. 273, 274 (The Story of Redemption, pp. 379, 380).

Nadie podía dejar de ver que si el santuario terrenal era una figura o modelo del celestial, la ley depositada en el arca en la tierra era exacto trasunto de la ley encerrada en el arca del cielo; y que aceptar la verdad relativa al santuario celestial envolvía el reconocimiento de las exigencias de la ley de Dios y la obligación de guardar el sábado del cuarto mandamiento. En esto estribaba el secreto de la oposición violenta y resuelta que se le hizo a la exposición armoniosa de las Escrituras que revelaban el servicio desempeñado por Cristo en el santuario celestial.- El conflicto de los siglos, p. 488; The Story of Redemption, pp. 380, 381.

La ley de Dios que se encuentra en el santuario celestial es el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta.- El conflicto de los siglos, pp. 486, 487.

Las tablas guardadas en el santuario terrenal han sido escondidas con el arca en una cueva

Las tablas del decálogo, que se guardaban en el santuario terrenal, estaban en el arca cuando fue escondida en una cueva por hombres justos un poco antes de la destrucción del templo por los babilonios en el tiempo de Jeremías. Los siguientes párrafos de Elena de White no mencionan si Jeremías personalmente tuvo parte en esconder el arca:

Antes de la destrucción del templo, Dios informó a unos pocos de sus fieles siervos el destino de ese edificio, que era el orgullo de Israel, y que ellos idolatraban mientras al mismo tiempo pecaban contra Dios. También les reveló el cautiverio de Israel. Esos hombres justos, inmediatamente antes de la destrucción del templo, sacaron el arca sagrada que contenía las tablas de piedra, y con dolor y pesar la ocultaron secretamente en una caverna donde estaría escondida del pueblo de Israel por causa de sus pecados, para no serles restituida nunca más. El arca sigue escondida. Nadie la ha perturbado jamás desde que se la escondió. - Spiritual Gifts, vol. 4, pp. 114, 115 (1864); Spirit of Prophecy, vol. 1, p. 414 (1870); Historia de la redención, pp. 199, 200.

Entre los justos que estaban todavía en Jerusalén y para quienes había sido aclarado el propósito divino, se contaban algunos que estaban resueltos a poner fuera del alcance de manos brutales el arca sagrada que contenía las tablas de piedra sobre las cuales habían sido escritos los preceptos del Decálogo. Así lo hicieron. Con lamentos y pesadumbre, escondieron el arca en una cueva, donde había de quedar oculta del pueblo de Israel y de Judá por causa de sus pecados, para no serles ya devuelta. Esa arca sagrada está todavía escondida. No ha sido tocada desde que fue puesta en recaudo.- Profetas y reyes, p. 333 (publicado en 1917) (el énfasis ha sido agregado).

Nótese especialmente que Elena de White afirmó que el arca “nunca ha sido tocada desde que fue escondida”.

“Cuando principie el juicio”

De acuerdo con Elena de White, el tiempo llegará cuando las tablas de la ley, en las cuales están escritos los diez mandamientos, serán puestas a la vista de los habitantes de toda la tierra. Todas las declaraciones conocidas de Elena de White aparecen citadas en orden cronológico:

Las teorías humanas se exaltan, honran y colocan donde debieran estar Dios y su ley. Pero Dios no ha cambiado las cosas que han salido de sus labios. Su palabra permanecerá para siempre, tan inalterable como su trono. Cuando todo caso se decida en las cortes celestiales, este pacto será presentado, escrito claramente con el dedo de Dios. El mundo será citado ante el tribunal de la Justicia Infinita para recibir sentencia, una vida que se mide con la vida de Dios para la obediencia, y con la muerte para la transgresión.– Manuscrito 82, 1899. (Ver Review and Herald, 20 de noviembre, 1913; y Profetas y reyes, pp. 125-126.)

Dios escribió sus mandamientos en dos tablas de piedra con su propio dedo. Estas tablas no fueron dejadas a la vista de los hombres, sino que fueron colocadas en el arca; y en el gran día cuando todo caso se decida; estas tablas, grabadas con los mandamientos, serán colocadas de tal forma que todo el mundo pueda verlas y comprenderlas. El testimonio contra ellos será incontestable.- Carta 30, 1900 (Manuscript Releases, vol. 19, p. 265).

El precioso registro de la ley fue colocado en el arca del testamento y está todavía allí, oculto y a salvo de la familia humana. Pero en el tiempo señalado por Dios, él sacará esas tablas de piedra para que sean un testimonio ante todo el mundo contra la desobediencia de sus mandamientos y contra el culto idolátrico de un día de reposo falsificado.- Manuscrito 122, 1901; Comentario bíblico adventista, vol. 1, 1123.

Cuando se abra el templo de Dios en el cielo, ¡qué ocasión de triunfo será para los fieles y leales! En el templo se verá el arca del pacto en la cual fueron puestas las dos tablas de piedra sobre las cuales está escrita la ley de Dios. Esas tablas de piedra serán sacadas de su escondedero, y en ellas se verán los Diez Mandamientos esculpidos por el dedo de Dios. Esas tablas de piedra que ahora están en el arca del pacto serán un testimonio convincente de la verdad y de la vigencia de la ley de Dios.- Carta 47, 1902; Comentario bíblico adventista, vol. 7, 983.

La santa ley de los diez mandamientos, escritas sobre tablas de piedra por el dedo de Dios y colocadas en el arca, es la norma de justicia. Aparecerá ante el obediente y el desobediente en el gran día final, y todos los malvados serán condenados. Verán sus acciones procedentes de un carácter depravado. Verán que los actos que realizaron sirvieron para continuar la rebelión que comenzó en las cortes celestiales. Verán toda la crueldad y toda la maldad que han deshonrado a su Creador y que produjo la miseria que llena el mundo.- Manuscrito 5, 1904 (Manuscript Releases, vol. 13, p. 381).

El Espíritu Santo grabó estas verdades en mi corazón y mi mente en forma tan indeleble como la ley fue grabada por el dedo de Dios en las tablas de piedra que están ahora en el arca, para ser puestas de manifiesto en el gran día cuando se pronuncie sentencia contra toda ciencia mala y seductora producida por el padre de la mentira.- Carta 90, 1906; El colportor evangélico, pp. 175-176.

Hay un santuario, y en el santuario está el arca, y en el arca están las tablas de piedra, sobre las cuales está escrita la ley pronunciada desde el Sinaí en medio de las escenas de terrible grandeza. Estas tablas de piedra están en el cielo, y serán manifestadas en aquel día cuando el juez se siente y los libros sean abiertos, y los hombres sean juzgados conforme a las cosas escritas en los libros. Serán juzgados por la ley escrita por el dedo de Dios y dada a Moisés para ser colocada en el arca. Se lleva un registro de los hechos de todos los hombres, y de acuerdo a sus obras, todo hombre recibirá la sentencia, si fueron buenas o si fueron malas.- Manuscrito 20, 1906; Manuscript Releases, vol. 20, p. 68.

Hay abundantes evidencias de la inmutabilidad de la ley de Dios. Fue escrita con el dedo de Dios, para no ser nunca borrada, para no ser nunca destruida. Las tablas de piedra están ocultas por Dios para ser presentadas en el gran día del juicio, tal como él las escribió.- Review and Herald, 26 de marzo de 1908; Comentario Bíblico Adventista, vol. 1, p. 1123.

Cuando el juez se siente y se abran los libros, y cada ser humano sea juzgado de acuerdo con las cosas escritas en ellos, entonces las tablas de piedra, ocultas por Dios hasta ese día, serán presentadas delante del mundo como la norma de justicia. Entonces los hombres y las mujeres verán que el requisito indispensable para su salvación es la obediencia a la perfecta ley de Dios. Nadie encontrará excusa para el pecado. Por los justos principios de esa ley, los hombres recibirán su sentencia de vida o de muerte.- Review and Herald, 28 de enero, 1909 (Comentario Bíblico Adventista, vol. 1, p. 1123 del Manuscrito 117, 1908).

Dios no violará su pacto, ni alterará lo que proclamaron sus labios. Su palabra perdurará para siempre, tan inalterable como su trono. En el juicio, cuando todo caso sea decidido en las cortes del cielo, este pacto se destacará, escrito claramente por el dedo de Dios. El mundo será citado ante el tribunal de la justicia infinita para recibir su sentencia.- Review and Herald, 20 de noviembre de 1913 (de Manuscrito 82, 1899; ver Patriarcas y profetas, 139).

Dios no violará su pacto, ni alterará lo que proclamaron sus labios. Su palabra perdurará para siempre, tan inalterable como su trono. En el juicio, este pacto se destacará, escrito claramente por el dedo de Dios; y el mundo será emplazado ante el tribunal de la justicia infinita para recibir su sentencia.- Patriarcas y profetas, 139 (de Manuscrito 82, 1899; ver Review and Herald, 20 de noviembre de 1913).

Varias cosas deben notarse en las declaraciones anteriores. En ninguna parte se dice que las tablas de la ley serían mostradas por hombres como resultado de encontrarlas escondidas en una cueva. De hecho, dicen claramente que el mismo Dios traerá las tablas de la ley a la vista de los hombres; y en una declaración Elena G. de White especifica que “estas tablas de piedra están en los cielos”. Además, el tiempo cuando Él hará esto se dice específicamente que será:

“Cuando todo caso se decida en las cortes celestiales”.

“en el gran día cuando se pronuncie sentencia”.

“Cuando se abra el templo de Dios en el cielo”.

“en el gran día final”.

“en el gran día cuando se pronuncie sentencia contra toda ciencia mala y seductora”.

“en aquel día cuando el juez se siente y los libros sean abiertos, y los hombres sean juzgados conforme a las cosas escritas en los libros”.

“En el juicio”.

Dos descripciones de futuras exhibiciones

En otro lugar de sus escritos, Elena G. de White describe en dos ocasiones el momento cuando las tablas de piedra serán exhibidas. No obstante, ella no especifica cuál de las dos series de tablas de la ley se presentan a la vista, y es posible para uno interpretar cualquier ocasión como el cumplimiento de la predicción de la revelación de las tablas de piedra escondidas.

1. Justo antes de la segunda venida. Al describir lo que toma lugar inmediatamente después de que las primeras seis de las siete últimas plagas caigan, y justamente antes de caer la séptima plaga y de la segunda venida de Cristo, Elena G. de White dice:

Mientras estas palabras de santa confianza se elevan hacia Dios, las nubes se retiran y el cielo estrellado brilla con esplendor indescriptible formando un contraste con el firmamento negro y furioso a ambos lados. La gloria del cielo brilla desde las puertas entreabiertas. Luego aparece en el cielo una mano con las dos tablas de piedra cerradas una con la otra. La mano abre las tablas y revelan los preceptos del decálogo, trazados como con pluma de fuego. Las palabras son tan claras que todos las pueden leer. La memoria se despierta, la oscuridad de la superstición y la herejía se desvanece en cada mente, y los diez mandatos de Dios, breves, detallados y autorizados se presentan ante la vista de todos los habitantes de la tierra. ¡Código maravilloso! ¡Maravillosa ocasión!- The Spirit of Prophecy, vol. 4, pp. 456, 457.

Mientras estas palabras de santa confianza se elevan hacia Dios, las nubes se retiran, y el cielo estrellado brilla con esplendor indescriptible en contraste con el firmamento negro y severo en ambos lados. La magnificencia de la ciudad celestial rebosa por las puertas entreabiertas. Entonces aparece en el cielo una mano que sostiene dos tablas de piedra puestas una sobre otra. El profeta dice: "Denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez." (Salmo 50: 6.) Esta ley santa, justicia de Dios, que entre truenos y llamas fue proclamada desde el Sinaí como guía de la vida, se revela ahora a los hombres como norma del juicio. La mano abre las tablas en las cuales se ven los preceptos del Decálogo inscritos como con letras de fuego. Las palabras son tan distintas que todos pueden leerlas.- El conflicto de los siglos, p. 697.

Aquí, de nuevo se nos hace claro que Dios, y no el hombre es el que traerá a la vista estas tablas. Entonces, las tablas de la ley serán exhibidas “como regla de juicio.” Esto será después que el tiempo de gracia se haya terminado para la humanidad.

2. En el momento de la coronación final de Cristo. Al describir la coronación final de Cristo y el juicio final del hombre al fin del milenio, Elena de White dice:

Como fuera de sí, los impíos han contemplado la coronación del Hijo de Dios. Ven en las manos de él las tablas de la ley divina, los estatutos que ellos despreciaron y transgredieron. Son testigos de la explosión de admiración, arrobamiento y adoración de los redimidos; y cuando las ondas de melodía inundan a las multitudes fuera de la ciudad, todos exclaman a una voz: "¡Grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de los siglos!" (Apocalipsis 15: 3, V.M.) Y cayendo prosternados, adoran al Príncipe de la vida.- El conflicto de los siglos, p. 727.

Patrimonio de Elena G. de White

Washington, D. C.

Actualizado: Mayo, 1989.




¿Pueden todos ser profetas?


Declaraciones de Elena G. de White que tratan sobre el tema

No por voluntad de hombre

“Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”- 2 Pedro 1:21.

Inspiración directa e indirecta de los profetas

El profeta era, en el sentido más elevado, una persona que hablaba por inspiración directa, y comunicaba al pueblo los mensajes que recibía de Dios. Pero también se daba este nombre a los que, aunque no eran tan directamente inspirados, eran divinamente llamados a instruir al pueblo en las obras y los caminos de Dios. Para preparar esa clase de maestros, Samuel fundó, de acuerdo con la instrucción del Señor, las escuelas de los profetas.- La educación, p. 46.

Guiados por Dios, pero no inspirados en el sentido completo del término

Cierto hermano preguntó: "Hna. White, ¿cree Ud. que debemos comprender la verdad por nosotros mismos? ¿Por qué no podemos tomar las verdades que otros han reunido, y creerlas porque ellos han investigado esos temas y entonces quedar libres para actuar sin recargar las facultades mentales con la investigación de todos esos temas? ¿No cree Ud. que esos hombres que han hecho brillar la verdad en el pasado estaban inspirados por Dios?"

No me atrevo a decir que no fuesen enviados por Dios, porque Cristo conduce a toda verdad; pero en lo que atañe a la inspiración en el sentido más pleno de la palabra contesto: No.- El evangelismo, p. 219.

La ayuda de los ángeles no es fundamental para reclamar inspiración

En relación con Martín Lutero, Elena G. de White declaró:

Los ángeles del cielo estaban a su lado y rayos de luz del trono de Dios revelaban a su entendimiento los tesoros de la verdad.- El conflicto de los siglos, p. 131.

De Guillermo Miller escribió:

El Señor envió a su ángel para que tocara el corazón de un granjero que no creía en la Biblia, a fin de inducirlo a escudriñar las profecías. Los ángeles de Dios repetidas veces visitaron a aquel escogido para guiar su mente y abrir a su comprensión las profecías que siempre habían sido oscuras para el pueblo de Dios.- Primeros escritos, pp. 373-374.

De buena fuente se registra una conversación oral en la que la Sra. White había declarado, del pastor Urías Smith, que ella había visto un ángel de Dios parado a su lado mientras él escribía. Si bien no hay una confirmación documental de esto, no es inconsistente con lo dicho anteriormente. Pero hay base para asumir que estos hombres, mientras eran ayudados por el Espíritu de Dios, no fueron inspirados como lo fueron los profetas.

Elena de White registra, en 1895, una experiencia en la cual un líder del colportaje le hizo directamente una pregunta sobre la inspiración de los libros escritos por Urías Smith. “¿Cree usted que fueron inspirados, no es así?”, preguntó el líder. Como indicador de la inconsecuencia de la pregunta, ella respondió, “Usted puede responder esa pregunta, yo no”.- Carta 15 de Elena G. de White, 1915.

En 1894, Elena G. de White trata esta cuestión

De vez en cuando me llegan informes con respecto a declaraciones que se dice que hizo la Hna. White, pero que para mí son enteramente nuevas; las cuales [declaraciones] no pueden menos que desviar a la gente en cuanto a mis verdaderas opiniones y enseñanzas. Una hermana, en una carta escrita a sus amigos, habla con mucho entusiasmo de una declaración hecha por el Hno. Jones, en el sentido de que la Hna. White ha visto que ha llegado el tiempo en que, si mantenemos la debida relación con Dios, todos pueden tener el don de profecía en el mismo grado en que lo tienen los que ahora reciben visiones.

¿Dónde está la autoridad de esta declaración? Debo creer que esta hermana no entendió al Hno. Jones, porque no puedo creer que él hiciera esa declaración. La escritora continúa: "El Hno. Jones dijo anoche que el caso no es que Dios hablará a todos en beneficio de todos los demás, sino que hablará a cada uno para su propio beneficio; y que esto cumplirá la profecía de Joel". Él dijo que esto ya estaba sucediendo en numerosos casos.

Él habló como si pensara que nadie ocuparía una posición de dirigente como la ha tenido y seguirá teniendo la Hna. White. Se refirió a Moisés como un caso paralelo. Él era un dirigente, pero hay referencias a muchos otros que profetizaban, aunque sus profecías no fueron publicadas....

No titubeo en decir que estas ideas relativas a profetizar, habría sido bueno que nunca hubieran sido expresadas. Tales declaraciones preparan el camino para un estado de cosas de las cuales Satanás seguramente se aprovechará para introducir actividades espurias. Hay peligro, no sólo de que mentes no equilibradas sean inducidas al fanatismo, sino de que personas insidiosas se valgan de esta excitación para propagar sus propósitos egoístas e individuales.

