Comentarios sobre declaraciones inusuales que se encuentran en los escritos de Elena G. de White

Introducción

 

Entre las 100.000 páginas de los escritos de Elena G. de White, algunos han encontrado ciertas declaraciones difíciles de entender. Unas pocas de estas declaraciones causan perplejidad sólo porque han sido extraídas de sus contextos inmediatos. Otras causan problemas a aquellos que creen que los mensajeros de Dios son infalibles, sus predicciones inalterables y que sus palabras y expresiones les son comunicadas en forma verbal por el Espíritu Santo.

 

Los Adventistas del Séptimo Día creen que tales puntos de vista son incompatibles con lo que se observa en la Escritura. Por cierto, concuerdan con lo que Elena G. de White expresa para sí misma o sus escritos. Alguien puede también encontrar declaraciones que parecen negar una explicación dada o carecen de una confirmación científica en la actualidad. Respecto a esto, en la siguiente declaración, se nos recuerdan algunas supuestas dificultades en las Escrituras:

 

“Si bien es cierto que Dios ha dado pruebas evidentes para la fe, él no quitará jamás todas las excusas que pueda haber para la incredulidad.  Todos los que buscan motivos de duda los encontrarán.  Y todos los que rehusan, aceptar la Palabra de Dios y obedecerla antes que toda objeción haya sido apartada y que no se encuentre más motivo de duda, no llegarán jamás a la luz” (El conflicto de los siglos, p. 582).

 

Declaraciones sacadas de su contexto

 

“Nunca debe enseñarse a los que aceptan al Salvador, aunque sean sinceros en su conversión, a decir o sentir que están salvados”

 

Una mirada más de cerca de las advertencias de Elena G. de White respecto al tema, muestra que, en el contexto, no está hablando contra la certeza de un creyente en cuanto a su relación presente con Dios. Advierte contra la presunción de la enseñanza de eterna seguridad “una vez salvo, siempre salvo” –aquellos que dicen “soy salvo” mientras continúan transgrediendo la ley de Dios. A continuación aparece la declaración completa:

 

“La caída de Pedro no fue instantánea, sino gradual.  La confianza propia lo indujo a creer que estaba salvado, y dio paso tras paso en el camino descendente hasta que pudo negar a su Maestro.  Nunca podemos con seguridad poner la confianza en el yo, ni tampoco, estando, como nos hallamos, fuera del cielo, hemos de sentir que nos encontramos seguros contra la tentación.  Nunca debe enseñarse a los que aceptan al Salvador, aunque sean sinceros en su conversión, a decir o sentir que están salvados.  Eso es engañoso.  Debe enseñarse a todos a acariciar la esperanza y la fe; pero aun cuando nos entregamos a Cristo y sabemos que él nos acepta, no estamos fuera del alcance de la tentación.  La Palabra de Dios declara: ‘Muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados’ (Dan 12:10).  Sólo el que soporte la prueba, ‘recibirá la corona de vida’ (Santiago 1:12)” (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 119, 120, énfasis añadido).

 

La siguiente declaración es una evidencia de que Elena G. de White comprendía la base apropiada para la verdadera seguridad del cristiano. Ésta fue hecha antes de la sesión de la Asociación General:

 

“Cada uno debe conocer por sí mismo que tiene un Salvador viviente, que Él es su ayudador y su Dios. No necesita preguntarse ‘¿soy salvo’. ¿Cree en Cristo como su Salvador personal? Si es así, entonces regocíjese” (General Conference Bulletin [Boletín de la Asociación General], 10 de abril, 1901).

 

Elena G. de White escribió a una mujer que luchaba con sus dudas:

“El mensaje que Dios me dio para usted es ‘al que a mí viene, no lo echo fuera’ (Juan 6:37). No tiene nada más que suplicar al Señor sino esta promesa de su Señor y Salvador; tiene la seguridad de que nunca, nunca será rechazada. Puede parecerle que está dependiendo de una sola promesa, pero aprópiese de ella, y le abrirá los tesoros completos de las riquezas de la gracia de Cristo. Tómese de esta promesa y estará a salvo. ‘Al que a mí viene, no lo echo fuera’. Presente esta garantía a Jesús, y estará tan segura como si estuviera dentro de la ciudad de Dios” (Manuscript Releases [Manuscritos liberados], vol. 10, p. 175).

“Dije que no pretendía ser profetisa”

¿Por qué cree la iglesia Adventista del Séptimo Día que Elena G. de White recibió el don de profecía cuando ella dice que no pretendía ser una profetisa? El mal uso que se hace a menudo de esta declaración de Elena G. de White es una ilustración de la importancia de tomar el contexto en forma apropiada. A continuación, en las propias palabras de Elena G. de White, está lo que ella quiso y no quiso decir con su declaración:

 

“Algunos han tropezado en el hecho de que dije que no pretendía ser profetisa y han preguntado: ¿Por qué?

“No he tenido otra pretensión sino la de que se me ha indicado que soy la mensajera del Señor; que él me llamó en mi juventud para ser su mensajera, para recibir su palabra y dar un mensaje claro y decidido en el nombre del Señor Jesús.

“En mi temprana juventud se me preguntó varias veces: ¿Es Ud. profetisa? Siempre he respondido: Soy la mensajera del Señor. Sé que muchos me han llamado profetisa, pero no he pretendido ese título. Mi Salvador me declaró que era su mensajera "Tu obra ­me indicó­ es llevar mi palabra. Surgirán cosas extrañas, y en tu juventud te consagro para que lleves el mensaje a los errantes, para que lleves la palabra ante los incrédulos y, por la pluma y de viva voz, reproches al mundo las acciones que no son correctas. Exhorta usando la Palabra. Haré que mi Palabra te sea manifiesta. No será como un idioma extraño. En la verdadera elocuencia de la sencillez, con la voz y por la pluma, los mensajes que te doy se oirán de parte de alguien que nunca ha aprendido en las escuelas. Mi Espíritu y mi poder estarán contigo…

 “¿Por qué no he pretendido ser profetisa? Porque en estos días muchos que osadamente pretenden ser profetas son un baldón para la causa de Cristo, y porque mi obra incluye mucho más de lo que significa la palabra "profeta"…

“Nunca he pretendido ser profetisa. Si otros me llaman así, no les discuto. Pero mi obra ha abarcado tantos aspectos, que no puedo llamarme sino mensajera, enviada para dar un mensaje del Señor a su pueblo y para ocuparme de cualquier actividad que él me señale.

“La última vez que estuve en Battle Creek, dije delante de una gran congregación que no pretendía ser profetisa. Dos veces me referí a este asunto, con el propósito de hacer cada vez esta declaración: ‘No pretendo ser profetisa’. Si digo algo diferente a esto, entiendan todos ahora que lo que quería decir era que no pretendo el título de profeta o profetisa” (Review and Herald, 26 de julio, 1906, reimpreso en Mensajes selectos, vol. 1, pp. 36-39).

 

“Durante el discurso dije que no pretendía ser profetisa. Algunos se sorprendieron ante esta declaración, y como mucho se está diciendo acerca de esto, daré una explicación. Otros me han llamado profetisa, pero nunca pretendí ese título. No he sentido que era mi deber designarme así. Los que osadamente pretenden que son profetas en éste nuestro día, son con frecuencia un baldón para la causa de Cristo.

“Mi obra incluye mucho más de lo que significa ese nombre. Me considero a mí misma como una mensajera, a quien el Señor le ha confiado mensajes para su pueblo” (Carta 55, 1905; citado en Mensajes selectos, vol. 1, p. 40).

 

Declaraciones inusuales sobre asuntos científicos

 

Cruzamiento de hombre y bestia

 

Algunos han acusado que Elena G. de White escribió en 1864 (y se volvió a publicar en 1870) que los seres humanos anteriormente cohabitaron con animales y que su descendencia produjo ciertas razas que existen en la actualidad. La declaración reza así:

 

“Pero si hubo un pecado por encima de otro que requería la destrucción de la raza por el diluvio, fue el vil crimen del cruzamiento de hombre y bestia que desfiguró la imagen de Dios, y causó confusión en todas partes. Dios se propuso destruir por un diluvio a esa raza poderosa y longeva que había corrompido sus caminos delante de él”.[1][1]

 

Ningún diccionario ha usado “cruzamiento” para describir la cohabitación del hombre con la bestia. El uso primario de la palabra usada por la Sra. White, “amalgamation” [amalgamación], describe la fusión de metales, la unión de elementos diferentes tal como ocurre para hacer empaste para los dientes. El uso del siglo XIX incluía la mezcla de diversas razas.

 

Admitimos que la declaración de la Sra. White podría parecer ambigua: ¿Quiere decir ella “cruzamiento de hombre con bestia” o “cruzamiento de hombre y de bestia”? A menudo se omite la repetición de la preposición “de” en construcciones similares.[2][2]

 

En otras dos ocasiones, la Sra. White usó la palabra “amalgamation” [“amalgamación” y “cruzamiento”]. La empleó metafóricamente, al comparar a los creyentes fieles con las personas del mundo.[3][3] Y la usó para describir el origen de plantas venenosas y otras irregularidades en el mundo biológico: “Cristo nunca sembró la semilla de la muerte en el organismo. Satanás fue quien la sembró cuando tentó a Adán a que comiese del árbol del conocimiento, lo cual significaba desobediencia a Dios. Ninguna planta tóxica fue colocada en el gran huerto del Señor, pero después que Adán y Eva pecaron, comenzaron a surgir hierbas ponzoñosas… Toda la cizaña es sembrada por el maligno. Toda hierba perniciosa es de su siembra, y mediante sus ingeniosos métodos de cruzamiento ha corrompido la tierra con cizaña”.[4][4]

 

Al reconocer que Satanás ha sido un agente activo en la corrupción del plan de Dios para el hombre, las bestias, las plantas, etc., podemos comprender mejor lo que Elena de White puede haber querido decir cuando describió los resultados del cruzamiento. Aquello que “desfiguró la imagen de Dios” en el hombre y que “confundió las especies [de animales]” ha sido el trabajo de Satanás con la cooperación de los seres humanos. Ese “cruzamiento [amalgamación] de hombre y [de] bestia, como puede verse en las variedades casi infinitas de especies de animales, y en ciertas razas de hombres”, llega a ser comprensible.

La Sra. White nunca insinuó la existencia de seres subhumanos o de ninguna clase de relación animal-humana híbrida. Ella habló de “especies de animales” y de “razas de hombres”, pero no de alguna clase de cruzamiento de animales con seres humanos.

Sin embargo, reconocemos que los estudiantes concienzudos de los escritos de Elena de White difieren en cuanto a lo que ella quiso decir por “amalgamation” [cruzamiento]. “La obligación de probar su opinión descansa en aquellos que afirman que la Sra. White le dio un nuevo y extraño significado al término”.[5][5]

 

[Adaptado de Herbert E. Douglas, Mensajera del Señor, El ministerio profético de Elena G. de White, (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana; Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association; Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2000), pp. 491, 492].

 

Preocupación por declaraciones científicas

de Elena de White

 

Se ha llamado la atención a declaraciones que parecen mostrar que Elena de White cometió errores lamentables respecto a cuestiones científicas. No se pide a los profetas que actualicen enciclopedias o diccionarios. Ni los profetas (ni ninguna otra persona) han de ser hechos “un ofensor por una palabra” (Isa. 29:21, NKJV). Si los profetas tienen que ajustarse a las normas de exactitud científica más elevadas (cada pocos años esas “normas” cambian, aun para los expertos), tendríamos motivo para rechazar a Isaías por referirse a “los cuatro confines de la tierra” (Isa. 11:12) y a Juan por escribir que vio a “cuatro ángeles en pie sobre  los cuatro ángulos de la tierra” (Apoc. 7:1).

 

Algunos señalan la frase, “Así como la luna y las estrellas [“planetas”, en la versión en español] del sistema solar brillan por la luz del sol que reflejan”, para acusar que Elena de White no era digna de confianza en cuestiones científicas.[6][6] Pero la mayoría de los lectores reconocerán este uso de “estrellas” en vez de “planetas del sistema solar” como una descripción no técnica fácilmente entendida por la gente corriente.

 

Algunos han declarado que Elena G. de White estaba equivocada cuando aseguró que había visitado “un mundo que tenía siete lunas”,[7][7] y que los planetas visitados eran Júpiter y Saturno. En realidad, ella nunca mencionó el “mundo que tenía siete lunas”. Pero hay algo más sobre esta historia.

 

Menos de tres meses después que ella y Jaime se hubieron casado en 1846, Elena tuvo una visión en la casa de los Curtis en Topsham, Maine, en presencia de José Bates. Aunque Bates había visto a Elena de White en visión en varias ocasiones, todavía tenía dudas sobre su don profético; pero gracias a la visión de Topsham se convenció que “la obra es de Dios”.[8][8] Jaime White informó que, en esta visión, la Sra. White fue “guiada a los planetas Júpiter y Saturno, y creo que a uno más. Después que salió de la visión, pudo dar una descripción clara de sus lunas, etc. Es bien sabido que antes de que tuviera esta visión, ella no sabía nada de astronomía y no podía contestar una sola pregunta en relación a los planetas”.[9][9]

 

¿Qué fue lo que lo convenció a Bates, el veterano capitán de mar y astrónomo aficionado, que la obra de Elena de White era “de Dios”? Después de la visión, ella describió lo que había visto. Sabiendo que ella no tenía antecedentes en astronomía, Bates dijo: “Esto es del Señor”.

 

Obviamente, lo que Bates oyó correspondía a su conocimiento de lo que los telescopios mostraban en 1846. Casi seguramente esta visión fue dada en presencia de Bates para aumentar su confianza en el ministerio de Elena de White. Si ella hubiese mencionado el número de lunas que revelan los telescopios modernos, parece claro que las dudas de Bates se habrían confirmado.

¿Muerte por el uso de cosméticos?

 

En un artículo que describe modas no saludables, Elena G. de White incluyó la siguiente declaración en un artículo que trataba sobre arreglos de moda peligrosos:

 

“Muchos dañan su salud por su ignorancia y ponen en peligro sus vidas por el uso de cosméticos. Privan a sus mejillas del brillo de la salud, y luego para suplir la deficiencia, usan cosméticos. Cuando se empiezan a acalorar en la danza el veneno se absorbe por los poros de la piel y se introduce en la sangre. Muchas vidas se han sacrificado sólo por este medio” (The Health Reformer [El reformador de la salud], octubre de 1871).

 

Algunos se han preguntado cómo sólo el uso de cosméticos puede llegar a ser fatal. En el mundo actual, con controles gubernamentales y normas seguras para el consumidor, las reacciones adversas a los cosméticos se limitan esencialmente a irritación y alergias de la piel. Pero este no era el caso en el siglo XIX, como se puede notar en el siguiente número del boletín para el consumidor de la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos: “El cosmético europeo conocido como cerusa era utilizado fielmente –y fatalmente, porque era principalmente plomo— por mujeres ricas del segundo siglo hasta bien entrado el siglo XIX para hacer que sus rostros lucieran pálidos según la moda” (Dori Stehlin, FDA Consumer, noviembre de 1991; revisión en mayo 1995).

 

En 1871, cuando Elena G. de White preparó el artículo en cuestión, “esmaltarse” era el último arreglo en cosméticos, “que no era nada menos que pintarse el rostro con pintura de plomo, y para ello se usaban las sales venenosas de plomo” (Sara Chase, M.D. en The Health Reformer [El reformador de la salud], octubre de 1871, p. 125). Otra mezcla mortal era bermellón, hecho de sulfato de mercurio. En un contexto tal, no es sorprendente que Elena G. de White alertara a sus lectores a las temibles realidades que poseían tales productos para la vida y la salud.

 

 

Daños físicos y espirituales de la masturbación

 

Pocos temas han sido más ridiculizados por los críticos que las declaraciones de Elena de White respecto al “autoabuso”,[11][11] “el vicio solitario”,[12][12] “la autoindulgencia”,[13][13] “el vicio secreto”,[14][14] “la contaminación moral”,[15][15] etc. Elena de White nunca usó el término “masturbación”.

 

Su primera referencia a este tema apareció en un panfleto de 64 páginas, An Appeal to Mothers (Un llamado a las madres), en abril de 1864, nueve meses después de su primera visión abarcante de salud. El panfleto se dedicaba primariamente a la masturbación: las páginas 5 al 34 eran de su propia pluma, el resto consistía en citas de autoridades médicas.[16][16]

 

Elena de White no dijo que todas, o ni siquiera la mayoría, de las consecuencias potencialmente serias de la masturbación le sobrevendrían a todo individuo. Ni dijo que el peor grado posible de una consecuencia seria le ocurriría a la mayoría de los que se entregaban a este vicio.

 

Las investigaciones modernas indican que las declaraciones fuertes de Elena de White pueden tener respaldo cuando se las entiende debidamente. Sin embargo, el punto de vista general en la actualidad es que la masturbación es normal  y saludable, y que por lo tanto la persona que la practica debiera sentirse libre de sentimientos de culpa.

 

Dos especialistas médicos han sugerido que en “un adolescente con deficiencias de cinc, la excitación sexual y la masturbación excesiva podrían precipitar la locura”,[17][17] e “incluso es posible, dada la importancia del cinc para el cerebro, que los moralistas del siglo XIX tenían razón cuando decían que la masturbación reiterada podía enloquecer a una persona”.[18][18]

 

Dos profesionales en el área de la psicología clínica y la terapia familiar han comparado las declaraciones de Elena de White sobre la masturbación con el conocimiento médico actual.[19][19] El Dr. Richard Nies defendió el consejo general de Elena de White sobre la masturbación, al señalar cuatro puntos principales: (1) La masturbación conduce al “deterioro mental, moral  y físico… No es la estimulación por sí misma lo que está mal. Es lo que ocurre en [las personas] cuando se vuelven autocéntricas”. (2) La masturbación “quiebra las sensibilidades más finas de nuestro sistema nervioso… No es difícil ver desde el punto de vista de la intervención eléctrica de nuestro sistema nervioso, cómo la enfermedad llega a ser un resultado natural en individuos que han colocado su propia gratificación en el centro de su ser… La enfermedad es el resultado natural de esto”.

 

(3) La masturbación es una predisposición que puede ser “heredada y transmitida de una generación a otra, incluso conduciendo a la degeneración de la raza”.

 

(4) Al tratar con otros, especialmente con niños, el consejo de Elena de White sigue el rumbo de tratar con las consecuencias, de mostrarles que debiéramos educarnos para el amor y para la eternidad, no para la autogratificación con sus terribles consecuencias. El Dr. Nies concluyó su monografía: “La autogratificación es sinónimo de destrucción”.

           

Alberta Mazat observó que la preocupación de Elena de White respecto a la masturbación era primariamente sobre las consecuencias mentales antes que por el “acto puramente físico. Ella estaba más preocupada con los procesos de pensamiento, las actitudes, las fantasías, etc.” Mazat citó las referencias de Elena de White al hecho de que “los efectos no son los mismos en todas las mentes”, que “los pensamientos impuros se apoderan de la imaginación y la controlan”, y que la mente “se complace en contemplar las escenas que despiertan las pasiones viles”.