Jesús elevó su voz en amonestación: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis" (Mat. 7: 15-16). "Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová" (Jer. 23: 16). "Si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes" (Mar. 13: 21-23) (Carta 6a, 1894).- Mensajes selectos, vol. 3, pp. 389-390.

Se recomienda prudencia al pastor A. T. Jones

Ud. no puede ser demasiado cuidadoso en la forma como habla acerca del don de profecía, y en sus declaraciones según las cuales yo he dicho esto y aquello con referencia a este asunto. Tales declaraciones, bien lo sé, estimulan a hombres, mujeres y niños a pensar que poseen una luz especial en términos de revelaciones de Dios, cuando en realidad no han recibido tal luz. Se me ha mostrado que esto constituiría una de las obras maestras del engaño de Satanás. Ud. está dando a la obra un molde que requerirá un tiempo precioso y una labor fatigadora del alma para corregir, para salvar la causa de Dios de otro brote de fanatismo.- Carta 103 de Elena G. de White, 1894 (15 de marzo de 1894), publicada en Mensajes selectos, vol. 2, p. 98.

Patrimonio Elena G. de White

Washington D.C.

5 de noviembre de 1969

Mecanografiado nuevamente: marzo de 1989




Carnes limpias o impuras


El desarrollo del concepto adventista sobre las carnes limpias e inmundas

por Ron Graybill

La distinción entre las carnes limpias y las inmundas, basada en Levítico 11 y Deuteronomio 14, hoy es aceptada y comprendida por la mayoría de los adventistas. A diferencia de las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento, que señalan a Cristo, o de las leyes civiles, que gobernaban la teocracia, estas leyes de salud se basaban en leyes naturales y por lo tanto no se aplican solamente a una época o tiempo.

Así, incluso entre los adventistas que consumen carne, se evitan estas carnes inmundas. No obstante, los adventistas del siglo diecinueve, por lo general no aceptaban esta distinción entre las carnes limpias e inmundas basada en la ley Levítica, aunque condenaban claramente el cerdo.[i][1]

La primera en establecerse fue la prohibición en cuanto al cerdo, pero incluso esto llevó tiempo. Antes de que Elena G. de White recibiera el mensaje de salud en 1863, ella y Jaime White desalentaban a los creyentes que intentaban forzar una prohibición de la carne de cerdo. “Por ninguna razón creemos que la Biblia enseña que su [del cerdo] uso, durante la dispensación evangélica, es pecado”, escribió Jaime White en 1850.[ii][2]

En 1858, un hermano en Nueva Inglaterra, sin duda S. N. Haskell, intentaba nuevamente desalentar el uso del cerdo y hacer de esto una prueba de lealtad a la Palabra de Dios. La Sra. White le escribió diciendo que “si es el deber de la iglesia abstenerse de la carne de cerdo, Dios se lo mostrará a más de dos o tres personas”.[iii][3]

Después de la reforma pro salud, por supuesto, la Sra. White salió a hablar en contra del uso del cerdo, argumentando que producía “escrófula, lepra y tumores cancerosos”.[iv][4] Es significativo que ella junto con otros adventistas que escribieron en contra del uso del cerdo hasta 1866, argumentaron estrictamente desde un punto de vista de la salud. En otras palabras, sólo porque se usaban algunos argumentos bíblicos para reforzar al grupo que argumentaba contra el cerdo, no podemos concluir que en ese punto los adventistas estaban bien en la forma que presentaban sus enseñanzas en cuanto a la distinción entre las carnes limpias e inmundas.

D. M. Canright, en 1866, alude a Deuteronomio 14:8, “Tampoco el cerdo, porque tiene la pezuña hendida, pero no rumia; os será inmundo. De la carne de estos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos”. Pero Canright no hace mención de otras carnes inmundas, y no hace uso del material posterior de Deuteronomio 14 sobre el tema.[v][5] Cuando él menciona las ostras en un artículo al año siguiente, habla de sus supuestos poderes para incitar “ciertas clases de sensaciones” y no da argumentos bíblicos.[vi][6]

En 1870, W. C. Gage intenta refutar un periódico adventista rival que toma como excepción la “declaración bíblica de que el cerdo es inmundo”. Pero Gage no cita Deuteromio 14 ni Levítico 11. De hecho, Gage declara “si las Escrituras fallan en fijar la cuestión, dejen que domine la razón. Examinen el animal y vean sus hábitos sucios”.[vii][7] Sí trata algunos de los testimonios de la Biblia sobre el cerdo, pero su artículo está lejos de ser una contribución para comprender ampliamente las enseñanzas de la Biblia sobre las carnes limpias e inmundas, siendo, como lo es en realidad, abundante en argumentos naturalistas e interesado exclusivamente en la cuestión del cerdo.

Jaime White, en un artículo de 1872 sobre la “Carne de cerdo”, muestra los inicios de una aplicación más amplia de la ley levítica. Menciona Deuteronomio 14:8 nuevamente, y busca refutar el argumento de que la prohibición del cerdo era meramente una ley judía y que por lo tanto no afectaba a los cristianos. Les recuerda a sus lectores que la distinción entre limpio e inmundo fue reconocida en la Biblia mucho antes de la “existencia de un solo judío”. Todavía, el propósito de su argumento es desacreditar el cerdo, no establecer categorías generales de carnes limpias e inmundas. No discute el criterio bíblico para hacer la distinción.[viii][8]

La distinción general entre las carnes limpias e inmundas en los círculos adventistas permanece sin desarrollarse durante el siglo diecinueve. Mientras que los adventistas argumentaban fervientemente contra el cerdo, el peso de su argumento continuaba siendo los criterios fisiológicos. Urías Smith rechazó explícitamente la aplicación de la distinción mosaica: “Creemos que hay un terreno mejor en el cual apoyar [la prohibición sobre el cerdo] que la ley ceremonial de la primera dispensación, porque si asumimos la posición de que la ley está todavía en vigencia, debemos aceptarla completamente, y entonces tendremos más en nuestras manos de lo que podemos hacernos cargo”.[ix][9]

Para los adventistas del siglo diecinueve se desalentaba el consumo de todo tipo de carne, mientras que el consumo de cerdo estaba virtualmente prohibido. Otras carnes que podríamos considerar inmundas no se veían, aparentemente, con la misma luz que la carne de cerdo.

Una vez, cuando Elena G. de White estaba enferma, su hijo, W. C. White, informa que se la alentó a beber un poco de sopa de ostras para que su estómago se asiente. Se dice que intentó con una o dos cucharadas, pero luego rechazó el resto.[x][10]

No obstante hay evidencia de que en un momento de su vida, la Sra. White, gustaba de comer algunas ostras. En 1882, cuando vivía en Healdsburg, California, escribió una carta a su nuera, Mary Kelsey White, en Oakland, en la cual le hizo el siguiente pedido: “Mary, si puedes consígueme una buena caja de arenques, frescos, por favor. Los últimos que Willie consiguió estaban amargos y viejos. Si puedes comprar latas, una media docena de latas de buenos tomates, por favor hazlo. Los necesitaremos. Si puedes conseguir unas pocas latas de buenas ostras, cómpralas”.[xi][11]

Elena G. de White no mantuvo en secreto que bajo circunstancias difíciles, como cuando viajaba o cuando estaba detenida por causa de sus viajes, comió algo de carne. El libro Consejos sobre el régimen alimenticio, publicado en 1938, contiene sus relatos en cuanto a su uso de la carne después que se le dio la visión de la reforma pro salud, según aparece a continuación: “De inmediato eliminé la carne de mi menú. Después de eso a veces me encontré en situaciones en que me veía obligada a comer un poco de carne”.[xii][12]

Esto está en armonía con sus primeras declaraciones publicadas que aparecieron en 1890 en el libro Christian Temperance and Bible Hygiene [Temperancia cristiana e higiene bíblica], en el que se lee: “Cuando yo no podía obtener el alimento que necesitaba, a veces he comido un poco de carne; pero tengo cada vez más temor de hacerlo”.[xiii][13]

Pero además, hay evidencia de que esto era algo flexible en las décadas de 1870 y 1880, pues se permitía que apareciera un poco de carne en su mesa cuando puede que no haya sido esencial. Dadas las dificultades de refrigeración y de transporte de alimentos en el siglo diecinueve, era un problema más grave entonces lograr una dieta adecuada sin el uso de carne.

A comienzos de la década de 1890, la Sra. White expresó su disgusto por la carne mientras viajaba hacia Australia. Escribió: “Tienen abundancia de alimentos a base de carne, preparados de diferentes formas; pero como yo no disfruto de una dieta con carne, deja bastante escasa mi vianda”.[xiv][14]

Mientras estaba en Australia a comienzos de 1894, Elena G. de White tomó la resolución de no consumir más carne, una posición que no tuvo vuelta atrás por el resto de su vida. Escribió así sobre esto:

Desde el congreso campestre de Brighton (enero de 1894) yo he eliminado absolutamente la carne de mi mesa. Existe el entendimiento de que ora sea que esté en casa o afuera, nada de esta clase ha de usarse en mi familia, o ha de ponerse sobre la mesa. He tenido muchas presentaciones sobre este tema en las horas de la noche.[xv][15]

La propia comprensión de Elena G. de White de la distinción entre limpio e inmundo parece haber crecido en forma firme con el tiempo. En 1864 ella notó que a Noé se le permitió comer bestias “limpias” después del diluvio.[xvi][16] Y en 1890, cuando Patriarcas y profetas se publicó, destacó que los padres de Sansón habían sido instruidos a abstenerlo de “cualquier cosa inmunda”.

Esta distinción “entre artículos de alimentos como limpios e inmundos” no era, dijo ella, “una regulación meramente ceremonial y arbitraria, sino que estaba basada en principios sanitarios”. Más aún, la “maravillosa vitalidad” del pueblo judío por miles de años, podría deberse a esta distinción.[xvii][17] Notoriamente, ella no destaca este aspecto de la vida de Sanson en 1881, cuando escribe los artículos sobre los cuales se basa la mayoría del material sobre Sansón en Patriarcas y profetas.[xviii][18]

En 1905, se explaya nuevamente en forma favorable sobre la distinción dada a los judíos, mencionando esta vez en forma adicional al cerdo que “quedaba prohibido” el consumo de “otros animales, de ciertas aves y de ciertos peces, declarados inmundos”.[xix][19]

Este pasaje continúa enumerando otros aspectos de las leyes de salud judías que los Adventistas del Séptimo Día nunca buscaron enfatizar, así que en resumen se puede decir que la Sra. White nunca declaró explícitamente que la distinción general entre carnes limpias e inmundas era una ley que los Adventistas del Séptimo Día estaban todavía obligados a observar. Sus declaraciones comentando la práctica judía ciertamente alientan esa posición, pero nunca la dejan explícita.

Los adventistas en la actualidad, que comprenden la distinción entre la carne limpia y la inmunda, necesitan saber de la ausencia de tal distinción en la iglesia adventista del tiempo de Elena G. de White. En 1883, W. H. Littlejohn, en una columna de preguntas y respuestas en la Review, dijo que no estaba seguro si las ostras podrían apropiadamente considerarse bajo la prohibición de carnes inmundas que se encuentra en Levítico 11. Si así fuera, dijo, sería porque habría algunas razones naturales.[xx][20] Fue también en ese momento que Urías Smith expresó su fuerte negativa de la aplicación de la ley mosaica en este asunto, como ya se mencionó.

Los primeros reformadores de salud mencionaron las ostras cuando explicaron porqué los alimentos a base de carne eran dañinos. Russell Trall, en su libro Hydropathic Cookbook [Libro de cocina hidropática] de 1857, dijo que todos los moluscos, incluyendo las ostras eran “malos”.[xxi][21]

Probablemente sea más conocido para los adventistas los comentarios sobre las ostras de James C. Jackson, incluído entre sus otras críticas sobre la comidas a base de carne en un artículo que Jaime y Elena White reimprimieron en Health: or How to Live [Salud: o cómo vivir]. Jackson rechazaba las ostras porque eran carroñeras.[xxii][22] J. N. Loughborough dijo que todo caracol, incluyendo las ostras, eran rechazados pues contenían poco alimento nutritivo y eran difíciles de digerir.[xxiii][23]

Finalmente, en 1891, Kellogg, al reaccionar enérgicamente a algunos comentarios favorables sobre las ostras por parte de científicos, condenó a la criatura como difícil de digerir, la “más baja de los carroñeros”, y apta para contener un veneno mortal, tirotoxina.[xxiv][24]

No obstante, comparando la cantidad de material publicado contra el cerdo, las objeciones a las ostras y otras carnes “inmundas” es tan minúscula que difícilmente se puede apreciar.

Cualesquiera hayan sido las prácticas y entendimientos de nuestros pioneros en esta cuestión, nunca debemos basar nuestras propias decisiones en relación con la vida saludable en el ejemplo de otros seres humanos. La Sra. White hizo lo suficientemente claro este punto en 1901 durante una charla extemporánea en Battle Creek.

[Habla Elena G. de White:] “La hermana White no ha tenido carne en su casa o la ha cocinado en ninguna forma, o ha tenido ningún tipo de carne muerta, por varios años. Y aquí está la [base de la] reforma pro salud [de algunas personas]: ‘Ahora les he dicho que la hermana White no come carne. Ahora quisiera que ninguno de ustedes deje de comer carne porque la hermana White no lo hace’.

“Bien, no daría un centavo, ni siquiera me interesaría por nada de eso. Si usted no tiene ninguna convicción mejor, que no comerá carne porque la hermana White no lo hace- si yo fuera la autoridad, no daría ni un centavo por su reforma pro salud.

“Lo que quisiera es que cada uno de ustedes pudiera presentarse en su dignidad individual ante Dios, en su consagración individual a Dios, que el templo del alma sea dedicado a Dios ‘Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él’. Ahora quisiera que piense en esas cosas, no haga del ser humano su criterio”.[xxv][25]

No es sorprendente que S. N. Haskell, quien estaba entre los primeros que llamaron a la iglesia a abandonar el uso del cerdo, fuera el primero en dar argumentos para una clara prohibición bíblica sobre todas las carnes inmundas, haciendo uso pleno de las prohibiciones de Levítico 11. En mayo de 1903, escribió:

“En muchas cosas la Biblia establece principios y se nos deja ejercer nuestro propio juicio en el asunto, mientras que en otras cuestiones se da un mandato claro… En su plan infinito [Dios] señaló una parte del reino animal para actuar como carroñeros… Con el propósito de que conozcamos a aquellos que se alimentan de comidas limpias, les colocó una marca o señal”.[xxvi][26] Haskell cita entonces Levítico 11:1-8: “El consumo de estas cosas que Dios prohibió”, concluye Haskell, “es muy ofensiva a su vista”.

Referencias

Patrimonio de Elena G. de White

Washington, D. C.

27 de abril de 1981. Re-mecanografiado: marzo de 1989.

[i][1] El erudito en Nuevo Testamento John Brunt, cuestionó recientemente la validez de usar las leyes levíticas para hacer distinción entre carnes limpias e inmundas. Su declaración de que la interpretación que hace Elena G. de White de Levítico, explica la posición actual de la iglesia, no está justifica, como se intentará demostrar en este artículo. Véase John Brunt, “Unclean or Unhealthful, An Adventist Pespective” [Inmundas o no saludables, una perspective adventista], Spectrum, vol. 11 (Febrero 1981), pp. 17-23.

[ii][2] Jaime White, “Swine’s Flash” [Carne de cerdo], Present Truth, vol. 1 (Noviembre 1850), p. 87. Al menos dos estudios anteriores discutieron este tema. Uno fue escrito por Richard Hammill en 1945, durante sus días como estudiante en el Seminario Adventista del Séptimo Día; el otro fue escrito por David Giles, otro estudiante del seminario. Giles agregó un poco más a lo que Hammill escribiera antes. Estoy en deuda con Hammill por guiarme a un número significativo de fuentes, pero considero que su artículo descuida hacer algunas distinciones importantes.

[iii][3] Elena G. de White, Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], vol. 1 (Mountain View, California, 1948), p. 207.

[iv][4] Elena G. de White, Spiritual Gifts [Dones espirituales] (Battle Creek, Michigan, 1864), p. 146.

[v][5] D. M. Canright, “The Bible on Meat” [Lo que dice la Biblia sobre la carne], Health Reformer, vol. 1 (Diciembre 1866), p. 66.

[vi][6] D. M. Canright, “Why I do Not Eat Swine” [Por qué no como cerdo], Health Reformer, vol. 1 (Abril 1867), p. 135.

[vii][7] W. C. Gage, “Pork Unclean” [Cerdo inmundo], Health Reformer, vol. 4 (Febrero 1870), p. 150.

[viii][8] Jaime White, “Swine’s Flesh. Forbidden in the Word of God” [La carne de cerdo. Prohibida en la Palabra de Dios], Health Reformer, vol. 7 (Enero 1872), p. 18.

[ix][9] Urías Smith, “Meats Clean and Unclean” [Carnes limpias e inmundas], Review and Herald, vol. 60 (3 de Julio 1883), p. 424.

[x][10] Arturo L. Whie, “Dietary Witness of the Ellen G. White Household” [Testigo de la dieta del hogar de Elena G. de White] (Documento no publicado, Washington, D. C., 1978), p. 15.

[xi][11] Elena G. de White a Mary Kelsey White, 31 de mayo de 1882. Carta 16, 1882, p. 1 (Patrimonio de Elena de White, Washington, D. C.).

[xii][12] Carta 83, 1901. Elena G. de White, Consejos sobre el régimen alimenticio (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1974), p. 585.

[xiii][13] Elena G. de White, Christian Temperance and Bible Hygiene [Temperancia cristiana e higiene bíblica] (Battle Creek, Michigan, 1890), p. 118; en Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 473.

[xiv][14] Carta 32a, 1891.