 

Mazat indicó además que algunos pueden sentirse avergonzados con las declaraciones fuertes de Elena de White respecto a la masturbación. Sin embargo,  muchas otras declaraciones de la Sra. White también parecían “no realistas y exageradas antes de que la ciencia las corroborase, por ejemplo, que el cáncer es causado por un virus, los peligros del hábito de fumar, el comer con exceso, y el uso excesivo de grasas, azúcar y sal, para mencionar unas pocas… Es importante recordar que en ningún momento el conocimiento médico es perfecto”.[20][20]

 

Mirado desde otra perspectiva, Dios siempre eleva el ideal para su pueblo mediante sus mensajeros. No obstante, uno reacciona ante el consejo específico de Elena de White. Claramente, la masturbación no era lo que Dios tenía en mente cuando creó al hombre y la mujer, los unió en matrimonio, y luego los instruyó a que se fructificaran y multiplicaran. El ideal de Dios respecto a la sexualidad es la relación amorosa que existe en el matrimonio entre el marido y la esposa. Cualquier otra cosa, incluyendo la masturbación, se sale del ideal de Dios.

 

[Adaptado de Herbert E. Douglas, Mensajera del Señor, El ministerio profético de Elena G. de White (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana; Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association; Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2000), pp. 493, 494, con comentarios adicionales].

 

Vulcanología

 

Algunos sostienen que las declaraciones de la Sra. White referentes a la causa de los volcanes reflejaban los mitos y el modo de pensar extravagante de teorías antiquísimas. Sus escritos contienen ocho conceptos relevantes[21][21] que se han debatido desde que aparecieron por primera vez en 1864.[22][22]

 

Esta lista incluye: (1) La formación de estratos de carbón está vinculada al diluvio. (2) El carbón produce pretróleo. (3) Los incendios subterráneos son alimentados por la combustión de tanto el carbón como del petróleo. (4) El agua añadida a los incendios subterráneos produce explosiones, y de esta manera terremotos. (5) Los terremotos y la acción volcánica están relacionados juntamente como productos de estos incendios subterráneos. (6) Tanto la piedra caliza como el mineral de hierro están vinculados con la combustión de los estratos de carbón y de los depósitos de petróleo. (7) El aire está involucrado con el supercalor. (8) Se encuentran depósitos de carbón y de petróleo después que se han extinguido los incendios subterráneos.[23][23]

 

Aunque existen similitudes entre los escritos de la Sra. White y el famoso sermón de John Wesley, “La Causa y la Cura de los Terremotos” (1750), hay diferencias notables. Contrariamente a lo que sucede con autores anteriores, en los escritos de Elena de White uno no encuentra ninguna huella de “arroyos que causen erosión y vientos violentos; ni cavidades abovedadas que se desplomaron y de ese modo causaron el diluvio; ni cavernas huecas en las que resonaban los ecos de truenos subterráneos; ni incendios alimentados por depósitos subterráneos de sulfuro, nafta o nitrato. Visto como una unidad, el concepto de ella de los fuegos subterráneos es único, y buscamos en vano para encontrar que lo haya tomado prestado de alguna fuente humana”.[24][24]

 

Por supuesto, la siguiente pregunta es si uno puede encontrar una confirmación científica de su punto de vista “único” sobre estos fenómenos naturales violentos. Abundan muchas teorías en cuanto a las causas de los volcanes y los terremotos, y a la formación del petróleo y del carbón. La mayoría de los geólogos basan sus ideas en la teoría de las placas tectónicas. No hay nada en los comentarios de Elena de White que descarte esta teoría. Además, nada en sus escritos declara que todos los volcanes son el producto de la combustión de yacimientos de carbón o que todos los terremotos están causados por incendios subterráneos. Cuando ella relaciona los terremotos con los volcanes, uno piensa inmediatamente en el “anillo de fuego” del océano Pacífico y en el alto potencial para desastres que procede de ambos.

 

Sin embargo, hombres de ciencia notables han confirmado las observaciones de Elena de White. El libro Geology of Coal [Geología del carbón], de Otto Stutzer, documentó que “los incendios subterráneos en estratos carboníferos se prenden por combustión espontánea, lo que resulta en el derretimiento de las rocas cercanas que se clasifican como depósitos pseudos volcánicos”.[25][25] Stutzer enumeró varios ejemplos de dicha actividad, incluyendo “una montaña en combustión”, un afloramiento que “duró más de 150 años”, y “el calor ocasionado por un estrato de carbón en combustión [que] fue usado para calentar invernáculos en esa área desde 1837 a 1868”.[26][26] Existe una confirmación moderna para el incendio del carbón y del petróleo con el sulfuro como su elemento constitutivo, lo que “se ve alrededor de las erupciones de las aguas termales, géisers y fumarolas volcánicas”.[27][27]

 

Las referencias a las rocas “que cubren el carbón y que han sufrido una alteración considerable a causa de los incendios, que son aglutinadas y parcialmente derretidas”, se correlacionan con la declaración de Elena de White que “con frecuencia la hulla y el petróleo se encienden y arden bajo la superficie de la tierra. Esto calienta las rocas, quema la piedra caliza, y derrite el hierro”.[28][28] Investigaciones posteriores en el oeste de los Estados Unidos han producido conclusiones muy semejantes y en un lenguaje muy parecido a los escritos de la Sra. White un siglo antes: “La roca derretida se parece al ladrillo refractario de un horno común o a la lava volcánica”.[29][29]

 

Una última acusación ha sido que el mineral de hierro derretido no se encuentra en conexión con depósitos de carbón y de petróleo en combustión. Sin embargo, una monografía de la Encuesta Geológica de los Estados Unidos registra el descubrimiento de hematina (un mineral de hierro) que “de alguna manera [había sido] formado mediante la intervención del carbón en combustión”.[30][30]

 

La sugerencia de que Elena de White estaba en deuda con fuentes existentes para su información científica, no tiene mérito, porque algo de esta verificación sólo llegó a conocerse muchos años después de su muerte. Además, “es sumamente improbable que ella recurrió a las ideas publicadas de creacionistas contemporáneos sobre el tema, puesto que los puntos de vista de éstos eran residuos de especulaciones cosmológicas alocadas”.[31][31]

 

[Adaptado de Herbert E. Douglas, Mensajera del Señor, El ministerio profético de Elena G. de White (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana; Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association; Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2000), pp. 492, 493].

¿La cintura de avispa se hereda?

 

Elena G. de White frecuentemente trata el tema de cómo el cristianismo práctico se relaciona con la moda. Señala el deber de vestirse saludablemente y no de ser esclavo de los dictados del “estilo”. Al igual que otros reformadores de sus días, Elena G. de White protestó ardientemente contra las prácticas insalubres asociadas con la vestimenta del corsé. Ella dice:

 

“Los corsés que se usan de nuevo, generalmente para comprimir la cintura, es una de las vestimentas más distintivas de la mujer. La salud y la vida se sacrifican para seguir una moda que está vacía de la belleza y la comodidad reales. La compresión de la cintura debilita los músculos de los órganos respiratorios. Impide el proceso digestivo. El corazón, el hígado, los pulmones, el bazo y el estómago se acomodan en un espacio pequeño, no dejando lugar para la acción saludable de estos órganos…

“Al comprimirlos, los órganos internos de las mujeres se ubican fuera de sus posiciones. Hay pocas mujeres que están completamente sanas. La mayoría de las mujeres tienen numerosas dolencias. Muchas están aquejadas de debilidad de naturalezas disímiles. Estas vestimentas de moda para las mujeres no pueden transmitir buenas constituciones a sus hijos. Algunas mujeres tienen por naturaleza cinturas pequeñas. Pero en lugar de ver tales formas como hermosas, deben verse como defectuosas. Esas cinturas de avispa pueden haber sido transmitidas por sus madres, como el resultado de su indulgencia en la práctica pecaminosa de ajustar su cintura, y como consecuencia de producir una respiración imperfecta. Pobres los niños nacidos de estas esclavas miserables de la moda que tienen la vitalidad disminuida y predisposición a enfermarse. Las impurezas retenidas en el sistema como una consecuencia de la respiración imperfecta se transmiten a su descendencia” (Review and Herald, 31 de octubre, 1871).

 

Algunos han cuestionado la credibilidad en Elena G. de White por sugerir la posibilidad de que algunas mujeres puedan haber heredado cinturas pequeñas a causa de sus madres –como si clamara revelación divina en este punto. Su declaración cauta y calificada (“pueden haber heredado”) indica que no estaba clamando por revelación en este caso. Incluso si estaba equivocada en su comprensión de cómo adquieren sus deformidades físicas algunas personas, no desdice los principios de salud por los que estaba abogando, o la sabiduría de su consejo para que las mujeres abandonen tales prácticas no saludables. (Ver “Evite hacer que los consejos ‘prueben’ cosas que nunca tuvieron la intensión de probar”.)

 

 

Daño por el uso de pelucas

 

En el número del Health Reformer (Reformador de la salud) de octubre de 1871,[xxxii][32] Elena G. de White escribió sobre las “complacencias nocivas” que militan contra los intereses más elevados y la felicidad de las mujeres. Entre esas “complacencias” ella incluía las pelucas que, “cubriendo la base del cerebro, calientan y excitan los nervios espinales que se centran en el cerebro”. Como un resultado de “seguir esta moda que deforma”, dijo ella, “muchas han perdido su razón y han llegado a un estado de locura sin esperanza”.

 

En el contexto de las pelucas confortables de hoy día, los críticos tienden a ridiculizar esta declaración. Pero la Sra. White se refería a un producto enteramente diferente. Las pelucas que ella describió eran “manojos monstruosos de cabello enrulado, algodón, alga acuática, lana, musgo español, y otras abominaciones innumerables”.[xxxiii][33] Una mujer dijo que su moño generaba “un grado no natural de calor en la parte posterior de la cabeza” y producía “un dolor de cabeza perturbador tanto tiempo como lo usaba”.

 

Otro artículo del Health Reformer (que citaba del Marshall Statesman y el Springfield Republican) describía los peligros de usar “trenzas postizas de yute”, peluchas hechas de corteza oscura, fibrosa. Aparentemente esas trenzas se infestaban a menudo con “sabandijas de yute”, insectos pequeños que se escondían debajo del cuero cabelludo. Una mujer informó que la cabeza se le puso en carne viva y el cabello se le comenzó a caer. Todo el cuero cabelludo “estaba perforado por los parásitos que se escondían [en él]”. “La mujer… está casi enloquecida por el terrible sufrimiento, y por la perspectiva de la muerte horrible que los médicos aparentemente no pueden prevenir”.[xxxiv][34]

 

Con informes como éste en la prensa pública, es fácil comprender por qué Elena G. de White advirtió a las mujeres contra los peligros posibles de usar pelucas y tratar de “mantenerse al día con la moda cambiante, meramente para crear una sensación”.[xxxv][35]

 

[1][1] Spiritual Gifts [Dones espiritualesl], vol. 3, p. 64. “Todas las especies de los animales que Dios había creado fueron preservadas en el arca. Las especies mezcladas que Dios no creó, que fueron el resultado del cruzamiento, fueron destruidas por el diluvio. Desde el diluvio ha habido cruzamiento de hombre y bestia, como puede verse en las variedades casi infinitas de especies de animales, y en ciertas razas de hombres” (p. 75).

[2][2] “Podríamos hablar de la dispersión del hombre y de la bestia sobre la tierra, pero por ello no queremos decir que anteriormente el hombre y la bestia estaban fusionados en una masa en un sitio geográfico. Simplemente significa la dispersión del hombre sobre la tierra y la dispersión de las bestias sobre la tierra, aunque la ubicación original de los dos grupos podrían haber estado en lados opuestos de la tierra. En otras palabras, la dispersión del hombre y de las bestias” (Francis D. Nichol, Ellen G. White and Her Critics [Elena de White y sus críticos], p. 308).

[3][3] “Aquellos que profesan ser seguidores de Cristo, debieran ser agentes vivientes, que cooperan con las inteligencias celestiales; pero por la unión con el mundo, el carácter del pueblo de Dios se empaña, y mediante la amalgama con lo corrupto, el oro fino se oscurece” (Review and Herald, 23 de agosto, 1892; véase también The Spirit of Prophecy [El Espíritu de Profecía], vol. 2, p. 144 y Alza tus ojos, p. 320).

[4][4] Mensajes selectos, vol. 2, pp. 330, 331.

[5][5] Nichol, Ellen G. White and Her Critics [Elena de White y sus críticos], p. 308).

[6][6] La educación, p. 14 (la misma declaración aparece en El Deseado de todas las gentes, p. 430).

[7][7] Primeros escritos, p. 40. Esta versión fue primera descrita en el pliego suelto, To those who are receiving the seal of the living God [A aquellos que están recibiendo el sello del Dios viviente], publicado por primera vez el 31 de enero de 1849.

[8][8] A Word to the Little Flock [Unas palabras a la manada pequeña], p. 21, citado en Nichol, Ellen G. White and Her Critics [Elena de White y sus críticos], p. 581.

[9][9] Id., p. 22. Elena de White escribió: “Tuve una visión de la gloria de Dios, y por primera vez se me mostraron otros planetas” (Notas biográficas de Elena G. de White, p. 106; ver también Spiritual Gifts, t. 2, p. 83. No existe evidencia de que ésta es la misma visión descrita en Primeros escritos, p. 40. Ver pp. 144, 145).

[10][10] En Loughborough, The Great Second Advent Movement [El segundo gran movimiento adventista], pp. 257-260, se encuentra información adicional sobre esta visión de 1846. Para un análisis de cómo el recuerdo de Loughborough de su conversación con Bates muchos años antes armoniza con este momento memorable para Bates, ver Nichol, Ellen G. White and Her Critics [Elena de White y sus críticos], pp. 93-101.

[11][11] An Appeal to Mothers [Un llamado a las madres], p. 27; Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], vol. 2, p. 470.

[12][12] Ibid., p. 5.

[13][13] Ibid., p. 18.

[14][14] Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], vol. 2, p. 391.

[15][15] Ibid.

[16][16] An Appeal to Mothers fue reimpreso en 1870 como parte de una obra mayor. A Solemn Appeal Relative to Solitary Vice and Abuses and Excesses of the Marriage Relation [Una llamado solemne relativo al vicio solitario y abusos y excesos de la relación matrimonial]. Una reimpresión facsimilar aparece en el Apéndice C de A Critique of Prophetess of Health (Centro White).

[17][17] Carl C. Phiefffer, Ph. D, M. D., Zinc and Other Micro-Nutrients [El cinc y otros micro nutrients] (New Canaan, CT: Keats Publishing Inc., 1978), p. 45.

[18][18] David F. Horrobin, M. D., Ph D, Zinc (St. Albans, VT: Vitabooks, Inc., 1981), p. 8.

[19][19] Richard Nies, Ph. D (Psicología experimental, UCLA, 1964; Ph. D. equivalente en psicología clínica, incluyendo examen oral, pero murió durante la preparación de la disertación), Conferencia, “Give Glory to God”, Glendale, CA, n.d.; Alberta Mazat, M. S. W. (profesora de matrimonio y terapia familiar, Universidad de Loma Linda, Loma Linda, CA), monogafía, “Masturbation” (43 pp.), Instituto de Investigación Bíblica.

[20][20] Mazat, monografía, “Masturbación”.

[21][21] Ver Warren H. Johns, “Ellen G. White and Subterranean Fires, Part 1” [Elena de White y fuegos subterráneos, Parte 1], Ministry [Ministerio], agosto, 1977, pp. 9-12.

[22][22] Spiritual Gifts [Dones espirituales], vol. 3, pp.79-80; ver también Spirit of Prophecy [Espíritu de profecía], vol. 1, pp. 82-83 (1870); Signs of the Times [Señales de los tiempos], 13 de marzo, 1879; Patriarcas y profetas, pp. 98-100; Manuscrito 21, 1902, citado en Comentario bíblico adventista, vol. 7, p. 958.

[23][23] Johns, “Ellen G. White and Subterranean Fires, Part 1” [Elena de White y fuegos subterráneos, Parte 1], Ministry [Ministerio], agosto, 1977, p. 6.

[24][24] Ibid., p. 12.

[25][25] Otto Stutzer, Geology of Coal [Geología del carbón], traducido por Adolph Noe (Chicago: University of Chicago Press, 1940), pp. 309-310, citado en Ibid., p. 19.

[26][26] Johns, “Ellen G. White and Subterranean Fires, Part 2” [Elena de White y fuegos subterráneos, Parte 2], Ministry [Ministerio], octubre, 1977, p. 20.

[27][27] Ibid. Ver también Thomas Gold, profesor emérito de astronomía en Cornell University, “Earthquakes, Gases, and Earthquake Prediction” (1994), en www.people.cornell.edu/pages/tg21/Earthq.html.

[28][28] Stutzer, Geology of Coal [Geología del carbón], p. 310; Patriarcas y profetas, p. 99, citado en Johns, “Ellen G. White and Subterranean Fires, Part 2” [Elena de White y fuegos subterráneos, Parte 2], p. 20.

[29][29] E. E. Thurlow, “Western Coal” [Carbón Occidental], Mining Engineering [Ingeniería minera], 26 (1974), pp. 30-33, citado en Ibid., p. 21.

[30][30] G. Sherburne Rogers, “Baked shale and Slag Formed by the Burning of Coal Beds”, U. S. Geological Survey Professional Paper, 108-A (1918), citado en Ibid., p. 21.

[31][31] Johns, “Ellen G. White and Subterranean Fires, Part 2” [Elena de White y fuegos subterráneos, Parte 2], p. 22. “Las minas de carbón de Alemania han llegado a ser una verdadera mina de oro para un estudio de las declaraciones científicas de Elena de White, mostrando el entretejimiento de lo divino y humano en una manera única”. – Ibid., p. 22.

[xxxii][32] Health Reformer, octubre 1871, pp. 120-121.

[xxxiii][33] Ibid., julio 1867.

[xxxiv][34] Ibid., enero 1871.

[xxxv][35] Ibid., octubre 1871.

 

¿Predicciones no cumplidas?

 

¿Inglaterra declararía la guerra durante la

guerra civil de Estados Unidos?

 

¿Predijo Elena G. de White que Inglaterra declararía la guerra contra Estados Unidos? A continuación aparece el contexto de su comentario:

“Inglaterra está estudiando cuándo es el mejor momento para tomar ventaja de la presente condición de debilidad de nuestra nación y aventurarse a hacer guerra contra ella. Está pesando las decisiones y tratando de tentar a otras naciones. Teme que si comienza una guerra fuera de su territorio, se debilitaría en su tierra y que otras naciones se aprovecharían de su debilidad. Otras naciones están actuando silenciosa aunque activamente en sus preparaciones para la guerra, y están esperando que Inglaterra haga guerra contra otra nación, porque entonces tendrán la oportunidad de tomar venganza en ella por la ventaja que obtuvo de ellas en el pasado y por la injusticia que les hizo. Parte de los súbditos de la Reina están esperando una oportunidad favorable para quebrantar su yugo; pero si Inglaterra piensa que será provechoso, no dudará un instante en aprovechar sus oportunidades para ejercer su poder y humillar a nuestra nación. Cuando Inglaterra declare la guerra, todas las naciones tendrán un interés propio que satisfacer, y habrá guerra general, confusión general” (Testimonies for the Church [Testimonios para la Iglesia], vol. 1, p. 259).