[xv][15] Carta 76, 1895, en Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 586. (Véase también Critique of Prophetess of Health [Crítica de la profetiza de salud], pp. 78-81.)

[xvi][16] Elena G. de White, Spiritual Gifts [Dones espirituales], vol. 3 (Battle Creek, Michigan, 1860), p. 76.

[xvii][17] Elena G. de White, Patriarcas y profetas (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1979), p. 605.

[xviii][18] Véase Signs of the Times, vol. 7, 15, 22 y 29 de septiembre, 6 y 13 de octubre de 1881.

[xix][19] Elena G. de White, El ministerio de curación (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1979), p. 240.

[xx][20] W. H. Littlejohn, “Oysters” [Ostras], Review and Herald, vol. 60 (14 de agosto de 1883), p. 522.

[xxi][21] Russel Trall, The New Hydropathic Cook Book [El Nuevo libro de cocina hidropática] (Nueva York, 1857), p. 104.

[xxii][22] James C. Jackson, “Flesh as Food” [La carne como alimento], in Jaime White, ed., Health: or How to Live [Salud: o Cómo vivir] (Battle Creek, Michigan, 1865), p. 19.

[xxiii][23] John Loughborough, The Hand Book of Health [El manual de la salud] (Battle Creek, Michigan, 1868), pp. 191, 192.

[xxiv][24] J. H. Kellogg, Household Monitor of Health [Monitor hogareño de la salud] (Battle Cree, 1891), pp. 131-136.

[xxv][25] Elena G. de White, “Talk by Mrs. E. G. White Before Representative Brethren in the [Battle Creek] College Library, April 1, 1901” [Charla de la Sra. Elena G. de White ante hermanos representantes en la biblioteca del Colegio [de Battle Creek], 1 de abril de 1901], Manuscrito 43a, 1901, p. 13 (Patrimonio de Elena G. de White, Washington, D. C.)

[xxvi][26] S. N. Haskell, The Bible Training School [La escuela de entrenamiento bíblico], vol. 1 (Mayo de 1903), p. 186.




Compilaciones: ¿Qué son y qué no son?


Por Norma J. Collins

La última voluntad y testamento de Elena G. de White establece una Junta de Fideicomisarios para que administre su patrimonio y produzca compilaciones de sus escritos. En armonía con esta responsabilidad, los fideicomisarios han emitido más de sesenta compilaciones después de su muerte en 1915.

¿Son estas compilaciones realmente libros de Elena G. de White? ¿Deben considerarse solamente los libros publicados durante su vida como libros genuinos de Elena G. de White? ¿Representan las compilaciones actuales correctamente su consejo inspirado? ¿Son confiables?

¿Qué es una compilación?

¿Qué es una compilación? El Diccionario inglés Webster define al verbo “compilar”: “Reunir y poner junto (estadísticas, hechos, etc.) en una forma ordenada”. “Componer (un libro, etc.) con materiales reunidos de varias fuentes”.

El libro El conflicto de los siglos provee un caso de estudio de una compilación producida mientras aún vivía Elena G. de White. La Sra. White escribió un primer libro pequeño de 219 páginas sobre el gran conflicto entre Cristo y Satanás como resultado de una visión que le fue dada en un funeral, en Lovett’s Grove, Ohio, el 14 de marzo de 1858. El demonio la golpeó con parálisis para impedir que escribiera la visión, pero ella se sentía comprometida y trabajó poco a poco hasta que sus fuerzas se restablecieron, la parálisis se disipó, y el libro se completó. Apareció como Spiritual Gifts [Dones espirituales], volumen 1.

Después de la publicación del volumen 2 en 1860, que era mayormente una reseña biográfica, escribió 21 capítulos de la historia del Antiguo Testamento desde la creación hasta el Éxodo y la recepción de las tablas de la Ley en el Sinaí. Este material se publicó como el volumen 3. También escribió 16 capítulos sobre los israelitas desde el Sinaí hasta David y Salomón. Estos capítulos, junto con un artículo sobre salud y una reimpresión de Testimonies [Testimonios] 1-10, fueron parte del volumen 4 de Spiritual Gifts. Los cuatro libros –claramente compilaciones- se imprimieron en 1864.

Luego siguieron cuatro volúmenes más extensos titulados Spirit of Prophecy [Espíritu de Profecía], que cubrían el mismo tema. (Disponible actualmente en reimpresión facsimilar). Se imprimieron en 1870, 1877, 1878 y 1884. A medida que Elena G. de White recibió más visiones con más detalles, la historia de la gran controversia se expandió a los cinco volúmenes que se conocen actualmente como “La serie del Conflicto de los Siglos”. Todos se prepararon con materiales escritos originalmente para libros, artículos, cartas y manuscritos. Por definición eran compilaciones. “Compilar: Componer (un libro, etc.) con materiales reunidos de varias fuentes”.

¿Cómo se prepararon las compilaciones?

Los secretarios encargados de copiar comprendían bien que sólo se debían usar los pensamientos y las propias palabras de Elena G. de White, en tanto fueran gramaticalmente consistentes en la expresión de esos pensamientos. En ningún caso un copista o editor debía introducir pensamientos que no se hallaran en los manuscritos de la Sra. White. Donde los párrafos y las oraciones fueran dificultosos o perdieran algo de su fuerza, debido a la estructura de la oración, se esperaba que los secretarios hicieran los cambios gramaticales necesarios. También se los instruyó a velar para que no existieran repeticiones innecesarias. La Sra. White dio su atención personalizada a la revisión del manuscrito final. A causa de que el autor no vive más, el Patrimonio White restringió este tipo de edición al mínimo. En la actualidad, casi no hay eliminación de repeticiones en el pensamiento.

A lo largo de los años, Elena G. de White escribió más de 5.000 artículos, y miles de páginas de testimonios y cartas a individuos. De esta cantidad de materiales literarios atesorados se extraen los materiales que se incorporan en sus libros. Ella escribió sobre varios temas y dejó una riqueza de material, publicado y no publicado.

Escritos sobre la vida de Cristo

En la década de 1870, la Sra. White escribió extensamente sobre la vida de Cristo. Cuando fue a Australia en 1891, esperaba dedicar la mayoría de su tiempo a completar un libro sobre este tema importante. Desde 1892 hasta que se publicó El Deseado de todas las gentes en 1898, dedicó muchas horas diarias a preparar capítulos para el libro.

No se sentó y escribió el libro directamente, capítulo por capítulo. Asignó a sus ayudantes la tarea de reunir lo que había escrito en los años anteriores sobre el tema. Este tema se encontraba en sus obras publicadas, en artículos que habían aparecido en periódicos, y en cartas y manuscritos. Con todo este material en mano, escribió muchos artículos a medida que las experiencias de Cristo se abrían nuevamente ante ella. Entonces, estos pasajes se ubicaban juntos en el orden natural, y ella escribía la historia que los relacionaba.

Sus escritos sobre la vida y enseñanzas de nuestro Salvador, fueron tantos que no podían aparecer en un solo volumen. Por tanto, El discurso maestro de Jesucristo, Palabras de vida del gran Maestro, y una porción de El ministerio de curación, se prepararon con los materiales restantes.

“Compilar: Componer (un libro, etc.) con materiales reunidos de varias fuentes”.

La oficina del Patrimonio White posee cartas y otros documentos que relatan la tarea de la Sra. White en El Deseado de todas las gentes y la forma en la cual se preparó el libro. Frecuentemente mencionaba el hecho de que estaba escribiendo sobre la vida de Cristo, e incluía declaraciones definidas en relación con el trabajo que realizaba Marian Davis. En una carta al Dr. J. H. Kellogg, del 25 de octubre de 1895, dijo:

Marian está trabajando con gran desventaja. Encuentro sólo poco tiempo para dedicarlo a escribir sobre la vida de Cristo. Continuamente estoy recibiendo cartas que requieren respuesta, y no me atrevo a descuidar los importantes asuntos que se me presentan. Además, hay iglesias que visitar, testimonios privados que escribir y muchas otras cosas que deben ser atendidas, que me apremian y consumen mi tiempo. Marian lee atentamente todas las cartas que escribo a otros para encontrar frases que ella pueda usar acerca de la vida de Cristo. Ella ha estado reuniendo de todas las fuentes posibles, todo lo que tiene relación con las lecciones que Cristo dio a los discípulos…

Ud. sabe que todos mis temas, tanto en el púlpito como en privado, en forma oral o escrita, versan acerca de la vida de Cristo. —Carta 41, 1895.

Al hablar de la tarea de sus ayudantes en 1900, la Sra. White hizo esta declaración sobre la señorita Davis:

Ella hace su trabajo de esta manera: toma mis artículos que han sido publicados en los periódicos, y los pega en libros [hojas] en blanco. También tiene una copia de todas las cartas que escribo. Cuando prepara un capítulo para un libro, Marian recuerda que yo he escrito algo sobre ese punto especial que puede darle más fuerza al asunto. Empieza a buscarlo, y cuando lo encuentra, si ve que da mayor claridad al capítulo, lo añade.

Los libros no son producciones de Marian, sino mi propia producción, recopilados de todos mis escritos. Marian tiene un gran campo del cual seleccionar, y su capacidad para ordenar los asuntos es de gran valor para mí. Me ahorra revisar una gran cantidad de material, lo cual no tengo tiempo de hacer… Marian me es una ayuda muy valiosa en la preparación de mis libros. —Carta 61a, 1900 (véase Mensajes selectos, tomo 3, pp. 101, 102).

Marian Davis tenía una mente y una memoria organizada en forma maravillosa, por tanto era capaz de recordar y encontrar detalles que la Sra. White había escritos sobre ciertos temas. Cuando se reunía suficiente material para ciertos capítulos, el manuscrito era leído a Elena G. de White o se lo daban a ella para que lo leyera. A menudo, esto revivía su memoria de ciertas escenas y reescribía con entusiasmo muchos pasajes, dándoles mayor fuerza y frescura. Exaltar a Cristo y presentarlo a otros en toda su belleza y santidad fue siempre su objetivo principal.

Poco después de su llegada a Australia, Elena G. de White cayó enferma con fiebre de malaria y reumatismo inflamatorio. Sufrió muchísimo durante once meses, y, cada tanto, quedaba confinada en la cama por varios días, incapaz de escribir más que un poco cada día. No obstante, perseveró y Dios la sostuvo mientras escribía sobre la vida de Cristo. De esta experiencia escribió:

He estado soportando una gran prueba a causa del dolor, el sufrimiento y la impotencia; pero con esto he obtenido una preciosa experiencia más valiosa que el oro para mí.- Mensajes selectos, tomo 2, p. 275.

Estaba desalentada pues era incapaz de visitar las iglesias, pero Dios usó su aflicción para el avance de sus propósitos. Al tener que ubicarse en una posición sentada y descansada fue capaz de usar sus manos débiles, y comenzó a escribir. En pocos meses escribió seis mil páginas sobre la vida de Cristo. Se dio cuenta que en la noche, cuando no podía dormir, Jesús estaba muy cerca de ella. Pensó mucho en Cristo durante ese tiempo y supo dónde estaba su fuerza.

Una carta escrita en 1892 a O. A. Olsen, presidente de la Asociación General, revela la intensidad con la cual la Sra. White escribía mientras preparaba su libro:

Ando con temblor delante de Dios. No sé cómo hablar ni cómo describir con la pluma el gran tema del sacrificio expiatorio. No sé cómo presentar los temas con el poder vivo con el cual los recibo. Tiemblo por temor a empequeñecer el gran plan de salvación al usar palabras ordinarias. Mi alma se inclina con pavor y reverencia delante de Dios y digo: "¿Para estas cosas, quién es suficiente?" (Carta 40, 1892).- (Véase Mensajes selectos, tomo 3, p. 130).

Algunos de los pasajes más hermosos en El Deseado de todas las gentes, salieron de su pluma cuando estuvo confinada no sólo a su cuarto, sino en su cama.

Asistentes literarios

Algunos de los asistentes literarios, ¿hicieron alteraciones al pensamiento o agregados a medida que los escritos pasaban por sus manos? Esta cuestión es respondida claramente por las declaraciones escritas por varios de los ayudantes de la Sra. White:

Ninguno de los ayudantes de mi madre está autorizado a agregar a los manuscritos, introduciendo pensamientos de elaboración propia.— W. C. White a G. A. Irwin, 7 de mayo de 1900.

Por el propio conocimiento que tengo del trabajo, y por las mismas declaraciones de la hermana White, tengo el fundamento más firme para no creer que se hiciera tal cosa [que los copistas agregan pensamientos propios].- Marian Davis a G. A Irwin, 23 de abril de 1900.

Con toda buena conciencia puedo testificar que nunca tuve la suficiente presunción como para aventurarme a agregar algunas ideas propias o a hacer otra cosa que seguir con el mayor cuidado posible los pensamientos de la autora.- D. E. Robinson, 1933, Patrimonio White, Document File 107g.

La Sra. White escribió muchísimo sobre varios temas. Para complementar lo que se escribía específicamente para un libro determinado, los asistentes literarios reunían de sus escritos otras gemas del pensamiento que estuvieran relacionadas –libros, artículos publicados, manuscritos, cartas y discursos. Al trabajar juntos, la Sra. White y sus asistentes, planificaban la estructura de los libros y preparaban el asunto capítulo por capítulo. En su forma final, los manuscritos eran leídos y aprobados finalmente por la misma Sra. White, y luego se los enviaba a la imprenta.

Cómo se preparó el libro El evangelismo

Desde la muerte de Elena G. de White en 1915, ¿cómo se han preparado las compilaciones? El libro El evangelismo es un caso de estudio.

En agosto de 1944, representantes de la Asociación Ministerial de la Asociación General preguntaron al Patrimonio White si había consejos específicos suficientes sobre evangelización como para preparar un libro que oriente en ese aspecto. Si había suficiente material, esperaban que esos consejos pudieran reunirse y publicarse en un solo libro.

Cuando Arturo White, en ese momento director del Patrimonio White, revisó los archivos, encontró abundante material que podía juntarse para hacer un libro de consejos sobre evangelización. El 10 de septiembre de 1944, la Junta de Fideicomisarios tomó el siguiente acuerdo:

“Votado: Que, en concordancia con la recomendación del Concejo Consultor de la Asociación Ministerial, autorizamos la compilación de un manuscrito, ‘Consejos a evangelistas e instructores bíblicos’, que será hecha por una comisión de cinco personas elegidas por la junta. La comisión se compone de las siguientes personas: A. L. White, W. H. Branson, R. A. Anderson, la señorita Luisa Kleuser, J. L. Shuler”.- Actas de la Junta del Patrimonio White (White Estate Board Minutes), 10 de septiembre, 1944.

A medida que la comisión planificaba su trabajo, decidieron que el nuevo volumen serviría mejor si fuera completo en su información, usando tanto fuentes publicadas como no publicadas. Esto incluiría algunas repeticiones de artículos ya publicados.

Arturo White y Luisa Kleuser fueron nombrados como un equipo de trabajo para preparar el manuscrito. El plan que siguieron requerió reunir todo asunto que tuviera que ver con el tema. Entonces, con todas las declaraciones de Elena G. de White ante ellos, organizaron el material y desarrollaron el manuscrito. Este plan minimizó la influencia de los compiladores, permitiendo que los pensamientos y los énfasis de la Sra. White se vieran claramente en la obra terminada.

A medida que el pastor White y la señorita Kleuser hacían las selecciones, era fácil de ver dónde colocaba Elena G. de White el énfasis, y el bosquejo general del tema en cuestión se organizó naturalmente en alrededor de 22 divisiones generales. En los casos en que había dos o más declaraciones que trataban el mismo punto, se escogía la más fuerte o la más completa, y la otra se dejaba de lado. Debido a que no se podían cambiar las palabras de Elena G. de White que componían el texto, los asuntos se reunían usando encabezados que remarcaban la idea principal. Los encabezados y subtítulos eran casi siempre provistos por el compilador, y, generalmente, esto se entiende así.

En un momento de la preparación del manuscrito, el pastor White buscó consejo en cuanto al uso de letras itálicas para enfatizar ciertas partes del manuscrito. El acta que elaboró la Junta dice:

“Votado: Que los fideicomisarios piensan que estaría fuera de lugar usar letras en itálica para enfatizar ciertas partes del manuscrito, y puede parecer que tiene la forma de una interpretación privada”.- Actas de la Junta del Patrimonio White (White Estate Board Minutes), 2 de julio, 1945.

Surgió la inquietud de si los compiladores debían ser nombrados en el Prefacio. Se indicó que siempre fue norma no mencionar a quienes tuvieron parte en la tarea de compilar, sino en mantener el foco en el autor de los materiales. Los fideicomisarios firmaron el Prefacio, basados en el siguiente voto:

“Votado: Que el Prefacio para el manuscrito del Evangelismo sea firmado por los fideicomisarios, y que se solicite al secretario que redacte una declaración considerando este aspecto”.- Ibíd.

El registro de los nueve lectores del manuscrito mostró correcciones que tenían que ver con la redacción de los encabezados y se sugirieron agregar unas pocas declaraciones de Elena G. de White, pues se pensó que añadirían fuerza al manuscrito.

El libro Evangelismo salió a la venta unos 18 meses después de que se tomó la decisión de preparar el libro. Ha servido como guía e inspiración para aquellos que se dedican a los ministerios de evangelización. Cada punto presenta su propia referencia de la fuente, de esa manera cualquiera puede verificar el contexto y la integridad de uso.

Es el interés general de quienes están en el Patrimonio White que toda compilación sea plenamente representativa y tan libre como sea posible de cualquier favoritismo del compilador. El compilador no deja de lado declaraciones que pueden no coincidir con su opinión personal. Las opiniones personales no deben tener peso en la selección del material. La compilación debe representar completa y correctamente la posición, las enseñanzas y el énfasis de Elena G. de White.