 

Note el carácter condicional de estas declaraciones: “Teme que si comienza una guerra fuera de su territorio, se debilitaría en su tierra”. “Pero si Inglaterra piensa que será provechoso”. Luego sigue la frase: “Cuando Inglaterra declare la guerra…” Es evidente que la Sra. White está usando aquí la palabra “cuando” como un sinónimo de “si”, lo cual es buen inglés. De hecho, si no comprendemos así la palabra “cuando” en esta relación, tenemos una situación inusual –una serie de “si” problemáticos seguidos de una declaración simple de que Inglaterra está por declarar la guerra. Así la última frase de la Sra. White haría que sus frases anteriores no tuvieran sentido.

 

En la página previa, Elena de White usó la misma construcción gramatical: “Cuando nuestra nación observe el ayuno que Dios ha escogido, entonces aceptará sus oraciones…”. Nadie discutiría que la palabra “cuando”, en esta relación, introduce una declaración simple concerniente a un evento futuro que sucedería indiscutiblemente.

 

Una paralelo inspirado de estas construcciones “si” y “cuando” se encuentran en Jeremías 42:10-19. El profeta habla a Israel sobre morar en Palestina en lugar de descender a Egipto:

 

“Si permanecéis quietos en esta tierra,…” (v. 10).

 

“Pero si decís: ‘No habitaremos en esta tierra’,…” (v. 13).

 

“Si vosotros volvéis vuestros rostros para entrar en Egipto,…” (v. 15).

 

“Cuando entréis en Egipto;…” (v. 18).

 

Es evidente que la frase “Cuando entréis en Egipto;…”, se puede entender como sinónima con “Si entráis en Egipto”.

 

Con la frase “Cuando Inglaterra declare la guerra”, entendida como sinónima de “si Inglaterra declarara la guerra”, la declaración cambia de una predicción a una declaración de mera posibilidad, pero una posibilidad, no obstante, cuyo pleno potencial muchos pueden no darse cuenta. La Sra. White no estaba haciendo una predicción sino una declaración condicional. Este uso de “cuando” por “si” es una práctica común en el idioma inglés.

 

[Adaptado de Francis D. Nichol, Ellen G. White and Her Critics [Elena de White y sus críticos], pp. 122-123.)

 

 

Jerusalén nunca ha de ser reconstruida

 

Elena de White escribió en 1851 que “la vieja Jerusalén nunca [sería]… edificada”.[1][36] Por sí misma, la declaración parece insostenible. Pero cuando se reconstruye el marco que la acompaña, encontramos que la Sra. White estaba aconsejando al grupo creciente de adventistas que tanto el fijar fechas[2][37] como la noción de la “era venidera”[3][38] no eran compatibles con la verdad bíblica. Ella recalcó que las profecías del Antiguo Testamento respecto al establecimiento de un reino judío en Palestina estaban basadas sobre la condición de la obediencia y caducaba su vigencia debido a la desobediencia. Las profecías incumplidas se cumplirían en el “Israel venidero” como se expone en el texto del Nuevo Testamento.

 

Por lo tanto, el movimiento popular de las décadas de 1840 y 1850 para promover un estado sionista en Palestina no era un cumplimiento de la profecía bíblica ni un proyecto en el cual los adventistas deberían involucrarse. Las advertencias e instrucciones de la Sra. White tenían el propósito de desviar el interés en Palestina y dirigirlo hacia la obra que Dios había abierto ante ellos.

 

En una visión de septiembre de 1850 ella vio que era un “gran error” creer “que tienen el deber de ir a la vieja Jerusalén, y [pensar]… que tienen una obra que hacer allí antes que venga el Señor;… porque los que piensan que todavía tienen que ir a Jerusalén fijarán sus pensamientos en esto y privarán de sus recursos a la causa de la verdad presente para transportarse a sí mismos y llevar a otros allí”.[4][39]

 

Menos de un año más tarde, en agosto de 1851, ella escribió con mayor énfasis “que la vieja Jerusalén nunca será edificada; y que Satanás estaba haciendo cuando podía para extraviar en estas cosas a los hijos del Señor ahora, en el tiempo de reunión, a fin de impedirles que dediquen todo su interés a la obra actual de Dios e inducirlos a descuidar la preparación necesaria para el día del Señor”.[5][40]

 

¿Cómo entendieron esta declaración los lectores de Elena G. de White? Que no hay luz en la enseñanza popular de la “era venidera”, que no tiene significado bíblico el hecho de que los judíos regresen a Palestina, que Jerusalén nunca será reconstruida en un período milenial futuro. Ella no estaba hablando de una posible reconstrucción política de Jerusalén sino de una reconstrucción proféticamente significativa de la vieja Jerusalén. Seguir pensando de esa manera, destacó ella, era hundirse más en los engaños de Satanás y alejarse de los deberes presentes.[6][41]

 

Para profundizar un estudio sobre este tema, leer Julia Neuffer, “La reunión de Israel” en la Biblioteca de Referencia.

 

[Adaptado de Herbert E. Douglas, Mensajera del Señor, El ministerio profético de Elena G. de White (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana; Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association; Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2000), pp. 488, 489].

 

 

 

Algunos que vivían en 1856 nunca habrían de morir

 

En relación con una declaración que hizo Elena G. de White en 1856, en una conferencia:

“Se me mostró el grupo presente en la conferencia. Dijo el ángel: ‘Algunos [serán] alimento para los gusanos, otros [se verán] sometidos a las siete últimas plagas, otros estarán vivos y permanecerán sobre la tierra para ser trasladados en la venida de Jesús’”. Todos los que estaban vivos entonces, están ahora muertos. Esta predicción, ¿da a entender que Elena G. de White es un falso profeta?

 

Varias declaraciones hechas por Elena G. de White en las décadas siguientes a la visión de 1856, demuestran su clara comprensión que hay una implícita cualidad condicional a las promesas y amenazas de Dios –como lo declaró Jeremías- y que el rasgo condicional en pronósticos respecto al advenimiento de Cristo involucra el estado de corazón de los seguidores de Cristo. La siguiente declaración, escrita en 1883, es de especial relevancia en este punto:

 

“Los ángeles de Dios en sus mensajes dados a los hombres representan el tiempo como algo muy corto.  Así es como siempre me ha sido presentado.  Es cierto que el tiempo ha sido más largo de lo que habíamos esperado en los primeros días del mensaje.  Nuestro Salvador no apareció tan pronto como lo esperábamos. ¿Pero ha fallado la Palabra de Dios? ¡Nunca!  Debiera recordarse que las promesas y las amenazas de Dios son igualmente condicionales…

“No era la voluntad de Dios que se demorara así la venida de Cristo.  Dios no tenía el propósito de que su pueblo, Israel, vagara cuarenta años por el desierto.  Prometió guiarlos directamente a la tierra de Canaán, y establecerlos allí como un pueblo santo, sano y feliz.  Pero aquellos a quienes primero se les predicó, no entraron ‘a causa de incredulidad’ (Heb. 3: 19).  Sus corazones estaban llenos de murmuración, rebelión y odio, y Dios no pudo cumplir su pacto con ellos.

“Durante cuarenta años, la incredulidad, la murmuración y la rebelión impidieron la entrada del antiguo Israel en la tierra de Canaán.  Los mismos pecados han demorado la entrada del moderno Israel en la Canaán celestial.  En ninguno de los dos casos faltaron las promesas de Dios.  La incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años” (Manuscrito 4, 1883, citado en El evangelismo, pp. 504-505).

 

Podemos comprender mejor la predicción de 1856 de la Sra. White al examinar, a la luz del carácter condicional de las promesas proféticas encontradas en las Escrituras. Para un estudio más amplio sobre el tema ver “Las predicciones de la visión de 1856” en la Biblioteca de Referencia.

[1][36] Primeros escritos, p. 75. Esta frase aparece en el capítulo, “El Tiempo de Reunión”, que combinó dos visiones y algunas líneas adicionales. La primera visión, que tuvo lugar el 23 de septiembre de 1850, trataba del “tiempo de reunión” de “Israel”, las fechas en el diagrama millerita de 1843, el “continuo”, la fijación de fechas del regreso de Cristo, y el error de ir a la vieja Jerusalén. La segunda visión, del 21 de junio de 1851, se concentraba en el mensaje del tercer ángel, la fijación de fechas y el hecho de que no se construiría la vieja Jerusalén.

[2][37] Muchos ex milleritas estaban fijando diversas fechas para el regreso de Jesús, siendo 1850 y 1851 las últimas fechas para el fin de la profecía de los 2.300 días/años. Aunque los adventistas sabatistas eran generalmente inmunes a la tendencia de fijar fechas, Hiram Edson y José Bates abogaron por los años 1850 y 1851, respectivamente. Jaime White no incluyó sus puntos de vista en la Present Truth, la Adventy Review  y la Review and Herald.

[3][38] Los exponentes de la doctrina de la era venidera, encabezados por Joseph Marsh, O. R. L. Crosier y George Storrs, creían, con diversas variaciones, que el segundo advenimiento introduciría el reino milenial en la tierra y que durante dicho tiempo el mundo se convertiría bajo el reino de Cristo, jugando los judíos un papel sobresaliente. Este grupo estaba relacionado estrechamente con los literalistas (adventistas británicos) que habían creído que en la década de 1840 los judíos literales darían la bienvenida a su Mesías (Cristo) en Palestina, para cumplir de esa manera las profecías del Antiguo Testamento, convirtiéndose Jerusalén en la capital de Cristo durante el milenio. La mayoría de los milleritas habían rechazado este aspecto de la teología adventista de ellos, llamándolo judaísmo. (Ver Josiah Litch, “The Rise and Progress of Adventism”, The Advent Shield and Review, mayo, 1844, p. 92, citado en Seventh-day Adventist Bible Students’ Source Book, p. 513). Los primeros desertores al comienzo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día fueron H. S. Case y C. P. Russell quienes, entre otros conceptos, habían aceptado la teoría de la “era venidera”. Ver SDAE, t. 11, “Messenger party”, pp. 51-52.

[4][39] Primeros escritos, p. 75.

[5][40] Primeros escritos, pp. 75-76.

[6][41] Para los antecedentes sobre el contexto religioso de este tema concerniente a la reconstrucción de la vieja Jerusalén, ver Julia Neuffer, “The Gathering of Israel” (un panfleto preparado por la Comisión de Investigación Bíblica, Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día).

 

Supuestos errores históricos

 

Aunque muchos acontecimientos del pasado fueron presentados ante ella, ni Elena G. de White ni su hijo afirmaron alguna vez  que todo detalle histórico mencionado en sus obras fue proporcionado por el Señor en visión. Elena G. de White dice que usó los “hechos” que eran “conocidos y universalmente aceptados” (El gran conflicto, p. 14). Escribió, por ejemplo: “En 1816 se fundó la Sociedad Bíblica Americana” (Ibid, p. 331).  No existe razón alguna para creer que este tipo de información fue provista en la visión.

 

W. C. White declara:

“La estructura del gran templo de la verdad, sostenida por sus escritos, le fue presentada claramente en visión. En algunos aspectos de esta obra se le dio información detallada. En cuanto a algunos aspectos de la revelación, tales como rasgos de cronología profética, los relacionados con el ministerio en el santuario y los cambios que ocurrieron en 1844, el asunto le fue presentado muchas  veces y en detalle, y esto le permitió hablar muy claramente y en forma muy positiva con respecto a los pilares fundamentales de nuestra fe. 

“En algunos de los asuntos históricos que fueron desarrollados en Patriarcas y profetas y en Hechos de los apóstoles, así como en El conflicto de los siglos, los grandes bosquejos le fueron dados en forma muy clara y sencilla; y cuando ella comenzó a escribir acerca de estos tópicos, tuvo que estudiar la Biblia y la historia para conseguir fechas y relaciones geográficas, y para perfeccionar su descripción de los detalles” (Mensajes selectos, t. 3, pp. 527-528).

 

En una carta a W. W. Eastman,  W. C. White declaró:

“Cuando se terminó de escribir El conflicto, mi madre nunca pensó que los lectores lo usarían como autoridad sobre datos históricos o para empeñarse en una controversia con respecto a detalles de historia, y ahora cree que no debe ser usado de esa manera” (Mensajes selectos, t. 3, p. 511).

 

W. C. White también escribió a S. N. Haskell sobre el mismo tema, y dijo que:

“Cometeremos un gran error si dejamos de lado la investigación y el trabajo histórico para resolver cuestiones históricas por medio del uso de los libros de mamá como una autoridad, cuando ella misma no desea que se los use de esa manera” (W. C. White a S. N. Haskell, 31 de octubre de 1912, Documento del White Estate ficha Nº 65). (Véase además, la pregunta 83.)

 

Al presentar los argumentos para el futuro, Elena G. de White no se basó solamente en las revelaciones que Dios le dio, sino también en los registros del pasado. No hizo ningún intento de escribir un libro de texto de historia autorizado. Antes bien, según las palabras de W. C. White, “El uso principal de los pasajes citados de los historiadores no fue para hacer una nueva historia, ni para corregir errores de ésta, sino usar ilustraciones valiosas para aclarar verdades espirituales importantes” (W. C. White a L. E. Froom, 18 de febrero de 1932).

 

[Adaptado de R. W. Olson, 101 Preguntas acerca del santuario y Elena G. de White, pp. 54, 55 (Florida, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1982]

 

Aparentes discrepancias y contradicciones

 

Los críticos de Elena G. de White contrastan algunas de sus declaraciones que parecen contradecir sus propios escritos o la Biblia. Algunas de estas “contradicciones” son meramente distorsiones de sus palabras por los críticos; otras pueden ser tomadas como tales por el hecho de que la declaración en cuestión es sólo parte de una idea desarrollada más completamente en otra parte de sus escritos. Para una revisión auxiliar de malas interpretaciones de ese tipo, ver “¿Contradijo Elena G. de White la Biblia más de 50 veces?” Pero el intento de probar que todos los supuestos “errores” en los escritos de Elena G. de White no son errores reales, es infructuoso por dos razones.

 

La primera, una persona que busca contradicciones y errores en los escritos inspirados siempre estará listo a encontrar nuevas dificultades para reemplazar aquellos que han sido eliminados. Esto ya ha sido demostrado con el correr de los siglos por aquellos que se deleitan en buscar “errores” en la Biblia.

 

Al hablar de los tales, Elena G. de White escribió, “Todos los errores no ocasionarán dificultad a un alma ni harán que ningún pie tropiece, a menos que se trate de alguien que elaboraría dificultades de la más sencilla verdad revelada” (Mensajes selectos, t. 1, p. 18).

Segundo, los Adventistas del Séptimo Día (incluso la misma Elena G. de White) no pretendían que ella o cualquier otra persona inspirada fueran infalibles, ni en sus escritos o sus vidas. Las supuestas discrepancias y errores posibles eran sólo situaciones de puntos de vista sobre la inspiración que demandan perfección en el lenguaje humano y en los instrumentos humanos que presentan el mensaje divino. Tales puntos de vista corren paralelos con los que se observan en relación a la Escritura, que es la norma por medio de la cual hemos de juzgar nuestros conceptos de cómo habla Dios.

 

Al evaluar esos así denominados errores, uno necesita considerar si el “error” que se percibe es central en el mensaje divino, o sin consecuencias. Incluso, cuando es central, necesitamos dar cabida a la posibilidad de que el Espíritu Santo puede “corregir” al profeta en futuras comunicaciones. Ver 2 Samuel 7:1-17 como ejemplo. Si, en sus enseñanzas proféticas –aquellos mensajes presentados como revelación del Señor- Elena G. de White o cualquier otro que lo pretenda, fueren hallados contradiciendo las enseñanzas de la Palabra de Dios, entonces tales pretensiones fallarían en la prueba bíblica “¡A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20).

 

Para un estudio más detallado, ver “Comprender que los profetas no son inspirados verbalmente, ni son infalibles o inerrantes” (“Realice That Prophets are not Verbally Inspired, nor are They Infallible or Inerrant”. Ver también “Infalibilidad: ¿puede errar un verdadero profeta?” (“Infallibility: Does the Trae Prophet Ever Err?”)

 

“La puerta cerrada”

 

¿Qué es “la puerta cerrada” y qué creía Elena G. de White sobre la cuestión?

 

Guillermo Miller relacionó su mensaje del pronto regreso de Jesús con el “clamor de medianoche” de la parábola de las vírgenes prudentes e insensatas (Mat. 25:1-13). Interpretó las diez “vírgenes” como aquellos que se reunirían para esperar el regreso del Señor, la “boda” como el reino eterno, y la “puerta” que se cerró (vers. 10) como “la cierre del reino mediador y la culminación del período evangélico” –en otras palabras, el cierre de la “puerta de salvación” o la finalización del tiempo de gracia. De acuerdo con Mat. 25:10, “llegó el novio; y las que estaban preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta”.

 

Debido a que ellos esperaban el regreso de Cristo al término de los 2.300 días proféticos de Daniel 8:14, los adventistas milleritas habían enfatizado que el tiempo de gracia terminaría al final de ese período. Por tanto, por un corto periodo después del chasco de octubre de 1844, Miller y muchos de sus seguidores, incluyendo la joven Elena Harmon (posteriormente Elena G. de White), sintieron que su tarea de advertir a los pecadores había terminado para el mundo. Mientras que la mayoría de los milleritas pronto abandonaron sus creencias de que la profecía se había cumplido en 1844, un pequeño grupo continuó sosteniendo que el tiempo había sido correcto, pero que habían estado equivocados con respecto al evento que se esperaba. Estaban convencidos que el movimiento era de Dios, que la profecía de los 2.300 días se había cumplido, y que la “puerta” a la que se hacía referencia en la parábola estaba por tanto cerrada –sea lo que fuere que significase. Así, creer en la “puerta cerrada” llegó a ser lo mismo que creer en la validez del movimiento de 1844 como un cumplimiento de la profecía bíblica.

 

Lo que es importante reconocer es que el término “puerta cerrada” sufre un cambio de significado entre aquellos que vieron que la profecía de los 2.300 días se refería a un cambio del ministerio de Cristo en el santuario celestial. Se veía la “puerta cerrada” como aplicada a la primera fase y a la apertura de la fase segunda y final de la intercesión de Cristo en el cielo. Es erróneo leer en todas las declaraciones de Elena G. de White sobre “la puerta cerrada” la definición inicial de los Milleritas.

 

Elena G. de White mantuvo, y la evidencia lo apoya, que, mientras ella y otros creyeron por un tiempo que no se convertirían más pecadores después de 1844, ella nunca instruyó por visión que la puerta de salvación estaba cerrada para el mundo.

 

A continuación hay una explicación de Elena G. de White de lo que ella creía respecto de “puerta cerrada”:

 

“Por un tiempo después del chasco de 1844, sostuve junto con el conjunto de adventistas que la puerta de la gracia quedó entonces cerrada para siempre para el mundo. Tomé esa posición antes de que se me diera mi primera visión. Fue la luz que me dio Dios la que corrigió nuestro error y nos capacitó para ver la verdadera situación.

“Todavía creo en la teoría de la puerta cerrada, pero no en el sentido en que se empleó el término al principio o en el que es empleado por mis oponentes.