Libro sobre el hogar

En sus últimos años, Elena G. de White expresó su anhelo de sacar un libro sobre el hogar cristiano. Pero otras obras, tales como Los hechos de los apóstoles, Consejos para los maestros, Obreros evangélicos y Profetas y reyes, la mantuvieron ocupada, y Elena G. de White murió antes de que pudiera iniciar la tarea del libro sobre el hogar. Poco después de que el manuscrito de El evangelismo se aceptó para su publicación, los fideicomisarios nombraron una comisión para que preparara un manuscrito sobre el hogar. Cuando se reunieron los materiales, siguiendo los mismos métodos usados para El evangelismo, había suficiente como para dos libros, El hogar adventista y Conducción del niño.

Riqueza de material

Cuando se reúnen todos los asuntos que se conoce que Elena G. de White escribió sobre un tema en particular, a menudo hay tal riqueza de material que es difícil lograr que el libro tenga un número razonable de páginas. Cuando se reunió material para Mente, carácter y personalidad, había tal abundancia de material que debían colocarse en dos tomos.

Al planificar un nuevo libro de Elena G. de White, siempre surge la pregunta de si el tomo debe limitarse a declaraciones que no hayan aparecido en libros anteriores, o si, con el propósito de hacer que el libro sea una unidad completa, se deben incluir todos los consejos relativos al tema, sin importar si algunas declaraciones aparecen en otro de sus libros. Después de un estudio profundo, generalmente se llega a la conclusión que el libro debe ser completo. “Compilar: Componer (un libro, etc.) de materiales reunidos de varias fuentes”.

A lo largo de los años después de su muerte, la Junta del Patrimonio White ha recibido solicitudes de compilaciones sobre varios temas. La junta considera sólo aquellos proyectos que cree que harán una contribución definida a las necesidades de la iglesia, y solicita consejo de los líderes de la iglesia antes de comenzar cualquier proyecto. Algunas personas tienen el concepto equivocado de que las compilaciones son simplemente un re-arreglo de los materiales que aparecen en otros libros publicados. El hecho es que la mayoría de las compilaciones incluyen consejos e instrucciones no publicadas previamente de las cartas y manuscritos de Elena G. de White. Los fideicomisarios no ven luz en reciclar los consejos disponibles en libros que ya están impresos.

No todos los libros tienen el mismo propósito

Mientras que todas las compilaciones se preparan esencialmente de la misma forma, no todas se preparan con el mismo propósito: a saber, algunas son más de tipo enciclopédico o referencial, como Consejos sobre el régimen alimenticio. Este libro no fue diseñado para leerse como una narración de tapa a tapa, sino para reunir todos los consejos sobre ciertos temas un una forma ordenada y de fácil acceso. Los libros devocionales son simplemente eso: devocionales. Están planificados como lecturas breves para dirigir el pensamiento hacia Dios al comienzo del día. Otros libros voluminosos, como la serie del Conflicto de los Siglos, presentan una emocionante historia desde la creación hasta la segunda venida de Cristo. Otros más dan consejos sobre varios aspectos de la vida diaria.

Resumen

Volvamos a las preguntas planteadas al comienzo de este artículo.

Si el consejo fue publicado antes o después de la muerte de Elena G. de White no tiene nada que ver con la inspiración del consejo. El imprimir los materiales antes de su muerte no los hace más inspirados, ni lo son menos si aparecen después de su muerte. Mientras vivía, ella colaboraba en la reunión de los materiales de sus artículos y cartas que habían de publicarse en libros, y podía supervisar su preparación. En su testamento encargó a la Junta de Fideicomisarios que continuaran esta obra, y que supervisaran su preparación en lugar de ella.

En los libros preparados después de la muerte de Elena G. de White, los fideicomisarios se sienten confiados por seguir las instrucciones de Elena G. de White, cuando ella escribió:

En estos últimos días se ha dado luz abundante a nuestro pueblo. Ya sea que mi vida sea preservada o no, mis escritos hablarán constantemente y su obra irá adelante mientras dure el tiempo. Mis escritos son guardados en los archivos de la oficina, y aunque yo no viviera, esas palabras que me han sido dadas por el Señor todavía tendrán vida y hablarán a la gente (Carta 371, 1907).- (Véase Mensajes selectos, tomo 3, p. 85).

La Junta de Fideicomisarios y el personal del Patrimonio White toman seriamente sus responsabilidades para representar correctamente a Elena G. de White y sus enseñanzas. Cuando los materiales se preparan para su publicación, el único ajuste que se realiza es el gramatical. Creemos que las directivas que ella dio a sus secretarios son una autoridad. Si una palabra necesita ser reemplazada para que una oración quede clara, la palabra se coloca entre corchetes para que el lector sepa que es un añadido. Nadie en el Patrimonio White ha agregado sus palabras al material de Elena G. de White. Si se percibe la necesidad de dar información adicional, se coloca como nota al pie o en un apéndice. Se dan referencias para que el investigador pueda corroborar las fuentes originales. Se da el contexto suficiente como para que el material pueda hablar por sí mismo. Si el material se adapta o parafrasea, esto se aclara y destaca en la forma correspondiente.

Los subtítulos y los encabezados que ayudan a organizar los materiales, son agregados por el compilador, pero todo el texto fue escrito por Elena G. de White. El compilador busca ser completamente objetivo, evitando apreciaciones personales en la selección de los materiales. El producto final se diseña para representar el pensamiento completo de Elena G. de White sobre un tema y es revisado cuidadosamente por una comisión para evitar que haya tergiversación.

Cuando un libro se termina, es por tanto un libro de Elena G. de White, aunque ella no esté más con vida y no pueda darle su atención personal. Si estuviera aquí, no hay duda que agregaría frases conectivas para unir ciertos párrafos y para que la expresión sea más fluida. Debido a que ésta es una tarea que se reserva sólo al autor, los compiladores usan a veces encabezados de párrafos para introducir el tema o idea siguiente, pero nunca añaden frases para relacionar un párrafo o pensamiento con otro.

Por tanto, las respuestas a las preguntas requeridas al comienzo de este artículo son: Sí, los libros publicados con posterioridad a la muerte de Elena G. de White, en todas sus áreas, son realmente libros de Elena G. de White; no, no son producto de otros escritores; y, sí, contienen mensajes inspirados dados por Dios para la conducción, edificación y fortalecimiento de la iglesia en estos últimos días de la historia de la tierra.

Norma J. Collins

Directora Asociada del Patrimonio de Elena G. de White

Mayo de 1995, actualizado en diciembre de 2001

Basado en un artículo de Arturo L. White

Información adicional:

“How Ellen White’s Books Were Written” [Cómo se escribieron los libros de Elena G. de White], por W. C. White, 18 de junio, 1935.

“In Defense of Compilations” [En defensa de las compilaciones], por Arturo L. White, en Spectrum, agosto de 1985.

Brief Statements Regarding the Writings of Ellen G. White [Breves declaraciones respecto a los escritos de Elena G. de White], por W. C. White y D. E. Robinson, 1933. Reimpreso como suplemento de la Adventist Review [Revista Adventista], el 4 de junio, 1981.

How the Desire of Ages Was Writen [Cómo se escribió El Deseado de todas las gentes], por Robert W. Olson, 1979.

“Guidelines for Editing Ellen G. White Materials” [Directivas para la edición de los materiales de Elena G. de White], por Kenneth H. Word, septiembre, 1989.




Cómo se escribió El Deseado de todas las gentes


por Robert W. Olson

Una declaración introductoria al documento,

“Descripciones que muestran cómo se escribió El Deseado de todas las gentes”

Para muchos Adventistas del Séptimo Día, El Deseado de todas las gentes es su fuente favorita de nutrición espiritual aparte de la Biblia. Su nivel profundamente espiritual y sus hermosas frases sorprendentes, combinados con su tema centrado en Cristo, hacen única esta pieza maestra tan apreciada, incluso entre las mismas obras de Elena G. de White.

La historia de cómo se escribió El Deseado de todas las gentes probablemente nunca se cuente en su plenitud, porque nadie que esté con vida la conoce por completo con todos sus detalles. No obstante, un examen de las fuentes disponibles da varias ideas que otorgan luz sobre el tema de cómo este best seller imperecedero llegó a la existencia.

Los libros de Elena G. de White sobre la vida y las enseñanzas de Jesús

Elena G. de White comenzó a escribir sobre la vida de Cristo en 1858, luego de su visita a Lovet’s Grove, Ohio, donde se le revelaron en visión muchas escenas de varios siglos del conflicto entre Cristo y Satanás. Su registro escrito de esta visión, según se encuentra en Spiritual Gifts [Dones espirituales], vol. 1, incluye más de cincuenta páginas sobre la vida de Cristo.

En 1876 y 1877, Elena G. de White reescribió y aumentó su narración de la vida y obra de Cristo, y así abarcó más de las 640 páginas en Spiritual Gifts, volúmenes 2 y 3. Luego, en la década de 1890, expandió el registro un poco más, hasta que completó tres libros, El discurso maestro de Jesucristo, El Deseado de todas las gentes, y Palabras de vida del gran Maestro.

Asistencia editorial

Aunque fue inspirada en plenamente, Elena G. de White no siempre hizo uso de una gramática, ortografía, puntuación, o construcción de frases y párrafos perfectos en sus escritos. Sintió fuertemente este defecto a lo largo de toda su vida. En 1873, se lamentó, “Mi corazón está tremendamente triste… No soy una erudita… No soy una experta en gramática” (Enumeración para el 10 y 11 de enero, 1873, pp. 10-11).[i][1] Veinte años después, nuevamente se quejó por su carencia cuando declaró, “Dejo mi pluma y digo: ¡Oh, Señor, soy finita, soy débil, sencilla e ignorante. Nunca puedo encontrar un lenguaje para expresar tus revelaciones grandiosas y santas!” (Véase Descripción 63).

Al ver cómo se sintió, es bastante comprensible que Elena G. de White buscara auxilio en habilidosos literatos para la preparación de sus manuscritos para publicar. Cuando trabajaba con la serie Spiritual Gifts, desde 1858 a 1864, fue auxiliada por su esposo, quien era un calificado maestro de escuela. (Véase Mensajes selectos, vol. 1, p. 57). En la década de 1890, cuando finalmente estaba tomando forma El Deseado de todas las gentes, su principal asistente editorial fue Marian Davis.

Se les confió a los copistas de Elena G. de White tareas tales como corregir la gramática y la ortografía, eliminando las repeticiones innecesarias, agrupando el material en párrafos, y transfiriendo oraciones o párrafos de un manuscrito a otro “cuando se expresó el mismo pensamiento pero no en forma tan clara” (Véase Descripción 81). No obstante, cada tanto se les daba a otros individuos clave directivas adicionales para mejorar sus escritos. Por ejemplo, la Sra. White estaba muy dispuesta a que J. H. Waggoner criticara su manuscrito y le hiciera sugerencias para mejorarlo (Véase Descripción 15). De hecho, expresó su disgusto a Waggoner cuando no pudo cambiar o mejorar uno de sus escritos cuando se le dio una oportunidad para hacerlo (Véase Descripción 15).

También se le pidió al Dr. David Paulson que brindara esta clase de servicio. En 1905, el hijo de la Sra. White, W. C. White, envió el manuscrito de El ministerio de curación al Dr. Paulson con la solicitud, “Deseo que en su lectura completa note aquellos lugares donde el pensamiento se expresa de tal forma que pueda ser especialmente criticado por médicos y que nos conceda amablemente el beneficio de su conocimiento para saber cómo expresar el mismo pensamiento en la forma más adecuada”.[ii][2]

Elena G. de White entendía que también algunos escritores bíblicos necesitaron asistencia editorial, cuando escribió en relación con el libro de Hechos, “La costumbre de ese tiempo era que el autor enviara su manuscrito a alguien para que lo examinara y criticara. Lucas eligió a Teófilo, como a un hombre en quien tenía confianza, para que hiciera esa importante obra” (Comentario bíblico adventista, vol. 6, p. 1051).

Dado que es claro que la Sra. White por momentos permitió e incluso buscó la ayuda, que dio como resultado el cambio de algunas de sus palabras, se puede presentar una inquietud sobre su declaración, “las palabras de alguna otra persona no me representarán correctamente” (Véase Descripción 79). Debiera notarse que este comentario fue hecho en relación con uno de sus copistas en particular y no incluía las mejoras técnicas que se supone que harían todos sus copistas. Aunque se debe enfatizar que los copistas y editores de Elena G. de White no contribuyeron en realidad con la escritura de sus libros. Marian Davis dio cuenta de este hecho cuando, en respuesta a la demanda de un publicador que solicitaba que se completara en forma inmediata el manuscrito de El Deseado de todas las gentes, le escribió a W. C. White, “Hay una cosa… que incluso el más competente editor no puede hacer, a saber, preparar el manuscrito antes de que se escriba” [por ejemplo, Marian Davis no podía hacer su labor editorial hasta que Elena G. de White hubiera escrito el manuscrito] (Véase Descripción 69).

El papel de Marian Davis

Marian Davis fue una de esas personas especiales a quien Elena G. de White buscaba más que para la tarea rutinaria de copiar y editar. Marian estaba autorizada a eliminar palabras innecesarias (Véase Descripción 67) o a veces, cuando era pertinente, cambiar palabras (Véase Descripción 37). Le ayudó a la Sra. White a planificar un buen número de libros, desde el primer capítulo al último (p. 39, párrafo 1).

Marian era la “compaginadora de libros” (p. 41, párrafo 1). Ella recogía material, incluso oraciones aisladas (p. 28, párrafo 6; p. 39, párrafo 1; p. 30, párrafo 4), sobre la vida de Cristo de los diarios, cartas y artículos de Elena G. de White (p. 44, párrafo 3; p. 29, párrafo 0), los cuales pegaba en álbumes. Ella sacó material para El Deseado de todas las gentes de estos álbumes, de los libros publicados de Elena G. de White y de algunos manuscritos extensos (p. 24, párrafo 4).

Al organizar el material en capítulos, Marian notó áreas sobre las cuales no tenía nada de la pluma de Elena G. de White. Aparentemente las dos mujeres tenían una relación de trabajo tan estrecha, que Marian se sentía libre de hacer sugerencias a la Sra. White de lo que le parecía que podía estar faltando de los libros. Elena G. de White aceptó algunas de estas sugerencias, otras las rechazó. Por ejemplo, mientras que se aceptó el consejo de Marian en relación con “la roca, cuando el agua fluyó”, para un libro anterior (p. 21, párrafo 1), su recomendación acerca de “la construcción de una torre” y “la guerra de reyes” se rechazó. Elena G. de White declaró que no escribiría sobre estos temas a menos que “el Espíritu del Señor me guíe” (p. 25, párrafo 3).[iii][3]

Marian también hizo sugerencias a Elena G. de White en relación con la lucha de Cristo cuando fue tentado a usar su poder divino (p. 26, párrafo 5), y las parábolas de la perla y la red (p. 23, párrafo 6). Aunque sin duda Elena G. de White apreció estas sugerencias, estaba claro que era ella misma y no Marian la que decidía sobre qué tema escribiría.

No sólo Elena G. de White hacía el escrito inicial, también asumía plena responsabilidad por cada palabra que eventualmente aparecía en sus libros. Le explicó a su hermana Mary, “leo todo lo que se copia para ver que cada cosa está como debe ser. Leo todo el libro manuscrito antes que sea enviado a la imprenta” (p. 44, párrafo 2). Claramente éste era su método de trabajo rutinario. Marian Davis le dijo una vez a Elena G. de White, “Por supuesto, nada irá sin que usted lo apruebe” (p. 30, párrafo 2).

Fuentes de información

(a) Visiones. En su primer registro de la vida de Cristo, escrito en 1858, Elena G. de White hizo frecuentemente declaraciones como “Vi”, “Y luego vi”, “Se me mostró”, etc. (p. 10). Mientras que no unió sus registros posteriores de la vida de Cristo con estas expresiones, puede realmente haber visto en visión todos los eventos de la vida de Cristo de los cuales escribió. En 1889, después de mencionar “la traición, el juicio y la crucifixión de Jesús”, comentó, “Todo esto pasó delante de mi detalle tras detalle” (p. 22, párrafo 3).

No obstante, es necesario que creamos que cada hecho aislado mencionado en El Deseado de todas las gentes fue visto primero en visión con el propósito de que también creamos que el libro procedió de una pluma verdaderamente inspirada. Por ejemplo, Pablo escribió a los Corintios, “habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones” (1 Corintios 3:3). Pero no se le mostró esto en visión. Fue informado sobre el asunto por los miembros de la casa de Cloé. (Véase 1 Corintios 1:11). No obstante, sostenemos que 1 Corintios 3:3 fue escrito bajo inspiración. Elena G. de White declara que aunque “el Señor no le dio una nueva revelación para esa ocasión especial,… la reprensión que envió fue tan ciertamente escrita bajo la inspiración del Espíritu de Dios como cualquiera de sus otras epístolas” (Los hechos de los apóstoles, pp. 244-245). Si Dios pudo hablar a los profetas de la antigüedad “en diversas maneras” (Hebreos 1:1), seguramente pudo haber hecho lo mismo en tiempos recientes.

(b) La Biblia. Elena G. de White conocía bien su Biblia, un hecho que es atestiguado por las miles de referencias de la Palabra de Dios que corren a través de todos sus escritos. Usó la Biblia libremente en todos sus libros sobre la vida y enseñanzas de Cristo. Las Escrituras eran la fuente primaria de información para Elena G. de White en relación con lo que Jesús hizo y dijo.