“Hubo una puerta cerrada en los días de Noé. Entonces fue retirado el Espíritu de Dios de la raza pecaminosa que pereció en las aguas del diluvio. Dios mismo dio a Noé el mensaje de la puerta cerrada:

"No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años" (Gén. 6: 3).

“Hubo una puerta cerrada en los días de Abrahán.

“La misericordia dejó de interceder por los habitantes de Sodoma, y todos, con excepción de Lot, su esposa y dos hijas, fueron consumidos por el fuego que descendió del cielo.

“Hubo una puerta cerrada en los días de Cristo. El Hijo de Dios declaró a los judíos incrédulos de esa generación: "Vuestra casa os es dejada desierta" (Mat. 23: 38).

Mirando hacia la corriente del tiempo en los últimos días, el mismo poder infinito proclamó mediante Juan:

“‘Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre’ (Apoc. 3: 7).

“Se me mostró en visión, y todavía lo creo, que hubo una puerta cerrada en 1844. Todos los que vieron la luz de los mensajes del primero y segundo ángeles y rechazaron esa luz, fueron dejados en tinieblas. Y los que la aceptaron y recibieron el Espíritu Santo que acompañó a la proclamación del mensaje celestial, y que después renunciaron a su fe y declararon que su experiencia había sido un engaño, de ese modo rechazaron al Espíritu de Dios, y éste no intercedió más por ellos.

“Los que no vieron la luz, no fueron culpables de rechazarla. Los únicos a los cuales el Espíritu de Dios no podía alcanzar eran los que habían despreciado la luz celestial. Y en esa clase estaban incluidos, como lo he dicho, tanto los que rehusaron aceptar el mensaje cuando les fue presentado, como los que, habiéndolo recibido, después renunciaron a su fe. Estos podrían tener una forma de piedad y profesar ser seguidores de Cristo. Pero no teniendo una comunicación viviente con Dios, eran llevados cautivos por los engaños de Satanás. Se presentan esas dos clases en la visión­ los que declararon que era un engaño la luz que habían seguido, y los impíos del mundo que, habiendo rechazado la luz, habían sido rechazados por Dios. No se hace referencia a los que no habían visto la luz y, por lo tanto, no eran culpables de su rechazo” (Mensajes selectos, t. 1, pp. 71-72).

 

Para ampliar el estudio, ver los siguientes documentos en la Biblioteca de Referencia:

“La puerta abierta y cerrada”, artículo de la Seventh-day Adventist Enciclopedia [Enciclopedia Adventista del Séptimo Día].

“Los documentos de ‘la puerta cerrada’”, por Robert W. Olson.

 

Declaraciones misceláneas

 

Apócrifas

En un documento titulado “Una copia de la visión que Elena G. de White tuvo en Oswego, New York”, 11 de enero de 1850, aparece una declaración inusual concerniente a los apócrifos, también conocidos como “el libro oculto”:

 

“Entonces vi la Palabra de Dios, pura y sin adulterar, y que debíamos responder por la forma que recibimos la verdad proclamada por esa Palabra. Vi que había sido un martillo para quebrar el corazón duro en pedazos, y un fuego para consumir la escoria y el estaño, para que el corazón pueda ser puro y santo. Vi que los Apócrifos eran el libro escondido, y que los sabios de estos últimos días deberían comprenderlo. Vi que la Biblia era el Libro normativo, que nos juzgaría en el último día. Vi que el cielo era lo suficientemente barato, y que nada era de tanto valor como para no sacrificarlo por Jesús, y que debemos dar todo para entrar al reino” (Manuscript Releases [Manuscritos liberados], vol. 16, p. 34).

 

Si lo que tenemos es una copia correcta de lo que ella escribió, el sentido y el significado de esta declaración no son claros. En ningún otro momento posterior Elena G. de White hizo referencia a los apócrifos, instó a los adventistas a estudiarlos o los urgió a leerlos. Ni siquiera incluyó esta declaración en alguna de sus publicaciones. Sin importar lo que uno haga de esta declaración, debe observarse que los apócrifos no se describen como inspirados, sino que son contrastados con las Escrituras, las cuales son llamadas “el Libro normativo, que nos juzgaría en el último día”.

 

 

Descripciones extra bíblicas

La cuestión es si los escritores inspirados posteriores pueden agregar detalles sobre personas y eventos descriptos en la Biblia. Las adiciones en términos de detalles, de alguien privilegiado por ver en visión escenas de la historia bíblica, no es más sorprendente que el hecho de que uno encuentre detalles mencionados por un escritor del evangelio que es omitido por otro que describe el mismo evento. Pablo identifica los magos egipcios por nombre (2 Tim. 3:8), mientras que en el libro de Éxodo no tienen nombre. Judas describe una profecía de Enoc (Judas 14, 15) que no se registra en ningún lugar del Génesis. Discernimientos similares de Elena G. de White complementan el registro bíblico, que permanece como la revelación de la voluntad de Dios única y autoritativa.

 

 

El amor de Dios por los hijos errantes

Algunos pocos se han preguntado en cuanto a ciertas expresiones que Elena G. de White usó en algunas cartas a sus hijos a comienzos de la década de 1860. En su tierno amor, apeló al alma de ellos de muchas maneras. En 1860 ella estaba hablando a niños entre 5 y 13 años de edad. Al tratar de explicar claramente y en un lenguaje sencillo los principios básicos de la experiencia cristiana, esta madre de 33 años usó a veces un lenguaje que se parecía más a taquigrafía teológica, especialmente cuando escribió que el Seños ama a los niños “que tratan de hacer lo correcto”, pero que “Dios no ama a los niños malos”.[1][42]

 

Así como algunos textos bíblicos difíciles debemos considerarlos dentro del contexto bíblico total, lo mismo debemos hacer con Elena G. de White. Por ejemplo, en Deuteronomio 7:10-11 notamos que Dios “da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago. Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas”. En sí mismo este pasaje suena como muy duro, pero cuando se lo coloca en el contexto de toda la Biblia (junto a pasajes como Isa. 1:18-20; Jer. 31:3; Juan 3:16-17; Juan 14-17), su verdadero significado se vuelve claro.

 

Notemos el contexto más amplio del consejo de Elena de White a los padres (1892):

 

“Jesús querría que los padres y madres les enseñasen a sus hijos… que Dios los ama, que su naturaleza puede ser cambiada y puesta en armonía con Dios. No enseñéis a vuestros hijos que Dios no los ama cuando hacen algo malo; enseñadles que él los ama tanto que su tierno Espíritu se aflige cuando ve que cometen una transgresión porque sabe que están perjudicando sus almas. No aterroricéis a vuestros hijos hablándoles de la ira de Dios, sino más bien procurad impresionarlos con su inexpresable amor y bondad, y de ese modo permitid que la gloria del Señor sea revelada ante ellos”.[2][43]

 

En otras circunstancias, ella estableció claramente una diferencia entre el hecho de que Dios ame a una persona y que apruebe lo que esa persona pueda estar haciendo.[3][44]

 

En términos teológicos claros ella expuso el hecho de que el carácter determina el destino. Aun un Dios amante no modificará el carácter de las personas después de su muerte a fin de redimirlas.[4][45]

 

Sin embargo, ¿cuánta teología puede entender un niño de seis años? Dios tuvo el mismo desafío cuando instruyó a los israelitas recientemente liberados después de su éxodo de Egipto. Usó lenguaje y métodos de un jardín de infantes –incluyendo las ilustraciones de una “caja de arena”: el servicio del santuario en el desierto- porque ése era el único nivel de lenguaje que ellos podían entender. A veces la amenaza de desaprobación y castigo puede atraer la atención de niños de seis años y de israelitas recientemente liberados, cuando el “lenguaje del amor” no tendría ningún impacto.

 

Elena de White usó ambos métodos al tratar con sus hijos, aparentemente con buenos resultados. Los registros contienen numerosos casos en los cuales ella habló a sus hijos acerca de un Dios amigable, y en muchas ocasiones oró con ellos sobre su crecimiento espiritual. Si la joven Elena tuviese que hacer frente a un posible malentendido de sus palabras, ella rápidamente diría lo que, en esencia, expresó más tarde por escrito en forma más completa: “Lo que quise decir –y creo que los muchachos lo entendieron- fue que Dios no tolera la desobediencia, aunque siempre ama a los niños y niñas, buenos o malos. La desobediencia tiene consecuencias duras, y Dios, en su amor, no quiere que ellos sufran el precio de la desobediencia.”[5][46]

 

Elena G. de White no siempre expresó sus pensamientos en forma perfecta en su primer intento, y sus declaraciones posteriores indican que halló una forma mejor de presentar el desagrado de Dios y su amor.

 

Referencias

[Adaptado de Herbert E. Douglas, Mensajera del Señor, El ministerio profético de Elena G. de White (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana; Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association; Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2000), pp. 59, 60].

 

 

La mano de Dios cubre el error de un diagrama de 1843

En 1850 Elena G. de White escribió que había visto “que el diagrama de 1843 fue dirigido por la mano del Señor, y que no debe ser alterado; que las cifras eran como él las quería; que su mano cubrió y ocultó una equivocación en algunas de las cifras, para que nadie pudiese verla, hasta que la mano de Dios se apartase”.[6][47]

 

A primera vista, uno podría preguntarse por qué Dios querría ocultar un error. Esta referencia de Elena G. de White es ridiculizada por aquellos que comienzan con la presuposición de que Jesús no inició en 1844 la fase final de su obra mediadora.

 

Pero aquellos que han encontrado significado en estos eventos, ya sea en la tierra o en el cielo, también comprenden que los caminos de Dios son a menudo inexplicables. Además, sus caminos son expresados a menudo en lenguaje humano en el que las circunstancias que Dios permite son descritas como eventos que Dios causa. Cuando el autor del Éxodo escribió en cuanto a la conversación de Dios con Moisés, representó a Dios como el Agente que “endureció” el corazón de Faraón (Éxo. 10:1). Sin embargo, el mismo autor también escribió sobre la responsabilidad de Faraón por endurecer su propio corazón (Éxo. 8:15, 32; 9:34).

 

Pensamos en situaciones bíblicas en las que les fue “retenido” el conocimiento a hombres y mujeres consagrados. En el camino a Emaús, Jesús se unió a dos discípulos abrumados por la tristeza pero que no lo reconocieron porque “los ojos de ellos estaban velados” (Luc. 24:16). Pocas horas más tarde, mientras comían con su Compañero de viaje, “les fueron abiertos los ojos” (Luc. 24:31). Si sus ojos hubiesen sido “abiertos” prematuramente mientras caminaban hacia Emaús, se habrían perdido una gran experiencia que Dios deseaba que ellos compartiesen.

 

Por razones que sólo Dios puede explicar mejor, los estudiantes de la Biblia en 1843 necesitaban la experiencia de 1843-1844. Obviamente Dios podría haber “intervenido” y garantizado cada fecha, cada línea de razonamiento, cuando Fitch y Hale prepararon su diagrama. Pero a lo largo de la historia esa clase de intervención divina ha sido rara. Parece que el plan general de Dios ha sido permitir que los seres humanos se abran paso en medio de sus problemas, aprendiendo lecciones especiales que de otro modo no habrían experimentado.[7][48]

 

¿Qué habría ocurrido si Guillermo Miller hubiera predicado el verdadero significado de 1844? ¿Qué clase de respuesta pública habría recibido si hubiese proclamado la verdad acerca de un cambio en el ministerio de Cristo en el santuario celestial, en vez de recalcar su regreso inminente? Nadie lo habría escuchado; nadie se habría sentido estimulado a leer la Biblia. Después del Chasco del 22 de octubre, un grupo de sus seguidores volvieron a estudiar sus Biblias a fin de descubrir el verdadero significado de 1844, un interés que nunca se habría desarrollado si Miller no hubiera concentrado su atención en la Biblia y sus profecías antes de 1844.

 

Referencias

[Adaptado de Herbert E. Douglas, Mensajera del Señor, El ministerio profético de Elena G. de White (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana; Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association; Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2000), p. 490].

 

 

Algunos esclavos no resucitarán

En 1858 Elena G. de White escribió que “el que es dueño de un esclavo tendrá que responder por el alma de ese esclavo a quien mantuvo en la ignorancia… Dios no puede llevar al cielo al esclavo que fue mantenido en la ignorancia y la degradación, sin saber nada de Dios ni de la Biblia, temiendo tan sólo el látigo de su amo, y ocupando un puesto inferior al de los brutos. Pero hace con él lo mejor que puede hacer un Dios compasivo. Le permite ser como si nunca hubiera sido”.[viii][49]

 

Sin embargo, unas poca páginas más adelante ella informó que vio “que los piadosos esclavos se alzaban [en la resurrección] triunfantes y victoriosos”.[ix][50] En muchos lugares se refirió a las condiciones terribles que se les imponían a los esclavos en el Sur, quienes eran tratados “como si fueran bestias”.[x][51] No obstante, ella fue igualmente enfática al decir que “muchos de los esclavos tenían mentes nobles”.[xi][52]

 

En estas declaraciones Elena G. de White estaba distinguiendo entre el esclavo “piadoso” y  el “ignorante” que no sabe “nada de Dios”. Con discernimiento profético ella declaró que el acto más compasivo de un Dios justo sería permitir que los esclavos permaneciesen en sus tumbas, y no ser resucitados para enfrentar el juicio.

 

Algunos objetan esta declaración porque la Biblia dice que “todos los que están en los sepulcros… saldrán” (Juan 5:28-29). Unos pocos capítulos más adelante, Juan citó a Jesús: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32). Aquí tenemos dos ejemplos, entre muchos, en los que los escritores bíblicos usaron un lenguaje que abarca a todos, pero con restricciones muy definidas. Nadie sino los universalistas arguyen que todos, tarde o temprano, serán redimidos, independientemente del carácter y el deseo. ¡No todos serán atraídos a Jesús porque no todos están dispuestos a ser atraídos!

 

Otro ejemplo de una declaración general, que abarca a todos, es la descripción de Juan el Revelador del segundo advenimiento: “…todo esclavo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes, y decían a los montes y a las peñas: ‘Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono’” (Apoc. 6:15-16). Obviamente, no todos los esclavos ni todos los hombres libres van a perderse.

 

Los profetas, al igual que todos los demás, usan a veces un lenguaje que abarca a todos, y la mayoría de las personas entienden las restricciones implicadas. La siguiente pregunta es, ¿Cómo trata Dios a aquellos que no están ni entre “los que hicieron lo bueno” ni entre “los que hicieron lo malo” (Juan 5:29)? Lo mejor que podemos hacer es unirnos a Abrahán, el padre de los fieles, y creer confiadamente: “El Juez de toda la tierra, ¡no ha de hacer lo que es justo?” (Gén. 18:25).

 

Referencias

[Adaptado de Herbert E. Douglas, Mensajera del Señor, El ministerio profético de Elena G. de White (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana; Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association; Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2000), pp. 489, 490].

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Temas selectos sobre inspiración y la vida y obra de Elena G. de White

[1][42] Un ejemplo de las cartas de Elena G. de White a su hijo Willie, que entonces tenía seis años, revela sus esfuerzos maternales para que cultivase perseverantemente una actitud de obediencia alegre: “Debes ser un niñito bueno, dulce, y amar y obedecer a Jenny [Fraser] y a Lucinda [Hall]. Renuncia a tu voluntad y cuando tienes muchos deseos de hacer algo, pregúntate: ¿No es algo egoísta? Debes aprender a renuncia a tu voluntad y a tus preferencias. Esta será una lección difícil para que la aprenda mi pequeño niño, pero al fin será para él más valiosa que el oro”.* “Aprende, mi querido Willie, a ser paciente, a tener en cuenta el tiempo y la conveniencia de otros; entonces no te impacientarás ni irritarás. El Señor ama a esos niñitos que tratan de hacer lo correcto y ha prometido que estarán en su reino. Pero Dios no ama a los niños malos. No los llevará a la hermosa Ciudad, porque sólo acepta allí a los niños buenos, obedientes y pacientes. Un niño irritable y desobediente, echaría a perder toda la armonía del cielo. Cuando te sientas tentado a hablar en forma impaciente y con descontento, recuerda que el Señor te ve, y no te amará si haces lo malo. Cuando te portas bien y vences sentimientos indebidos, el Señor te sonríe.

“Aunque él está en el cielo y tú no puedes verlo, sin embargo él te ama cuando haces algo bueno; y cuando haces algo malo, coloca una marca negra contra ti. Ahora, querido Willie, trata de portarte bien siempre, y entonces no se registrará ninguna marca negra contra ti; y cuando Jesús venga, él llamará a ese buen niño Willie White y colocará en tu cabeza una corona de oro y pondrá en tu mano una pequeña arpa para que puedas tocar con ella, y emitirá hermosa música, y jamás estarás enfermo, jamás serás tentado a hacer lo malo, sino que estarás siempre feliz, y comerás de rica fruta y arrancarás hermosas flores. Trata, trata, querido niño, de ser bueno. Con cariño tu madre.” [*Por la bendición de Dios y las instrucciones de su madre, Willie ha vencido el espíritu impaciente que a veces se manifestaba cuando era bien pequeño, y ahora posee una disposición afectuosa, amable y obediente”.- A.P.P.] –Elena G. de White, An Appeal, pp. 62-63.

Una mirada cuidadosa a toda la carta (y a todos sus escritos sobre la conducción del niño) sugiere fuertemente que cuando Elena G. de White escribió que “Dios no ama a los niños malos”, ella quiso decir que finalmente los niños que continúan siendo “malos” no serán llevados al cielo.

[2][43] Signs of the Times, 15 de febrero de 1892; “Su corazón [el de Jesús] se siente atraído, no sólo a los niños que mejor se conduce, sino a aquellos que han heredado rasgos criticables de carácter. Muchos padres no comprenden cuánta responsabilidad tienen ellos por estos rasgos de sus niños… Jesús considera a estos niños con compasión. Él puede seguir de la causa al efecto” (El Deseado de todas las gentes, p. 476).

[3][44] Ver Testimonies for the Church, t. 2, pp. 558-565, donde figura una carta sensible a una adolescente mimada.

[4][45] Palabras de vida del gran Maestro, pp. 52, 62, 93-94; Testimonies for the Church, t. 2, pp. 355-356.

[5][46] Ver referencias previas, citando Signs, 15 de febrero, 1892, y El Deseado de todas las gentes, p. 476.

[6][47] Primeros escritos, p. 74. Este diagrama, diseñado en 1842 por Charles Fitch, pastor congregacional, y Apollos Hale, predicador metodista, fue aprobado por los milleritas en su Asociación General en Boston, en mayo de 1842. Los símbolos gráficos del diagrama y los períodos de tiempo se convirtieron en una marca registrada bien conocida de la predicación millerita cuando trataban de simplificar en una manera atractiva las profecías de tiempo que se concentraban en 1843.- Ver Froom, The Prophetic Faith of Our Fathers, t. 4, pp. 538, 616.

[7][48] Ver Mat. 11:25; Mar. 4:33; Juan 16:12; 1  Cor. 3:2; Heb. 5:11-14.

[viii][49] Primeros escritos, p. 276.

[ix][50] Primeros escritos, p. 286.

[x][51] Review and Herald, 17 de diciembre de 1895.

[xi][52] Ibid.

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