(c) “Historias bíblicas” y otros libros. Dado que el Señor aparentemente no reveló el orden de los eventos bíblicos a Elena G. de White, se encontró en la necesidad de buscar esta información de la mejor manera posible por su propio estudio personal de las diferentes “historias bíblicas” (p. 21, párrafo 2). También parece haber usado algunos libros que trataban más específicamente con la vida de Jesús. Dio instrucciones a su familia en Oakland para que le enviara ciertos libros que había “dejado” (p. 17, párrafo 5). No menciona el título de estos libros, pero parece que uno de ellos era Life of Christ [Vida de Cristo] de William Hanna, debido a que algo de su fraseología en Spirit of Prophecy [Espíritu de Profecía], volumen 2, escrito por ese tiempo, es similar al lenguaje de Hanna. La extención y naturaleza del uso que hizo de Hanna se puede determinar sólo por un análisis cuidadoso de estos libros.[iv][4] Elena G. de White usó la Biblia y fuentes históricas también en la preparación de sus otros “libros del conflicto”. W. C. White declara,

En algunos asuntos históricos como se presentan en Patriarcas y profetas, Hechos de los apóstoles y El gran conflicto, los lineamientos principales se hicieron muy claros y sencillos para ella, y cuando escribió estos temas, se la dejó que estudiara la Biblia y la historia para conseguir las relaciones de las fechas y la geografía, y para que perfeccionara su descripción de los detalles.- Archivo de correspondencia de W. C. White.[v][5]

Puede ser nueva la idea para algunos de que Elena G. de White, al escribir un libro inspirado, debiera tomar no sólo frases sino ciertos tipos de información de fuentes existentes previamente. Pero los que han estudiado cuidadosamente la Biblia no encontrarán que esta idea sea perturbadora pues habrán notado que los escritores bíblicos también siguieron esta práctica. Por ejemplo, el apóstol Pablo más de una vez usó líneas de poetas griegos, y Judas incluyó un pasaje en su pequeña epístola que alguien más había escrito al menos cien años antes (véase Comentario bíblico adventista, Hechos 17:28, 1 Corintios 15:33, y judas 14).

El Deseado de todas las gentes, un libro inspirado

En 1892, cuando Elena G. de White comenzó nuevamente a escribir sobre la vida de Cristo, habló acerca de “las cosas que ardían en mi alma en relación con la misión de Cristo”. Escribió, “No sé cómo presentar temas con el poder vivificante con el que están ante mí” (p. 23, párrafos 4, 5).

Un año después aseveró que, al escribir sobre la vida de Cristo, estaba usando palabras que comunicarían a otros “la luz que el Señor se había placido darme en su gran misericordia y amor” (p. 25, párrafo 2). Algún tiempo más tarde, después de mencionar varios de sus libros, incluyendo El Deseado de todas las gentes, declaró, “En mis libros se declara la verdad respaldada por un ‘Así dice el Señor’. El Espíritu Santo traza estas verdades en mi corazón y en mi mente en forma indeleble como la ley fue trazada por el dedo de Dios, sobre las tablas de piedra” (p. 44, párrafo 7).

En el escrito de El Deseado de todas las gentes, Elena G. de White recibió ayuda -ayuda de sus secretarios y ayuda de algunos otros autores. Pero primero y ante todo tuvo la asistencia del Señor. Fue el Espíritu de Dios quien la dirigió y controló y quien fue además la Fuerza Guiadora al escribir todos sus mensajes.

El Deseado de todas las gentes no es sólo otro libro sobre la vida de Cristo. En marcado contraste con otras obras sobre la vida de Cristo, fue escrito bajo la inspiración el Espíritu de Dios. Lleva en sus páginas las propias credenciales divinas.

Respira un espíritu celestial. Nos confronta cara a cara con el Señor mismo. A través de El Deseado de todas las gentes, como ningún otro libro fuera de la Biblia, podemos llegar a estar íntimamente familiarizados con nuestro Salvador. Y esta bendición seguramente vendrá a todos los que buscan sus páginas con corazones y mentes que sean receptivos a la conducción del Espíritu Santo.

DESCRIPCIONES RELACIONADAS CON LA ESCRITURA DE EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES

Organizadas cronológicamente

(Basado en un estudio en proceso de la fuentes)

Descripción 1: Sábado y domingo, 13-14 de marzo, 1858, los White en Lovett’s Grove, Ohio

LA REVIEW AND HERALD

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.

BATTLE CREEK, QUINTO DÍA, 25 DE MARZO DE 1858

Los días 13 y 14 de marzo disfrutamos libremente con la joven iglesia de Lovett’s Grove. Las labores del hermano Holt fueron grandemente bendecidas en ese lugar. Cree que unas cuarenta personas guardan el sábado en ese lugar. Unas pocas semanas atrás no había ninguna. Disfrutamos de gran libertad con estos hermanos. Durante el primer día, Dios manifestó su poder en una forma maravillosa ante la multitud congregada. Varios decidieron observar el sábado del Señor y fueron con el pueblo de Dios. Sentimos una gran deuda con el hermano y la hermana Tillotson quienes estuvieron con nosotros dos semanas y nos trasladaron confortablemente en su carruaje durante todo el camino desde que dejamos las vías del tren en Green Spring, hasta que las encontramos nuevamente en Freemont donde tomamos el tren a casa.

Jaime White, p. 149.

Descripción 2: Domingo, 14 de marzo, 1858, la visión del gran conflicto dada en un servicio fúnebre

En la visión que recibí en Lovett's Grove [Estado de Ohio], la mayor parte de lo que había visto diez años antes concerniente al gran conflicto de los siglos entre Cristo y Satanás fue repetido, y se me instruyó a que lo escribiera. Se me mostró que aunque debía luchar contra los poderes de las tinieblas, pues Satanás haría grandes esfuerzos para impedir esta tarea, debía poner mi confianza en Dios, y que los ángeles no me abandonarían en el conflicto.

Después de que salí de la visión, los afligidos amigos y una parte de la congregación, cargaron el cuerpo hasta su lugar de descanso. Gran solemnidad descanso sobre quienes permanecieron.

El lunes comenzamos nuestro viaje a casa con el hermano y la hermana Tillotson. Al día siguiente tomamos los carruajes de Freemont hacia Jackson, Michigan. Mientras viajábamos en nuestros carruajes hacia Jackson, Michigan, arreglamos nuestros planes para escribir y publicar inmediatamente después de nuestro regreso al hogar, el libro titulado El conflicto de los siglos.

Spiritual Gifts [Dones espirituales], vol. II, pp. 270-271 (publicado en 1860).Descripción 3: 1858, Spiritual Gifts, vol. I, publicado.

SPIRITUAL GIFTS

EL GRAN CONFLICTO ENTRE CRISTO Y SUS ÁNGELES Y SATANÁS Y SUS ÁNGELES

POR ELENA G. DE WHITE

BATTLE CREEK, MICHIGAN

PUBLICADO POR JAIME WHITE, 1858

CONTENIDO

DONES ESPIRITUALES................................................................................ 5

CAPÍTULO

I. La caída de Satanás................................................................................... 17

II. La caída del hombre.................................................................................. 20

III. El plan de salvación................................................................................. 22

IV. La primera venida de Cristo...................................................................... 28

V. El ministerio de Cristo............................................................................... 35

VI. La transfiguración..................................................................................... 40

VII. La traición a Cristo.................................................................................. 44

VIII. El juicio de Cristo................................................................................... 49

IX. La crucifixión de Cristo............................................................................. 57

X. La resurrección de Cristo........................................................................... 65

XI. La ascensión de Cristo............................................................................. 77

XII. Los discípulos de Cristo.......................................................................... 80

XIII. La muerte de Esteban............................................................................ 87

XIV. La conversión de Saulo.......................................................................... 90

XV. Los judíos decidieron matar a Pablo......................................................... 93

XVI. Pablo visitó Jerusalem........................................................................... 99

XVII. La gran apostasía............................................................................... 103

XVIII. El misterio de iniquidad....................................................................... 108

XIX. Muerte, no vida eterna en la miseria...................................................... 113

XX. La Reforma.......................................................................................... 119

XXI. La iglesia y el mundo unidos................................................................. 124

XXII. Guillermo Miller................................................................................... 128

XXIII. El mensaje del primer ángel................................................................ 133

XXIV. El mensaje del segundo ángel............................................................. 140

XXV. El movimiento adventista ilustrado....................................................... 144

XXVI. Otra ilustración.................................................................................. 151

XXVII. El santuario...................................................................................... 157

XXVIII. El mensaje del tercer ángel............................................................... 162

XXIX. Una firme plataforma.......................................................................... 168

XXX. El espiritualismo................................................................................. 173

XXXI. La codicia......................................................................................... 179

XXXII. El zarandeo...................................................................................... 183

XXXIII. Los pecados de Babilonia................................................................. 189

XXXIV. El fuerte clamor............................................................................... 193

XXXV. Culmina el mensaje del tercer ángel................................................... 197

XXXVI. El tiempo de angustia de Jacob........................................................ 201

XXXVII. La liberación de los santos.............................................................. 205

XXXVIII. La recompensa de los santos......................................................... 209

XXXIX. La tierra desolada............................................................................ 211

XL. La segunda resurrección........................................................................ 214

XLI. La segunda muerte............................................................................... 217

Descripción 4: Fuente de información en Spiritual Gifts, vol. I, 1858.

El señor me mostró que Satanás fue una vez un ángel honrado en el cielo, próximo a Jesucristo (p. 17).

Vi que el hijo de Dios estaba pálido y exhausto por causa del ayuno y el sufrimiento. Pero su camino estaba trazado, y debía cumplir la tarea que había venido a realizar (p. 31).

Luego vi a Jesús en el jardín con sus discípulos (p. 46).

Vi que el ángel más débil podría haber conseguido que esa multitud cayera inerme y podría haber librado al Señor (p. 51).

Pero no necesitaban temer; porque contemplé a la hueste angélica observando con indecible interés el lugar de descanso de Jesús (p. 64).

Vi a la guardia romana, cuando la hueste angélica regresó al cielo, y la luz y la gloria desaparecieron, levantarse y ver si era seguro para ellos mirar a su alrededor (p. 68).

Luego se me mostró a los discípulos cuando llenos de reverente asombro miraban para alcanzar la última vislumbre de su Salvador que ascendía (p. 79).

[Spiritual Gifts, vols. III y IV, ambos publicados en 1864, completaron el primer escrito de la historia del gran conflicto. Estos dos volúmenes trataron extensamente la historia del Antiguo Testamento. Spiritual Gifts, vol. II, era una autobiografía de Elena G. de White y no era parte de la serie del gran conflicto. A medida que pasaron los años, Elena G. de White se propuso reescribir y aumentar estos libros. Primero en la nueva serie, publicado en 1870, estaba Spirit of Prophecy [El Espíritu de Profecía], vol. I, que cubría la historia del Antiguo Testamento hasta los tiempos de Salomón. Luego Elena G. de White se concentró en la vida de Cristo, que finalmente llenó la mayor parte de Spirit of Prophecy, vol. II y III.]

Descripción 5: Miércoles, 1 de enero, 1873, Santa Rosa, California. Entrada del diario de Elena G. de White

Escribí diez páginas al pastor Littlejohn, después de escribir casi todo día sobre mi tema para Spirit of Prophecy.

(Manuscrito 3, 1873, p. 1.)

Descripción 6: Domingo, 5 de enero, 1873, Petaluma, California. Entrada en el diario de Elena G. de White

Tuvimos tres reuniones. Hablé a las once sobre la vida y la tentación de Cristo en el desierto. Sentí la fuerza del tema que presenté ante ellos.

(Manuscrito 3, 1873, p. 2.)

Descripción 7: Viernes, 10 de enero, 1873, Santa Rosa, California. Entrada en el diario de Elena G. de White

Nos levantamos temprano para prepararnos para ir a San Francisco. Mi corazón estaba indescriptiblemente triste. Esa mañana consideré francamente la posibilidad de trabajar en mis escritos. Mi esposo está muy débil para ayudarme a prepararlos para la imprenta, por tanto no trabajaré más con ellos por el momento. No soy una erudita. No puede preparar mis propios escritos para la imprenta. Hasta que pueda hacerlo no escribiré más. No es mi deber ser gravosa a otros con mis manuscritos.

(Manuscrito 3, 1873, p. 5.)

Descripción 8: Sábado, 11 de enero, 1873, San Francisco, California. Entrada en el diario de Elena G. de White.

Descansamos bien anoche. Este sábado de mañana amaneció nublado. Mi mente está llegando a conclusiones extrañas. Estoy pensando que debo dejar a un lado mis escritos en los que he tenido tanto placer y ver si puedo llegar a ser una experta. No soy una conocedora de gramática. Trataré, si el Señor me ayuda, a la edad de cuarenta y cinco años de llegar a ser una experta en la ciencia. Dios me ayudará. Creo que lo hará.

(Manuscrito 3, 1873, p. 5.)

Descripción 9: Sábado, 25 de marzo, 1876, Oakland, California. Elena de White a Jaime White

Querido esposo,… Mary Clough* y yo haremos todo lo que podamos para adelantar la tarea de mis escritos. No puedo ver ninguna luz que brille en Michigan para mi. Este año siento que mi tarea es escribir. Debo estar recluida, quedarme aquí, y no debo dejar que la inclinación o persuasión de otros remueva mi resolución de mantenerme en relación con mi obra hasta que esté hecha. Dios me ayudará si confío en él.

* Mary Clough (rima con la palabra “how” que significa cómo en inglés) era la hija de Carolina, la hermana de Elena G. de White.

(Carta 63, 1876.)

Descripción 10: Viernes, 31 de marzo, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … Disfruto de la presencia de Dios y mi alma continuamente busca más de su salvación. Estoy escribiendo y lo hago con libertad. Estoy tratando preciosos temas. El último lo completé o casi completé en el día de ayer: Jesús curando al paralítico del estanque de Bethesda. El discurso de Cristo, que sigue a la curación cuando fue acusado por los judíos de quebrantar el sábado, es un gran tema.

(Carta 1, 1876, p. 2.)

Descripción 11: Martes, 4 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … Desde hace algunos días hemos estado teniendo compañía casi cada día, pero trato de ceñirme a mis escritos y hacer tanto como pueda cada día. No puedo más que escribir la mitad de lo que escribo en un día cada vez.

(Carta 3, 1876, p. 1.)

Descripción 12: Jueves, 6 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

(Continuación de la carta iniciada el 4 de abril.) Tengo mucha libertad para orar y una dulce comunión con Dios en mis horas de caminata a la noche y temprano en la mañana. Estoy teniendo algo más de fuerza, pero encuentro que cualquier sobrecarga me afecta seriamente y me lleva tiempo recuperarme. Mi confianza es en Dios. Confió en que me ayudará en mis esfuerzos para sacar la verdad y la luz que me ha dado para [darle] a su pueblo. María es una gran ayudante. La aprecio.

(Carta 3, 1876, p. 2.)

Descripción 13: Viernes, 7 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … Estoy escribiendo algo cada día pero no puedo confinarme a escribir más de la mitad por día.

Ayer Mary Clough, las niñas* y yo visitamos a la hermana Babcock. Salimos a caminar…

Los temas preciosos se abrieron bien a mi mente. Confío en Dios y él me ayuda a escribir. Estoy veinticuatro páginas delante de Mary. Ella anda bien con mi copia. Demandará un claro sentido del deber pedirme que deje esta obra para ir a las reuniones del campamento. Quiero decir para que termine mis escritos, un libro en todo caso, antes de que vaya a cualquier parte.

* Las “niñas” eran Addie y May Walling, las sobrinas de Mary Clough, que fueron criadas por Elena G. de White.

(Carta 4, 1876, pp. 1, 4.)

Descripción 14: Sábado, 18 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo:… En relación con publicar aquí mi libro, ¿qué piensas? El manuscrito puede ser puesto al instante en las manos de los impresores. Nos informarías por favor al respecto.

Tengo libertad para escribir y pido a Dios diariamente consejo y que sea imbuida con su Espíritu. Luego creo que tendré la ayuda, la fuerza y la gracia para hacer la voluntad de Dios.

Estoy contenta de que estés tan distendido y feliz. Nunca tuve tal oportunidad de escribir en mi vida y pienso aprovecharla al máximo…

¿Qué sería leerle mi manuscrito a los pastores Waggoner y Loughborough? Si hay alguna expresión de puntos de doctrinas que no están claros como deben estarlo, podría discernirlo (Me refiero a Waggoner).

(Carta 4a, 1876, pp. 1, 2.)

Descripción 15: Noche del sábado, 8 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Lucinda Hall

Querida hermana Lucinda:** … Mi esposo escribe que se me enviará un llamado de la [Sesión de la] Asociación [General], pero no cambiaré de idea en cuanto a lo que creo que es mi deber en este momento. Tengo una obra especial en este momento, escribir las cosas que el Señor me mostró. Estamos progresando bien, pero no puedo escribir más que durante la mitad del día…

Siento que debo descuidar cualquier otra cosa para poder sacar estos escritos. No he asistido a las reuniones por dos semanas. Mientras los pastores Waggoner y Loughborough están aquí, les dejo hacer la obra, y reservo toda mi fuerza para un propósito: escribir…

Deseo tener tiempo para que mi mente esté calma y pueda componer. Necesito tener tiempo para meditar y orar mientras me comprometo en esta obra. No deseo estar preocupada o estar estrechamente relacionada con nuestro pueblo pues desviará mi mente. Ésta es una gran obra, y siento que debo clamar a Dios cada día por su Espíritu para que me ayude a hacer muy bien esta tarea…

La cuestión en Petaluma necesita que la atienda la próxima semana. Puse una copia en las manos del pastor Waggoner para copiar. Sólo hizo un trabajo miserable, no cambió ni mejoró nada. Aprecio cada día más a Mary.

** Lucinda Hall (1839-1929) fue empleada durante un tiempo por Elena G. de White y llegó a ser una de sus mejores amigas.

(Carta 59, 1876, pp. 1-3.)

Descripción 16: Domingo, 16 de abril, 1876, “En los carruajes desde Oakland a Broolkyn”. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … He escrito bastantes páginas hoy. Mary trabaja duro luego. Está muy entusiasmada con algunos temas. Trae los manuscritos después de copiarlos para leérmelos. Hoy me mostró una pila de manuscritos bastante pesada que había preparado. Con orgullo los revisó…

Willie, su Mary y Mary Clough me acompañaron a la ciudad esta noche. Pienso que es mejor que no compremos ningún mueble para [la] casa nueva hasta que estés aquí para elegirlo…

No deseo que mi mente se distraiga de mi tarea ni siquiera para ir y seleccionar muebles, pero sólo lo sugiero…

Oh, cuánto anhelo esa conexión social y misteriosa con Jesús que nos eleva por encima de las cosas temporales de la vida. Es mi ansiedad estar bien con Dios, por tener su Espíritu continuamente dándome testimonio de que soy ciertamente una hija de Dios.

Me esforzaré por sacar estos asuntos, tan preciosos para la aceptación de Dios.

Bien, no puedo escribirte muchas noticias cuando me encierro en mi recámara día tras día para escribir, y luego para escribirte cada día, pero debes conformarte con lo que tienes. Ahora tomamos el bote.

(Carta 8, 1876, pp. 1, 2.)

Descripción 17: Martes, 18 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … Fuimos a la ciudad el domingo a la noche. Hablé con aceptación ante una congregación bastante numerosa de forasteros. Empezando por el estudio del tema de los panes y los peces con los cuales Jesús alimentó a diez mil personas por su poder milagroso –cinco mil hombres y mujeres y cinco mil niños- que recogían continuamente luego de que el Salvador bendijo la pequeña porción de comida; [continuando con] Cristo caminando sobre el mar y los judíos pidiendo una señal de que él era el Hijo de Dios. El vecino de al lado de la iglesia, cercano al jardín público, estaba allí. Creo que se llama Cragg. Todos oyeron con los ojos muy abiertos, y algunos con las bocas abiertas. Mary dice que se sintió estimulada porque había escrito sobre el tema antes de oírme hablar sobre él. Ahora incorporará algunos puntos que escuchó esa noche. Parecía profundamente interesada…

Veo muchos temas sobre los que tengo que escribir que deben hacerse con el mayor cuidado. Deseo dedicar este verano, en forma completa, para hacer este trabajo. Debo detenerme un día o dos en la semana e ir a alguna parte o mi cabeza se estropeará. Envidio cada momento que me siento compelida a descansar. Estos temas intensamente interesantes me cansan mucho más al escribirlos que al hablarlos.

Siento que no sería aconsejable para mí interrumpir ahora e ir al Este. Mary no se siente inclinada a ir. Dice que le disgusta el clima del este, pero esto no me lo impedirá si sintiera que es mi deber ir. Sentiría placer de encontrarme con mis hermanos y hermanas en el retiro campestre. Es una tarea que disfruto. Mucho más que el confinamiento para escribir. Pero eso interrumpiría mi trabajo y destruiría mis planes de sacar mis libros, porque no puedo hacer ambas cosas: viajar y escribir. Me parece que ahora es mi oportunidad dorada. Mary está conmigo, la mejor copista que he tenido. Nunca tendré otra oportunidad semejante.

(Carta 9, 1876, pp. 1, 3.)

Descripción 18: Viernes, 21 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … Acabo de completar un artículo bastante extenso sobre varios milagros; que hacen unas cincuenta páginas. Hemos preparado como unas 150 páginas desde que te fuiste. Sentimos la máxima satisfacción en lo que hemos preparado.

(Carta 12, 1876, p. 1.)

Descripción 19: Lunes, 14 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: Mary acaba de leerme dos artículos. Uno [era] sobre los panes y los peces, Cristo caminando sobre el agua y diciendo a sus oyentes que era el Plan de vida, lo que hizo que algunos de sus discípulos lo abandonaran. Esto llevó unas cincuenta páginas y comprende muchos temas. Pienso que es el tema más precioso que haya escrito. Mary también está muy entusiasmada con él. Piensa que es de sumo valor. Estoy plenamente satisfecha con él.

El otro artículo era sobre Cristo ingresando al campo de espigas, restregando las espigas y sanando la mano seca: doce páginas. Si puedo, con la ayuda de Mary, sacar estos temas de intenso interés, podré decir, “Señor, permite a tu sierva descansar en paz”. Estos escritos son todo lo que puedo ver ahora. El interés de Mary no decae para nada. Está tan ferviente y ansiosa como yo porque esta obra se haga ahora, antes de que viajemos a California. Temas interesantes se están abriendo continuamente ante mi mente. Estos temas sobre los que hablo, se fijan a la mente de Mary.

Creo que el Señor está con nosotros, y su Espíritu impresionará nuestros corazones. Mary sólo me sigue. No tengo temas preparados de antemano. Mi corazón y mi mente están en esta obra y el Señor me sostendrá al hacerla. Creo que el Señor me dará salud. Se lo he pedido, y responderá mi oración. Amo al Señor. Amo su causa. Amo su pueblo. Siento gran paz y quietud de mente. Parece que no hubiera nada que confunda y distraiga mi mente, y con tanto que pensar, mi mente no puede sentirse perpleja con algo sin sobrecargarse.

(Carta 13, 1876, p. 1.)

Descripción 20: Martes, 25 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: Anoche recibí una larga carta del pastor Canright urgiéndome a asistir a las reuniones campestres; también una carta del hermano Rogers de Missouri; también otra del hermano Colcord…

Me lo piden firmemente, pero no me moveré con su luz ni obedeceré su llamado. Mi obra está aquí por el momento. No veo ninguna otra luz y deseo fervientemente seguir la luz. Si pensara que es mi deber ir a esas reuniones, iría aunque mi libro nunca se terminara, pero siento que ahora es mi tiempo. Dios me ha provisto la ayuda que tanto había solicitado y por lo que tanto oré fervientemente. Mary ya ha estado aquí por cinco meses y el tiempo ha transcurrido sin que termine mucho de mi tarea. Ahora estamos haciendo un tiempo excelente y preparando asuntos tan pronto como nos es posible.

Mi mente está en la tarea y no deseo desviarme.

Si siguiera mi propio placer o inclinación, ciertamente asistiría a las reuniones campestres. Amo la labor en relación con las reuniones campestres mucho más de lo que amo escribir. Disfruto viajar, pero siento que ahora es mi tiempo y oportunidad de sacar esta obra largamente descuidada…

Todo está tranquilo aquí. No hay nada me distraiga de mi trabajo. Mi mente no se siente perpleja con cuestiones urgentes de la iglesia o con ningún tipo de dificultades. Estoy tan libre de cargas externas como pueda estarlo…

No tengo muchas novedades para escribir porque no voy a ningún lado y no veo a nadie. Excepto [por] mi paseo en bote, he permanecido mucho en casa. Sólo llamé a dos o tres de las hermanas después de escribir todo el día.

No puedo dedicarme sólo a escribir la mitad del día, pues por momentos mi cabeza me duele, y entonces tengo que descansar, recostarme y dejar de pensar, y volver a dedicarme a escribir cuando lo puedo hacer cómodamente. Esta obra debe hacerse cuidadosa, lenta y seguramente. Los temas que he preparado están bien realizados. Me agradan. Me estoy sobreponiendo a mis nervios y duermo bastante bien cada noche excepto después de hablar. Entonces me siento tan presionada [que] el descanso y el sueño quedan fuera del asunto. Mis temas son para mí de una realidad viva, y hago que la gente lo sienta.

(Carta 14, 1876, pp. 1-3.)

Descripción 21: Martes, 27 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … Hemos completado veinte páginas sobre la parábola del Sembrador. Este fue un tema difícil de escribir, pero Mary y yo lo hemos leído esta tarde, y dijimos que es excelente, excelente. Ella dice que los temas salen cada vez mejor, cada uno. Ella está muy feliz con esta obra.

(Carta 15, 1876, p. 2.)

Descripción 22: Jueves, 27 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Lucinda Hall

Querida Lucinda: … Estoy trabajando al máximo de mi fuerza y mi oración es para que el Señor me ayude, fortalezca y bendiga en esta obra. Realmente lo hace, porque no podría haber hecho lo que hice. Mi espíritu anhela a Dios, y no confío en mi misma para nada. Estoy contenta de que mi esposo esté más descansado. Que el Señor lo continúe bendiciendo es nuestra ferviente oración diaria.

Estamos, Mary y yo, haciendo lo máximo para completar mis escritos en el lapso de seis semanas. Si lo logramos, ¿sería posible pensar como beneficioso el ir al Este? Si no, preferimos mucho más permanecer y escribir el siguiente volumen… Sé que el pueblo necesita este libro cuanto antes, y deseo que mi mente esté descansada y que esta carga quede fuera de mi mente.

(Carta 61, 1876, p. 1.)

Descripción 23: Viernes, 28 de abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: He escrito cincuenta páginas hoy. Mary Clough trabaja duro conmigo. Ha copiado quince páginas hoy. Un día de labor bueno y largo. Tan pronto como terminamos la cena, voy al cuarto de Mary y me lee lo que ha escrito mientras me recuesto en el sillón y descanso. Luego, nuevamente a la noche, voy a su cuarto y me lee el resto. Disfruta de esto tanto como yo. Mary está haciendo lo máximo para sacar estos libros. Tenemos un tiempo muy tranquilo. Nunca tuve tal oportunidad antes en mi vida. Lo aprovecharé. Hemos escrito como 200 páginas desde que te fuiste, todas copiadas, listas para los impresores.

Me siento menos que nada, pero Jesús es mi todo: mi justicia, mi sabiduría y mi fortaleza.

(Carta 16a, 1876, pp. 1, 2.)

Descripción 24: Abril, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … Anoche hablé nuevamente a la gente. Éste fue mi texto: las palabras de Cristo a los doce “¿Queréis acaso iros también vosotros?” Pedro respondió, “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Véase Juan 6:67, 68). Me sentí perfectamente libre. Nunca percibí en forma tan sensible el auxilio especial de Dios que cuando hablaba. La gente se sentó como si estuviera hechizada, bien despierta, aunque la reunión no terminó hasta las nueve. El Espíritu de Dios estaba sobre mí.

(Carta 18, 1876, pp. 1, 2.)

Descripción 25: Viernes, 5 de mayo, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … He estado escribiendo más de lo acostumbrado, lo que es demasiado para mí. No puedo y no debo escribir más que la mitad del día, pero continúo salteando los límites y pago por ello. Mi mente elabora sobre el tema día noche. Tengo plena confianza en la oración. El Señor me escucha y creo en su salvación. Confío en su fuerza. Por su fuerza completaré mis escritos. Me tomo firmemente de su mano con confianza inalterable. Estamos felices en nuestro trabajo y esto es nuestro mundo por el momento…

Nunca esperé otra vez una oportunidad tan buena para escribir. Espero que el Señor me ayude en mi clamor continuo.

Si soy bendecida con salud, como lo he sido hasta ahora, completaré mi primer libro en unas cuatro semanas.

(Carta 21, 1876, pp. 1-2.)

Descripción 26: Jueves, 11 de mayo, 1876, Oakland, California. Elena G. de White a Jaime White

Querido esposo: … Si reúno mis escritos [Spirit of Prophecy, vol. II] todos en un manuscrito, mi parte de la obra está hecha y me sentiré aliviada.

(Carta 24, 1876, p. 2.)

Descripción 27: Aprox. Lunes, 22 de mayo, 1876, sobre el tren entre Oakland y Sacramento, en camino a la reunión de campamento de Kansas. Elena G. de White a Mary Kelsy-White o Mary Clough

Querida Mary: Estamos todos felices y cómodos ubicados en los vagones. Nos gusta mucho nuestra situación. Le debo un dólar a Frank. Por favor, págale y lo cargas a mi cuenta. Pídele a la hermana Rice que corte un modelo de chaqueta que diseñó para mí. Envía una copia a Kansas y ten también una bien segura en Oakland. No necesitas enviar Walks and Homes of Jesús* [Caminatas y hogares de Jesús] cuando mandes los libros que preparé.

(Carta 27a, 1876.)

*Por Daniel March.

Descripción 28: Jueves, 19 de octubre, 1876, Battle Creek, Michigan. Elena G. de White a William C. y Mary White

Queridos hijos Willie y Mary:… Hemos decidido que los impresores avancen con mi libro y no transportar estos libros a través de las llanuras otra vez. Parte del libro ya está aquí impreso. No los tendremos estereotipados, porque no esperaremos a tener las cuestiones de mi libro en forma tan, tan exacta, sino sacar esta primera edición y ponerla a la venta. Entonces tendremos tiempo para lograr una edición más perfecta en la Costa del Pacífico y la tendremos estereotipada, luego la vida de tu padre y la mía serán escritas e impresas en la Imprenta de la Pacific.* Pero todos hemos usado nuestro mejor criterio y pensamos que es mejor nos quedemos aquí hasta diciembre y que completemos esta edición…

Mary Clough siente que no puede dejar de lado este libro otra vez. Desea verlo terminado. Haremos, por lo tanto, lo máximo para completar este objetivo y tan pronto como esté listo, regresar.

(Carta 45, 1876, pp. 1, 2.)

Descripción 29: Jueves, 26 de octubre, 1876, Battle Creek, Michigan. Elena G. de White a William C. y Mary White

Querido hijos: … Estamos muy apurados y ocupados por sacar mi volumen dos, Spirit of Prophecy [Espíritu de Profecía]. Hay tres formas nuevas ya impresas. Si permanecemos aquí por unas cuatro semanas completaremos el libro y quitaré de mi mente una gran carga de preocupaciones…

Me temo que si parto inmediatamente mi libro se demorará unos dos meses. Mary se está esforzando al máximo…

Nunca estuvimos con tanto trabajo antes. Mary se sienta hasta las doce o la una de la noche. Trabaja tremendamente.

(Carta 46, 1876, pp. 1-2.)

Descripción 30: Martes, 30 de noviembre, 1876. Anuncio en la Review and Herald

The Review and Herald

Batttle Creek, Michigan, Quinto día, 30 de noviembre, 1876

Spirit of Prophecy, vol. II

Estamos listos para hablar de este volumen, ahora impreso, como el volumen más notable que se haya impreso alguna vez en esta oficina. Cubre las partes del gran conflicto entre Cristo y Satanás, las que están incluidas en la vida y misión, enseñanzas y milagros de Cristo aquí en la tierra. Muchos han emprendido la tarea de escribir la vida de Cristo, pero sus trabajos, comparados con éste, parecen ser sólo como las vestimentas externas del cuerpo. Aquí tenemos, hablando de esta forma, una visión interior de la obra maravillosa de Dios durante ese tiempo. Y si el lector tiene un corazón impresionable, sentimientos que pueden ser despertados, una imaginación que puede responder a las más vívidas descripciones de las escenas más emocionantes, y un espíritu para beber en lecciones de pureza, fe y amor del ejemplo divino de Cristo, encontrará en este volumen lo que lo llamará a disfrutar de la forma más emocionante de todas estas facultades. Pero lo mejor de todo de está en la impresión duradera que hará en todo el que lo lea. Tendrá una circulación ilimitada. Pago luego de envío por correo, $ 1.00 dólar.

Descripción 31: Spirit of Prophecy, vol. II, Tabla de contenido, 1877

CONTENIDO......................................................................................... PÁGINA

CAPÍTULO I. El primer advenimiento de Cristo.................................................... 9

CAPÍTULO II. La vida de Cristo........................................................................ 30

CAPÍTULO III. Vida y misión de Juan.............................................................. 41

CAPÍTULO IV. La misión de Cristo................................................................... 58

CAPÍTULO V. La muerte de Juan..................................................................... 74

CAPÍTULO VI. Tentación de Cristo................................................................... 86

CAPÍTULO VII. La boda en Caná...................................................................... 98

CAPÍTULO VIII. Purificación del Templo.......................................................... 115

CAPÍTULO IX. Nicodemo viene a Cristo.......................................................... 124

CAPÍTULO X. La mujer de Samaria................................................................. 140

CAPÍTULO XI. El hijo del Centurión................................................................ 151

CAPÍTULO XII. Jesús en Betesda.................................................................. 156

CAPÍTULO XIII. Jesús en Capernaum............................................................. 173

CAPÍTULO XIV. La elección de los discípulos................................................. 182

CAPÍTULO XV. El sábado.............................................................................. 193

CAPÍTULO XVI. El Sermón del Monte............................................................. 200

CAPÍTULO XVII. El leproso curado................................................................. 225

CAPÍTULO XVIII. La parábola del sembrador................................................... 282

CAPÍTULO XIX. Otras parábolas.................................................................... 242

CAPÍTULO XX. Los panes y los peces............................................................ 258

CAPÍTULO XXI. Caminando sobre el agua...................................................... 258

CAPÍTULO XXII. Cristo en la sinagoga............................................................ 274

CAPÍTULO XXIII. El paralítico........................................................................ 292

CAPÍTULO XXIV. La mujer de Canaán............................................................ 301

CAPÍTULO XXV. Cristo calma la tempestad.................................................... 305

CAPÍTULO XXVI. Hombres de las tumbas...................................................... 311

CAPÍTULO XXVII. La hija de Jairo.................................................................. 318

CAPÍTULO XXVIII. La transfiguración............................................................. 324

CAPÍTULO XXIX. La fiesta de los tabernáculos............................................... 337

CAPÍTULO XXX. Ve y no peques más............................................................ 349

CAPÍTULO XXXI. La resurrección de Lázaro.................................................... 358

CAPÍTULO XXXII. La ofrenda de María........................................................... 372

CAPÍTULO XXXIII. Camino a Jerusalén.......................................................... 382

Descripción 32: Jueves, 14 de febrero, 1878. Anuncio en la Review and Herald

The Review and Herald

Battle Cree, Michigan, Quinto día, 14 de febrero, 1878

Spirit of Prophecy, vol. 3

Este volumen, de Elena G. de White, ya está disponible. Trata plenamente sobre los sufrimientos y muerte de Cristo, su resurrección y ascensión al cielo, y termina con un registro de las vidas, enseñanzas y persecuciones de los apóstoles. Está escrito con la misma fuerza y estilo impresionante de los volúmenes anteriores, y es un libro de emocionante interés. Será recibido con alegría en todas partes por aquellos ya familiarizados con la hermana White y su obra. En el estilo, tamaño y precio, es igual que los volúmenes 1 y 2; 400 páginas; precio $ 1.00.

CONTENIDO.................................................................................................. PÁGINA

CAPÍTULO I. Llorando sobre Jerusalén........................................................................ 9

CAPÍTULO II. La purificación del Templo.................................................................... 20

CAPÍTULO III. Jesús y los fariseos........................................................................... 36

CAPÍTULO IV. Denunciando a los fariseos................................................................. 56

CAPÍTULO V. En la corte exterior.............................................................................. 74

CAPÍTULO VI. La cena de Pascua............................................................................. 81

CAPÍTULO VII. En el Jardín...................................................................................... 94

CAPÍTULO VIII. En el juicio..................................................................................... 107

CAPÍTULO IX. Condenación de Jesús...................................................................... 127

CAPÍTULO X. El Calvario........................................................................................ 148

CAPÍTULO XI. En el sepulcro.................................................................................. 173

CAPÍTULO XII. El fin del conflicto............................................................................ 183

CAPÍTULO XIII. La resurrección............................................................................... 191

CAPÍTULO XIV. La mujer en la tumba...................................................................... 198

CAPÍTULO XV. Jesús en camino a Emmaus............................................................ 206

CAPÍTULO XVI. En el aposento alto......................................................................... 216

CAPÍTULO XVII. Jesús en Galilea........................................................................... 223

CAPÍTULO XVIII. La reunión de los hermanos........................................................... 234

CAPÍTULO XIX. La ascensión de Cristo................................................................... 249

CAPÍTULO XX. El Pentecostés............................................................................... 263

CAPÍTULO XXI. La curación del paralítico................................................................ 275

CAPÍTULO XXII. Los siete diáconos........................................................................ 291

CAPÍTULO XXIII. La conversión de Saulo................................................................. 305

CAPÍTULO XXIV. Pablo comienza su ministerio........................................................ 317

CAPÍTULO XXV. El ministerio de Pedro................................................................... 323

CAPÍTULO XXVI. La liberación de Pedro.................................................................. 334

CAPÍTULO XXVII. La ordenación de Pablo y Bernabé................................................ 345

CAPÍTULO XXVIII. La predicación entre los gentiles.................................................. 358

CAPÍTULO XXIX. Judíos y gentiles.......................................................................... 368

CAPÍTULO XXX. El encarcelamiento de Pablo y Silas............................................... 378

CAPÍTULO XXXI. La oposición en Tesalónica........................................................... 387

Descripción 34: Domingo, diciembre, 1878, Denison, Texas. Elena G. de White a Mary White

Querida hija [nuera] Mary: Esta semana comenzaré a vivir en la casa nueva. Es espaciosa y el edificio es bonito… Asegúrate y envíame el material rústico igual al vestido de Emma. Por favor envía el chal doble. Tengo un plan para él. Envíame el chal a cuadros, y puedes enviarme dos almohadones. Envía libros, los de tapa roja Jewish Antiquities [Antigüedades judías] y el Bible Dictionary [Diccionario bíblico]. ¿Está allí Night Scenes of the Bible* [Escenas nocturnas de la Biblia]? Si está, envíalo.

(Carta 60, 1878, p. 1.)

*De Daniel March, publicado en 1869.

Descripción 35: Martes, 22 de diciembre, 1885, Basel, Suiza. Elena G. de White a Edson y William White

Queridos hijos, Edson y Willie:… Díganle [a Marian Davis*] que hace un minuto leí las cartas en las que detalla las mejoras que hay que hacer en los artículos para el volumen 1. Se lo agradezco. Díganle que ella hizo una indicación sobre cuando se sacó los ojos a Sedequías. Esto necesita expresarse mejor –también la roca, cuando fluyó el agua- algo en relación con esto. Pienso que puedo hacer más específicos los artículos…

Bueno, mis queridos Willie, Edson y Emma, dejémonos atraer por Dios. Vivamos diariamente como nos hubiera gustado haber vivido cuando el juicio se inicie y los libros se abran, y cuando todos sean recompensados de acuerdo con sus obras. No estoy afligida ni desalentada, pero me siento pesada como un carro con centeno. Hemos tenido varios días de un hermoso tiempo. Ha comenzado a llover esta tarde. Díganle a Mary que me busque algunas historias de la Biblia que me den idea del orden de los sucesos. No tengo nada y no puedo encontrar nada aquí en la biblioteca.

(Carta 38, 1885, p. 8.)

* Marian Davis (1847-1904) fue una secretaria y asistente literaria sumamente talentosa para Elena G. de White. Trabajó para Elena G. de White desde 1879 hasta 1904, ayudándola a producir muchos libros, incluyendo El Deseado de todas las gentes.

Descripción 36: Domingo, 16 de enero, 1887, Basel, Suiza. W. C.White a B. L. Whitney**

Querido hermano: es domingo de tarde. No he recibido ningún telegrama de Olsen y concluyo que su reunión está pospuesta, por lo tanto decidí no ir a Londres…

Adjunto también una lista de libros preparados por la hermana Davis, los que ella desea que examinen algunos de su equipo para saber si alguno de ellos será valioso para nosotros en nuestro estudio de la Biblia o la preparación de artículos sobre temas bíblicos. Después de leer el memorando preparado por la hermana Davis, veo que hay poco más que necesite agregar. Quizás desee algunos de estos en la biblioteca de su oficina…

Notará lo que dice sobre los recortes en Life of Christ [Vida de Cristo] de Farrar. Ésta es la forma en que se expresa al comienzo sobre Child’s Life of Christ [La niñez de Cristo]…

Compre por favor un juego en Cassell de Prot. de Wylie, un Life of Christ de Hanna***, y para su biblioteca creo que haría bien en tener un juego de Hours With the Bible [Horas con la Biblia] de Geikie. Si no los ha comprando en Nueva York, debe solicitarlos y comprarlos para su biblioteca, The Temple and Its Services [El templo y sus servicios], Jewish Social Life [La vida social judía], y de Andrews, Life of Our Lord [Vida de nuestro Señor], una buena armonización de los evangelios, y otras obras que le servirán a su esposa para preparar notas para las lecciones de la Escuela Sabática. Debe tener una copia del último y el mejor diccionario bíblico. –W. C.

** El pastor Whitney (1845-1888) sobrellevó pesadas responsabilidades en la obra de publicaciones que tenía su asiento en Basel.

*** Life of Christ, de William Hanna, salió publicado por primera vez en 1863.

(Libro de cartas de White Book A-2, pp. 74-76 [escrita desde Basel, Suiza, a B. L. Whitney, quien realizaba negocios en Londres, Inglaterra].)

Descripción 37: Marzo, 1889, Battle Creek, Michigan, Elena G. de White a su nuera

María, Willie está con reuniones por la mañana y por la tarde, ideando y planificando para hacer mejor y más eficientemente la tarea en la causa de Dios. Lo vemos sólo a la hora de comer. Marian lo visitará para algunos asuntos pequeños que me parece que puede arreglarlos por sí misma. Está nerviosa y apurada, y él considera que debe apretar sus dientes y contener sus nervios lo mejor que pueda. He tenido una charla con ella y le dije que debe hacerse cargo de varias cosas por sí misma de las que ha estado trayendo a Willie. La mente de ella está en cada detalle y relación, y la mente de él se ha estado encargando de una variedad de temas difíciles hasta que su cerebro se enrolla y entonces no está preparado para hacerse cargo de estos detalles minúsculos. Ella debe hacerse cargo de estas cosas pequeñas que tienen que ver con su parte del trabajo, y no presentárselas a él para no preocupar su mente con ellas. A veces pienso que nos matará a ambos, todo innecesariamente, se puede hacer cargo ella misma de sus detalles en lugar de traerlos ante nosotros. Cada pequeño detalle de cambio de una palabra desea que lo veamos. Estoy cansada de este asunto.

(Carta 64a, 1889, p. 1.)

Descripción 38: Domingo 12, 1889, 188g, Ottawa, Kansas. Elena G. de White a su familia

Queridos hijos en el hogar:… Durante cuarenta y cinco años de experiencia, he estado mostrando las vidas, el carácter y la historia de los patriarcas y profetas, quienes llegaban al pueblo con un mensaje de Dios, y Satanás comenzaba algún informe maligno, o levantaba alguna opinión diferente o desviaba el interés para otro lado, para que el pueblo se privara del bien que el Señor deseaba otorgarles…

No puedo sino sólo tener una vívida imagen en mi mente día tras día de la forma en que fueron tratados los reformadores, cuán poca diferencia de opinión parece crear un frenesí de sentimientos. Así fue también con la traición, juicio y crucifixión de Jesús –todo esto pasó ante mí punto por punto.

(Carta 14, 1889, p. 3.)

Descripción 39: Domingo, 14 de febrero, 1892, Preston, Melbourne, Australia. Entrada del diario de Elena G. de White

Traté de evitar todo movimiento de mis brazos para evitar gritar de dolor. Puedo escribir con mi mano derecha; puedo usar mi brazo desde el codo para abajo. La bendición especial de Dios me auxilió en esto. Agradezco a su santo nombre.

La verdad nunca ha estado impresa tan claramente en mi mente como durante esta enfermedad y alabo al Señor porque tengo voz para expresar las palabras que me da.

(Manuscrito 29, 1892, p. 2.)

Descripción 40: Lunes, 15 de febrero, 1892, Preston, Melbourne, Australia. Entrada del diario de Elena G. de White

He sido capaz de escribir algo sobre la vida de Cristo. Alabo el nombre del Señor porque me es dejada mi razón.

(Manuscrito 29, 1892, p. 3.)

Descripción 41: Domingo, 3 de abril, 1892. Marian Davis a W. C. White

Desde que Revel sacó los derechos de autor del libro “El camino a Cristo” antes de que se hicieran los arreglos para reservar los derechos de usar algunos de los asuntos en “Life of Christ” [Vida de Cristo], ¿no debiera hacerse algún arreglo con él tan pronto como sea posible? Será una gran tarea, después de que se complete el libro, quitar de Life of Christ todas las frases y párrafos que hemos usado en “El camino a Cristo”. Y como ya lo dije antes, en un caso –quizás dos- desearé usar más de una página de “El camino a Cristo”.

(Archivo de documentos del Patrimonio White DF Nº 393a. [Escrito desde Preston, Melbourne, Victoria, Australia].)

Descripción 42: Viernes, 15 de julio, 1892, Preston, Victoria, Australia. Elena G. de White a O. A. Olsen*

Esto es realmente una incapacidad física para mí, y casi una absoluta dependencia de otros. Tan nueva es esta experiencia para mí que me he sentido asombrada de que fuera así. Pero aunque estoy casi sin fuerzas en el cuerpo, en el corazón no siento ningún paso de los años.

Esta semana he sido incapaz de comenzar a escribir sobre la vida de Cristo. ¡Oh, cuán ineficiente, cuán incapaz soy de expresar las cosas que queman en mi alma en relación con la misión de Cristo! Difícilmente me atrevo a iniciar la obra. Hay tanto en ella. ¿Qué diré y qué dejaré de decir? Me despierto por las noches rogando al Señor para que envíe a su Espíritu Santo sobre mí, para que habite en mí.

Camino con temor delante del Señor. No sé cómo hablar o expresar con la pluma los grandes temas del sacrificio expiatorio. No sé cómo presentar los temas con el poder viviente con el que están ante mí. Tiemblo con temor para que no rebaje el gran plan de salvación con palabras vulgares. Inclino mi alma con temor y reverencia ante el Señor y digo “¿Quién es suficiente para estas cosas?”.

(Carta 40, 1892, p. 4.)

* O. A. Olsen fue presidente de la Asociación General desde 1888 hasta 1897.

Descripción 43: Lunes, 30 de octubre, 1892. Marian Davis a Elena G. de White

Deseo hacer una pregunta acerca de las dos parábolas del tesoro escondido y el comerciante que buscaba buenas perlas. ¿Representan estas dos parábolas exactamente la misma cosa? ¿No parece como si Cristo diera dos parábolas para enseñar exactamente lo mismo? ¿No hay algún punto en que difieran? ¿No pueden estar representando dos clases que encuentran la verdad? Del hombre que encuentra no se dice que lo hubiera estado buscando. Parece haber llegado hasta él inesperadamente mientras trabajaba en los campos. Pero cuando lo encuentra, está listo para dar todo con el propósito de que le pertenezca. Entonces, buscará diligentemente en el campo por más. Cuántos hay a quienes la verdad llega de esa forma, inesperadamente, en forma impensable, pero que gustosamente se sacrifican para tenerlo cuando disciernen su valor. Pero el mercader estaba buscando buenas perlas. Por lo tanto hay en todas partes mentes fervientes y serias que están fervientemente buscando algo precioso y duradero –algo en lo que puedan fijar sus esperanzas, y cuando la verdad es recibida por ellos, también la reciben con gran gozo.

Así durante todas las épocas, las dos parábolas apelarían a dos clases diferentes de personas. Sé que la parábola del tesoro ha sido usada para representar la diligencia en la búsqueda. Pero esta explicación no desmerecerá eso. ¿No se produce la búsqueda después de que hay un tesoro escondido en el campo?

He dejado pasar tres parábolas en mi trabajo, pero estoy ansiosa por sacarlas bien, y si puede darme más luz sobre ellas le estaré agradecida.

(Archivo de documentos del Patrimonio White, DF Nº 393a [escrito desde St. Kilda, Melbourne, a Elena G. de White que estaba en Adelaide].)

Descripción 45: Miércoles, 29 de marzo, 1893. Marian Davis a W. C. White

Probablemente recordará algunas cosas que dije la primavera pasada sobre la necesidad de tener el tema para artículos y el álbum de recortes, para que pueda estar disponible para usar en la vida de Cristo, copiado, para que sea conveniente para hacer referencia. Quizás pueda imaginar la dificultad de tratar de reunir detalles en relación con cualquier tema, cuando esto debe hacerse en treinta álbumes de recortes [de materiales de Elena G. de White], una media docena de libros encuadernados y cincuenta manuscritos, todos sumando miles de páginas…

Una cosa más de porqué se necesita tanto para la vida de Cristo que lo que se necesitó para cualquier otro libro anterior. El material es mucho más abundante, el espectro de temas más grande, la tarea demanda más en todo sentido.

(Archivo de documentos del Patrimonio White, DF Nº 393a [escrito desde St. Kilda, Melbourne, Australia].)

Descripción 46: Lunes, 22 de mayo, 1893. Marian Davis a Elena G. de White

Mientras leo los nuevos capítulos sobre LC [Vida de Cristo] me parecen muy preciosos –las lecciones de esperanza y fe, el amor y ternura del Salvador- y me siento ansiosa porque el libro vaya a la gente. Pido que Dios le dé fuerzas y me dé a mi gracia y sabiduría.

(Archivo de documentos del Patrimonio White, DF Nº 393a [escrito desde St. Kilda, Melbourne, a Elena G. de White que estaba en Nueva Zelanda].)

Descripción 47: Martes, 23 de mayo, 1893, Wellington, Nueva Zelanda. Entrada en el diario de Elena G. de White

Esta mañana está nublado y llueve. He estado escribiendo sobre la vida de Cristo desde las cuatro. Oh, que el Espíritu Santo repose y more en mí para que mi pluma pueda describir las palabras que comunicarán a otros la luz que el Señor se ha dignado darme en su gran misericordia y amor para conmigo.

(Manuscrito 80, 1893, p. 20.)

Descripción 48: Martes, 15 de junio, 1893, Wellington, Nueva Zelanda. Elena G. de White a W. C. White

Querido hijo Willie: … Marian, tu sabes, no puede ser confinada. Está totalmente entusiasmada con la tarea en el hospital. Estoy ansiosa por sacar la vida de Cristo. Marian detalla capítulos y temas sobre los que tengo que escribir que no veo realmente necesidad que se escriban. Puedo ver más luz en ellos. En esto no debo meterme sin que me guíe el Espíritu Santo. La construcción de una torre, la guerra de reyes, estas cosas no preocupan mi mente, pero estos temas de la vida de Cristo, su carácter representando al Padre, las parábolas esenciales para que todos nosotros comprendamos y practiquemos las lecciones que contienen, en eso insistiré.

(Carta 131, 1893, p. 3.)

Descripción 49: Domingo, 2 julio, 1893, Wellington, Nueva Zelanda. Elena G. de White a W. C. White

Querido hijo Willie: … Debemos comenzar, muy decididamente, para comprender cuando debe publicarse el próximo libro, porque debemos movernos cuidadosamente en el temor de Dios…

Escribo algo todos los días sobre la vida de Cristo. Un capítulo grabó en mi mente otros temas de tal forma que tengo varios borradores sobre los que estoy escribiendo. Difícilmente me atrevo a enviar manuscritos por medio del joven Linden, temiendo que los pierda, deseo dedicarle más tiempo a algunos temas.

(Carta 132, 1893, p. 6.)

Descripción 50: Viernes, 7 de julio, 1893, Wellington, Nueva Zelanda. Elena G. de White a W. C. White

Querido hijo Willie: … Te he escrito un poco en cada correo de los que oímos que iban a Australia, y cuando salió el hermano Linden te envié una carta y un manuscrito para Fanny y Marian –algo sobre la vida de Cristo y algo para Fanny. Lo de la vida de Cristo se puede usar para artículos de periódicos.

(Carta 133, 1893, p. 3.)

Descripción 51: Miércoles, 2 de agosto, 1893. Marian Davis a Elena G. de White

Ahora, acerca del libro. Estoy tan feliz de que esté escribiendo sobre los dos viajes a Galilea. Estaba temerosa de que no lo hiciera. Anhelo recibir algo suyo pronto. Hay bastante trabajo para hacer a mis espaldas, pero prefiero no volver atrás si puedo ayudar, o más bien esperar, hasta que tenga todo o casi todo, y pueda reunir todo el material, y luego puedo volver atrás una vez más y terminarlo. Eso me ahorrará el tener que pasar por el mismo terreno más de dos veces…

Le envié dos capítulos sobre L. C. [vida de Cristo] que no los había enviado cuando mandé lo anterior. Los preparé y dejé en la caja del maletero de W. C. [White]…

Esperaré con gran interés la llegada del manuscrito prometido. Estoy tan contenta de que esté escribiendo desde donde está. Hay un campo tan rico en las enseñanzas de Cristo cuando dejó Jerusalén después de la Fiesta de los Tabernáculos.

(Archivo de documentos del Patrimonio White, DF Nº 393a [escrito desde Frahran, Melbourne, a Elena G. de White que estaba en Nueva Zelanda].)

Descripción 52, 22 de agosto, 1893. Marian Davis a Elena G. de White

Tengo un número de capítulos preparados sobre la vida de Cristo, pero no puedo tenerlos copiados en este momento. Quizás pueda en las vacaciones. Si es así, se los enviaré. Estoy contenta de que esté trabajando sobre la vida de Cristo y estoy ansiosa por los manuscritos. Estos son capítulos –o partes- que deben ser preparados en lo que he mencionado antes –algunas cosas que fueron dejadas sin completar, y puedo estar trabajando en estas cosas hasta que tenga más manuscritos. Por supuesto, tengo un manuscrito considerable por delante en el cual estoy trabajando, pero no está en relación, y será mejor que lo prepare después que obtenga los eslabones intervinientes.

(Archivo de documentos del Patrimonio White, DF Nº 393a [escrito desde Frahran, Melbourne, a Elena G. de White que estaba en Nueva Zelanda].)

Descripción 53: Jueves, 5 de octubre, 1893. Marian Davis a Elena G. de White

Hay algunos puntos sobre los que me gustaría consultarle sobre la vida de Cristo. ¿No fue una lucha para él durante toda su vida sobre la tierra, refrenarse de usar su poder divino –para mantener su nivel de humanidad? Especialmente en la tentación en el desierto cuando Satanás llegó hasta él diciendo, si tú eres el Hijo de Dios, y para Cristo no afirmarse, no reprender al tentador. Y en la última tentación, me gustaría saber si esta idea es correcta –Adán retuvo su dominio sobre la tierra, pero mientras estuvo sujeto a Cristo. El Hijo de Dios fue el gobernante real, original, y Adán tuvo dominio bajo él. Adán traspasó su dominio a Satanás, pero antes de eso, Cristo fue el primer gobernante del mundo. Ahora en la tentación, Satanás viene con su título robado y se lo ofrece a Cristo, el gobernante original, con la condición de que Cristo le rinda homenaje. Hacerlo implicaría colocar a Satanás en supremacía como el gobernante original, y Cristo como subordinado a Satanás. ¡Una imprudencia intolerable –si se me permite expresarlo- de Satanás! ¡Parece como si Cristo hubiera sido tentado a eliminarlo de la existencia allí y en ese momento, y darle un final a toda su obra miserable. Ahora, si hay algo sobre esto, desearía que lo pusiera, que Cristo nunca se autoafirmó, soportó toda la falsa representación y suposiciones de Satanás, y sólo vivió –sólo dejó que su vida brillara, la revelación del eterno amor de Dios, como la vindicación de sí mismo, y la refutación eterna de todas las pretensiones de Satanás. Oh, que maravillosa lección que tiene para nosotros, no vindicarnos o autoafirmarnos, sino dejar que el principio se manifieste y desarrolle, dejar que nuestra vida hable, mientras que estamos en silencio.

Las lecciones sobre la vida de Cristo parecen incitar el interés general. El hermano Starr se sintió muy atraído por los capítulos en manuscritos…

Estoy asistiendo ahora a las clases de Biblia. Interrumpe un poco mi tiempo, pero como están considerando la vida de Cristo deseo escucharla, así cualquier discusión y presentación refresca ese tema en la mente de uno.

(Archivo de documentos del Patrimonio White, DF Nº 393a [escrito desde Frahran, Melbourne, a Elena G. de White que estaba en Nueva Zelanda].)

Descripción 54: Miércoles, 18 de octubre, 1893. Marian Davis a Elena G. de White

Espero que no sea necesario que trabaje sobre el testimonio, al menos por el momento. Los estudios bíblicos [en la Escuela Bíblica de Australia] son sobre la vida de Cristo, y estoy ansiosa de mantenerme en esa línea de pensamiento si es posible, si es que voy a continuar la tarea con el libro. Hay mucho por hacer todavía con el material que tengo, aunque, por supuesto, cuanto más pronto tenga nuevo material, mejor.

Oh, cuando veo cómo parece que estamos en los círculos de un remolino que está llevándonos más y más rápido hacia la gran consumación no veo la hora de que salga este libro, para revelar a Cristo a la gente como él es en su belleza. Que el trabajo sea hecho por quienquiera que Dios haya escogido, pero Oh, deseo verlo hecho, y estaré tan agradecida si me usa de alguna manera. Hay una gran pérdida en detenerse quebrantando la cadena de pensamiento y comenzarla otra vez. Pero estoy lista para hacerlo, si es necesario. Pero mientras, estoy estudiando la vida de Cristo y el asunto está en mi mente, parece como un pobre policía que trabaja en alguna cosa…

Simpatizo con usted en su constante traslado. Debe ser muy preocupante. ¡Pero qué privilegio está teniendo la gente de Nueva Zelanda!

Estaré muy feliz cuando pueda hablar sobre la tarea. Hay tantos puntos que surgen y sobre los que deseo consultarle, y apreciaría el privilegio de tener a alguien que lea también los capítulos.

Le enviaré unos pocos capítulos pronto. El hermano [W. F.] Cadwell copia para mí el domingo antes del mediodía… Estoy realmente ansiosa de tener más capítulos Estos son días ocupados, las clases de Biblia que se dan a mitad de la mañana son bastante inconvenientes, pero mientras se estudia la vida de Cristo, puedo acostumbrarme a perderlas, porque es la única cosa que sobrellevo en mi trabajo, y despierta la mente de uno el oír sobre el asunto de nuevo.

(Archivo de documentos del Patrimonio White, DF Nº 393a [escrito desde Frahran, Melbourne, a Elena G. de White que estaba en Nueva Zelanda].)

Descripción 55: Jueves, 18 de enero, 1894, Brighton, Victoria, Australia. Elena G. de White a W. C. Prescott

[Escrito en su tienda en la reunión de campamento en Brighton al presidente del Colegio de Battle Creek, en relación a un problema en la institución.]

Ahora debo dejar este tema presentado en forma tan imperfecta, que temo que malinterprete lo que me siento tan ansiosa por dejar en claro. Oh, que Dios ayude a la comprensión, porque sólo soy una pobre escritora y no puedo expresar con la pluma y la voz los grandes y profundos misterios de Dios. Oh, ore por usted y por mí.

(Carta 67, 1894, p. 10.)

Descripción 56: 1894, Granville, Nueva Gales del Sur, Australia. Elena G. de White a O. A. Olsen

Se decidió en el concilio que escriba sobre la vida de Cristo; pero ¿cuánto mejor que en el pasado? Las cuestiones y las condiciones reales de las cosas aquí y allí me urgen…

Escasamente pude hacer algo sobre la vida de Cristo, me he visto obligada a traer a menudo a Marian para que me ayude, dejando de lado su tarea sobre la vida de Cristo que debe hacer bajo grandes dificultades, reuniendo de todos mis escritos un poco aquí y otro allá, para acomodar las cosas lo mejor que puede. Pero ella se organiza muy bien para trabajar, si sólo pudiera sentirme libre para darle toda mi atención a la tarea. Tiene su mente educada y entrenada para la tarea; y ahora pienso, como ya lo hice cientos de veces, que seré capaz de asumir la tarea de la vida de Cristo y avanzar con ella después de que cierre esta correspondencia, si es la voluntad del Señor.

(Carta 55, 1894, p. 6.)

Descripción 57: Jueves, 25 de octubre, 1894, Granville, Nueva Gales del Sur, Australia. Elena G. de White al Dr. John Harvey Kellogg

Marian está trabajando con gran desventaja. Encuentro muy poco tiempo para escribir sobre la vida de Cristo. Estoy continuamente recibiendo cartas que demandan una respuesta, y no quisiera descuidar los asuntos importantes que se me presentan. Además hay iglesias que visitar, testimonios personales que escribir, y muchas otras cosas que hay que atender me ocupan y consumen mi tiempo. Marian toma rápidamente cada carta que escribo a otros con el propósito de encontrar oraciones que pueda usar en la vida de Cristo. Ha estado coleccionando todo lo que tenga que ver con las lecciones de Cristo a sus discípulos, desde toda fuente posible. Después de que termine la reunión campestre, la cual es una reunión muy importante, debo ubicarme en algún lugar donde pueda dedicarme a la tarea de escribir sobre la vida de Cristo. Dónde será es una cuestión no resuelta, pero debe hacerse…

Hay mucho para hacer en las iglesias, y no puedo hacer mi parte en mantener el interés y a la vez hacer el otro trabajo que es necesario que realice sin llegar a estar tan ocupada que no pueda dedicar fuerzas a escribir sobre la vida de Cristo. Estoy muy perpleja sobre cual es mi deber…

He casi decidido… dedicar todo mi tiempo a escribir para los libros que se deben preparar sin más demora. Desearía escribir sobre la vida de Cristo, sobre la temperancia cristiana y preparar el testimonio Nº 34, porque es muy necesario. Tendré que dejar de escribir tanto para los periódicos y dejar que la Review and Herald, Signs of the Times [Señales de los tiempos], y todo otro periódico salga sin artículos de mi pluma por este año. Todos los artículos que aparecen con mi firma son escritos nuevos y frescos de mi pluma. Siento mucho no tener más ayuda literaria. Necesito mucho esa clase de ayuda. Fannie podría ayudarme mucho con el trabajo del libro si no tuviera tantos artículos que preparar para los periódicos, y tantas cartas y testimonios que editar para enfrentar las demandas de mi correspondencia y las necesidades de la gente. No es bueno esperar todo de Marian hasta que la vida de Cristo se complete. Desearía tener otro trabajador inteligente en quien pudiera confiar para preparar asuntos para la imprenta. Tal obrero sería de gran valor para mí. Pero la cuestión es, ¿dónde encontraré al tal? Estoy con el cerebro cargado la mayor parte del tiempo. Escribo muchas páginas antes del desayuno. Me levanto en la mañana a las dos, tres y cuatro…

Usted sabe que mi tema tanto en el púlpito como en privado, por la pluma o la voz, es la vida de Cristo. Hasta aquí, casi todo lo que he escrito sobre este tema, ha sido escrito durante las horas cuando otros están durmiendo.

(Carta 41, 1895, pp. 1-4.)

Descripción 58: Lunes, 10 de diciembre de 1894. W. C. White a la Srta. Julia Malcolm

En relación con sus preguntas sobre los escritos de mi madre, usted puede haber tenido noticia en sus sermones [públicos] de que ella tiene un vocabulario completo y mucho poder de descripción y al mismo tiempo puede haber notado construcciones gramaticales defectuosas. Aquellos que estamos familiarizados con sus escritos encontramos las mismas características y también encontramos que mientras las escenas son similares en carácter y las cosas importantes son impresionadas en su mente, ella las escribe rápidamente sin hacer referencia al orden cronológico y otras conexiones aparentes. También nos sentimos perplejos por estas características en algunos de los libros proféticos de la Biblia.

Los secretarios y copistas que preparan los escritos de mi madre para los impresores, quitan las repeticiones para que el asunto pueda caber en el espacio asignado. Corrigen la gramática mala y dejan el asunto listo para publicar. A veces trasladan sus mejores expresiones del pensamiento de un párrafo al otro pero sin introducir sus propios pensamientos en el asunto. Los pensamientos y las expresiones que usted menciona son los propios pensamientos y expresiones de mi madre. Con saludos afectuosos.

(W. C. White, Libro de cartas 7, p. 20. [escrito desde Norfolk Villa, Prospect Road, Granville, Nueva Gales del Sur, Australia, a Julia Malcolm en Brighton, Victoria, Australia].)

Descripción 59: Sábado, 10 de agosto, 1895. Marian Davis a Elena G. de White

Tan pronto como veo trabajo para hacer en el manuscrito, es difícil para mí dejarlo. Trabajo todo lo que puedo, el mayor descanso para mí es ver avanzar el trabajo. Por ninguna razón pierdo el tiempo, sino que hago el trabajo que debe hacerse y para que no haya tiempo para estar de aquí para allá… Por supuesto nada irá sin su aprobación. Dios ayudará. Siento que él ayuda.

Siento que no puedo tomarme unas vacaciones todavía hasta que el libro esté completo. Es decir, tanto tiempo como haya trabajo para hacer.

(Archivo de documentos del Patrimonio White, DF Nº 393a [escrito desde Granville, Nueva Gales del Sur].)

Descripción 60: Lunes, 25 de noviembre, 1895. Marian Davis a Elena G. de White

Enviamos la carta para los trabajadores de Sydney al hermano McCullagh. Estaba tan bien. Debo guardar todas las generales para mis libros de recortes. Últimamente he estado usando el asunto reunido de las últimas cartas, testimonios, etc. He encontrado algo de las cosas más preciosas, algunas en esas cartas al hermano Corliss. Han sido para mí como una casa llena de tesoros. Hay algo en esos testimonios personales, que están escritos con un sentimiento profundo, que está muy cercano a mi corazón. Me parece que las cosas reunidas de esta forma le dan un poder y un significado al libro como no lo hace ninguna otra cosa. Espero que el que copie no se olvide de enviarme una copia de todo.

(Archivo de correspondencia recibida del Patrimonio White [escrito desde Granville, Nueva Gales del Sur].)

Descripción 61: Domingo, 22 de diciembre, 1895. Marian Davis a J. E. White

Debido a que estos libros se envian sin una explicación en cuanto a la autoridad por la cual habla la autora, se pensó que era mejor evitar, en tanto como pudiéramos, declaraciones para las cuales la Biblia pareciera no aportar pruebas, o a las que al lector común les pareciera que contradice la Biblia. Es mejor dar al lector lo que aceptará y le será de beneficio, que levantar la crítica y el cuestionamiento que los llevarán a desacreditar todo. La hermana White dice que Cristo fue dos veces coronado con espinas, pero como la Biblia menciona sólo la segunda coronación, se pensó que era mejor omitir la primera, o más bien dar la segunda en lugar de la primera.

(Archivo de correspondencia recibida del Patrimonio White.)

Descripción 62: Lunes, 13 de abril, 1896. Marian Davis a A. O. Tait

No hemos dado todavía una atención especial, en la preparación del manuscrito para la nueva vida de Cristo, a las escenas finales de la vida del Salvador. Por supuesto que el asunto no está tan vívido en la mente de la hermana White como cuando está escribiendo o hablando especialmente sobre ello, ni yo puedo hablar tan decididamente sobre él como después de trabajar sobre el manuscrito.

(Archivo de correspondencia recibida del Patrimonio White [escrito desde Sunnyside, Cooranbong, Australia].)

Descripción 63: Sábado, 6 de junio, 1896. Manuscrito de Elena G. de White: “Ilustración de las cosas celestiales”

Apenas me atrevo a presentar aquello que es sagrado y elevado en las cosas celestiales. A menudo abandono mi pluma y digo: ¡Imposible, imposible que las mentes finitas abarquen las verdades eternas y los principios profundos y santos, y que expresen su importancia viviente! Me declaro ignorante e incapaz. Una rica corriente de pensamiento toma posesión de todo mi ser, y entonces dejo mi pluma, y digo: ¡Oh, Señor, yo soy finita, soy débil, sencilla e ignorante; no puedo encontrar palabras para describir tus revelaciones grandiosas y santas!

Mis palabras parecen inadecuadas. Pierdo toda esperanza de describir adecuadamente la verdad que Dios me ha dado a conocer acerca de su gran redención, la cual ha exigido la total atención divina consagrada al Hijo unigénito del Infinito. Las verdades que han de permanecer durante el tiempo y la eternidad, el gran plan de redención, que cuesta mucho y es para la salvación de la raza humana, que presenta delante de los hombres una vida que se mide con la vida de Dios: estas verdades son demasiado grandiosas, profundas y santas para que las palabras humanas o la pluma humana pueda expresarlas adecuadamente.

(Manuscrito 23, 1896, p. 2.)

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